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	<title type="html"><![CDATA[Читать книги онлайн &mdash; Достоевский Ф. М. - Преступление и наказание на испанском языке]]></title>
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	<updated>2016-08-02T10:20:09Z</updated>
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			<title type="html"><![CDATA[Re: Достоевский Ф. М. - Преступление и наказание на испанском языке]]></title>
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			<content type="html"><![CDATA[<p>Sin embargo, las noticias que recibian no tenian, especialmente al principio, nada de consolador para el matrimonio. Sonia contaba a Dunia y a su marido que Rodia estaba siempre sombrio y taciturno, que permanecia indiferente a las noticias de Petersburgo que ella le transmitia, que la interrogaba a veces por su madre. Y cuando Sonia se dio cuenta de que sospechaba la verdad sobre la suerte de Pulqueria Alejandrovna, le dijo francamente que habia muerto, y entonces, para sorpresa suya, vio que Raskolnikof permanecia poco menos que impasible. Aunque concentrado en si mismo y ajeno a cuanto le rodeaba -le explicaba Sonia en una carta-, miraba francamente y con entereza su nueva vida. Se daba perfecta cuenta de su situacion y no esperaba que mejorase en mucho tiempo. No alimentaba vanas esperanzas, contrariamente a lo que suele ocurrir en los casos como el suyo, y no parecia experimentar extraneza alguna en su nuevo ambiente, tan distinto del que habia conocido hasta entonces.</p><p>Su salud era satisfactoria. Iba al trabajo sin resistencia ni apresuramiento; no lo eludia, pero tampoco lo buscaba. Se mostraba indiferente respecto a la alimentacion, pero esta era tan mala, exceptuando los domingos y dias de fiesta, que al fin acepto algun dinero de Sonia para poder tomar te todos los dias. Sin embargo, le rogo que no se preocupara por el, pues le contrariaba ser motivo de inquietud para otras personas.</p><p>En otra de sus cartas, Sonia les explico que Rodia dormia hacinado con los demas detenidos. Ella no habia visto la fortaleza donde estaban encerrados, pero tenia noticias de que los presos vivian amontonados, en condiciones nada saludables y francamente horribles. Raskolnikof dormia sobre un jergon cubierto por un simple trozo de tela y no deseaba tener un lecho mas comodo.</p><p>Si rechazaba todo aquello que podia suavizar su vida, hacerla un poco menos ingrata, no era por principio, sino simplemente por apatia, por indiferencia hacia su suerte. Sonia contaba que, al principio, sus visitas, lejos de complacer a Raskolnikof, lo irritaban. Solo abria la boca para hacerle reproches. Pero despues se acostumbro a aquellas entrevistas, y llegaron a serle tan indispensables, que cayo en una profunda tristeza en cierta ocasion en que Sonia se puso enferma y estuvo algun tiempo sin ir a visitarle.</p><p>Los dias de fiesta lo veia en la puerta de la prision o en el cuerpo de guardia, adonde dejaban ir al preso para unos minutos cuando ella lo solicitaba. Los dias laborables iba a verlo en los talleres donde trabajaba o en los cobertizos de la orilla del Irtych.</p><p>En sus cartas, Sonia hablaba tambien de si misma. Decia que habia logrado crearse relaciones y obtener cierta proteccion en su nueva vida. Se dedicaba a trabajos de aguja, y como en la ciudad escaseaban las costureras, habia conseguido bastantes clientes. Lo que no decia era que habia logrado que las autoridades se interesaran por la suerte de Raskolnikof y lo excluyeran de los trabajos mas duros.</p><p>Al fin, Rasumikhine y Dunia supieron (esta carta, como todas las ultimas de Sonia, parecio a Dunia colmada de un terror angustioso) que Raskolnikof huia de todo el mundo, que sus companeros de prision no le querian, que estaba palido como un muerto y que pasaba dias enteros sin pronunciar una sola palabra.</p><p>En una nueva carta, Sonia manifesto que Rodia estaba enfermo de gravedad y se le habia trasladado al hospital del presidio.</p> <br /><br /><p>II</p><p>Hacia tiempo que llevaba la enfermedad en incubacion, pero no era la horrible vida del presidio, ni los trabajos forzados, ni la alimentacion, ni la verguenza de llevar la cabeza rapada e ir vestido de harapos lo que habia quebrantado su naturaleza. ?Que le importaban todas estas miserias, todas estas torturas! Por el contrario, se sentia satisfecho de trabajar: la fatiga fisica le proporcionaba, al menos, varias horas de sueno tranquilo. ?Y que podia importarle la comida, aquella sopa de coles donde nadaban las cucarachas? Cosas peores habia conocido en sus tiempos de estudiante. Llevaba ropas de abrigo adaptadas a su genero de vida. En cuanto a los grilletes, ni siquiera notaba su peso. Quedaba la humillacion de llevar la cabeza rapada y el uniforme de presidiario. Pero ?ante quien podia sonrojarse? ?Ante Sonia? Sonia le temia. Ademas, ?que verguenza podia sentir ante ella? Sin embargo, enrojecia al verla y, para vengarse, la trataba grosera y despectivamente.</p><p>Pero su verguenza no la provocaban los grilletes ni la cabeza rapada. Le habian herido cruelmente en su orgullo, y era el dolor de esta herida lo que le atormentaba. ?Que feliz habria sido si hubiese podido hacerse a sf mismo alguna acusacion! ?Que facil le habria sido entonces soportar incluso el deshonor y la verguenza! Pero, por mas que queria mostrarse severo consigo mismo, su endurecida conciencia no hallaba ninguna falta grave en su pasado. Lo unico que se reprochaba era haber fracasado, cosa que podia ocurrir a todo el mundo. Se sentia humillado al decirse que el, Raskolnikof, estaba perdido para siempre por una ciega disposicion del destino y que tenia que resignarse, que someterse al absurdo de este juicio sin apelacion si queria recobrar un poco de calma. Una inquietud sin finalidad en el presente y un sacrificio continuo y esteril en el porvenir: he aqui todo lo que le quedaba sobre la tierra. Vano consuelo para el poder decirse que, transcurridos ocho anos, solo tendria treinta y dos y podria empezar una nueva vida. ?Para que vivir? ?Que provecho tenia? ?Hacia donde dirigir sus esfuerzos? Bien que se viviera por una idea, por una esperanza, incluso por un capricho, pero vivir simplemente no le habia satisfecho jamas: siempre habla querido algo mas. Tal vez la violencia de sus deseos le habia hecho creer tiempo atras que era uno de esos hombres que tienen mas derechos que el tipo comun de los mortales.</p><p>Si al menos el destino le hubiera procurado el arrepentimiento, el arrepentimiento punzante que destroza el corazon y quita el sueno, el arrepentimiento que llena el alma de terror hasta el punto de hacer desear la cuerda de la horca o las aguas profundas... ?Con que satisfaccion lo habria recibido! Sufrir y llorar es tambien vivir. Pero el no estaba en modo alguno arrepentido de su crimen. ?Si al menos hubiera podido reprocharse su necedad, como habia hecho tiempo atras, por las torpezas y los desatinos que le habian llevado a la prision! Pero cuando reflexionaba ahora, en los ratos de ocio del cautiverio, sobre su conducta pasada, estaba muy lejos de considerarla tan desatinada y torpe como le habia parecido en aquella epoca tragica de su vida.</p><p>&quot;?Que tenia mi idea -se preguntaba- para ser mas estupida que las demas ideas y teorias que circulan y luchan por imponerse sobre la tierra desde que el mundo es mundo? Basta mirar las cosas con amplitud e independencia de criterio, desprenderse de los prejuicios para que mi plan no parezca tan extrano. ?Oh, pensadores de cuatro cuartos! ?Por que os deteneis a medio camino...? ?Por que mi acto os ha parecido monstruoso? ?Por que es un crimen? ?Que quiere decir la palabra &quot;crimen&quot;? Tengo la conciencia tranquila. Sin duda, he cometido un acto ilicito; he violado las leyes y he derramado sangre. ?Pues cortadme la cabeza, y asunto concluido! Pero en este caso, no pocos bienhechores de la humanidad que se aduenaron del poder en vez de heredarlo desde el principio de su carrera debieron ser entregados al suplicio. Lo que ocurre es que estos hombres consiguieron llevar a cabo sus proyectos; llegaron hasta el fin de su camino y su exito justifico sus actos. En cambio, yo no supe llevar a buen termino mi plan... y, en verdad, esto demuestra que no tenia derecho a intentar ponerlo en practica.</p><p>Este era el unico error que reconocia; el de haber sido debil y haberse entregado. Otra idea le mortificaba. ?Por que no se habia suicidado? ?Por que habria vacilado cuando miraba las aguas del rio y, en vez de arrojarse, prefirio ir a presentarse a la policia? ?Tan fuerte y tan dificil de vencer era el amor a la vida? Pues Svidrigailof lo habia vencido, a pesar de que temia a la muerte.</p><p>Reflexionaba amargamente sobre esta cuestion y no podia comprender que en el momento en que, inclinado sobre el Neva, pensaba en el suicidio, acaso presentia ya su tremendo error, la falsedad de sus convicciones. No comprendia que este presentimiento podia contener el germen de una nueva concepcion de la vida y que le anunciaba su resurreccion.</p><p>En vez de esto, se decia que habia obedecido a la fuerza oscura del instinto: cobardia, debilidad...</p><p>Observando a sus companeros de presidio, se asombraba de ver como amaban la vida, cuan preciosa les parecia. Incluso creyo ver que este sentimiento era mas profundo en los presos que en los hombres que gozaban de la libertad. ?Que espantosos sufrimientos habian soportado algunos de aquellos reclusos, los vagabundos, por ejemplo! ?Era posible que un rayo de sol, un bosque umbroso, un fresco riachuelo que corre por el fondo de un valle solitario y desconocido, tuviesen tanto valor para ellos; que sonaran todavia, como se suena en una amante, en una fuente cristalina vista tal vez tres anos atras? La veian en sus suenos, con su cerco de verde hierba y con el pajaro que cantaba en una rama proxima. Cuanto mas observaba a aquellos hombres, mas cosas inexplicables descubria.</p><p>Si, muchos detalles de la vida del presidio, del ambiente que le rodeaba, eludian su comprension, o acaso el no queria verlos. Vivia como con la mirada en el suelo, porque le era insoportable lo que podia percibir a su alrededor. Pero, andando el tiempo, le sorprendieron ciertos hechos cuya existencia jamas habia sospechado, y acabo por observarlos atentamente. Lo que mas le llamo la atencion fue el abismo espantoso, infranqueable, que se abria entre el y aquellos hombres. Era como si el perteneciese a una raza y ellos a otra. Unos y otros se miraban con hostil desconfianza. El conocia y comprendia las causas generales de este fenomeno, pero jamas habia podido imaginarse que tuviesen tanta fuerza y profundidad. En el penal habia politicos polacos condenados al exilio en Siberia. Estos consideraban a los criminales comunes como unos ignorantes, unos brutos, y los despreciaban. Raskolnikof no compartia este punto de vista. Veia claramente que, en muchos aspectos, aquellos brutos eran mas inteligentes que los polacos. Tambien habia rusos (un oficial y varios seminaristas) que miraban con desden a la plebe del penal, y Raskolnikof los consideraba igualmente equivocados.</p><p>A el nadie le queria: todos se apartaban de su lado. Acabaron por odiarle. ?Por que? lo ignoraba. Le despreciaban y se burlaban de el. Igualmente se mofaban de su crimen condenados que habian cometido otros crimenes mas graves.</p><p>-Tu eres un senorito -le decian-. Eso de asesinar a hachazos no se ha hecho para ti.</p><p>-No son cosas para la gente bien.</p><p>La segunda semana de cuaresma le correspondio celebrar la pascua con los presos de su departamento. Fue a la iglesia y asistio al oficio con sus companeros. Un dia, sin que se supiera por que, se produjo un altercado entre el y los demas presos. Todos se arrojaron sobre el furiosamente.</p><p>-Tu eres un ateo; tu no crees en Dios -le gritaban-. Mereces que te maten.</p><p>El no les habia hablado de Dios ni de religion jamas. Sin embargo, querian matarlo por infiel. Rodia no contesto. Uno de los reclusos, ciego de colera, se fue hacia el, dispuesto a atacarlo. Raskolnikof le espero en silencio, con una calma absoluta, sin parpadear, sin que ni un solo musculo de su cara se moviera. Un guardian se interpuso a tiempo. Si hubiese tardado un minuto en intervenir, habria corrido la sangre.</p><p>Habia otra cuestion que no conseguia resolver. ?Por que estimaban todos tanto a Sonia? Ella no hacia nada para atraerse sus simpatias. Los penados solo la podian ver de tarde en tarde en los astilleros o en los talleres adonde iba a reunirse con Raskolnikof. Sin embargo, todos la conocian y todos sabian que Sonetchka le habia seguido al penal. Estaban al corriente de su vida y conocian su direccion. Ella no les daba dinero ni les prestaba ningun servicio. Solamente una vez, en Navidad, hizo un regalo a todos los presos: pasteles y panes rusos.</p><p>Pero, insensiblemente, las relaciones entre ellos y Sonia fueron estrechandose. La muchacha escribia cartas a los presos para sus familias y despues las echaba al correo. Cuando los deudos de los reclusos iban a la ciudad para verlos, ellos les indicaban que enviaran a Sonia los paquetes e incluso el dinero que quisieran remitirles. Las esposas y las amantes de los presidiarios la conocian y la visitaban. Cuando Sonia iba a ver a Raskolnikof a los lugares donde trabajaba con sus companeros, o cuando se encontraba con un grupo de penados que iba camino del lugar de trabajo, todos se quitaban el gorro y la saludaban.</p><p>-Querida Sonia Simonovna, tu eres nuestra tierna y protectora madrecita -decian aquellos presidiarios, aquellos hombres groseros y duros a la fragil mujercita.</p><p>Ella contestaba sonriendo y a ellos les encantaba esta sonrisa.</p><p>Adoraban incluso su manera de andar. Cuando se marchaba, se volvian para seguirla con la vista y se deshacian en alabanzas. Alababan hasta la pequenez de su figura. Ya no sabian que elogios dirigirle. Incluso la consultaban cuando estaban enfermos.</p><p>Raskolnikof paso en el hospital el final de la cuaresma y la primera semana de pascua. Al recobrar la salud se acordo de las visiones que habia tenido durante el delirio de la fiebre. Creyo ver el mundo entero asolado por una epidemia espantosa y sin precedentes, que se habia declarado en el fondo de Asia y se habia abatido sobre Europa. Todos habian de perecer, excepto algunos elegidos. Triquinas microscopicas de una especie desconocida se introducian en el organismo humano. Pero estos corpusculos eran espiritus dotados de inteligencia y de voluntad. Las personas afectadas perdian la razon al punto. Sin embargo -cosa extrana-, jamas los hombres se habian creido tan inteligentes, tan seguros de estar en posesion de la verdad; nunca habian demostrado tal confianza en la infalibilidad de sus juicios, de sus teorias cientificas, de sus principios morales. Aldeas, ciudades, naciones enteras se contaminaban y perdian el juicio. De todos se apoderaba una mortal desazon y todos se sentian incapaces de comprenderse unos a otros. Cada uno creia ser el unico poseedor de la verdad y miraban con piadoso desden a sus semejantes. Todos, al contemplar a sus semejantes, se golpeaban el pecho, se retorcian las manos, lloraban... No se ponian de acuerdo sobre las sanciones que habia que imponer, sobre el bien y el mal, sobre a quien habia que condenar y a quien absolver. Se reunian y formaban enormes ejercitos para lanzarse unos contra otros, pero, apenas llegaban al campo de batalla, las tropas se dividian, se rompian las formaciones y los hombres se estrangulaban y devoraban unos a otros.</p><p>En las ciudades, las trompetas resonaban durante todo el dia. Todos los hombres eran llamados a las armas, pero ?por quien y para que? Nadie podia decirlo y el panico se extendia por todas partes. Se abandonaban los oficios mas sencillos, pues cada trabajador proponia sus ideas, sus reformas, y no era posible entenderse. Nadie trabajaba la tierra. Aqui y alla, los hombres formaban grupos y se comprometian a no disolverse, pero poco despues olvidaban su compromiso y empezaban a acusarse entre si, a contender, a matarse. Los incendios y el hambre se extendian por toda la tierra. Los hombres y las cosas desaparecian. La epidemia seguia extendiendose, devastando. En todo el mundo solo tenian que salvarse algunos elegidos, unos cuantos hombres puros, destinados a formar una nueva raza humana, a renovar y purificar la vida humana. Pero nadie habia visto a estos hombres, nadie habia oido sus palabras, ni siquiera el sonido de su voz.</p><p>Raskolnikof estaba amargado, pues no lograba librarse de la penosa impresion que le habia causado aquel sueno absurdo. Era ya la segunda semana de pascua. Los dias eran tibios, claros, verdaderamente primaverales. Se abrieron las ventanas del hospital, todas enrejadas y bajo las cuales iba y venia un centinela. Durante toda la enfermedad de Rodia, Sonia solo le habia podido ver dos veces, pues se necesitaba para ello una autorizacion sumamente dificil de obtener. Pero habia ido muchos dias, sobre todo al atardecer, al patio del hospital para verlo desde lejos, un momento y a traves de las rejas.</p><p>Una tarde, cuando ya estaba casi curado, Raskolnikof se durmio. Al despertar se acerco distraidamente a la ventana y vio a Sonia de pie junto al portal. Parecia esperar algo. Raskolnikof se estremecio: habia sentido una dolorosa punzada en el corazon. Se aparto a toda prisa de la ventana. Al dia siguiente Sonia no aparecio; al otro, tampoco. Rodia se dio cuenta de que la esperaba ansiosamente. Al fin dejo el hospital. Ya en el presidio, sus companeros le informaron de que Sonia Simonovna estaba enferma. Profundamente inquieto, Raskolnikof envio a preguntar por ella. En seguida supo que su enfermedad no tenia importancia. Sonia, al saber que su estado preocupaba a Rodia, le escribio una carta con lapiz para decirle que estaba mucho mejor y que solo padecia un enfriamiento. Ademas, le prometia ir a verlo lo antes posible al lugar donde trabajaba. El corazon de Raskolnikof empezo a latir con violencia.</p><p>Era un dia calido y hermoso. A las seis de la manana, Rodia se dirigio al trabajo: a un horno para cocer alabastro que habian instalado a la orilla del rio, en un cobertizo. Solo tres hombres trabajaban en este horno. Uno de ellos se fue a la fortaleza, acompanado de un guardian, en busca de una herramienta; otro estaba encendiendo el horno. Raskolnikof salio del cobertizo, se sento en un monton de maderas que habia en la orilla y se quedo mirando el rio ancho y desierto. Desde la alta ribera se abarcaba con la vista una gran extension del pais. En un punto lejano de la orilla opuesta, alguien cantaba y su cancion llegaba a oidos del preso. Alli, en la estepa infinita inundada de sol, se alzaban aqui y alla, como puntos negros apenas perceptibles, las tiendas de campana de los nomadas. Alli reinaba la libertad, alli vivian hombres que no se parecian en nada a los del presidio. Se tenia la impresion de que el tiempo se habia detenido en la epoca de Abraham y sus rebanos. Raskolnikof contemplaba el lejano cuadro con los ojos fijos y sin hacer el menor movimiento. No pensaba en nada: dejaba correr la imaginacion y miraba. Pero, al mismo tiempo, experimentaba una vaga inquietud.</p><p>De pronto vio a Sonia a su lado. Se habia acercado en silencio y se habia sentado junto a el. Era todavia temprano y el fresco matinal se dejaba sentir. Sonia llevaba su vieja y raida capa y su chal verde. Su cara, delgada y palida, conservaba las huellas de su enfermedad. Sonrio al preso con expresion amable y feliz y, como de costumbre, le tendio timidamente la mano.</p><p>Siempre hacia este movimiento con timidez. A veces, incluso se abstenia de hacerlo, por temor a que el rechazara su mano, pues le parecia que Rodia la tomaba a la fuerza. En algunas de sus visitas incluso daba muestras de enojo y no abria la boca mientras ella estaba a su lado. Habia dias en que la joven temblaba ante su amigo y se separaba de el profundamente afligida. Esta vez, por el contrario, sus manos permanecieron largo rato enlazadas. Rodia dirigio a Sonia una rapida mirada y bajo los ojos sin pronunciar palabra. Estaban solos. Nadie podia verlos. El guardian se habia alejado. De subito, sin darse cuenta de lo que hacia y como impulsado por una fuerza misteriosa Raskolnikof se arrojo a los pies de la joven, se abrazo a sus rodillas y rompio a llorar. En el primer momento, Sonia se asusto. Mortalmente palida, se puso en pie de un salto y le miro, temblorosa. Pero al punto lo comprendio todo y una felicidad infinita centelleo en sus ojos. Sonia se dio cuenta de que Rodia la amaba: si, no cabia duda. La amaba con amor infinito. El instante tan largamente esperado habia llegado.</p><p>Querian hablar, pero no pudieron pronunciar una sola palabra. Las lagrimas brillaban en sus ojos. Los dos estaban delgados y palidos, pero en aquellos rostros ajados brillaba el alba de una nueva vida, la aurora de una resurreccion. El amor los resucitaba. El corazon de cada uno de ellos era un manantial de vida inagotable para el otro. Decidieron esperar con paciencia. Tenian que pasar siete anos en Siberia. ?Que crueles sufrimientos, y tambien que profunda felicidad, llenaria aquellos siete anos! Raskolnikof estaba regenerado. Lo sabia, lo sentia en todo su ser. En cuanto a Sonia, solo vivia para el.</p><p>Al atardecer, cuando los presos fueron encerrados en los dormitorios, Rodia, echado en su lecho de campana, penso en Sonia. Incluso le habia parecido que aquel dia, todos aquellos companeros que antes habian sido enemigos de el le miraban de otro modo. El les habia dirigido la palabra, y todos le habian contestado amistosamente. Ahora se acordo de este detalle, pero no sintio el menor asombro. ?Acaso no habia cambiado todo en su vida?</p><p>Pensaba en Sonia. Se decia que la habia hecho sufrir mucho. Recordaba su palida y delgada carita. Pero estos recuerdos no despertaban en el ningun remordimiento, pues sabia que a fuerza de amor compensaria largamente los sufrimientos que le habia causado.</p><p>Por otra parte, ?que importaban ya todas estas penas del pasado? Incluso su crimen, incluso la sentencia que le habia enviado a Siberia, le parecian acontecimientos lejanos que no le afectaban.</p><p>Ademas, aquella noche se sentia incapaz de reflexionar largamente, de concentrar el pensamiento. Solo podia sentir. Al razonamiento se habia impuesto la vida. La regeneracion alcanzaba tambien a su mente.</p><p>En su cabecera habia un Evangelio. Lo cogio maquinalmente. El libro pertenecia a Sonia. Era el mismo en que ella le habia leido una vez la resurreccion de Lazaro. Al principio de su cautiverio, Raskolnikof espero que Sonia le perseguiria con sus ideas religiosas. Se imagino que le hablaria del Evangelio y le ofreceria libros piadosos sin cesar. Pero, con gran sorpresa suya, no habia ocurrido nada de esto: ni una sola vez le habia propuesto la lectura del Libro Sagrado. El mismo se lo habia pedido algun tiempo antes de su enfermedad, y ella se lo habia traido sin hacer ningun comentario. Aun no lo habia abierto.</p><p>Tampoco ahora lo abrio. Pero un pensamiento paso veloz por su mente.</p><p>&quot;?Acaso su fe, o por lo menos sus sentimientos y sus tendencias, pueden ser ahora distintos de los mios?&quot;</p><p>Sonia se sintio tambien profundamente agitada aquel dia y por la noche cayo enferma. Se sentia tan feliz y habia recibido esta dicha de un modo tan inesperado, que experimentaba incluso cierto terror.</p><p>?Siete anos! ?Solo siete anos! En la embriaguez de los primeros momentos, poco falto para que los dos considerasen aquellos siete anos como siete dias. Raskolnikof ignoraba que no podria obtener esta nueva vida sin dar nada por su parte, sino que tendria que adquirirla al precio de largos y heroicos esfuerzos...</p><p>Pero aqui empieza otra historia, la de la lenta renovacion de un hombre, la de su regeneracion progresiva, su paso gradual de un mundo a otro y su conocimiento escalonado de una realidad totalmente ignorada. En todo esto habria materia para una nueva narracion, pero la nuestra ha terminado.</p><p>FIN</p><p>Возможна вычитка перевода и не самая качественная, но и она надеюсь оказалась по вашим меркам вполне приемлемой.</p>]]></content>
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				<name><![CDATA[Giperion]]></name>
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			<updated>2016-08-02T10:20:09Z</updated>
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			<title type="html"><![CDATA[Re: Достоевский Ф. М. - Преступление и наказание на испанском языке]]></title>
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			<content type="html"><![CDATA[<p>-Solo queria ver a Zamiotof.</p><p>-Comprendido. Encantado de su visita.</p><p>-Yo tambien... he tenido mucho gusto en verle -dijo Raskolnikof con una sonrisa-. Usted siga bien.</p><p>Salio de la comisaria con paso vacilante. La cabeza le daba vueltas. Le costaba gran trabajo mantenerse sobre sus piernas. Empezo a bajar la escalera apoyandose en la pared. Le parecio que un ordenanza que subia a la comisaria tropezo con el; que, al llegar al primer piso, oyo ladrar a un perro, y vio que una mujer le arrojaba un rodillo de pasteleria mientras le gritaba para hacerle callar. Al fin llego a la planta baja y salio a la calle. Entonces vio a Sonia. Estaba cerca del portal, y, palida como una muerta, le miraba con una expresion de extravio. Raskolnikof se detuvo ante ella. Una sombra de sufrimiento y desesperacion paso por el semblante de la joven. Enlazo las manos, y una sonrisa que no fue mas que una mueca le torcio los labios. Rodia permanecio un instante inmovil. Luego sonrio amargamente y volvio a subir a la comisaria.</p><p>Ilia Petrovitch, sentado a su mesa, hojeaba un monton de papeles. El mujik que acababa de tropezar con Raskolnikof estaba de pie ante el.</p><p>-?Usted otra vez? ?Se le ha olvidado algo? ?Que le pasa?</p><p>Con los labios amoratados y la mirada inmovil, Raskolnikof se acerco lentamente a la mesa de Ilia Petrovitch, apoyo la mano en ella e intento hablar, pero ni una sola palabra salio de sus labios: solo pudo proferir sonidos inarticulados.</p><p>-?Se siente usted mal? ?Una silla! Sientese. ?Traigan agua!</p><p>Raskolnikof se dejo caer en la silla sin apartar los ojos del rostro de Ilia Petrovitch, donde se leia una profunda sorpresa. Durante un minuto, los dos se miraron en silencio. Trajeron agua.</p><p>-Fui yo... -empezo a decir Raskolnikof.</p><p>-Beba.</p><p>El joven rechazo el vaso y, en voz baja y entrecortada, pero con toda claridad, hizo la siguiente declaracion:</p><p>-Fui yo quien asesino a hachazos, para robarles, a la vieja prestamista y a su hermana Lisbeth.</p><p>Ilia Petrovitch abrio la boca. Acudio gente de todas partes. Raskolnikof repitio su confesion.</p> <br /><br /> <br /><br /><p>EPILOGO</p><p>I</p><p>Ln Siberia. O orillas de un ancho rio que discurre por tierras desiertas hay una ciudad, uno de los centros administrativos de Rusia. La ciudad contiene una fortaleza, y la fortaleza, una prision. En este presidio esta desde hace nueve meses el condenado a trabajos forzados de la segunda categoria Rodion Raskolnikof. Cerca de ano y medio ha transcurrido desde el dia en que cometio su crimen. La instruccion de su proceso no tropezo con dificultades. El culpable repitio su confesion con tanta energia como claridad, sin embrollar las circunstancias, sin suavizar el horror de su perverso acto, sin alterar la verdad de los hechos, sin olvidar el menor incidente. Relato con todo detalle el asesinato y aclaro el misterio del objeto encontrado en las manos de la vieja, que era, como se recordara, un trocito de madera unido a otro de hierro. Explico como habia cogido las llaves del bolsillo de la muerta y describio minuciosamente tanto el cofre al que las llaves se adaptaban como su contenido.</p><p>Incluso enumero algunos de los objetos que habia encontrado en el cofre. Explico la muerte de Lisbeth, que habia sido hasta entonces un enigma. Refirio como Koch, seguido muy pronto por el estudiante, habia golpeado la puerta y repitio palabra por palabra la conversacion que ambos sostuvieron.</p><p>Despues el se habia lanzado escaleras abajo; habia oido las voces de Mikolka y Mitri y se habia escondido en el departamento desalquilado.</p><p>Finalmente hablo de la piedra bajo la cual habia escondido (y fueron encontrados) los objetos y la bolsa robados a la vieja, indicando que tal piedra estaba cerca de la entrada de un patio del bulevar Vosnesensky.</p><p>En una palabra, aclaro todos los puntos. Varias cosas sorprendieron a los magistrados y jueces instructores, pero lo que mas les extrano fue que el culpable hubiera escondido su botin sin sacar provecho de el, y mas aun, que no solamente no se acordara de los objetos que habia robado, sino que ni siquiera pudiera precisar su numero.</p><p>Aun se juzgaba mas inverosimil que no hubiera abierto la bolsa y siguiera ignorando lo que contenia. En ella se encontraron trescientos diecisiete rublos y tres piezas de veinte kopeks. Los billetes mayores, por estar colocados sobre los otros, habian sufrido considerables desperfectos al permanecer tanto tiempo bajo la piedra. Se estuvo mucho tiempo tratando de comprender por que el acusado mentia sobre este punto -pues asi lo creian-, habiendo confesado espontaneamente la verdad sobre todos los demas.</p><p>Al fin algunos psicologos admitieron que podia no haber abierto la bolsa y haberse desprendido de ella sin saber lo que contenia, de lo cual se extrajo la conclusion de que el crimen se habia cometido bajo la influencia de un ataque de locura pasajera: el culpable se habia dejado llevar de la mania del asesinato y el robo, sin ningun fin interesado. Fue una buena ocasion para apoyar esa teoria con la que se intenta actualmente explicar ciertos crimenes.</p><p>Ademas, que Raskolnikof era un neurastenico quedo demostrado por las declaraciones de varios testigos: el doctor Zosimof, algunos camaradas de universidad del procesado, su patrona, Nastasia...</p><p>Todo esto dio origen a la idea de que Raskolnikof no era un asesino corriente, un ladron vulgar, sino que su caso era muy distinto. Para decepcion de los que opinaban asi, el procesado no se aprovecho de ello para defenderse. Interrogado acerca de los motivos que le habian impulsado al crimen y al robo respondio con brutal franqueza que los moviles habian sido la miseria y el deseo de abrirse paso en la vida con los tres mil rublos como minimo que esperaba encontrar en casa de la victima, y que habia sido su caracter bajo y ligero, agriado ademas por los fracasos y las privaciones, lo que habia hecho de el un asesino. Y cuando se le pregunto que era lo que le habia impulsado a presentarse a la justicia, contesto que un arrepentimiento sincero. En conjunto, su declaracion produjo mal efecto.</p><p>Sin embargo, la condena fue menos grave de lo que se esperaba. Tal vez favorecio al acusado el hecho de que, lejos de pretender justificarse, se habia dedicado a acumular cargos contra si mismo. Todas las particularidades extranas de la causa se tomaron en consideracion. El mal estado de salud y la miseria en que se hallaba antes de cometer el crimen no podian ponerse en duda. El hecho de que no se hubiera aprovechado del botin se atribuyo, por una parte, a un remordimiento tardio y, por otra, a un estado de perturbacion mental en el momento de cometer el crimen. La muerte impremeditada de Lisbeth fue un detalle favorable a esta ultima tesis, pues no tenia explicacion que un hombre cometiera dos asesinatos ?habiendose dejado la puerta abierta! Finalmente, el culpable se habia presentado a la justicia por su propio impulso y en un momento en que las falsas declaraciones de un fanatico (Nicolas) habian embrollado el proceso y cuando, ademas, la justicia no solo no poseia ninguna prueba contra el culpable, sino que ni siquiera sospechaba de el. (Porfirio Petrovitch habia mantenido religiosamente su palabra.)</p><p>Todas estas circunstancias contribuyeron considerablemente a suavizar el veredicto. Ademas, en el curso de los debates se habian puesto en evidencia otros hechos favorables al acusado: los documentos presentados por el estudiante Rasumikhine demostraban que, durante su permanencia en la universidad, el asesino Raskolnikof se habia repartido por espacio de seis meses sus escasos recursos, hasta el ultimo kopek, con un companero necesitado y tuberculoso. Cuando este murio, Raskolnikof presto toda la ayuda posible al padre del difunto, un anciano que era ya como un nino y del que su hijo se habia tenido que cuidar desde que tenia trece anos. Rodia consiguio que lo admitieran en un asilo y mas tarde, cuando murio, pago su entierro.</p><p>Todos estos testimonios favorecieron en gran medida al acusado. La viuda de Zarnitzine, su antigua patrona y madre de la difunta prometida, acudio tambien a declarar y dijo que en la epoca en que vivia en las Cinco Esquinas, teniendo a Raskolnikof como huesped, una noche se habia declarado un incendio en la casa vecina, y su pupilo, con peligro de perder la vida, habia salvado a dos ninos de las llamas, sufriendo algunas quemaduras. Esta declaracion fue escrupulosamente comprobada mediante una encuesta: numerosos testigos certificaron su exactitud. En resumidas cuentas, que el tribunal, teniendo en consideracion la declaracion espontanea del culpable y sus buenos antecedentes, solo lo condeno a ocho anos de trabajos forzados (segunda categoria).</p><p>Apenas comenzaron los debates, la madre de Raskolnikof cayo enferma. Dunia y Rasumikhine consiguieron mantenerla alejada de Petersburgo durante toda la instruccion del sumario. Dmitri Prokofitch alquilo una casa para las mujeres en un pueblo de las cercanias de la capital por el que pasaba el ferrocarril. Asi pudo seguir toda la marcha del proceso y visitar con cierta frecuencia a Avdotia Romanovna. La enfermedad de Pulqueria Alejandrovna era una afeccion nerviosa bastante rara, acompanada de una perturbacion parcial de las facultades mentales.</p><p>Al volver a casa tras su ultima visita a su hermano, Duma encontro a su madre con alta fiebre y delirando. Aquella misma noche se puso de acuerdo con Rasumikhine sobre lo que debian decir a Pulqueria Alejandrovna cuando les preguntara por Rodia. Urdieron toda una novela en torno a la marcha de Rodion a una provincia de los confines de Rusia con una mision que le reportaria tanto honor como provecho. Pero, para sorpresa de los dos jovenes, Pulqueria Alejandrovna no les hizo jamas pregunta alguna sobre este punto. Habia inventado su propia historia para explicar la marcha precipitada de su hijo. Referia llorando, la escena de la despedida y daba a entender que solo ella conocia ciertos hechos misteriosos e importantisimos. Afirmaba que Rodia tenia enemigos poderosos de los que se veia obligado a ocultarse, y no dudaba de que alcanzaria una brillante posicion cuando lograse allanar ciertas dificultades. Decia a Rasumikhine que su hijo seria un hombre de Estado. Para ello se fundaba en el articulo que habia escrito y que denotaba, segun ella, un talento literario excepcional. Leia sin cesar este articulo, a veces en voz alta. No se apartaba de el ni siquiera cuando se iba a dormir. Pero no preguntaba nunca donde estaba Rodia, aunque el cuidado que tenian su hija y Rasumikhine en eludir esta cuestion debia de parecer sospechosa. El extrano mutismo en que se encerraba Pulqueria Alejandrovna acabo por inquietar a Dunia y a Dmitri Prokofitch. Ni siquiera se quejaba del silencio de su hijo, siendo asi que, cuando estaban en el pueblo, vivia de la esperanza de recibir al fin una carta de su querido Rodia. Esto parecio tan inexplicable a Dunia, que la joven llego a sentirse verdaderamente alarmada. Se dijo que su madre debia de presentir que habia ocurrido a Rodia alguna gran desgracia y que no se atrevia a preguntar por temor a oir algo mas horrible de lo que ella suponia. Fuera como fuese, Dunia se daba perfecta cuenta de que su madre tenia trastornado el cerebro. Sin embargo, un par de veces Pulqueria Alejandrovna habia conducido la conversacion de modo que tuvieran que decirle donde estaba Rodia. Las vagas e inquietas respuestas que recibio la sumieron en una profunda tristeza y durante mucho tiempo se la vio sombria y taciturna.</p><p>Finalmente, Dunia comprendio que mentir continuamente e inventar historia tras historia era demasiado dificil y decidio guardar un silencio absoluto sobre ciertos puntos. Sin embargo, cada vez era mas evidente que la pobre madre sospechaba algo horrible. Dunia recordaba perfectamente que, segun Rodia le habia dicho, su madre la habia oido sonar en voz alta la noche que siguio a su conversacion con Svidrigailof. Las palabras que habia dejado escapar en suenos tal vez habian dado una luz a la pobre mujer. A veces, tras dias o semanas de lagrimas y silencio, Pulqueria Alejandrovna se entregaba a una agitacion morbosa y empezaba a monologar en voz alta, a hablar de su hijo, de sus esperanzas, del porvenir. Sus fantasias eran a veces realmente extranas. Dunia y Rasumikhine le seguian la corriente, y ella tal vez se daba cuenta, pero no por eso cesaba de hablar.</p><p>La sentencia se dicto cinco meses despues de la confesion del culpable. Rasumikhine visito a su amigo en la prision con tanta frecuencia como le fue posible, y Sonia igualmente. Llego al fin el momento de la separacion. Dunia y Rasumikhine estaban seguros de que no seria eterna. El fogoso joven habia concebido ciertos proyectos y estaba firmemente resuelto a cumplirlos. Se proponia reunir algun dinero durante los tres o cuatro anos siguientes y luego trasladarse con la familia de Rodia a Siberia, pais repleto de riqueza que solo esperaba brazos y capitales para cobrar validez. Se instalarian en la poblacion donde estuviera Rodia y empezarian todos juntos una vida nueva.</p><p>Todos derramaron lagrimas al decirse adios. Los ultimos dias, Raskolnikof se mostro profundamente preocupado. Estaba inquieto por su madre y preguntaba continuamente por ella. Esta ansiedad acabo por intranquilizar a Dunia. Cuando le explicaron detalladamente la enfermedad que padecia Pulqueria Alejandrovna, el semblante de Rodia se ensombrecio todavia mas.</p><p>A Sonia apenas le dirigia la palabra. Contando con el dinero que le habia entregado Svidrigailof, la joven se habia preparado hacia tiempo para seguir al convoy de presos de que formara parte Raskolnikof. Jamas habian cambiado una sola palabra sobre este punto; pero los dos sabian que seria asi.</p><p>En el momento de los ultimos adioses, el condenado tuvo una sonrisa extrana al oir que su hermana y Rasumikhine le hablaban con entusiasmo de la vida prospera que les esperaba cuando el saliera del presidio. Rodia preveia que la enfermedad de su madre tendria un desenlace doloroso. Al fin partio, seguido de Sonia.</p><p>Dos meses despues, Dunetchka y Rasumikhine se casaron. Fue una ceremonia triste y silenciosa. Entre los invitados figuraban Porfirio Petrovitch y Zamiotof.</p><p>Desde hacia algun tiempo, Rasumikhine daba muestras de una resolucion inquebrantable. Dunia tenia fe ciega en el y creia en la realizacion de sus proyectos. En verdad, habria sido dificil no confiar en aquel joven que poseia una voluntad de hierro. Habia vuelto a la universidad a fin de terminar sus estudios y los esposos no cesaban de forjar planes para el porvenir. Tenian la firme intencion de emigrar a Siberia al cabo de cinco anos a lo sumo. Entre tanto, contaban con Sonia para sustituirlos.</p><p>Pulqueria Alejandrovna bendijo de todo corazon el enlace de su hija con Rasumikhine, pero despues de la boda aumentaron su tristeza y ensimismamiento. Para procurarle un rato agradable, Rasumikhine le explico la generosa conducta de Rodia con el estudiante enfermo y su anciano padre, y tambien que habia sufrido graves quemaduras por salvar a dos ninos de un incendio. Estos dos relatos exaltaron en grado sumo el ya trastornado espiritu de Pulqueria Alejandrovna. Desde entonces no ceso de hablar de aquellos nobles actos. Incluso en la calle los referia a los transeuntes, en las tiendas, alli donde encontraba un auditor paciente empezaba a hablar de su hijo, del articulo que habia publicado, de su piadosa conducta con el estudiaritg, del espiritu de sacrificio que habia demostrado en un incendio, de las quemaduras que habia recibido, etc.</p><p>Dunetchka no sabia como hacerla callar. Aparte el peligro que encerraba esta exaltacion morbosa, podia darse el caso de que alguien, al oir el nombre de Raskolnikof, se acordara del proceso y empezase a hablar de el.</p><p>Pulqueria Alejandrovna se procuro la direccion de los dos ninos salvados por su hijo y se empeno en ir a verlos. Al fin su agitacion llego al limite. A veces prorrumpia de pronto en llanto, la acometian con frecuencia accesos de fiebre y entonces empezaba a delirar. Una manana dijo que, segun sus calculos, Rodia estaba a punto de regresar, pues, al despedirse de ella, el mismo le habia asegurado que volveria al cabo de nueve meses. Y empezo a arreglar la casa, a preparar la habitacion que destinaba a su hijo (la suya), a quitar el polvo a los muebles, a fregar el suelo, a cambiar las cortinas... Dunia sentia gran inquietud al verla en semejante estado, pero no decia nada e incluso la ayudaba a preparar el recibimiento de Rodia.</p><p>Al fin, tras un dia de agitacion, de visiones, de ensuenos felices y de lagrimas, Pulqueria Alejandrovna perdio por completo el juicio y murio quince dias despues. Las palabras que dejo escapar en su delirio hicieron suponer a los que le rodeaban que sabia de la suerte de su hijo mucho mas de lo que se sospechaba.</p><p>Raskolnikof ignoro durante largo tiempo la muerte de su madre. Sin embargo, desde su llegada a Siberia recibia regularmente noticias de su familia por mediacion de Sonia, que escribia todos los meses a los esposos Rasumikhine y nunca dejaba de recibir respuesta. Las cartas de Sonia parecieron al principio demasiado secas a Dunia y su marido. No les gustaban. Pero despues comprendieron que Sonia no podia escribir de otro modo y que, al fin y al cabo, aquellas cartas les daban una idea clara y precisa de la vida del desgraciado Raskolnikof, pues abundaban en detalles sobre este punto. Sonia describia tan simple como minuciosamente la existencia de Raskolnikof en el presidio. No hablaba de sus propias esperanzas, de sus planes para el futuro ni de sus sentimientos personales. En vez de explicar el estado espiritual, la vida interior del condenado, de interpretar sus reacciones, se limitaba a citar hechos, a repetir las palabras pronunciadas por Rodia, a dar noticias de su salud, a transmitir los deseos que habia expresado, los encargos que habia hecho... Gracias a estas noticias en extremo detalladas, pronto creyeron tener junto a ellos a su desventurado hermano, y no podian equivocarse al imaginarselo, pues se fundaban en datos exactos y precisos.</p>]]></content>
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				<name><![CDATA[Giperion]]></name>
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			<updated>2016-08-02T10:18:59Z</updated>
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			<title type="html"><![CDATA[Re: Достоевский Ф. М. - Преступление и наказание на испанском языке]]></title>
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			<content type="html"><![CDATA[<p>-Si: ire en seguida. Para huir de este deshonor estaba dispuesto a arrojarme al rio, pero en el momento en que iba a hacerlo me dije que siempre me habia considerado como un hombre fuerte y que un hombre fuerte no debe temer a la verguenza. ?Es esto un acto de valor, Dunia?</p><p>-Si, Rodia.</p><p>En los turbios ojos de Raskolnikof fulguro una especie de relampago. Se sentia feliz al pensar que no habia perdido la arrogancia.</p><p>-No creas, Dunia, que tuve miedo a morir ahogado -dijo, mirando a su hermana con una sonrisa horrible.</p><p>-?Basta, Rodia! -exclamo la joven con un gesto de dolor.</p><p>Hubo un largo silencio. Raskolnikof tenia la mirada fija en el suelo. Dunetchka, en pie al otro lado de la mesa, le miraba con una expresion de amargura indecible. De pronto, Rodia se levanto.</p><p>-Es ya tarde. Tengo que ir a entregarme. Aunque no se por que lo hago.</p><p>Gruesas lagrimas rodaban por las mejillas de Dunia.</p><p>-Estas llorando, hermana mia. Pero me pregunto si querras darme la mano.</p><p>-?Lo dudas?</p><p>Lo estrecho fuertemente contra su pecho.</p><p>-Al ir a ofrecerte a la expiacion, ?acaso no borraras la mitad de tu crimen? -exclamo, cerrando mas todavia el cerco de sus brazos y besando a Rodia.</p><p>-?Mi crimen? ?Que crimen? -exclamo el joven en un repentino acceso de furor-. ?El de haber matado a un gusano venenoso, a una vieja usurera que hacia dano a todo el mundo, a un vampiro que chupaba la sangre a los necesitados? Un crimen asi basta para borrar cuarenta pecados. No creo haber cometido ningun crimen y no trato de expiarlo. ?Por que me han de gritar por todas partes: &quot; ?Has cometido un crimen! &quot;? Ahora que me he decidido a afrontar este vano deshonor me doy cuenta de lo absurdo de mi proceder. Solo por cobardia y por debilidad voy a dar este paso..., o tal vez por el interes de que me hablo Porfirio.</p><p>-Pero ?que dices, Rodia? -exclamo Dunia, consternada-. Has derramado sangre.</p><p>-Sangre..., sangre... -exclamo el joven con creciente vehemencia-. Todo el mundo la ha derramado. La sangre ha corrido siempre en oleadas sobre la tierra. Los hombres que la vierten como el agua obtienen un puesto en el Capitolio y el titulo de bienhechores de la humanidad. Analiza un poco las cosas antes de juzgarlas. Yo deseaba el bien de la humanidad, y centenares de miles de buenas acciones habrian compensado ampliamente esta unica necedad, mejor dicho, esta torpeza, pues la idea no era tan necia como ahora parece. Cuando fracasan, incluso los mejores proyectos parecen estupidos. Yo pretendia solamente obtener la independencia, asegurar mis primeros pasos en la vida. Despues lo habria reparado todo con buenas acciones de gran alcance. Pero fracase desde el primer momento, y por eso me consideran un miserable. Si hubiese triunfado, me habrian tejido coronas; en cambio, ahora creen que solo sirvo para que me echen a los perros.</p><p>-Pero ?que dices, Rodia?</p><p>-Me someto a la etica, pero no comprendo en modo alguno por que es mas glorioso bombardear una ciudad sitiada que asesinar a alguien a hachazos. El respeto a la etica es el primer signo de impotencia. Jamas he estado tan convencido de ello como ahora. No puedo comprender, y cada vez lo comprendo menos, cual es mi crimen.</p><p>Su rostro, ajado y palido, habia tomado color, pero, al pronunciar estas ultimas palabras, su mirada se cruzo casualmente con la de su hermana y leyo en ella un sufrimiento tan espantoso, que su exaltacion se desvanecio en un instante. No pudo menos de decirse que habia hecho desgraciadas a aquellas dos pobres mujeres, pues no cabia duda de que el era el causante de sus sufrimientos.</p><p>-Querida Dunia, si soy culpable, perdoname..., aunque esto es imposible si soy verdaderamente un criminal... Adios; no discutamos mas. Tengo que marcharme en seguida. Te ruego que no me sigas. Tengo que pasar todavia por casa de ... Ve a hacer compania a nuestra madre, te lo suplico. Es el ultimo ruego que te hago. No la dejes sola. La he dejado hundida en una angustia a la que dificilmente se podra sobreponer. Se morira o perdera la razon. No te muevas de su lado. Rasumikhine no os abandonara. He hablado con el. No te aflijas. Me esforzare por ser valeroso y honrado durante toda mi vida, aunque sea un asesino. Es posible que oigas hablar de mi todavia. Ya veras como no tendreis que avergonzaros de mi. Todavia intentare algo. Y ahora, adios.</p><p>Se habia despedido apresuradamente, al advertir una extrana expresion en los ojos de Dunia mientras le hacia sus ultimas promesas.</p><p>-?Por que lloras? No llores, Dunia, no llores: algun dia nos volveremos a ver... ?Ah, espera! Se me olvidaba.</p><p>Se acerco a la mesa, cogio un grueso y empolvado libro, lo abrio y saco un pequeno retrato pintado a la acuarela sobre una lamina de marfil. Era la imagen de la hija de su patrona, su antigua prometida, aquella extrana joven que sonaba con entrar en un convento y que habia muerto consumida por la fiebre. Observo un momento aquella carita doliente, la beso y entrego el retrato a Dunia.</p><p>-Le hable muchas veces de &quot;eso&quot;. Solo a ella le hable -dijo, recordando-. Le confie gran parte de mi proyecto, del plan que tuvo un resultado tan lamentable. Pero tranquilizate, Dunia: ella se rebelo contra este acto como te has rebelado tu. Ahora celebro que haya muerto.</p><p>Despues volvio a sus inquietudes.</p><p>-Lo mas importante es saber si he pensado bien en el paso que voy a dar y que motivara un cambio completo de mi vida. ?Estoy preparado para sufrir las consecuencias de la resolucion que voy a llevar a cabo? Me dicen que es necesario que pase por ese trance. Pero ?es realmente preciso? ?De que me serviran esos absurdos sufrimientos? ?Que vigor habre adquirido y que necesidad tendre de vivir cuando haya salido del presidio destrozado por veinte anos de penalidades? ?Y por que he de entregarme ahora voluntariamente a semejante vida...? Bien me he dado cuenta esta manana de que era un cobarde cuando vacilaba en arrojarme al Neva.</p><p>Al fin se marcharon. Durante esta escena, solo el carino que sentia por su hermano habia podido sostener a Dunia.</p><p>Se separaron, pero Dunetchka, despues de haber recorrido no mas de cincuenta pasos, se volvio para mirar a su hermano por ultima vez. Y el, cuando llego a la esquina, se volvio tambien. Sus miradas se cruzaron, y Raskolnikof, al ver los ojos de su hermana fijos en el, hizo un ademan de impaciencia, incluso de colera, invitandola a continuar su camino.</p><p>&quot; Soy duro, soy malo; no me cabe duda -se dijo avergonzado de su brusco ademan-; pero ?por que me quieren tanto si no lo merezco? ?Ah, si yo hubiera estado solo, sin ningun afecto y sin sentirlo por nadie! Entonces todo habria sido distinto. Me gustaria saber si en quince o veinte anos me convertire en un hombre tan humilde y resignado que venga a lloriquear ante toda esa gente que me llama canalla. Si, asi me consideran; por eso quieren enviarme a presidio; no desean otra cosa... Miradlos llenando las calles en interminables oleadas. Todos, desde el primero hasta el ultimo, son unos miserables, unos canallas de nacimiento y, sobre todo, unos idiotas. Si alguien intentara librarme del presidio, sentirian una indignacion rayana en la ferocidad. ?Como los odio! &quot;</p><p>Cayo en un profundo ensimismamiento. Se pregunto si llegaria realmente un dia en que se someteria ante todos y aceptaria su propia suerte sin razonar, con una resignacion y una humildad sinceras.</p><p>&quot;?Por que no? -se dijo- Un yugo de veinte anos ha de terminar por destrozar a un hombre. La gota de agua horada la piedra. ?Y para que vivir, para que quiero yo la vida, sabiendo que las cosas han de ocurrir de este modo? ?Por que voy a entregarme cuando estoy convencido de que todo ha de pasar asi y no puedo esperar otra cosa?&quot;</p><p>Mas de cien veces se habia hecho esta pregunta desde el dia anterior. Sin embargo, continuaba su camino.</p> <br /><br /><p>VIII</p><p>Caia la tarde cuando llego a casa de Sonia Simonovna. La joven le habia estado esperando todo el dia, presa de una angustia espantosa. Dunia habia compartido esta ansiedad. Al recordar que el dia anterior Svidrigailof le habia dicho que Sonia Simonovna lo sabia todo, Dunetchka habia ido a verla aquella misma manana. No entraremos en detalles sobre la conversacion que sostuvieron las dos mujeres, las lagrimas que derramaron ni la amistad que nacio entre ellas.</p><p>En esta entrevista, Dunia obtuvo el convencimiento de que su hermano no estaria nunca solo. Sonia habia sido la primera en recibir su confesion: Rodia se habia dirigido a ella cuando sintio la necesidad de confiar su secreto a un ser humano. A cualquier parte que el destino le llevara, ella le seguiria. Avdotia Romanovna no habia interrogado sobre este punto a Sonetchka, pero estaba segura de que procederia asi. Miraba a la muchacha con una especie de veneracion que la confundia. La pobre Sonia, que se consideraba indigna de mirar a Dunia, se sentia tan avergonzada, que poco faltaba para que se echase a llorar. Desde el dia en que se vieron en casa de Raskolnikof, la imagen de la encantadora muchacha que tan humildemente la habia saludado habia quedado grabada en el alma de Dunia como una de las mas bellas y puras que habia visto en su vida.</p><p>Al fin, Dunetchka, incapaz de seguir conteniendo su impaciencia, habia dejado a Sonia y se habia dirigido a casa de su hermano para esperarlo alli, segura de que al fin llegaria.</p><p>Apenas volvio a verse sola, Sonia sintio una profunda intranquilidad ante la idea de que Raskolnikof podia haberse suicidado. Este temor atormentaba tambien a Dunia. Durante todo el dia, mientras estuvieron juntas, se habian dado mil razones para rechazar semejante posibilidad y habian conseguido conservar en parte la calma, pero apenas se hubieron separado, la inquietud renacio por entero en el corazon de una y otra. Sonia se acordo de que Svidrigailof le habia dicho que Raskolnikof solo tenia dos soluciones: Siberia o... Por otra parte, sabia que Rodia tenia un orgullo desmedido y carecia de sentimientos religiosos.</p><p>&quot;?Es posible que se resigne a vivir solo por cobardia, por temor a la muerte?&quot;, se pregunto de pie junto a la ventana y mirando tristemente al exterior.</p><p>Solo veia la gran pared, ni siquiera blanqueada, de la casa de enfrente. Al fin, cuando ya no abrigaba la menor duda acerca de la muerte del desgraciado, este aparecio.</p><p>Un grito de alegria se escapo del pecho de Sonia, pero cuando hubo observado atentamente la cara de Raskolnikof, la joven palidecio.</p><p>-Aqui me tienes, Sonia -dijo Rodion Romanovitch con una sonrisa de burla-. Vengo en busca de tus cruces. Tu misma me enviaste a confesar mi delito publicamente por las esquinas. ?Por que tienes miedo ahora?</p><p>Sonia le miraba con un gesto de estupor. Su acento le parecia extrano. Un estremecimiento glacial le recorrio todo el cuerpo. Pero en seguida advirtio que aquel tono, e incluso las mismas palabras, era una ficcion de Rodia. Ademas, Raskolnikof, mientras le hablaba, evitaba que sus ojos se encontraran con los de ella.</p><p>-He pensado, Sonia, que, en interes mio, debo obrar asi, pues hay una circunstancia que... Pero esto seria demasiado largo de contar, demasiado largo y, ademas, inutil. Pero me ocurre una cosa: me irrita pensar que dentro de unos instantes todos esos brutos me rodearan, fijaran sus ojos en mi y me haran una serie de preguntas necias a las que tendre que contestar. Me apuntaran con el dedo... No ire a ver a Porfirio. Lo tengo atragantado. Prefiero presentarme a mi amigo el &quot;teniente Polvora&quot;. Se quedara boquiabierto. Sera un golpe teatral. Pero necesitare serenarme: estoy demasiado nervioso en estos ultimos tiempos. Aunque te parezca mentira, acabo de levantar el puno a mi hermana porque se ha vuelto para verme por ultima vez. Es una verguenza sentirse tan vil. He caido muy bajo... Bueno, ?donde estan esas cruces?</p><p>Raskolnikof estaba fuera de si. No podia permanecer quieto un momento ni fijar su pensamiento en ninguna idea. Su mente pasaba de una cosa a otra en repentinos saltos. Empezaba a desvariar y sus manos temblaban ligeramente.</p><p>Sonia, sin desplegar los labios, saco de un cajon dos cruces, una de madera de cipres y la otra de cobre. Luego se santiguo, bendijo a Rodia y le colgo del cuello la cruz de madera.</p><p>-En resumidas cuentas, esto significa que acabo de cargar con una cruz. ?Je, je! Como si fuera poco lo que he sufrido hasta hoy... Una cruz de madera, es decir, la cruz de los pobres. La de cobre, que pertenecio a Lisbeth, te la quedas para ti. Dejame verla. Lisbeth debia de llevarla en aquel momento. ?Verdad que la llevaba? Recuerdo otros dos objetos: una cruz de plata y una pequena imagen. Las arroje sobre el pecho de la vieja. Eso es lo que debia llevar ahora en mi cuello... Pero no digo mas que tonterias y me olvido de las cosas importantes. ?Estoy tan distraido! Oye, Sonia, he venido solo para prevenirte, para que lo sepas todo... Para eso y nada mas... Pero no, creo que queria decirte algo mas... Tu misma has querido que diera este paso. Ahora me meteran en la carcel y tu deseo se habra cumplido... Pero ?por que lloras? ?Bueno, basta ya! ?Que enojoso es todo esto!</p><p>Sin embargo, las lagrimas de Sonia le habian conmovido; sentia una fuerte presion en el pecho.</p><p>&quot;Pero ?que razon hay para que este tan apenada? -penso-. ?Que soy yo para ella? ?Por que llora y quiere acompanarme, por lejos que vaya, como si fuera mi hermana o mi madre? ?Querra ser mi criada, mi ninera...?u</p><p>-Santiguate... Di al menos unas cuantas palabras de alguna oracion -suplico la muchacha con voz humilde y temblorosa.</p><p>-Lo hare. Rezare tanto como quieras. Y de todo corazon, Sonia, de todo corazon.</p><p>Pero no era exactamente esto lo que queria decir.</p><p>Hizo varias veces la senal de la cruz. Sonia cogio su chal y se envolvio con el la cabeza. Era un chal de pano verde, seguramente el mismo del que hablara Marmeladof en cierta ocasion y que servia para toda la familia. Raskolnikof penso en ello, pero no hizo pregunta alguna. Empezaba a sentirse incapaz de fijar su atencion. Una turbacion creciente le dominaba, y, al advertirlo, sintio una profunda inquietud. De pronto observo, sorprendido, que Sonia se disponia a acompanarle.</p><p>-?Que haces? ?Adonde vas? No, no; quedate; ire solo -dijo, irritado, mientras se dirigia a la puerta-. No necesito acompanamiento -gruno al cruzar el umbral.</p><p>Sonia permanecio inmovil en medio de la habitacion. Rodia ni siquiera le habia dicho adios: se habia olvidado de ella. Un sentimiento de duda y de rebeldia llenaba su corazon.</p><p>&quot;?Debo hacerlo? -se pregunto mientras bajaba la escalera-. ?No seria preferible volver atras, arreglar las cosas de otro modo y no ir a entregarme?</p><p>Pero continuo su camino, y de pronto comprendio que la hora de las vacilaciones habia pasado.</p><p>Ya en la calle, se acordo de que no habia dicho adios a Sonia y de que la joven, con el chal en la cabeza, habia quedado clavada en el suelo al oir su grito de furor... Este pensamiento lo detuvo un instante, pero pronto surgio con toda claridad en su mente una idea que parecia haber estado rondando vagamente su cerebro en espera de aquel momento para manifestarse.</p><p>&quot;?Para que he ido a su casa? Le he dicho que iba por un asunto. Pero ?que asunto? No tengo ninguno. ?Para anunciarle que iba a presentarme? ?Como si esto fuera necesario! ?Sera que la amo? No puede ser, puesto que acabo de rechazarla como a un perro. ?Acaso tenia yo alguna necesidad de la cruz? ?Que bajo he caido! Lo que yo necesitaba eran sus lagrimas, lo que queria era recrearme ante la expresion de terror de su rostro y las torturas de su desgarrado corazon. Ademas, deseaba aferrarme a cualquier cosa para ganar tiempo y contemplar un rostro humano... ?Y he osado enorgullecerme, creerme llamado a un alto destino! ?Que miserable y que cobarde soy!</p><p>Avanzaba a lo largo del malecon del canal y ya estaba muy cerca del termino de su camino. Pero al llegar al puente se detuvo, vacilo un momento y, de pronto, se dirigio a la plaza del Mercado.</p><p>Miraba avidamente a derecha e izquierda. Se esforzaba por examinar atentamente las cosas mas insignificantes que encontraba en su camino, pero no podia fijar la atencion: todo parecia huir de su mente.</p><p>&quot; Dentro de una semana o de un mes -se dijo- volvere a pasar este puente en un coche celular... ?Como mirare entonces el canal? ?Volvere a fijarme en el rotulo que ahora estoy leyendo? En el veo la palabra &quot;Compania&quot;. ?Leere las letras una a una como ahora? Esa &quot;a&quot; que ahora estoy viendo, ?me parecera la misma dentro de un mes? ?Que sentire cuando la mire? ?Que pensare entonces? ?Dios mio, que mezquinas son estas preocupaciones...! Verdaderamente, todo esto debe de ser curioso... dentro de su genero... ?Ja, ja, ja! ?Que cosas se me ocurren! Estoy haciendo el nino y me gusta mostrarme asi a mi mismo... ?Por que he de avergonzarme de mis pensamientos...? ?Que barahunda...! Ese gordinflon, que sin duda es aleman, acaba de empujarme, pero ?que lejos esta de saber a quien ha empujado! Esa mujer que tiene un nino en brazos y pide limosna me cree, no cabe duda mas feliz que ella. Seria chocante que pudiera socorrerla... ?Pero si llevo cinco kopeks en el bolsillo! ?Como diablo habran venido a parar aqui?&quot;</p><p>-Toma, hermana.</p><p>-Que Dios se lo pague -dijo con voz lastimera la mendiga.</p><p>Llego a la plaza del Mercado. Estaba llena de gente. Le molestaba codearse con aquella multitud, si, le molestaba profundamente, pero no por eso dejaba de dirigirse a los lugares donde la muchedumbre era mas compacta. Habria dado cualquier cosa por estar solo, pero, al mismo tiempo, se daba cuenta de que no podria soportar la soledad un solo instante. En medio de la multitud, un borracho se entregaba a las mayores extravagancias: intentaba bailar, pero lo unico que conseguia era caer. Los curiosos le habian rodeado. Raskolnikof se abrio paso entre ellos y llego a la primera fila. Estuvo contemplando un momento al borracho y, de pronto, se echo a reir convulsivamente. Poco despues se olvido de todo. Estuvo aun un momento mirando al hombre bebido y luego se alejo del grupo sin darse cuenta del lugar donde se hallaba. Pero, al llegar al centro de la plaza, le asalto una sensacion que se apodero de todo su ser.</p><p>Acababa de acordarse de estas palabras de Sonia: &quot; Ve a la primera esquina, saluda a la gente, besa la tierra que has mancillado con tu crimen y di en voz alta, para que todo el mundo te oiga: &quot;?Soy un asesino!&quot;</p><p>Ante este recuerdo empezo a temblar de pies a cabeza. Estaba tan aniquilado por las inquietudes de los dias ultimos y, sobre todo, de las ultimas horas, que se abandono avidamente a la esperanza de una sensacion nueva, fuerte y profunda. La sensacion se apodero de el con tal fuerza, que sacudio su cuerpo, ilumino su corazon como una centella y al punto se convirtio en fuego devorador. Una inmensa ternura se adueno de el; las lagrimas brotaron de sus ojos. Sin vacilar, se dejo caer de rodillas en el suelo, se inclino y beso la tierra, el barro, con verdadero placer. Despues se levanto y en seguida volvio a arrodillarse.</p><p>-?Este ha bebido lo suyo! -dijo un joven que pasaba cerca.</p><p>El comentario fue acogido con grandes carcajadas.</p><p>-Es un peregrino que parte para Tierra Santa, hermanos -dijo otro, que habia bebido mas de la cuenta-, y que se despide de sus amados hijos y de su patria. Saluda a todos y besa el suelo patrio en su capital, San Petersburgo.</p><p>-Es todavia joven -observo un tercero.</p><p>-Es un noble -dijo una voz grave.</p><p>-Hoy en dia es imposible distinguir a los nobles de los que no lo son.</p><p>Estos comentarios detuvieron en los labios de Raskolnikof las palabras &quot;Soy un asesino&quot; que se disponia a pronunciar. Sin embargo, soporto con gran calma las burlas de la multitud, se levanto y, sin volverse, echo a andar hacia la comisaria.</p><p>Pronto aparecio alguien en su camino. No se asombro, porque lo esperaba. En el momento en que se habia arrodillado por segunda vez en la plaza del Mercado habia visto a Sonia a su izquierda, a unos cincuenta pasos. Trataba de pasar inadvertida para el, ocultandose tras una de las barracas de madera que habia en la plaza. Comprendio que queria acompanarle mientras subia su Calvario.</p><p>En este momento se hizo la luz en la mente de Raskolnikof. Comprendio que Sonia le pertenecia para siempre y que le seguiria a todas partes, aunque su destino le condujera al fin del mundo. Este convencimiento le trastorno, pero en seguida advirtio que habia llegado al termino fatal de su camino.</p><p>Entro en el patio con paso firme. Las oficinas de la comisaria estaban en el tercer piso.</p><p>&quot;El tiempo que tarde en subir me pertenece&quot;, se dijo.</p><p>El minuto fatidico le parecia lejano. Aun tendria tiempo de pensarlo bien.</p><p>Encontro la escalera como la vez anterior: cubierta de basuras y llena de los olores infectos que salian de las cocinas cuyas puertas se abrian sobre los rellanos. Raskolnikof no habia vuelto a la comisaria desde su primera visita. Sus piernas se negaban a obedecerle y le impedian avanzar. Se detuvo un momento para tomar aliento, recobrarse y entrar como un hombre.</p><p>&quot;Pero ?por que he de preocuparme del modo de entrar? -se pregunto de pronto-. De todas formas, he de apurar la copa. ?Que importa, pues, el modo de bebermela? Cuanto mas amargue el contenido, mas merito tendra mi sacrificio.&quot;</p><p>Penso de pronto en Ilia Petrovitch, el &quot;teniente Polvora&quot;.</p><p>&quot;Pero ?es que solo con el puedo hablar? ?Acaso no podria dirigirme a otro, a Nikodim Fomitch, por ejemplo? ?Y si volviera atras y fuese a visitar al comisario de policia en su domicilio? Entonces la escena se desarrollaria de un modo menos oficial y menos... No, no; me enfrentare con el &quot;teniente Polvora&quot;. Puesto que hay que beberse la copa, me la bebere de una vez.&quot;</p><p>Y presa de un frio de muerte, con movimientos casi inconscientes, Raskolnikof abrio la puerta de la comisaria.</p><p>Esta vez solo vio en la antecamara un ordenanza y un hombre del pueblo. Ni siquiera aparecio el gendarme de guardia. Raskolnikof paso a la pieza inmediata.</p><p>&quot;A lo mejor, no puedo decir nada todavia&quot;, penso.</p><p>Un empleado que vestia de paisano y no el uniforme reglamentario escribia inclinado sobre su mesa. Zamiotof no estaba. El comisario, tampoco.</p><p>-?No hay nadie? -pregunto al escribiente.</p><p>-?A quien quiere ver?</p><p>En esto se dejo oir una voz conocida.</p><p>-No necesito oidos ni ojos: cuando llega un ruso, percibo por instinto su presencia..., como dice el cuento. Encantado de verle.</p><p>Raskolnikof empezo a temblar. El &quot;teniente Polvora&quot; estaba ante el. Habia salido de pronto de la tercera habitacion.</p><p>&quot; Es el destino -penso Raskolnikof-. ?Que hace este hombre aqui?&quot;</p><p>-?Viene usted a vernos? ?Con que objeto?</p><p>Parecia estar de excelente humor y bastante animado.</p><p>-Si ha venido usted por algun asunto del despacho -continuo-, es demasiado temprano. Yo estoy aqui por casualidad... Digame: ?puedo serle util en algo? Le aseguro, senor... ?Caramba no me acuerdo del apellido! Perdoneme...</p><p>-Raskolnikof.</p><p>-?Ah, si! Raskolnikof. Lo siento, pero se me habia ido de la memoria... Le ruego que me perdone, Rodion Ro... Ro... Rodionovitch, ?no?</p><p>-Rodion Romanovitch.</p><p>-?Eso es: Rodion Romanovitch! Lo tenia en la punta de la lengua. He procurado tener noticias de usted con frecuencia. Le aseguro que he lamentado profundamente nuestro comportamiento con usted hace unos dias. Despues supe que era usted escritor, incluso un sabio, en el principio de su carrera. ?Y que escritor joven no ha empezado por...? Tanto mi mujer como yo somos aficionados a la lectura. Pero mi mujer me aventaja: siente verdadera pasion, una especie de locura, por las letras y las artes... Excepto la nobleza de sangre, todo lo demas puede adquirirse por medio del talento, el genio, la sabiduria, la inteligencia. Fijemonos, por ejemplo, en un sombrero. ?Que es un sombrero? Sencillamente, una cosa que se puede comprar en casa de Zimmermann. Pero lo que queda debajo del sombrero, usted no lo podra comprar... Le aseguro que incluso estuve a punto de ir a visitarlo, pero me dije que... Bueno, a todo esto no le he preguntado que es lo que desea... Su familia esta en Petersburgo, ?verdad?</p><p>-Si, mi madre y mi hermana.</p><p>-Incluso he tenido el honor y el placer de conocer a su hermana, persona tan encantadora como instruida. Le confieso que lamento profundamente nuestro altercado. En cuanto a las conjeturas que hicimos sobre su desvanecimiento, todo ha quedado explicado de un modo que no deja lugar a dudas. Fue una ofuscacion, un desatino. Su indignacion es muy explicable... ?Se va usted a mudar a causa de la llegada de su familia?</p><p>-No, no; no es eso. Yo venia para... Creia que encontraria aqui a Zamiotof.</p><p>-Ya comprendo. He oido decir que eran ustedes amigos. Pues bien, ya no esta aqui. Desde anteayer nos vemos privados de sus servicios. Discutio con nosotros y estuvo bastante grosero. Habiamos fundado ciertas esperanzas en el, pero ?vaya usted a entenderse con nuestra brillante juventud! Se le ha metido en la cabeza presentarse a unos examenes solo para poder darse importancia. No tiene nada en comun con usted ni con su amigo el senor Rasumikhine. Ustedes viven para la ciencia, y los reveses no pueden abatirlos. Las diversiones no son nada para ustedes. Nihil esi, como dicen. Ustedes llevan una vida austera, monastica, y un libro, una pluma en la oreja, una indagacion cientifica, bastan para hacerlos felices. Incluso yo, hasta cierto punto... ?Ha leido usted las Memorias de Livinstone?</p><p>-No.</p><p>-Yo si que las he leido. Desde hace algun tiempo, el numero de nihilistas ha aumentado considerablemente. Esto es muy comprensible si uno piensa en la epoca que atravesamos. Pero le digo esto porque... Usted no es nihilista, ?verdad? Respondame francamente.</p><p>-No lo soy.</p><p>-Sea franco, tan franco como lo seria con usted mismo. La obligacion es una cosa, y otra la... Creia usted que iba a decir la &quot;amistad&quot;, ?verdad? Pues se ha equivocado: no iba a decir la amistad, sino el sentimiento de hombre y de ciudadano, un sentimiento de humanidad y de amor al Altisimo. Yo soy un personaje oficial, un funcionario, pero no por eso debo ser menos ciudadano y menos hombre... Hablabamos de Zamiotof, ?verdad? Pues bien, Zamiotof es un muchacho que quiere imitar a los franceses de vida disipada. Despues de beberse un vaso de champan o de vino del Don en un establecimiento de mala fama, empieza a alborotar. Asi es su amigo Zamiotof. Estuve tal vez un poco fuerte con el, pero es que me deje llevar de mi celo por los intereses del servicio. Por otra parte, yo desempeno cierto papel en la sociedad, tengo una categoria, una posicion. Ademas, estoy casado, soy padre de familia y cumplo mis deberes de hombre y de ciudadano. En cambio, el ?que es? Permitame que se lo pregunte. Me dirijo a usted como a un hombre ennoblecido por la educacion. ?Y que me dice de las comadronas?. Tambien se han multiplicado de un modo exorbitante...</p><p>Raskolnikof arqueo las cejas y miro al oficial con una expresion de desconcierto. La mayoria de las palabras de aquel hombre, que evidentemente acababa de levantarse de la mesa, carecian para el de sentido. Sin embargo, comprendio parte de ellas y observaba a su interlocutor con una interrogacion muda en los ojos, preguntandose adonde le queria llevar.</p><p>-Me refiero a esas muchachas de cabellos cortos -continuo el inagotable Ilia Petrovitch-. Las llamo a todas comadronas y considero que el nombre les cuadra admirablemente. ?Je, je! Se introducen en la escuela de Medicina y estudian anatomia. Pero le aseguro que si caigo enfermo, no me dejare curar por ninguna de ellas. ?Je, je!</p><p>Ilia Petrovitch se reia, encantado de su ingenio.</p><p>-Admito que todo eso es solamente sed de instruccion; pero ?por que entregarse a ciertos excesos? ?Por que insultar a las personas de elevada posicion, como hace ese tunante de Zamiotof? ?Por que me ha ofendido a mi, pregunto yo...? Otra epidemia que hace espantosos estragos es la del suicidio. Se comen hasta el ultimo centimo que tienen y despues se matan. Muchachas, hombres jovenes, viejos, se quitan la vida. Por cierto que acabamos de enterarnos de que un senor que llego hace poco de provincias se ha suicidado. Nil Pavlovitch, ?eh, Nil Pavlovitch! ?Como se llama ese caballero que se ha levantado la tapa de los sesos esta manana?</p><p>-Svidrigailof -respondio una voz ronca e indiferente desde la habitacion vecina.</p><p>Raskolnikof se estremecio.</p><p>-?Svidrigailof? ?Se ha matado Svidrigailof?--exclamo.</p><p>-?Como? ?Le conocia usted?</p><p>-Si... Habia llegado hacia poco.</p><p>-En efecto. Habia perdido a su mujer. Era un hombre dado a la crapula. Y de pronto se suicida. ?Y de que modo! No se lo puede usted imaginar... Ha dejado unas palabras escritas en un bloc de notas, declarando que moria por su propia voluntad y que no se debia culpar a nadie de su muerte. Dicen que tenia dinero. ?Como es que lo conoce usted?</p><p>-?Yo? Pues... Mi hermana fue institutriz en su casa.</p><p>-Entonces, usted puede facilitarnos datos sobre el. ?Sospechaba usted sus propositos?</p><p>-Le vi ayer. Estaba bebiendo champan. No observe en el nada anormal.</p><p>Raskolnikof tenia la impresion de que habia caido un peso enorme sobre su pecho y lo aplastaba.</p><p>-Otra vez se ha puesto usted palido. ?Esta tan cargada la atmosfera en estas oficinas!</p><p>-Si -murmuro Raskolnikof-. Me marcho. Perdoneme por haberle molestado.</p><p>-No diga usted eso. Estoy siempre a su disposicion. Su visita ha sido para mi una verdadera satisfaccion.</p><p>Y tendio la mano a Rodion Romanovitch.</p>]]></content>
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				<name><![CDATA[Giperion]]></name>
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			<updated>2016-08-02T10:18:40Z</updated>
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			<title type="html"><![CDATA[Re: Достоевский Ф. М. - Преступление и наказание на испанском языке]]></title>
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			<content type="html"><![CDATA[<p>&quot;Es preferible no dormir&quot;, decidio.</p><p>De la ventana llegaba un aire frio y humedo. Sin moverse de donde estaba, Svidrigailof tiro de la cubierta y se envolvio en ella. Pero no encendio la bujia. No pensaba en nada, no queria pensar. Sin embargo, vagas visiones, ideas incoherentes, iban desfilando por su cerebro. Cayo en una especie de letargo. Fuera por la influencia del frio, de la humedad, de las tinieblas o del viento que seguia agitando el ramaje, lo cierto es que sus pensamientos tomaron un rumbo fantastico. No veia mas que flores. Un bello paisaje se ofrecia a sus ojos. Era un dia tibio, casi calido; un da de fiesta: la Trinidad. Estaba contemplando un lujoso chale de tipo ingles rodeado de macizos repletos de flores. Plantas trepadoras adornaban la escalinata guarnecida de rosas. A ambos lados de las gradas de marmol, cubiertas por una rica alfombra, se veian jarrones chinescos repletos de flores raras. Las ventanas ostentaban la delicada blancura de los jacintos, que pendian de sus largos y verdes tallos sumergidos en floreros, y de ellos se desprendia un perfume embriagador.</p><p>Svidrigailof no sentia ningun deseo de alejarse de alli. Subio por la escalinata y llego a un salon de alto techo, repleto tambien de flores. Habia flores por todas partes: en las ventanas, al lado de las puertas abiertas, en el mirador... El entarimado estaba cubierto de fragante cesped recien cortado. Por las ventanas abiertas penetraba una brisa deliciosa. Los pajaros cantaban en el jardin. En medio de la estancia habia una gran mesa revestida de raso blanco, y sobre la mesa, un ataud acolchado, orlado de blancos encajes y rodeado de guirnaldas de flores. En el feretro, sobre un lecho de flores, descansaba una muchachita vestida de tul blanco. Sus manos, cruzadas sobre el pecho, parecian talladas en marmol. Su cabello, suelto y de un rubio claro, rezumaba agua. Una corona de rosas cenia su frente. Su perfil severo y ya petrificado parecia igualmente de marmol. Sus palidos labios sonreian, pero esta sonrisa no tenia nada de infantil: expresaba una amargura desgarradora, una tristeza sin limites.</p><p>Svidrigailof conocia a aquella jovencita. Cerca del ataud no habia ninguna imagen, ningun cirio encendido, ni rumor alguno de rezos. Aquella muchacha era una suicida: se habia arrojado al rio. Solo tenia catorce anos y habia sufrido un ultraje que habia destrozado su corazon, llenado de terror su conciencia infantil, colmado su alma de una verguenza que no merecia y arrancado de su pecho un grito supremo de desesperacion que el mugido del viento habia ahogado en una noche de deshielo humeda y tenebrosa...</p><p>Svidrigailof se desperto, salto de la cama y se fue hacia la ventana. Busco a tientas la falleba y abrio. El viento entro en el cuartucho, y Svidrigailof tuvo la sensacion de que una helada escarcha cubria su rostro y su pecho, solo protegido por la camisa. Debajo de la ventana debia de haber, en efecto, una especie de jardin..., probablemente un jardin de recreo. Durante el dia se cantarian alli canciones ligeras y se serviria te en veladores. Pero ahora los arboles y los arbustos goteaban, reinaba una oscuridad de caverna y las cosas eran manchas oscuras apenas perceptibles.</p><p>Svidrigailof estuvo cinco minutos acodado en el antepecho de la ventana mirando aquellas tinieblas. De pronto resono un canonazo en la noche, al que siguio otro inmediatamente.</p><p>&quot; La senal de que sube el agua -penso-. Dentro de unas horas, las panes bajas de la ciudad estaran inundadas. Las ratas de las cuevas seran arrastradas por la corriente y, en medio del viento y la lluvia, los hombres, calados hasta los huesos, empezaran a transportar, entre juramentos, todos sus trastros a los pisos altos de las casas. A todo esto, ?que hora sera?&quot;</p><p>En el momento en que se hacia esta pregunta, en un reloj cercano resonaron tres poderosas y apremiantes campanadas.</p><p>&quot;Dentro de una hora sera de dia. ?Para que esperar mas? Voy a marcharme ahora mismo. Me ire directamente a la isla Petrovski. Alli elegire un gran arbol tan empapado de lluvia que, apenas lo roce con el hombro, miles de diminutas gotas caeran sobre mi cabeza.&quot;</p><p>Se retiro de la ventana, la cerro, encendio la bujia, se vistio y salio al pasillo con la palmatoria en la mano. Se proponia despertar al mozo, que sin duda dormiria en un rincon, entre un monton de trastos viejos, pagar la cuenta y salir del hotel.</p><p>&quot;He escogido el mejor momento -se dijo- Imposible encontrar otro mas indicado.&quot;</p><p>Estuvo un rato yendo y viniendo por el estrecho y largo corredor sin ver a nadie. Al fin descubrio en un rincon oscuro, entre un viejo armario y una puerta, una forma extrana que le parecio dotada de vida. Se inclino y, a la luz de la bujia, vio a una nina de unos cuatro anos, o cinco a lo sumo. Lloraba entre temblores y sus ropitas estaban empapadas. No se asusto al ver a Svidrigailof, sino que se limito a mirarlo con una expresion de inconsciencia en sus grandes ojos negros, respirando profundamente de vez en cuando, como ocurre a los ninos que, despues de haber llorado largamente, empiezan a consolarse y solo de tarde en tarde le acometen de nuevo los sollozos. La nina estaba helada y en su fina carita habia una mortal palidez. ?Por que estaba alli? Por lo visto, no habia dormido en toda la noche. De pronto se animo y, con su vocecita infantil y a una velocidad vertiginosa, empezo a contar una historia en la que salia a relucir una taza que ella habia roto y el temor de que su madre le pegara. La nina hablaba sin cesar.</p><p>Svidrigailof dedujo que se trataba de una nina a la que su madre no queria demasiado. Esta debia de ser una cocinera del barrio, tal vez del hotel mismo, aficionada a la bebida y que solia maltratar a la pobre criatura. La nina habia roto una taza y habia huido presa de terror. Sin duda habia estado vagando largo rato por la calle, bajo la fuerte lluvia, y al fin habia entrado en el hotel para refugiarse en aquel rincon, junto al armario, donde habia pasado la noche temblando de frio y de miedo ante la idea del duro castigo que le esperaba por su fechoria.</p><p>La cogio en sus brazos, la llevo a su habitacion, la puso en la cama y empezo a desnudarla. No llevaba medias y sus agujereados zapatos estaban tan empapados como si hubieran pasado una noche entera dentro del agua. Cuando le hubo quitado el vestido, la acosto y la tapo cuidadosamente con la ropa de la cama. La nina se durmio en seguida. Svidrigailof volvio a sus sombrios pensamientos.</p><p>&quot;?Para que me habre metido en esto? -se dijo con una sensacion opresiva y un sentimiento de colera-. ?Que absurdo!&quot;</p><p>Cogio la bujia para volver a buscar al mozo y marcharse cuanto antes.</p><p>&quot;Es una golfilla&quot;, penso, anadiendo una palabrota, en el momento de abrir la puerta.</p><p>Pero volvio atras para ver si la nina dormia tranquilamente. Levanto el embozo con cuidado. La chiquilla estaba sumida en un placido sueno. Habia entrado en calor y sus palidas mejillas se habian coloreado. Pero, cosa extrana, el color de aquella carita era mucho mas vivo que el que vemos en los ninos ordinariamente.</p><p>&quot;Es el color de la fiebre&quot;, penso Svidrigailof.</p><p>Aquella nina tenia el aspecto de haber bebido, de haberse bebido un vaso de vino entero. Sus purpureos labios parecian arder... ?Pero que era aquello? De pronto le parecio que las negras y largas pestanas de la nina oscilaban y se levantaban ligeramente. Los entreabiertos parpados dejaron escapar una mirada penetrante, maliciosa y que no tenia nada de infantil. ?Era que la nina fingia dormir? Si, no cabia duda. Su boquita sonrio y las comisuras de sus labios temblaron en un deseo reprimido de reir. Y he aqui que de improviso deja de contenerse y se rie francamente. Algo desvergonzado, provocativo, aparece en su rostro, que no es ya el rostro de una nina. Es la expresion del vicio en la cara de una prostituta. Y los ojos se</p><p>abren francamente, enteramente, y envuelven a Svidrigailof en una mirada ardiente y lasciva, de alegre invitacion... La carita infantil tiene un algo repugnante con su expresion de lujuria.</p><p>&quot; ?Como es posible que a los cinco anos...? -piensa, horro-</p><p>rizado-. Pero ?que otra cosa puede ser?&quot;</p><p>La nina vuelve hacia el su rostro ardiente y le tiende los brazos.</p><p>Svidrigailof lanza una exclamacion de espanto, levanta la mano, amenazador..., y en este momento se despierta.</p><p>Vio que seguia acostado, bien cubierto por las ropas de la cama. La vela no estaba encendida y en la ventana apuntaba la luz del amanecer.</p><p>&quot;Me he pasado la noche en una continua pesadilla.&quot;</p><p>Se incorporo y advirtio, indignado, que tenia el cuerpo dolorido. En el exterior reinaba una espesa niebla que impedia ver nada. Eran cerca de las cinco. Habia dormido demasiado. Se levanto, se puso la americana y el abrigo, humedos todavia, palpo el revolver guardado en el bolsillo, lo saco y se aseguro de que la bala estaba bien colocada. Luego se sento ante la mesa, saco un cuaderno de notas y escribio en la primera pagina varias lineas en gruesos caracteres. Despues de leerlas, se acodo en la mesa y quedo pensativo. El revolver y el cuaderno de notas estaban sobre la mesa, cerca de el. Las moscas habian invadido el trozo de carne que habia quedado intacto. Las estuvo mirando un buen rato y luego empezo a cazarlas con la mano derecha. Al fin se asombro de dedicarse a semejante ocupacion en aquellos momentos; volvio en si, se estremecio y salio de la habitacion con paso firme. Un minuto despues estaba en la calle. Una niebla opaca y densa flotaba sobre la ciudad. Svidrigailof se dirigio al Pequeno Neva por el sucio y resbaladizo pavimento de madera, y mientras avanzaba veia con la imaginacion la crecida nocturna del rio, la isla Petrovski, con sus senderos empapados, su hierba humeda, sus sotos, sus macizos cargados de agua y, en fin, aquel arbol... Entonces, indignado consigo mismo, empezo a observar los edificios junto a los cuales pasaba, para desviar el curso de sus ideas.</p><p>La avenida estaba desierta: ni un peaton, ni un coche. Las casas bajas, de un amarillo intenso, con sus ventanas y sus postigos cerrados tenian un aspecto sucio y triste. El frio y la humedad penetraban en el cuerpo de Svidrigailof y lo estremecian. De vez en cuando veia un rotulo y lo leia detenidamente. Al fin termino el pavimento de madera y se encontro en las cercanias de un gran edificio de piedra. Entonces vio un perro horrible que cruzaba la calzada con el rabo entre piernas. En medio de la acera, tendido de bruces, habia un borracho. Lo miro un momento y continuo su camino.</p><p>A su izquierda se alzaba una torre.</p><p>&quot;He aqui un buen sitio. ?Para que tengo que ir a la isla Petrovski? Aqui, por lo menos, tendre un testigo oficial.&quot;</p><p>Sonrio ante esta idea y se interno en la calle donde se alzaba el gran edificio coronado por la torre.</p><p>Apoyado en uno de los batientes de la maciza puerta principal, que estaba cerrada, habia un hombrecillo envuelto en un capote gris de soldado y con un casco en la cabeza. Su rostro expresaba esa arisca tristeza que es un rasgo secular en la raza judia.</p><p>Los dos se examinaron un momento en silencio. Al soldado acabo por parecerle extrano que aquel desconocido que no estaba borracho se hubiera detenido a tres pasos de el y le mirara sin decir nada.</p><p>-?Que quiere usted? -pregunto ceceando y sin hacer el menor movimiento.</p><p>-Nada, amigo mio -respondio Svidrigailof-. Buenos dias.</p><p>-Siga su camino.</p><p>-?Mi camino? Me voy al extranjero.</p><p>-?Al extranjero?</p><p>-A America.</p><p>-?A America?</p><p>Svidrigailof saco el revolver del bolsillo y lo preparo para disparar. El soldado arqueo las cejas.</p><p>-Oiga, aqui no quiero bromas -ceceo.</p><p>-?Por que?</p><p>-Porque no es lugar a proposito.</p><p>-El sitio es excelente, amigo mio. Si alguien te pregunta, tu le dices que me he marchado a America.</p><p>Y apoyo el canon del revolver en su sien derecha.</p><p>-?Eh, eh! -exclamo el soldado, abriendo aun mas los ojos y mirandole con una expresion de terror-. Ya le he dicho que este no es sitio para bromas.</p><p>Svidrigailof oprimio el gatillo.</p> <br /><br /><p>VII</p><p>Aquel mismo dia, entre seis y siete de la tarde, Raskolnikof se dirigia a la vivienda de su madre y de su hermana. Ahora habitaban en el edificio Bakaleev, donde ocupaban las habitaciones recomendadas por Rasumikhine. La entrada de este departamento daba a la calle. Raskolnikof estaba ya muy cerca cuando empezo a vacilar. ?Entraria? Si, por nada del mundo volveria atras. Su resolucion era inquebrantable.</p><p>&quot;No saben nada -penso-, y estan acostumbradas a considerarme como un tipo raro.&quot;</p><p>Tenia un aspecto lamentable: sus ropas estaban empapadas, sucias de barro, llenas de desgarrones. Tenia el rostro desfigurado por la lucha que se estaba librando en su interior desde hacia veinticuatro horas. Habia pasado la noche a solas consigo mismo Dios sabia donde. Pero habia tomado una decision y la cumpliria.</p><p>Llamo a la puerta. Le abrio su madre, pues Dunetchka habia salido. Tampoco estaba en casa la sirvienta. En el primer momento, Pulqueria Alejandrovna enmudecio de alegria. Despues le cogio de la mano y le hizo entrar.</p><p>-?Al fin! -exclamo con voz alterada por la emocion-. Perdoname, Rodia, que lo reciba derramando lagrimas como una tonta. No creas que lloro: estas lagrimas son de alegria. Te aseguro que no estoy triste, sino muy contenta, y cuando lo estoy no puedo evitar que los ojos se me llenen de lagrimas. Desde la muerte de yu padre, las derramo por cualquier cosa... Sientate, hijo: estas fatigado. ?Oh, como vas!</p><p>-Es que ayer me moje -dijo Raskolnikof.</p><p>-?Bueno, nada de explicaciones! -replico al punto Pulqueria Alejandrovna-. No te inquietes, que no te voy a abrumar con mil preguntas de mujer curiosa. Ahora ya lo comprendo todo, pues estoy iniciada en las costumbres de Petersburgo y ya veo que la gente de aqui es mas inteligente que la de nuestro pueblo. Me he convencido de que soy incapaz de seguirte en tus ideas y de que no tengo ningun derecho a pedirte cuentas... Sabe Dios los proyectos que tienes y los pensamientos que ocupan tu imaginacion... Por lo tanto, no quiero molestarte con mis preguntas. ?Que te parece...? ?Ah, que ridicula soy! No hago mas que hablar y hablar como una imbecil... Oye, Rodia: voy a leer por tercera vez aquel articulo que publicaste en una revista. Nos lo trajo Dmitri Prokofitch. Ha sido para mi una revelacion. &quot;Ahi tienes, estupida, lo que piensa, y eso lo explica todo -me dije-. Todos los sabios son asi. Tiene ideas nuevas, y esas ideas le absorben mientras tu solo piensas en distraerlo y atormentarlo... En tu articulo hay muchas cosas que no comprendo, pero esto no tiene nada de extrano, pues ya sabes lo ignorante que soy.</p><p>-Ensename ese articulo, mama.</p><p>Raskolnikof abrio la revista y echo una mirada a su articulo. A pesar de su situacion y de su estado de animo, experimento el profundo placer que siente todo autor al ver su primer trabajo impreso, y sobre todo si el escritor es un joven de veintitres anos. Pero esta sensacion solo duro un momento. Despues de haber leido varias lineas, Rodia fruncio las cejas y sintio como si una garra le estrujara el corazon. La lectura de aquellas lineas le recordo todas las luchas que se habian librado en su alma durante los ultimos meses. Arrojo la revista sobre la mesa con un gesto de viva repulsion.</p><p>-Por estupida que sea, Rodia, puedo comprender que dentro de poco ocuparas uno de los primeros puestos, si no el primero de todos, en el mundo de la ciencia. ?Y pensar que creian que estabas loco! ?Ja, ja, ja! Pues esto es lo que sospechaban. ?Ah, miserables gusanos! No alcanzan a comprender lo que es la inteligencia. Hasta Dunetchka, si, hasta la misma Dunetchka parecia creerlo. ?Que me dices a esto...? Tu pobre padre habia enviado dos trabajos a una revista, primero unos versos, que tengo guardados y algun dia te ensenare, y despues una novela corta que copie yo misma. ?Como imploramos al cielo que los aceptaran! Pero no, los rechazaron. Hace unos dias, Rodia, me apenaba verte tan mal vestido y alimentado y viviendo en una habitacion tan misera, pero ahora me doy cuenta de que tambien esto era una tonteria, pues tu, con tu talento, podras obtener cuanto desees tan pronto como te lo propongas. Sin duda, por el momento te tienen sin cuidado estas cosas, pues otras mas importantes ocupan tu imaginacion.</p><p>-?Y Dunia, mama?</p><p>-No esta, Rodia. Sale muy a menudo, dejandome sola. Dmitri Prokofitch tiene la bondad de venir a hacerme compania y siempre me habla de ti. Te aprecia de veras. En cuanto a tu hermana, no puedo decir que me falten sus cuidados. No me quejo. Ella tiene su caracter y yo el mio. A ella le gusta tener secretos para mi y yo no quiero tenerlos para mis hijos. Claro que estoy convencida de que Dunetchka es demasiado inteligente para... Por lo demas, nos quiere... Pero no se como terminara todo esto. Ya ves que esta ausente durante esta visita tuya que me ha hecho tan feliz. Cuando vuelva le dire: &quot;Tu hermano ha venido cuando tu no estabas en casa. ?Donde has estado?&quot; Tu, Rodia, no te preocupes demasiado por mi. Cuando puedas, pasa a verme, pero si te es imposible venir, no te inquietes. Tendre paciencia, pues ya se que sigues queriendome, y esto me basta. Leere tus obras y oire hablar de ti a todo el mundo. De vez en cuando vendras a verme. ?Que mas puedo desear? Hoy, por ejemplo, has venido a consolar a tu madre...</p><p>Y Pulqueria Alejandrovna se echo de pronto a llorar.</p><p>-?Otra vez las lagrimas! No me hagas caso, Rodia: estoy loca.</p><p>Se levanto precipitadamente y exclamo:</p><p>-?Dios mio! Tenemos cafe y no te he dado. ?Lo que es el egoismo de las viejas! Un momento, un momento...</p><p>-No, mama, no me des cafe. Me voy en seguida. Escuchame, te ruego que me escuches.</p><p>Pulqueria Alejandrovna se acerco timidamente a su hijo. -Mama, ocurra lo que ocurra y oigas decir de mi lo que oigas, ?me seguiras queriendo como me quieres ahora? -pregunto Rodia, llevado de su emocion y sin medir el alcance de sus palabras.</p><p>-Pero, Rodia, ?que te pasa? ?Por que me haces esas preguntas? ?Quien se atrevera a decirme nada contra ti? Si alguien lo hiciera, me negaria a escucharle y le volveria la espalda.</p><p>-He venido a decirte que te he querido siempre y que soy feliz al pensar que no estas sola ni siquiera cuando Dunia se ausenta. Por desgraciada que seas, piensa que tu hijo te quiere mas que a si mismo y que todo lo que hayas podido pensar sobre mi crueldad y mi indiferencia hacia ti ha sido un error. Nunca dejare de quererte... Y basta ya. He comprendido que debia hablarte asi, darte esta explicacion.</p><p>Pulqueria Alejandrovna abrazo a su hijo y lo estrecho contra su corazon mientras lloraba en silencio.</p><p>-No se que te pasa, Rodia -dijo al fin-. Creia sencillamente que nuestra presencia te molestaba, pero ahora veo que te acecha una gran desgracia y que esta amenaza te llena de angustia. Hace tiempo que lo sospechaba, Rodia. Perdona que te hable de esto, pero no se me va de la cabeza e incluso me quita el sueno. Esta noche tu hermana ha sonado en voz alta y solo hablaba de ti. He oido algunas palabras, pero no he comprendido nada absolutamente. Desde esta manana me he sentido como el condenado a muerte que espera el momento de la ejecucion. Tenia el presentimiento de que ocurriria una desgracia, y ya ha ocurrido. Rodia, ?donde vas? Pues vas a emprender un viaje, ?verdad?</p><p>-Si.</p><p>-Me lo figuraba. Pero puedo acompanarte. Y Dunia tambien. Te quiere mucho. Ademas, puede venir con nosotros Sonia Simonovna. De buen grado la aceptaria como hija. Dmitri Prokofitch nos ayudara a hacer los preparativos... Pero dime: ?adonde vas?</p><p>-Adios.</p><p>-Pero ?te vas hoy mismo? --exclamo como si fuera a perder a su hijo para siempre.</p><p>-No puedo estar mas tiempo aqui. He de partir en seguida.</p><p>-?No puedo acompanarte?</p><p>-No. Arrodillate y ruega a Dios por mi. Tal vez te escuche.</p><p>-Deja que te de mi bendicion... Asi... ?Senor, Senor...!</p><p>Rodia se felicitaba de que nadie, ni siquiera su hermana, estuviera presente en aquella entrevista. De subito, tras aquel horrible periodo de su vida, su corazon se habia ablandado. Raskolnikof cayo a los pies de su madre y empezo a besarlos. Despues los dos se abrazaron y lloraron. La madre ya no daba muestras de sorpresa ni hacia pregunta alguna. Hacia tiempo que sospechaba que su hijo atravesaba una crisis terrible y comprendia que habia llegado el momento decisivo.</p><p>-Rodia, hijo mio, mi primer hijo -decia entre sollozos-, ahora te veo como cuando eras nino y venias a besarme y a ofrecerme tus caricias. Entonces, cuando aun vivia tu padre, tu presencia bastaba para consolarnos de nuestras penas. Despues, cuando el pobre ya habia muerto, ?cuantas veces lloramos juntos ante su tumba, abrazados como ahora! Si hace tiempo que no ceso de llorar es porque mi corazon de madre se sentia torturado por terribles presentimientos. En nuestra primera entrevista, la misma tarde de nuestra llegada a Petersburgo, tu cara me anuncio algo tan doloroso, que mi corazon se paralizo, y hoy, cuando te he abierto la puerta y te he visto, he comprendido que el momento fatal habia llegado. Rodia, ?verdad que no partes en seguida?</p><p>-No.</p><p>-?Volveras?</p><p>-Si.</p><p>-No te enfades, Rodia; no quiero interrogarte; no me atrevo a hacerlo. Pero quisiera que me dijeses una cosa: ?vas muy lejos?</p><p>-Si, muy lejos.</p><p>-?Tendras alli un empleo, una posicion?</p><p>-Tendre lo que Dios quiera. Ruega por mi.</p><p>Raskolnikof se dirigio a la puerta, pero ella lo cogio del brazo y lo miro desesperadamente a los ojos. Sus facciones reflejaban un espantoso sufrimiento.</p><p>-Basta, mama.</p><p>En aquel momento se arrepentia profundamente de haber ido a verla.</p><p>-No te vas para siempre, ?verdad? Vendras manana, ?no es cierto?</p><p>-Si, si. Adios.</p><p>Y huyo.</p><p>La tarde era tibia, luminosa. Pasada la manana, el tiempo se habia ido despejando. Raskolnikof deseaba volver a su casa cuanto antes. Queria dejarlo todo terminado antes de la puesta del sol y su mayor deseo era no encontrarse con nadie por el camino.</p><p>Al subir la escalera advirtio que Nastasia, ocupada en preparar el te en la cocina, suspendia su trabajo para seguirle con la mirada.</p><p>&quot;?Habra alguien en mi habitacion?&quot;, se pregunto Raskolnikof, y penso en el odioso Porfirio.</p><p>Pero cuando abrio la puerta de su aposento vio a Dunetchka sentada en el divan. Estaba pensativa y debia de esperarle desde hacia largo rato. Rodia se detuvo en el umbral. Ella se estremecio y se puso en pie. Su inmovil mirada se fijo en su hermano: expresaba espanto y un dolor infinito. Esta mirada basto para que Raskolnikof comprendiera que Dunia lo sabia todo.</p><p>-?Debo entrar o marcharme? -pregunto el joven en un tono de desafio.</p><p>-He pasado el dia en casa de Sonia Simonovna. Alli te esperabamos las dos. Confiabamos en que vendrias.</p><p>Raskolnikof entro en la habitacion y se dejo caer en una silla, extenuado.</p><p>-Me siento debil, Dunia. Estoy muy fatigado y, sobre todo en este momento, necesitaria disponer de todas mis fuerzas.</p><p>El le dirigio de nuevo una mirada retadora.</p><p>-?Donde has pasado la noche? -pregunto Dunia.</p><p>-No lo recuerdo. Lo unico que me ha quedado en la memoria es que tenia el proposito de tomar una determinacion definitiva y paseaba a lo largo del Neva. Queria terminar, pero no me he decidido.</p><p>Al decir esto, miraba escrutadoramente a su hermana.</p><p>-?Alabado sea Dios! -exclamo Dunia-. Eso era precisamente lo que temiamos Sonia Simonovna y yo. Eso demuestra que aun crees en la vida. ?Alabado sea Dios!</p><p>Raskolnikof sonrio amargamente.</p><p>-No creo en la vida. Pero hace un momento he hablado con nuestra madre y nos hemos abrazado llorando. Soy un incredulo, pero le he pedido que rezara por mi. Solo Dios sabe como ha podido suceder esto, Dunetchka, pues yo no comprendo nada.</p><p>-?Como? ?Has estado hablando con nuestra madre? -exclamo Dunetchka, aterrada-. ?Habras sido capaz de decirselo todo?</p><p>-No, yo no le he dicho nada claramente; pero ella sabe muchas cosas. Te ha oido sonar en voz alta la noche pasada. Estoy seguro de que esta enterada de buena parte del asunto. Tal vez he hecho mal en ir a verla. Ni yo mismo se por que he ido. Soy un hombre vil, Dunia.</p><p>-Si, pero dispuesto a ir en busca de la expiacion. Porque iras, ?verdad?</p>]]></content>
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				<name><![CDATA[Giperion]]></name>
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			<updated>2016-08-02T10:18:18Z</updated>
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			<title type="html"><![CDATA[Re: Достоевский Ф. М. - Преступление и наказание на испанском языке]]></title>
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			<content type="html"><![CDATA[<p>Svidrigailof hizo un movimiento de sorpresa.</p><p>-?Ah, caramba! -exclamo con una perfida sonrisa-. Asi la cosa cambia por completo. Usted misma me facilita la tarea, Avdotia Romanovna... Pero ?de donde ha sacado usted ese revolver? ?Se lo ha proporcionado el senor Rasumikhine? ?Toma, si es el mio! ?Un viejo amigo! ?Tanto como lo busque! Las lecciones de tiro que tuve el honor de darle en el campo no fueron inutiles, por lo que veo.</p><p>-Este revolver no es tuyo, monstruo, sino de Marfa Petrovna. No habia nada tuyo en su casa. Lo cogi cuando comprendi de lo que eras capaz. Si das un paso, te juro que te mato.</p><p>Dunia habia empunado el revolver. En su desesperacion, estaba dispuesta a disparar.</p><p>-Bueno, ?y su hermano? Le hago esta pregunta por pura curiosidad -dijo Svidrigailof sin moverse del sitio.</p><p>-Denunciale si quieres. Un paso y disparo. Tu envenenaste a tu esposa: estoy segura. Tu tambien eres un asesino.</p><p>-?Esta usted segura de que envenene a Marfa Petrovna?</p><p>-Si, tu mismo me lo dejaste entrever. Me hablaste de un veneno. Se que te lo habias procurado, que lo habias preparado... Fuiste tu, tu..., ?infame!</p><p>-Si eso fuera verdad, solo lo habria hecho por ti: tu habrias sido la causa.</p><p>-?Mientes! Yo siempre lo he odiado, ?siempre!</p><p>-Por lo visto, Avdotia Romanovna, usted se ha olvidado de que, cuando trataba de convertirme, se inclinaba sobre mi y me dirigia languidas miradas. Yo, entonces, la miraba fijamente a los ojos, ?recuerda...? La noche..., el claro de luna... Un ruisenor cantaba...</p><p>La ira llameo en los ojos de Dunia.</p><p>-?Mientes, mientes! ?Eres un calumniador!</p><p>-?Miento? Bien, lo admito. No se deben recordar estas cosillas a las mujeres -anadio con una sonrisa burlona-. Se que vas a disparar, preciosa bestezuela. Pues bien, dispara...</p><p>Dunia le apunto. Solo esperaba que hiciera un movimiento para apretar el gatillo. Estaba mortalmente palida, temblaba su labio inferior y sus grandes ojos negros lanzaban llamaradas. Svidrigailof no la habia visto nunca tan hermosa. En el momento en que la joven levanto el revolver, el fuego de sus ojos penetro en el pecho del enemigo y quemo su corazon, que se contrajo dolorosamente. Dio un paso hacia delante y se oyo una detonacion. La bala rozo el cabello de Svidrigailof y fue a incrustarse en la pared, a sus espaldas. Svidrigailof se detuvo y dijo, esbozando una sonrisa:</p><p>-Una picadura de avispa... Ya veo que ha tirado usted a la cabeza... Pero ?que es esto? Parece sangre.</p><p>Y saco el panuelo para limpiarse un hilillo de sangre que resbalaba por su sien. La bala debio de rozar la piel del craneo.</p><p>Dunia habia bajado el revolver y miraba a Svidrigailof con un gesto de pasmo mas que de temor. Parecia incapaz de comprender lo que habia hecho y lo que ocurria ante ella.</p><p>-Ya lo ve: ha errado el tiro. Vuelva a disparar. Ya ve que estoy esperando.</p><p>Hablaba en voz baja y con una sonrisa que ahora tenia algo de siniestro.</p><p>-Si tarda usted tanto -continuo-, podre caer sobre usted antes de que haya vuelto a apretar el gatillo.</p><p>Dunetchka se estremecio, preparo el revolver y apunto.</p><p>-?Dejeme! -grito, desesperada-. Le juro que volvere a disparar ?y le matare!</p><p>-?Que importa! Desde luego, disparando a tres pasos es imposible fallar. Pero si usted no me mata...</p><p>Sus ojos centellearon y dio dos pasos mas. Dunetchka disparo, pero no salio la bala.</p><p>-Ese revolver esta mal cargado. Pero no importa: le queda una bala todavia. Arreglelo. Espero.</p><p>Estaba a dos pasos de la joven y la miraba con una ardiente fijeza que expresaba una resolucion indomita. Dunia comprendio que preferiria morir a renunciar a ella. Y... y ahora estaba segura de matarle, ya que solo lo tenia a dos pasos.</p><p>De pronto arrojo el arma.</p><p>-?No quiere matarme! -exclamo Svidrigailof, asombrado.</p><p>Luego respiro profundamente. Su alma acababa de librarse de un gran peso que no era solo el temor a la muerte. Sin embargo, le habria sido dificil explicar lo que sentia. Tenia la sensacion de que se habia librado de otro sentimiento mas penoso que el de la muerte, pero no lograba identificarlo.</p><p>Se acerco a Dunia y la enlazo suavemente por el talle. Ella no opuso la menor resistencia, pero temblaba como una hoja y le miraba con ojos suplicantes. El intento hablarle, mas sus labios solo consiguieron hacer una mueca. No pudo pronunciar una sola palabra.</p><p>-?Dejame! -suplico Dunia.</p><p>Svidrigailof se estremecio. Este tuteo no era el mismo que el de hacia un momento.</p><p>-Asi, ?no me amas? -pregunto en un susurro.</p><p>Dunia nego con la cabeza.</p><p>-?No puedes...? ?No podras nunca? -murmuro con acento desesperado.</p><p>-Nunca -respondio Dunia, tambien en voz baja.</p><p>Durante unos momentos se estuvo librando una lucha espantosa en el alma de Svidrigailof. Sus ojos se habian fijado en la joven con una expresion indescriptible. De subito retiro el brazo con que habia rodeado su talle, dio media vuelta y se dirigio a la ventana.</p><p>Tras unos instantes de silencio, saco la llave del bolsillo izquierdo de su gaban y la dejo en la mesa que estaba a sus espaldas, sin volver los ojos hacia Dunia.</p><p>-Ahi tiene la llave. Cojala y vayase en seguida.</p><p>Siguio mirando obstinadamente a traves de la ventana.</p><p>Dunia se acerco a la mesa y cogio la llave.</p><p>-?Pronto, pronto! -exclamo Svidrigailof sin hacer el menor movimiento, pero dando a sus palabras un tono terrible.</p><p>Dunia no se lo hizo repetir. Con la llave en la mano, corrio hacia la puerta, la abrio precipitadamente y salio a toda prisa. Un instante despues corria como una loca a lo largo del canal en direccion al puente de ...</p><p>Svidrigailof permanecio todavia tres minutos ante la ventana. Despues se volvio lentamente, dirigio una mirada en torno a el y se paso la mano por la frente. Una sonrisa horrible crispo sus facciones, una lastimosa sonrisa que expresaba impotencia, tristeza y desesperacion. Su mano se mancho de sangre. Se la miro con un gesto de colera. Luego mojo una toalla y se lavo la sien. El revolver arrojado por Dunia habia rodado hasta la puerta. Lo recogio y empezo a examinarlo. Era pequeno, de tres tiros y de antiguo modelo. Aun quedaba en el una bala. Tras un momento de reflexion, se lo guardo en el bolsillo, cogio el sombrero y se marcho.</p> <br /><br /><p>VI</p><p>Estuvo hasta las diez de la noche recorriendo tabernas y tugurios. Hallo a Katia en uno de estos establecimientos. La muchacha cantaba sus habituales y descaradas cancioncillas. Svidrigailof la invito a beber, asi como a un organillero, a los camareros, a los cantantes y a dos empleadillos que atrajeron su simpatia solo porque tenian torcida la nariz. En uno, este apendice se ladeaba hacia la derecha y en el otro hacia la izquierda, cosa que le sorprendio sobremanera. Estos acabaron por llevarle a un jardin de recreo. Svidrigailof pago las entradas. En el jardin habia un abeto escualido, tres arbolillos mas y una construccion que ostentaba el nombre de Vauxhall, pero que no era mas que una taberna, donde tambien podia tomarse te.</p><p>En el jardin habia igualmente varios veladores verdes con sillas. Un coro de malos cantantes y un payaso de nariz roja completamente borracho y extraordinariamente triste se encargaban de distraer al publico.</p><p>Los empleadillos se encontraron con varios colegas y empezaron a renir con ellos. Se escogio como arbitro a Svidrigailof. Este estuvo un cuarto de hora tratando de averiguar el motivo del pleito; pero todos gritaban a la vez y no habia medio de entenderse. Lo unico que comprendio fue que uno de ellos habia cometido un robo y vendido el objeto robado a un judio que habia llegado oportuna y casualmente, hecho lo cual se negaba a repartirse con sus companeros el producto de la operacion. Al fin se descubrio que el objeto robado era una cucharilla de plata perteneciente al Vauxhall. Los empleados del establecimiento se dieron cuenta de la desaparicion de la cucharilla, y el asunto habria tomado un cariz desagradable si Svidrigailof no hubiera acallado las protestas de los perjudicados.</p><p>Despues de pagar la cucharilla salio del jardin. Eran alrededor de las diez. No habia bebido ni una gota de alcohol en toda la noche. Habia tomado te, y eso porque habia que</p><p>pedir algo para permanecer en el local.</p><p>La noche era oscura y el aire denso. A eso de las diez, el cielo se cubrio de negras y espesas nubes y estallo una violenta tempestad. La lluvia no caia en gotas, sino en verdaderos raudales que azotaban el suelo. Relampagos de enorme extension iluminaban el espacio. Svidrigailof llego a su casa calado hasta los huesos. Se encerro en su habitacion, abrio el cajon de su mesa, saco dinero y rompio varios papeles. Despues de guardarse el dinero en el bolsillo, penso cambiarse la ropa, pero, al ver que seguia lloviendo, juzgo que no valia la pena, cogio el sombrero y salio sin cerrar la puerta. Se fue derecho a la habitacion de Sonia. Alli estaba la joven, pero no sola, sino rodeada de los cuatro ninos de Kapernaumof, a los que hacia tomar una taza de te.</p><p>Sonia acogio respetuosamente a su visitante. Miro con una expresion de sorpresa sus mojadas ropas, pero no hizo el menor comentario. Al ver entrar a un desconocido, los ninos echaron a correr despavoridos.</p><p>Svidrigailof se sento ante la mesa e invito a Sonia a sentarse a su lado. La muchacha se dispuso timidamente a escucharle.</p><p>-Sonia Simonovna -empezo a decir el visitante-, es muy posible que me vaya a America, y como probablemente no nos volveremos a ver, he venido a arreglar con usted ciertos asuntos. Bueno, ?ha hablado ya con esa senora? No hace falta que me cuente lo que le ha dicho, pues lo se muy bien.</p><p>Sonia hizo un ademan y enrojecio. Svidrigailof siguio diciendo:</p><p>-Esas damas tienen sus costumbres, sus ideas... En cuanto a sus hermanitos, tienen el porvenir asegurado, pues el dinero que he depositado para ellos esta en lugar seguro y lo he entregado contra recibo. Aqui tiene los recibos; guardelos por lo que pueda ocurrir. Y demos por terminado este asunto. Ahora tenga usted estos tres titulos al cinco por ciento. Su valor es de tres mil rublos. Esto es para usted y solo para usted. Deseo que la cosa quede entre nosotros. No diga nada a nadie, oiga lo que oiga. Este dinero le sera util, ya que debe usted dejar la vida que lleva ahora. No estaria nada bien que siguiera viviendo como vive, y con este dinero no tendra necesidad de hacerlo.</p><p>-Ha sido usted tan bueno conmigo, con los huerfanos y con la difunta -balbuceo Sonia-, que nunca sabre como agradecerselo, y creame que...</p><p>-?Bah! Dejemos eso...</p><p>-En cuanto a ese dinero, Arcadio Ivanovitch, muchas gracias, pero no lo necesito. Sabre ganarme el pan. No me considere una ingrata. Ya que es usted tan generoso, ese dinero...</p><p>-Es para usted y solo para usted, Sonia Simonovna. Y le ruego que no hablemos mas de este asunto, pues tengo prisa. Le sera util, se lo aseguro. Rodion Romanovitch no tiene mas que dos soluciones: o pegarse un tiro o ir a parar a Siberia.</p><p>Al oir estas palabras, Sonia empezo a temblar y miro aterrada a su vecino.</p><p>-No se inquiete usted -continuo Svidrigailof-. Lo he oido todo de sus propios labios, pero no me gusta hablar y no dire ni una palabra a nadie. Hizo usted muy bien en aconsejarle que fuera a presentarse a la justicia: es el mejor partido que podria tomar... Pues bien, cuando lo envien a Siberia, usted lo acompanara, ?no es asi? ?Verdad que lo acompanara? En este caso, necesitara usted dinero: lo necesitara para el. ?Comprende? Darle a usted este dinero es como darselo a el. Ademas, usted ha prometido a Amalia Ivanovna pagarle. Yo lo oi. ?Por que contrae usted compromisos tan ligeramente, Sonia Simonovna? Era Catalina Ivanovna la que estaba en deuda con ella y no usted. Usted debio enviar a paseo a esa alemana. No se puede vivir asi... En fin, si alguien le pregunta a usted por mi manana, pasado manana o cualquiera de estos dias, cosa que sin duda ocurrira, no hable usted de esta visita ni diga que le he dado dinero. Bueno, adios -dijo levantandose-. Salude de mi parte a Rodion Romanovitch. ?Ah, se me olvidaba! Le aconsejo que de usted a guardar su dinero al senor Rasumikhine. ?Le conoce? Si, debe usted de conocerle. Es un buen muchacho. Llevele el dinero manana... o cuando usted lo crea oportuno. Hasta entonces procure que no se lo quiten.</p><p>Sonia se habia levantado tambien y miraba confusa a su visitante. Deseaba hablarle, hacerle algunas preguntas, pero se sentia intimidada y no sabia por donde empezar.</p><p>-Pero... pero ?va usted a salir con esta lluvia?</p><p>-?Como puede importarle la lluvia a un hombre que se marcha a America? ?Je, je! Adios, querida Sonia Simonovna. Le deseo muchos anos de vida, muchos anos, pues usted sera util a los demas. A proposito: salude de mi parte al senor Rasumikhine. No lo olvide. Digale que Arcadio Ivanovitch Svidrigailof le ha dado a usted recuerdos para el. No deje de hacerlo.</p><p>Y se fue, dejando a la muchacha inquieta, temerosa y dominada por confusas sospechas.</p><p>Mas adelante se supo que Svidrigailof habia hecho aquella misma noche otra visita extraordinaria y sorprendente. Seguia lloviendo. A las once y veinte se presento, completamente empapado, en casa de los padres de su prometida, que habitaban un pequeno departamento en la tercera avenida de Vasilievski Ostrof. No le fue facil conseguir que le abrieran. Su llegada a aquella hora intempestiva causo gran desconcierto. Pero Arcadio Ivanovitch tenia el don de captarse a las personas cuando se lo proponia, y aquellos padres que en el primer momento -y con sobrados motivos- habian considerado la visita de Svidrigailof como una calaverada de borracho, se convencieron muy pronto de su error.</p><p>La inteligente y amable madre de la novia le acerco el sillon del achacoso padre y abrio la conversacion con grandes rodeos. Nunca iba derecha al asunto y empezaba por una serie de sonrisas, gestos y ademanes. Por ejemplo, cuando quiso saber la fecha en que Arcadio Ivanovitch se proponia celebrar la boda, comenzo interesandose vivamente por Paris y la vida de su alta sociedad, para ir trasladandolo poco a poco desde aquella lejana capital a Vasilievski Ostrof.</p><p>Arcadio Ivanovitch habia respetado siempre estas pequenas argucias, pero aquella noche estaba mas impaciente que de costumbre y solicito ver en seguida a su futura esposa, a pesar de que le habian dicho que estaba acostada. Su demanda fue atendida.</p><p>Svidrigailof dijo simplemente a su novia que un asunto urgente le obligaba a ausentarse de Petersburgo y que por esta razon le entregaba quince mil rublos, insignificante cantidad que tenia intencion de ofrecerle desde hacia tiempo y que le rogaba que la aceptase como regalo de boda. No se comprendia la relacion que pudiera existir entre semejante obsequio y el anunciado viaje, y tampoco se veia en el asunto una urgencia que justificase aquella visita en plena noche y bajo una lluvia torrencial. No obstante, las explicaciones de Arcadio Ivanovitch obtuvieron una excelente acogida: incluso las exclamaciones de sorpresa y las preguntas de rigor se hicieron en un tono delicadamente moderado. Pero ello no impidio que los padres pronunciaran calurosas palabras de gratitud reforzadas por las lagrimas de la inteligente madre.</p><p>Arcadio Ivanovitch se levanto. Sonriendo, beso a su prometida y le dio una palmadita carinosa en la cara. Seguidamente le dijo que volveria pronto, y como descubriera en sus ojos una expresion de curiosidad infantil al mismo tiempo que una grave y muda interrogacion volvio a besarla, mientras se decia, con cierta contrariedad, que el regalo que acababa de hacer seria encerrado bajo llave por aquella madre que era un ejemplo de prudencia.</p><p>Cuando se fue, la familia quedo en un estado de agitacion extraordinaria. Pero la inteligente madre resolvio inmediatamente ciertos puntos importantes. Manifesto que Arcadio Ivanovitch era una personalidad ocupada continuamente en negocios de gran importancia y que estaba relacionado con los personajes mas eminentes. Solo Dios sabia las ideas que pasaban por su cerebro. Habia decidido hacer un viaje y realizaba su proyecto sin vacilar. Lo mismo podia decirse del regalo en dinero que acababa de hacer a su prometida. Tratandose de un hombre asi, uno no debia asombrarse de nada. Ciertamente, habia motivo para sorprenderse al verle tan empapado, pero mayores extravagancias se observaban en los ingleses. Ademas, a las personas del gran mundo no les importaban las murmuraciones y no se preocupaban por nada ni por nadie. Tal vez el se mostraba asi adrede, para demostrar lo indiferente que le era la opinion ajena.</p><p>Lo mas importante era no decir ni una palabra a nadie, pues sabia Dios como terminaria aquel asunto. Habia que guardar el dinero bajo llave sin perdida de tiempo. Afortunadamente, nadie se habia enterado de lo ocurrido. Sobre todo, habria que procurar mantener en la ignorancia a la trapacera senora Resslich. Los padres estuvieron hablando de estas cosas hasta las dos de la madrugada. Pero a esta hora la hija hacia ya tiempo que habia vuelto a la cama, perpleja y un poco triste.</p><p>Svidrigailof entro en la ciudad por la puerta ... La lluvia habia cesado, pero el viento soplaba con violencia. Se estremecio y se detuvo para contemplar con una atencion extrana, vacilante, la oscura agua del Pequeno Neva. Pero al cabo de un momento de permanecer inclinado sobre el barandal sintio frio y echo a andar, internandose en la avenida... Durante cerca de media hora estuvo recorriendo esta inmensa via como si buscase algo. Hacia poco, un dia que pasaba casualmente por alli, habia visto, a la derecha, una gran construccion de madera, un hotel llamado, si mal no recordaba, &quot;Andrinopolis.&quot; Al fin lo encontro. En verdad, era imposible no verlo en aquella oscuridad: era un largo edificio, iluminado todavia, a pesar de la hora, y en el que se percibian ciertos indicios de animacion.</p><p>Entro y pidio un aposento a un mozo andrajoso que encontro en el pasillo. El sirviente le dirigio una mirada y lo condujo a una pequena y asfixiante habitacion situada al final del corredor, debajo de la escalera. No habia otra: el hotel estaba lleno. El mozo esperaba, mirando a Svidrigailof con expresion interrogante.</p><p>-?Tienen te? -pregunto el huesped.</p><p>-Si.</p><p>-?Y que mas?</p><p>-Ternera, vodka, fiambres...</p><p>-Traigame un trozo de carne y te.</p><p>-?Nada mas? -pregunto el sirviente con cierto asombro. -Nada mas.</p><p>El mozo se fue, dando muestras de contrariedad.</p><p>&quot;Este lugar no debe de ser muy decente -penso Svidrigailof-. ?Como es posible que no lo haya advertido antes? Tambien yo debo de tener el aspecto de un hombre que viene de divertirse y ha tenido una aventura por el camino. Me gustaria saber que clase de gente se hospeda aqui.&quot;</p><p>Encendio la bujia y examino el aposento atentamente. Era una verdadera jaula en la que habian abierto una ventana. Tan bajo tenia el techo, que un hombre de la talla de Svidrigailof dificilmente podia estar de pie. Ademas de la sucia cama, habia una mesa de madera blanca pintada y una silla, lo que bastaba para llenar la habitacion. Las paredes parecian construidas con simples tablas y estaban revestidas de un papel tan sucio y lleno de polvo que era imposible deducir su color. La escalera cortaba al sesgo el techo y un trozo de pared, lo que daba a la pieza un aspecto de buhardilla.</p><p>Svidrigailof deposito la bujia en la mesa, se sento en la cama y empezo a reflexionar. Pero un murmullo de voces, que subian de tono hasta convertirse en gritos y que procedian de la habitacion inmediata, acabo por atraer su atencion. Aguzo el oido. Solo una persona hablaba, quejandose a otra con voz planidera.</p><p>Svidrigailof se levanto, puso la mano a modo de pantalla delante de la llama de la bujia y en seguida distinguio una grieta iluminada en el tabique. Se acerco y miro. La habitacion era un poco mayor que la suya. En ella habia dos hombres. Uno de ellos estaba de pie, en mangas de camisa; tenia el cabello revuelto, la cara enrojecida, las piernas abiertas y una actitud de orador. Se daba fuertes golpes en el pecho y sermoneaba a su companero con voz patetica, recordandole que lo habia sacado del lodo, que podia abandonarlo nuevamente y que el Altisimo veia lo que ocurria aqui abajo. El amigo al que se dirigia tenia el aspecto del hombre que quiere estornudar y no puede. De vez en cuando miraba estupidamente al orador, cuyas palabras, evidentemente, no comprendia. Sobre la mesa habia un cabo de vela que estaba en las ultimas, una botella de vodka casi vacia, vasos de varios tamanos, pan, cohombros y tazas de te.</p><p>Despues de haber contemplado atentamente este cuadro, Svidrigailof dejo su puesto de observacion y volvio a sentarse en la cama. Al traerle el te y la carne, el harapiento mozo no pudo menos de volverle a preguntar si queria alguna otra cosa, pero de nuevo recibio una respuesta negativa y se retiro definitivamente. Svidrigailof se apresuro a tomarse un vaso de te para entrar en calor. Pero no pudo comer nada. Empezaba a tener fiebre y esto le quitaba el apetito. Se despojo del abrigo y de la americana y se introdujo entre las ropas del lecho. Se sentia molesto.</p><p>&quot;Quisiera estar bien en esta ocasion&quot;, penso con una sonrisita ironica.</p><p>La atmosfera era asfixiante, la bujia iluminaba debilmente la habitacion, fuera rugia el viento. Llegaba de un rincon ruido de ratas; ademas, un olor de cuero y de raton llenaba la pieza. Svidrigailof fantaseaba tendido en su lecho. Las ideas se sucedian confusamente en su cerebro. Deseaba que su imaginacion se detuviera sobre algo. Penso:</p><p>&quot;Debe de haber un jardin debajo de la ventana. Oigo el rumor del ramaje agitado por el viento. ?Como odio este rumor de follaje en las noches de tormenta! Es verdaderamente desagradable. &quot;</p><p>Y recordo que hacia un momento, al pasar por el parque Petrovitch, habia experimentado la misma ingrata sensacion. Luego penso en el Pequeno Neva y volvio a estremecerse como se habia estremecido hacia un rato cuando se habia asomado a mirar el agua.</p><p>&quot; Nunca he podido ver el agua ni en pintura. &quot;</p><p>Y acto seguido le asaltaron otras extranas ideas que le hicieron sonreir de nuevo.</p><p>&quot;En estos momentos, todo eso de la comodidad y la estetica deberia tenerme sin cuidado. Sin embargo, estoy procediendo como el animal que lucha por conseguir un buen sitio... ?En estas circunstancias...! Lo mejor habria sido ir en seguida a Petrovski Ostrof. Pero no, me han dado miedo el frio y las tinieblas. ?Je, je! ?El senor necesita sensaciones agradables...! Pero ?por que no he apagado ya la vela?&quot;</p><p>La apago de un soplo y, al no ver luz en la grieta del tabique, siguio diciendose:</p><p>&quot;Mis vecinos se han acostado ya... Ahora seria oportuna tu visita, Marfa Petrovna. La oscuridad es completa; el lugar, adecuado; el momento, propicio... Pero ya veo que no quieres venir. &quot;</p><p>De pronto se acordo de que, poco antes de poner en practica su proyecto sobre Dunia, habia aconsejado a Raskolnikof que confiara a su hermana a la custodia de Rasumikhine.</p><p>&quot;Lo he dicho para fustigarme los nervios, como ha adivinado Rodion Romanovitch. ?Que astuto es! Ha sufrido mucho. Puede llegar a ser algo con el tiempo, cuando se vea libre de las disparatadas ideas que ahora le obsesionan. Esta anhelante de vida. En tales circunstancias, todos los hombres como el son cobardes... ?En fin, que el diablo le lleve! ?Que me importa a mi lo que haga o deje de hacer!</p><p>El sueno seguia huyendo de el. Poco a poco, la imagen de Dunia fue esbozandose en su imaginacion y un estremecimiento recorrio todo su cuerpo.</p><p>&quot; ?No, hay que terminar! -se dijo, volviendo en si-. Pensemos en otra cosa. Es verdaderamente extrano y curioso que yo no haya odiado jamas seriamente a nadie, que no haya tenido el deseo de vengarme de nadie. Esto es mala senal... ?Cuantas promesas le he hecho! Esa mujer podria haberme gobernado a su antojo.&quot;</p><p>Se detuvo y apreto los dientes. La imagen de Dunetchka surgio ante el tal como la habia visto en el momento de hacer el primer disparo. Despues habia tenido miedo, habia bajado el revolver y se habia quedado mirandole como petrificada por el espanto. Entonces el habria podido cogerla, y no una, sino dos veces, sin que ella hubiera levantado el brazo para defenderse. Sin embargo, el la aviso. Recordaba que se habia compadecido de ella. Si, en aquel momento su corazon se habia conmovido.</p><p>&quot; ?Diablo! ?Todavia pensando en esto? ?Hay que terminar, terminar de una vez ! &quot;</p><p>Ya empezaba a dormirse, ya se calmaba su temblor febril, cuando noto que algo corria sobre la cubierta, a lo largo de su brazo y de su pierna.</p> <br /><br /> <br /><br /><p>&quot;?Demonio! Debe de ser un raton. Me he dejado la carne en la mesa y...&quot;</p><p>No queria destaparse ni levantarse con aquel frio. Pero de pronto noto en la pierna un nuevo contacto desagradable. Entonces echo a un lado la cubierta y encendio la bujia. Despues, temblando de frio, empezo a inspeccionar la cama. De subito vio que un raton saltaba sobre la sabana. Intento atraparlo, pero el animal, sin bajar del lecho, empezo a corretear y a zigzaguear en todas direcciones, burlando a la mano que trataba de asirlo. Al fin se introdujo debajo de la almohada. Svidrigailof arrojo la almohada al suelo, pero noto que algo habia saltado sobre su pecho y se paseaba por encima de su camisa. En este momento se estremecio de pies a cabeza y se desperto. La oscuridad reinaba en la habitacion y el estaba acostado y bien tapado como poco antes. Fuera seguia rugiendo el viento.</p><p>&quot; ?Esto es insufrible! &quot; se dijo con los nervios crispados.</p><p>Se levanto y se sento en el borde del lecho, dando la espalda a la ventana.</p>]]></content>
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				<name><![CDATA[Giperion]]></name>
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			<updated>2016-08-02T10:17:56Z</updated>
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			<title type="html"><![CDATA[Re: Достоевский Ф. М. - Преступление и наказание на испанском языке]]></title>
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			<content type="html"><![CDATA[<p>-Basta! No quiero seguir escuchando sus sucias y viles anecdotas, hombre ruin y corrompido.</p><p>-Ah, escuchemos al poeta! ?Oh Schiller! ?Donde va a esconderse la virtud...? Mire, le contare cosas como esta solo para oir sus gritos de indignacion. Es para mi un verdadero placer.</p><p>-Lo creo. Hasta yo mismo me veo en ridiculo en estos instantes -murmuro Raskolnikof, indignado.</p><p>Svidrigailof reia a mandibula batiente. Al fin llamo a Felipe y, despues de haber pagado su consumicion, se levanto.</p><p>-Vamonos. Estoy bebido. Assez cause -exclamo-. He tenido un verdadero placer.</p><p>-Lo creo. ?Como no ha de ser un placer para usted referir anecdotas escabrosas? Esto es una verdadera satisfaccion para un hombre encenagado en el vicio y desgastado por la disipacion, sobre todo cuando tiene un proyecto igualmente monstruoso y lo cuenta a un hombre como yo... Es una cosa que fustiga los nervios.</p><p>-Pues si es asi -dijo Svidrigailof con cierto asombro-, si es asi, a usted no le falta cinismo. Usted es capaz de comprender muchas cosas. Bueno, basta ya. Siento de veras no poder seguir hablando con usted. Pero ya volveremos a vernos... Tenga un poco de paciencia.</p><p>Salio de la taberna seguido de Raskolnikof. Su embriaguez se disipaba a ojos vistas. Parecia preocupado por asuntos importantes y su semblante se habia nublado como si esperase algun grave acontecimiento. Su actitud ante Raskolnikof era cada vez mas grosera e ironica. El joven se dio cuenta de este cambio y se turbo. Aquel hombre le inspiraba una gran desconfianza. Ajusto su paso al de el.</p><p>Estaban ya en la calle.</p><p>-Yo voy hacia la izquierda -dijo Svidrigailof-, y usted hacia la derecha. O al reves, si usted lo prefiere. El caso es que nos separemos. Adios. Mon plaisir. Celebrare volver a verle.</p><p>Y tomo la direccion de la plaza del Mercado.</p> <br /><br /><p>V</p><p>Raskolnikof le alcanzo y se puso a su lado.</p><p>-?Que significa esto? -exclamo Svidrigailof-. Ya le he dicho a usted que...</p><p>-Esto significa que no le dejo a usted.</p><p>-?Como?</p><p>Los dos se detuvieron y estuvieron un momento mirandose.</p><p>-Lo que usted me ha contado en su embriaguez me demuestra que, lejos de haber renunciado a sus odiosos proyectos contra mi hermana, se ocupa en ellos mas que nunca. Se que esta manana ha recibido una carta. Usted puede haber encontrado una prometida en sus vagabundeos, pero esto no quiere decir nada. Necesito convencerme por mis propios ojos.</p><p>A Raskolnikof le habria sido dificil explicar que era lo que queria ver por si mismo.</p><p>-?Quiere usted que llame a la policia?</p><p>-Llamela.</p><p>Se detuvieron de nuevo y se miraron a la cara. Al fin, el rostro de Svidrigailof cambio de expresion. Viendo que sus amenazas no intimidaban a Raskolnikof lo mas minimo, dijo de pronto, en el tono mas amistoso y alegre:</p><p>-?Es usted el colmo! Me he abstenido adrede de hablarle de su asunto, a pesar de que la curiosidad me devora. He dejado este tema para otro dia. Pero usted es capaz de hacer perder la paciencia a un santo... Puede usted venir si quiere, pero le advierto que voy a mi casa solo para un momento: el tiempo necesario para coger dinero. Luego cerrare la puerta y me ire a las Islas a pasar la noche. De modo que no adelantara nada viniendo conmigo.</p><p>-Tengo que ir a su casa. No a su habitacion, sino a la de Sonia Simonovna: quiero excusarme por no haber asistido a los funerales.</p><p>-Haga usted lo que quiera. Pero le advierto que Sonia Simonovna no esta en su casa. Ha ido a llevar a los huerfanos a una noble y anciana dama, conocida mia y que esta al frente de varios orfelinatos. Me he captado a esta senora entregandole dinero para los tres ninos de Catalina Ivanovna, mas un donativo para las instituciones. Finalmente, le he contado la historia de Sonia Simonovna sin omitir detalle, y esto le ha producido un efecto del que no puede tener usted idea. Ello explica que Sonia Simonovna haya recibido una invitacion para presentarse hoy mismo en el hotel donde se hospeda esa distinguida senora desde su regreso del campo.</p><p>-No importa.</p><p>-Haga usted lo que quiera, pero yo no ire con usted cuando salga de casa. ?Para que...? Oigame: estoy convencido de que usted desconfia de mi solo porque he tenido la delicadeza de no hacerle preguntas enojosas... Usted ha interpretado erroneamente mi actitud. Juraria que es esto. Sea usted tambien delicado conmigo.</p><p>-?Con usted, que escucha detras de las puertas?</p><p>-?Ya salio aquello! -exclamo Svidrigailof entre risas-. Le aseguro que me habria asombrado que no mencionara usted este detalle. ?Ja, ja! Aunque comprendi perfectamente lo que usted habia hecho, no entendi todo lo demas que dijo. Tal vez soy un hombre anticuado, incapaz de comprender ciertas cosas. Expliquemelo, por el amor de Dios. Ilustreme, enseneme las ideas nuevas.</p><p>-Usted no pudo oir nada. Todo eso son invenciones suyas.</p><p>-Lo que quiero que me explique no es lo que usted se imagina. Pero, desde luego, oi parte de sus confidencias. Yo me refiero a sus continuas lamentaciones. Tiene usted alma de poeta y siempre esta a punto de dejarse llevar de la indignacion. ?De modo que le parece a usted mal que la gente escuche detras de las puertas? Ya que tan severo es usted, vaya a presentarse a las autoridades y digales: &quot;Me ha ocurrido una desgracia; he sufrido un error en mis teorias filosoficas.&quot; Pero si esta usted convencido de que no se debe escuchar detras de las puertas y, en cambio, se puede matar a una pobre vieja con cualquier arma que se tenga a mano, lo mejor que puede hacer es marcharse a America cuanto antes. ?Huya! Tal vez tenga tiempo aun. Le hablo con toda franqueza. Si no tiene usted dinero, yo le dare el necesario para el viaje.</p><p>-No me pienso marchar -dijo Raskolnikof con un gesto despectivo.</p><p>-Comprendo... (desde luego, usted puede callarse si no quiere hablar), comprendo que usted se plantee una serie de problemas de indole moral. ?Verdad que se los plantea? Usted se pregunta si ha obrado como es propio de un hombre y un ciudadano. Deje estas preguntas, rechacelas. ?De que pueden servirle ya? ?Je, je! No vale la pena meterse en un asunto, empezar una operacion que uno no es capaz de terminar. Por lo tanto, levantese la tapa de los sesos. ?Que, no se decide?</p><p>-Usted quiere irritarme para deshacerse de mi.</p><p>-?Que ocurrencia tan original! En fin, ya hemos llegado. Subamos... Mire, esa es la puerta de la habitacion de Sonia Simonovna. No hay nadie, convenzase... ?No me cree? Preguntemos a los Kapernaumof, a quienes ella entrega la llave cuando se va... Mire, ahi esta la senora de Kapernaumof... ?Oiga! ?Donde esta la vecina? (Es un poco sorda, ?sabe...?) ?Que ha salido...? ?Adonde se ha marchado...? Ya lo ha oido usted; no esta en casa y no volvera hasta la noche... Bueno, ahora venga a mis habitaciones. Pues quiere usted venir, ?verdad...? Ya estamos. La senora Resslich ha salido. Siempre esta muy atareada, pero es una buena mujer, se lo aseguro. Si usted hubiera sido mas razonable, ella le habria podido ayudar... Mire, cojo un titulo del cajon de mi mesa (como usted ve, me quedan bastantes todavia). Hoy mismo lo convertire en dinero. ?Ya lo ha visto usted todo bien? Tengo prisa. Cerremos el cajon. Ahora la puerta. Y de nuevo estamos en la escalera. ?Quiere usted que tomemos un coche? Ya le he dicho que voy a las Islas. ?No quiere usted dar una vuelta? El simon nos llevara a la isla Elaguine. ?Que, no quiere? Vamos, decidase. Yo creo que va a llover, pero ?que importa? Levantaremos la capota.</p><p>Svidrigailof estaba ya en el coche. Raskolnikof se dijo que sus sospechas eran por el momento poco fundadas. Sin responder palabra, dio media vuelta y echo a andar en direccion a la plaza del Mercado. Si hubiese vuelto la cabeza, aunque solo hubiera sido una vez, habria podido ver que Svidrigailof, despues de haber recorrido un centenar de metros en el coche, se apeaba y pagaba al cochero. Pero el joven avanzaba mirando solo hacia delante y pronto doblo una esquina. La profunda aversion que Svidrigailof le inspiraba le impulsaba a alejarse de el lo mas de prisa posible. Se decia: &quot;?Que se puede esperar de este hombre vil y grosero, de ese miserable depravado?&quot; Sin embargo, esta opinion era un tanto prematura y tal vez mal fundada. En la manera de ser de Svidrigailof habia algo que le daba cierta originalidad y lo envolvia en un halo de misterio. En lo concerniente a su hermana, Raskolnikof estaba seguro de que Svidrigailof no habia renunciado a ella. Pero todas estas ideas empezaron a resultarle demasiado penosas para que se detuviera a analizarlas.</p><p>Al quedarse solo cayo, como siempre, en un profundo ensimismamiento, y cuando llego al puente se acodo en el pretil y se quedo mirando fijamente el agua del canal. Sin embargo, Avdotia Romanovna estaba cerca de el, observandole. Se habian cruzado a la entrada del puente, pero el habia pasado cerca de ella sin verla. Dunetchka no le habia visto jamas en la calle en semejante estado y se sintio inquieta. Estuvo un momento indecisa, preguntandose si se acercaria a el, y de pronto diviso a Svidrigailof que se dirigia rapido hacia ella desde la plaza del Mercado.</p><p>Procedia con sigilo y misterio. No entro en el puente, sino que se detuvo en la acera, procurando que Raskolnikof no le viese. A Dunia la habia visto desde lejos y le hacia senas. La joven comprendio que le decia que se acercase, procurando no llamar la atencion de Raskolnikof. Atendiendo a esta muda demanda, paso en silencio por detras de su hermano y fue a reunirse con Svidrigailof.</p><p>-?Vamonos! Su hermano no debe enterarse de nuestra entrevista. Acabo de pasar un rato con el en una taberna adonde ha venido a buscarme y no me ha sido nada facil deshacerme de el. No se como se ha enterado de que le he escrito una carta, pero parece sospechar algo. Sin duda, usted misma le ha hablado de ello, pues nadie mas puede haberselo dicho.</p><p>-Ahora que hemos doblado la esquina y que mi hermano ya no puede vernos, sepa usted que ya no le seguire mas lejos. Digame aqui mismo lo que tenga que decirme. Nuestros asuntos pueden tratarse en plena calle.</p><p>-En primer lugar, no es este un asunto que pueda tratarse en plena calle. En segundo, quiero que oiga usted tambien a Sonia Simonovna. Y, finalmente, tengo que ensenarle algunos documentos. Si usted no viene a mi casa, no le explicare nada y me marchare ahora mismo. Le ruego que no olvide que poseo el curioso secreto de su querido hermano.</p><p>Dunia se detuvo, indecisa, y dirigio una mirada penetrante a Svidrigailof.</p><p>-?Que teme usted? -dijo este-. La ciudad no es el campo. Ademas, incluso en el campo me ha hecho usted mas dano a mi que yo a usted. Aqui...</p><p>-?Esta prevenida Sonia Simonovna?</p><p>-No, no le he hablado de esto y no se si esta ahora en su casa. Creo que si que estara, pues ha enterrado hoy a su madrastra y no debe de tener humor para salir. No he querido hablar a nadie de este asunto, e incluso siento haberme franqueado un poco con usted. En este caso, la menor imprudencia equivale a una denuncia... He aqui la casa donde vivo. Ya hemos llegado. Ese hombre que ve usted a la puerta es nuestro portero. Me conoce perfectamente y, como usted ve, me saluda. Bien ha advertido que voy acompanado de una dama y, sin duda, ha visto su cara. Estos detalles pueden tranquilizarla si usted desconfia de mi. Perdoneme si le hablo tan crudamente. Yo tengo mi habitacion junto a la de Sonia Simonovna. Las dos piezas estan separadas solamente por un tabique. En el piso hay numerosos inquilinos. ?A que vienen, pues, esos temores infantiles? No soy tan temible como todo eso.</p><p>Svidrigailof esbozo una sonrisa bonachona, pero estaba ya demasiado nervioso para desempenar a la perfeccion su papel. Su corazon latia con violencia; sentia una fuerte opresion en el pecho. Procuraba levantar la voz para disimular su creciente agitacion. Pero Dunia ya no veia nada: las ultimas palabras de Svidrigailof sobre sus temores de nina la habian herido en su amor propio hasta cegarla.</p><p>-Aunque se que es usted un hombre sin honor -dijo, afectando una calma que desmentia el vivo color de su rostro-, no me inspira usted temor alguno. Indiqueme el camino.</p><p>Svidrigailof se detuvo ante la habitacion de Sonia.</p><p>-Permitame que vea si esta... Pues no, se ha marchado. Es una contrariedad. Pero estoy seguro de que no tardara en volver. Sin duda ha ido a ver a una senora por el asunto de los huerfanos. La madre de esos ninos acaba de morir. Yo me he interesado en el asunto y he dado ya ciertos pasos. Si Sonia Simonovna no ha regresado dentro de diez minutos y usted quiere hablar con ella, la enviare a su casa esta misma tarde. Ya estamos en mis habitaciones. Son dos... Mi patrona, la senora Resslich, habita al otro lado del tabique. Ahora eche una mirada por aqui. Quiero mostrarle mis &quot;documentos&quot;, por decirlo asi. La puerta de mi habitacion da a un alojamiento de dos piezas, que esta completamente vacio... Mire con atencion. Debe usted tener un conocimiento exacto del lugar del hecho.</p><p>Svidrigailof disponia de dos habitaciones amuebladas bastante espaciosas. Dunetchka miro en torno de ella con desconfianza, pero no vio nada sospechoso en la colocacion de los muebles ni en la disposicion del local. Sin embargo, debio advertir que el alojamiento de Svidrigailof se hallaba entre otros dos deshabitados. No se llegaba a sus habitaciones por el corredor, sino atravesando otras dos piezas que formaban parte del compartimiento de su patrona. Svidrigailof abrio la puerta de su dormitorio, que daba a uno de los alojamientos vacios, y se lo mostro a Dunia, que permanecio en el umbral sin comprender por que el huesped deseaba que mirase aquello. Pero en seguida recibio la explicacion.</p><p>-Mire aquella habitacion, la segunda y mas espaciosa. Observe su puerta: esta cerrada con llave. ?Ve aquella silla colocada junto a la puerta? Es la unica que hay en las dos habitaciones. La lleve yo de aqui para poder escuchar mas comodamente. Al otro lado de esa puerta esta la mesa de Sonia Simonovna. La joven estaba sentada ante su mesa mientras hablaba con Rodion Romanovitch, y yo escuchaba la conversacion desde este lado de la puerta. Escuche dos tardes seguidas, y cada tarde dos horas como minimo. Por lo tanto, pude enterarme de muchas cosas, ?no cree usted?</p><p>-?Escuchaba usted detras de la puerta?</p><p>-Si, escuchaba detras de la puerta... Venga, venga a mi alojamiento. Aqui ni siquiera hay donde sentarse.</p><p>Volvieron a las habitaciones de Svidrigailof y este invito a la joven a sentarse en la pieza que utilizaba como sala. El se sento tambien, pero a una prudente distancia, al otro lado de la mesa. Sin embargo, sus ojos tenian el mismo brillo ardiente que hacia unos momentos habia inquietado a Dunetchka. Esta se estremecio y volvio a mirar en torno a ella con desconfianza. Fue un gesto involuntario, pues su deseo era mostrarse perfectamente serena y duena de si misma. Pero el aislamiento en que se hallaban las habitaciones de Svidrigailof habia acabado por atraer su atencion. De buena gana habria preguntado si la patrona estaba en casa, pero no lo hizo: su orgullo se lo impidio. Por otra parte, el temor de lo que a ella le pudiera ocurrir no era nada comparado con la angustia que la dominaba por otras razones. Esta angustia era para Dunia un verdadero tormento.</p><p>-He aqui su carta -dijo depositandola en la mesa-. Lo que usted me dice en ella no es posible. Me deja usted entrever que mi hermano ha cometido un crimen. Sus insinuaciones son tan claras, que seria inutil que ahora tratase usted de recurrir a subterfugios. Le advierto que, antes de recibir lo que usted considera como una revelacion, yo estaba enterada ya de este cuento absurdo, del que no creo ni una palabra. Es una suposicion innoble y ridicula. Se muy bien de donde proceden esos rumores. Usted no puede tener ninguna prueba. En su carta me promete demostrarme la veracidad de sus palabras. Hable, pues. Pero sepa por anticipado que no le creo, no le creo en absoluto.</p><p>Dunetchka habia dicho esto precipitadamente, dominada por una emocion que tino de rojo su cara.</p><p>-Si usted no lo creyera, no habria venido aqui. Porque no creo que haya venido por simple curiosidad.</p><p>-No me atormente: hable de una vez.</p><p>-Hay que convenir en que es usted una muchacha valiente. Yo esperaba, le doy mi palabra, que pidiera usted al senor Rasumikhine que la acompanase. Pero el no estaba con usted, ni rondaba por los alrededores, cuando nos hemos encontrado: me he fijado bien. Ha sido una verdadera demostracion de valor. Ha querido defender por si sola a Rodion Romanovitch... Por lo demas, todo en usted es divino. En cuanto a su hermano, ?que puedo decirle? Usted le acaba de ver. ?Que le ha parecido su actitud?</p><p>-Supongo que no fundara usted en esto sus acusaciones.</p><p>-No, las fundo en sus propias palabras. Ha venido dos dias seguidos a pasar la tarde con Sonia Simonovna. Ya le he indicado el lugar donde hablaban. Su hermano lo confeso todo a la muchacha. Es un asesino. Mato a una vieja usurera en cuya casa tenia empenados algunos objetos, y ademas a su hermana Lisbeth, que llego casualmente en el momento del crimen. Las asesino a las dos con un hacha que llevaba consigo. El movil del crimen era el robo, y su hermano robo: se llevo dinero y algunos objetos. Me limito a repetir la confesion que hizo a Sonia Simonovna, que es la unica que conoce este secreto, pero que no tiene participacion alguna, ni material ni moral, en el crimen. Por el contrario, esa muchacha, al enterarse, sintio un horror tan profundo como el que usted demuestra ahora. Puede estar tranquila: esa joven no le denunciara.</p><p>-?Imposible! -balbuceo Dunetchka, jadeante y con los labios palidos-. Eso no es posible. El no tenia el mas minimo motivo para cometer ese crimen... ?Eso es mentira, mentira!</p><p>-Mato por robar: ahi tiene el motivo. Cogio dinero y joyas. Verdad es que, segun ha dicho, no ha sacado provecho del botin, pues lo escondio debajo de una piedra, donde esta todavia. Pero esto demuestra, simplemente, que no se ha atrevido a hacer use de el.</p><p>-Pero ?es posible que haya robado? -exclamo Dunia, levantandose de un salto-. ?Se puede creer tan solo que haya tenido esa idea? Usted lo conoce. ?Acaso tiene aspecto de ladron?</p><p>Habia olvidado su terror de hacia un momento y hablaba en tono suplicante.</p><p>-Esa pregunta tiene mil respuestas, infinidad de explicaciones. El ladron comete sus fechorias consciente de su infamia. Pero yo he oido hablar que un hombre de probada nobleza desvalijo un correo. A lo mejor, creyo cometer una accion loable. Yo me habria resistido, como se resiste usted, a creer que su hermano hubiera cometido un acto asi si me lo hubieran contado; pero no tengo mas remedio que dar credito al testimonio de mis propios oidos. Explico los motivos de su proceder a Sonia Simonovna. Esta, al principio, no podia creer en lo que estaba oyendo; pero acabo por rendirse a la evidencia. Asi tenia que ser, ya que era el mismo autor del hecho el que lo contaba.</p><p>-?Cuales fueron los motivos de que hablo?</p><p>-Eso seria demasiado largo de explicar, Avdotia Romanovna. Se trata..., ?como se lo hare comprender...?, de una teoria, algo asi como si dijeramos: el crimen se permite cuando persigue un fin loable. ?Un solo crimen y cien buenas acciones! Por otra parte, para un joven colmado de cualidades y de orgullo es penoso reconocer que le gustaria apoderarse de una suma de tres mil rublos, por saber que esta cantidad seria suficiente para cambiar su porvenir. Anada usted a esto la irritacion morbosa que produce una mala alimentacion continua, un cuarto demasiado estrecho, una ropa hecha jirones, la miseria de la propia situacion social y, al mismo tiempo, la de una madre y una hermana. Y por encima de todo la ambicion, el orgullo... Y todo ello a pesar de no carecer seguramente de excelentes cualidades... No vaya usted a creer que le acuso. Ademas, esto no es de mi incumbencia. Tambien expuso una teoria personal segun la cual la humanidad se divide en individuos que forman el rebano y en personas extraordinarias, es decir, seres que, gracias a su superioridad, no estan obligados a acatar la ley. Por el contrario, estos son los que hacen las leyes para los demas, para el rebano, para el polvo. En fin, c&#039;est une theorie comme une autre. Napoleon lo tenia fascinado o, para decirlo con mas exactitud, lo que le seducia era la idea de que los hombres de genio no temen cometer un crimen inicial, sino que se lanzan a ello resueltamente y sin pensarlo. Yo creo que su hermano se imagino que tambien era genial o, por lo menos, que esta idea se apodero de el en un momento dado. Ha sufrido mucho y sufre aun ante la idea de que es capaz de inventar una teoria, pero no de aplicarla, y que, por lo tanto, no es un hombre genial. Esta idea es sumamente humillante para un joven orgulloso y, especialmente, de nuestro tiempo.</p><p>-?Y el remordimiento? ?Es que le niega usted todo sentimiento moral? ?Acaso es mi hermano como usted pretende que sea?</p><p>-?Oh Avdotia Romanovna! Ahora todo es desorden y anarquia. Por otra parte, el orden ha sido siempre algo ajeno a el. Los rusos, Avdotia Romanovna, tienen un alma generosa y grande como su pais, y tambien una tendencia a las ideas fantasticas y desordenadas. Pero es una desgracia poseer un alma grande y noble sin genio. ?Se acuerda usted de nuestras conversaciones sobre este tema, en la terraza, despues de cenar? Usted me reprochaba esta amplitud de espiritu. Y quien sabe si mientras usted me hablaba asi, el estaba echado, dandole vueltas a su proyecto... Hay que reconocer, Avdotia Romanovna, que la tradicion en nuestra sociedad culta es muy endeble. La unica que posee es la que se adquiere por medio de los libros, de las cronicas del pasado. Y eso se queda para los sabios, los cuales, por otra parte, son tan candidos que un hombre de mundo se avergonzaria de seguir sus ensenanzas. Por lo demas, ya conoce usted mi opinion: yo no acuso a nadie. Vivo en el ocio y estoy aferrado a este genero de vida. Ya hemos hablado de esto mas de una vez. Incluso he tenido la dicha de interesarle exponiendole mis juicios... Esta usted muy palida, Avdotia Romanovna.</p><p>-Conozco la teoria de que usted me ha hablado. He leido en una revista un articulo de mi hermano acerca de los hombres superiores. Me lo trajo Rasumikhine.</p><p>-?Rasumikhine? ?Un articulo de su hermano en una revista? Ignoraba que hubiera escrito semejante articulo... Pero ?adonde va, Avdotia Romanovna?</p><p>-Quiero ver a Sonia Simonovna -repuso Dunia con voz debil-. ?Donde esta la puerta de su habitacion? Tal vez ha regresado ya. Quiero verla en seguida para que ella me...</p><p>No pudo terminar; se ahogaba materialmente.</p><p>-Sonia Simonovna no volvera hasta la noche. Asi lo supongo. Tenia que volver en seguida y no lo ha hecho. Esto es senal de que regresara tarde.</p><p>-?Me has enganado! ?Me has mentido! -exclamo Dunia en un arrebato de colera que la enloquecia-. Ahora lo veo claro. ?Me has mentido! ?No te creo, no te creo!</p><p>Y cayo casi desvanecida en una silla que Svidrigailof se apresuro a acercarle.</p><p>-Pero, ?que le ocurre, Avdotia Romanovna? Calmese. Tenga, beba un poco de agua.</p><p>Svidrigailof le salpico el rostro. Dunetchka se estremecio y volvio en si.</p><p>-Ha sido un golpe demasiado violento -murmuro Svidrigailof, apenado-. Tranquilicese, Avdotia Romanovna. Su hermano tiene amigos. Le salvaremos. ?Quiere usted que lo mande al extranjero? No tardare mas de tres dias en conseguirle un billete. En cuanto a su crimen, el lo borrara a fuerza de buenas acciones. Calmese. Todavia puede llegar a ser un gran hombre. ?Se siente usted mejor?</p><p>-?Que cruel e indigno es usted! Todavia se atreve a burlarse. ?Dejeme en paz!</p><p>-?Adonde va?</p><p>-A casa de Rodia. ?Donde esta ahora? Usted lo sabe... ?Por que esta cerrada esta puerta? Hemos entrado por aqui y ahora esta cerrada con llave. ?Cuando la ha cerrado?</p><p>-No iba a dejar que todo el mundo oyera lo que deciamos. Estoy muy lejos de burlarme. Lo que ocurre es que estoy cansado de hablar en este tono. ?Adonde se propone usted ir? ?Es que quiere entregar a su hermano a la justicia? Piense que usted puede enloquecerlo y dar lugar a que se entregue el mismo. Sepa usted que le vigilan, que le siguen los pasos. Espere. Ya le he dicho que le he visto hace un rato y que he hablado con el. Todavia podemos salvarlo. Espere; sientese y vamos a estudiar juntos lo que se puede hacer. La he hecho venir para que hablemos tranquilamente. Sientese, haga el favor.</p><p>?Como va usted a salvarlo? ?Acaso tiene salvacion?</p><p>Dunia se sento. Svidrigailof ocupo otra silla cerca de ella. -Eso depende de usted, de usted, solo de usted -dijo en un susurro.</p><p>Sus ojos centelleaban. Su agitacion era tan profunda, que apenas podia articular las palabras. Dunia retrocedio, inquieta. El prosiguio, temblando:</p><p>-De usted depende... Una sola palabra de usted, y lo salvaremos. Yo... yo lo salvare. Tengo dinero y amigos. Le mandare en seguida al extranjero. Sacare un pasaporte para mi...; no, dos pasaportes: uno para el y otro para mi. Tengo amigos, hombres influyentes... ?Quiere...? Sacare tambien un pasaporte para usted..., y otro para su madre... Usted no necesita para nada a Rasumikhine. Yo la amo tanto como el. Yo la amo con todo mi ser... Deme el borde de su falda para besarlo, demelo. El susurro de su vestido me enloquece. Usted me mandara y yo la obedecere. Sus creencias seran las mias. Hare todo, todo lo que usted quiera... No me mire asi, por favor. ?No ve usted que me esta matando?</p><p>Empezo a desvariar. Parecia haberse vuelto loco. Dunia se levanto de un salto y corrio hacia la puerta.</p><p>-?Abranme, abranme! -dijo a gritos mientras la golpeaba-. ?Por que no me abren? ?Es posible que no haya nadie en la casa?</p><p>Svidrigailof volvio en si y se levanto. Una aviesa sonrisa aparecio en sus labios, todavia temblorosos.</p><p>-No, no hay nadie -dijo lentamente y en voz baja-. Mi patrona ha salido. Sus gritos son, pues, inutiles.</p><p>-?Donde esta la llave? ?Abre la puerta, abre inmediatamente! ?Miserable, canalla!</p><p>-La llave se me ha perdido.</p><p>-?Comprendo! ?Esto es una emboscada!</p><p>Y Dunia, palida como una muerta, corrio hacia un rincon, donde se atrinchero tras una mesa.</p><p>Ya no gritaba. Estaba inmovil y tenia la mirada fija en su enemigo, para no perder ninguno de sus movimientos.</p><p>Svidrigailof estaba tambien inmovil. Al parecer iba recobrandose, pero el color no habia vuelto a su rostro. Su sonrisa seguia mortificando a Avdotia Romanovna.</p><p>-Ha pronunciado usted la palabra &quot;emboscada&quot;, Avdotia Romanovna. Bien, pues si existe esa emboscada, habra de pensar usted en que he tomado toda clase de precauciones. Sonia Simonovna no esta en su habitacion. Los Kapernaumof quedan lejos, a cinco piezas de aqui. Soy mucho mas fuerte que usted, y tampoco puedo temer que usted me denuncie, porque en este caso perderia a su hermano, y usted no quiere perderlo, ?verdad? Ademas, nadie la creeria. ?Que explicacion puede tener que una joven vaya sola a visitar a un hombre soltero? O sea que si usted se decidiese a sacrificar a su hermano, seria inutil, porque no podria probar nada. Una violacion es sumamente dificil de demostrar.</p><p>-?Miserable!</p><p>-Puede decir lo que quiera, pero le advierto que hasta ahora me he limitado a hacer simples suposiciones. Personalmente, estoy de acuerdo con usted. Obrar por la fuerza contra alguien es una bajeza. Mi intencion era unicamente tranquilizar su conciencia en el caso de que usted..., de que usted quisiera salvar a su hermano de buen grado, es decir, tal como yo le he propuesto. Usted no haria entonces sino inclinarse ante las circunstancias, ceder a la necesidad, por decirlo asi... Piense usted en ello. La suerte de su hermano, y tambien la de su madre, esta en sus manos. Piense, ademas, que yo sere su esclavo, y para toda la vida... Espero su resolucion.</p><p>Svidrigailof se sento en el sofa, a unos ocho pasos de Dunia. La joven no tenia la menor duda acerca de sus intenciones: sabia que eran inquebrantables, pues conocia bien a Svidrigailof... De pronto saco del bolsillo un revolver, lo preparo para disparar y lo dejo en la mesa, al alcance de su mano.</p>]]></content>
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				<name><![CDATA[Giperion]]></name>
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			<updated>2016-08-02T10:17:35Z</updated>
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			<title type="html"><![CDATA[Re: Достоевский Ф. М. - Преступление и наказание на испанском языке]]></title>
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			<content type="html"><![CDATA[<p>-Acaba de invitarme usted a hablar con franqueza -dijo Svidrigailof sonriendo-, y a la primera pregunta que le dirijo me contesta con una evasiva. Usted cree que yo lo hago todo con una segunda intencion y me mira con desconfianza. Es una actitud que se comprende, dada su situacion; pero, por mucho que sea mi deseo de estar en buenas relaciones con usted, no me tomare la molestia de enganarle. No vale la pena. Por otra parte, no tengo nada de particular que decirle.</p><p>-Siendo asi, ?por que ese empeno en verme? Pues usted esta siempre dando vueltas a mi alrededor.</p><p>-Usted es un hombre curioso y resulta interesante observarlo. Me seduce lo que su situacion tiene de fantastica. Ademas, es usted hermano de una mujer que me intereso mucho. Y, en fin, tiempo atras me hablo tanto de usted esa mujer, que llegue a la conclusion de que ejercia usted una fuerte influencia sobre ella. Me parece que son motivos suficientes. ?Je, je! Sin embargo, le confieso que su pregunta me parece tan compleja, que me es dificil responderle. Ahora mismo, si usted ha venido a verme, no ha sido por ningun asunto determinado, sino con la esperanza de que yo le diga algo nuevo. ?No es asi? Confieselo -le invito Svidrigailof con una perfida sonrisita-. Bien, pues se da el caso de que tambien yo, cuando el tren me traia a Petersburgo, alimentaba la esperanza de conocer cosas nuevas por usted, de sonsacarle algo.</p><p>-?Que me podia sonsacar?</p><p>-Pues ni yo mismo lo se... Ya ve usted en que miserable taberna paso los dias. Aqui estoy muy a gusto, y, aunque no lo estuviera, en alguna parte hay que pasar el tiempo... ?Esa pobre Katia...! ?La ha visto usted...? Si al menos fuera un gloton o un gastronomo... Pero no: eso es todo lo que puedo comer -y senalaba una mesita que habia en un rincon, donde se veia un plato de hojalata con los restos de un misero bistec-. A proposito, ?ha comido usted? Yo he dado un bocado sin apetito. Vino no bebo: solo champan, y nunca mas de un vaso en toda una noche, lo que es suficiente para que me duela la cabeza. Si hoy he pedido una botella es porque necesito animarme: tengo que verme con una persona para tratar de ciertos asuntos, y quiero aparecer vehemente y resuelto. Por lo tanto, usted me encuentra de un humor especial. Si hace un momento he intentado esconderme como un colegial ha sido por terror a que su visita me impidiera atender al asunto de que le he hablado. Sin embargo -consulto su reloj-, tenemos aun un buen rato para hablar, pues no son mas que las cuatro y media... Creame que en ciertos momentos siento no ser nada, nada absolutamente: ni propietario, ni padre de familia, ni ulano, ni fotografo, ni periodista. A veces resulta enojoso no tener ninguna profesion. Le aseguro que esperaba oir de su boca algo nuevo.</p><p>-Pero ?quien es usted? ?Y por que ha venido a Petersburgo?</p><p>-?Que quien soy? Ya lo sabe usted: un gentilhombre que sirvio dos anos en la caballeria. Despues estuve otros dos vagando por Petersburgo. Luego me case con Marfa Petrovna y me fui a vivir al campo. Aqui time usted mi biografia.</p><p>-Era usted jugador, ?verdad?</p><p>-Jugador de ventaja.</p><p>-?Hacia trampas?</p><p>-Si.</p><p>-Alguien debio de abofetearle, ?no?</p><p>-Si. ?Por que lo dice?</p><p>-Porque entonces tuvo usted ocasion de batirse en duelo. Eso presta animacion a la vida.</p><p>-No le digo lo contrario..., pero no estoy preparado para discusiones filosoficas. Ahora le voy a hacer una confesion: he venido a Petersburgo por las mujeres.</p><p>-?Apenas enterrada Marfa Petrovna?</p><p>-Pues si. ?Que importa? -respondio Svidrigailof sonriendo con una franqueza que desarmaba-. ?Se escandaliza de oirme hablar asi de las mujeres?</p><p>-?COmo no escandalizarme su libertinaje?</p><p>-?Libertinaje, libertinaje...! Para responder a su primera pregunta, le hablare de la mujer en general. Estoy dispuesto a charlar un rato. Digame: ?por que he de huir de las mujeres siendo un gran amador? Esto es, al menos, una ocupacion para mi.</p><p>-Entonces, ?usted solo ha venido aqui para ir de jarana?</p><p>-Admitamos que sea asi. Sin duda, eso de la disipacion le tiene obsesionado, pero le confieso que me gustan las preguntas directas. El libertinaje tiene, cuando menos, un caracter de continuidad fundado en la naturaleza y no depende de un capricho: es algo que arde en la sangre como un carbon siempre incandescente y que solo se apaga con la edad, y aun asi dificilmente, a fuerza de agua fria. Confiese que esto, en cierto modo, es una ocupacion.</p><p>-Pero ?que tiene de divertido para usted esa vida? Es una enfermedad, y de las malas.</p><p>-Ya le veo venir. Admito que eso es una enfermedad como todas las inclinaciones exageradas, y en este caso uno rebasa siempre los limites de lo normal; pero tenga en cuenta que esto es cosa que cambia segun los individuos. Desde luego, hay que reprimirse, aunque solo sea por conveniencia; pero si yo no tuviera esta ocupacion, acabaria por descerrajarme de un tiro en la cabeza. Bien se que el hombre honrado tiene que aburrirse, pero aun asi...</p><p>-?Seria usted capaz de dispararse un balazo en la cabeza?</p><p>-?A que viene esa pregunta? -exclamo Svidrigailof con un gesto de contrariedad-. Le ruego que no hablemos de estas cosas -se apresuro a anadir, dejando su tono de jactancia.</p><p>Incluso su semblante habia cambiado.</p><p>-No puedo remediarlo. Se que esto es una debilidad vergonzosa pero temo a la muerte y no me gusta oir hablar de ella. ?Sabe usted que soy un poco mistico?</p><p>-Ya se lo que quiere usted decir... El espectro de Marfa Petrovna... Digame: se le aparece todavia.</p><p>-No me hable de eso -exclamo, irritado-. En Petersburgo no se me ha aparecido aun. ?Que el diablo se lo lleve...! Hablemos de otra cosa... Ademas, no me sobra el tiempo. Aun sintiendolo mucho, pronto tendremos que dejar nuestra charla... Pero aun tengo algo que decirle.</p><p>-Le espera una mujer, ?verdad?</p><p>-Si... Un caso extraordinario. Pura casualidad... Pero no es de esto de lo que queria hablarle.</p><p>-?No le inquieta la bajeza de esta conducta? ?Es que no tiene usted fuerza de voluntad suficiente para detenerse?</p><p>-Fuerza de voluntad... ?Acaso la tiene usted? ?Je, je, je! Me deja usted boquiabierto, Rodion Romanovitch, y eso que esperaba oirle decir algo parecido. ?Que hable usted de disipacion, de cuestiones morales! ?Que haga usted el Schiller, el idealista! Desde luego, esos puntos de vista son muy naturales, y lo asombroso seria oir sustentar la opinion contraria, pero, teniendo en cuenta las circunstancias, la cosa resulta un poco rara... ?Cuanto lamento que el tiempo me apremie! Me parece usted un hombre en extremo interesante. A proposito, ?le gusta Schiller? A mi me encanta.</p><p>-Es usted un fanfarron -repuso Raskolnikof con un gesto de repugnancia.</p><p>-Le aseguro que no lo soy, pero, aun admitiendo que lo fuera, ?haria con ello algun mal a alguien? He vivido siete anos en el campo con Marfa Petrovna. Por eso, cuando me he encontrado con un hombre inteligente como usted..., inteligente y, ademas, interesante..., es natural que me sienta feliz de charlar con el. Ademas, me he bebido el champan que me quedaba en el vaso y se me ha subido a la cabeza. Sin embargo, lo que mas me trastorna es cierto acontecimiento del que no quiero hablar... Pero ?donde va usted? -pregunto, sorprendido.</p><p>Raskolnikof se habia levantado. Se ahogaba, se sentia a disgusto en aquel ambiente y se arrepentia de haber entrado alli. Svidrigailof se le aparecia como el mas despreciable malvado que pudiera haber en el mundo.</p><p>-Espere, espere un momento. Pida un vaso de te. No se marche. Le aseguro que no hablare de cosas absurdas, es decir, de mi. Tengo que decirle una cosa... ?Quiere usted que le cuente como una mujer se propuso salvarme, como usted diria? Es una cuestion que le interesara, pues esta mujer es su hermana. ?Se lo cuento? Asi emplearemos el tiempo de que aun dispongo.</p><p>-Hable, pero espero que...</p><p>-No se inquiete. Avdotia Romanovna no puede inspirar, ni siquiera a un hombre tan corrompido como yo, sino el respeto mas profundo.</p> <br /><br /><p>IV</p><p>Sin duda sabe usted..., si, si, lo sabe porque se lo conte yo mismo -dijo Svidrigailof, iniciando su relato-, que estuve en la carcel por deudas, una deuda cuantiosa que me era absolutamente imposible pagar. No quiero entrar en detalles acerca de mi rescate por Marfa Petrovna. Ya sabe usted como puede trastornar el amor la cabeza a una mujer. Marfa Petrovna era una mujer honesta y bastante inteligente, aunque de una completa incultura. Esta mujer celosa y honesta, tras varias escenas llenas de violencia y reproches, cerro conmigo una especie de contrato que observo escrupulosamente durante todo el tiempo de nuestra vida conyugal. Ella era mayor que yo. Yo tuve la vileza, y tambien la lealtad, de decirle francamente que no podia comprometerme a guardarle una fidelidad absoluta. Estas palabras le enfurecieron, pero al mismo tiempo, mi ruda franqueza debio de gustarle. Sin duda penso: &quot;Esta confesion anticipada demuestra que no tiene el proposito de enganarme.&quot; Lo cual era importantisimo para una mujer celosa.</p><p>&quot;Tras una serie de escenas de lagrimas, llegamos al siguiente acuerdo verbal:</p><p>&quot;Primero. Yo me comprometia a no abandonar jamas a Marfa Petrovna, o sea a permanecer siempre a su lado, como corresponde a un marido.</p><p>&quot;Segundo. Yo no podia salir de sus tierras sin su autorizacion.</p><p>&quot;Tercero. No tendria jamas una amante fija.</p><p>&quot;Cuarto. En compensacion, Marfa Petrovna me permitiria cortejar a las campesinas, pero siempre con su consentimiento secreto y teniendola al corriente de mis aventuras.</p><p>&quot;Quinto. Prohibicion absoluta de amar a una mujer de nuestro nivel social.</p><p>&quot;Y sexto. Si, por desgracia, me enamorase profunda y seriamente, me comprometia a enterar de ello a Marfa Petrovna.</p><p>&quot;En lo concerniente a este ultimo punto, he de advertirle que Marfa Petrovna estaba muy tranquila. Era lo bastante inteligente para saber que yo era un libertino incapaz de enamorarme en serio. Sin embargo, la inteligencia y los celos no son incompatibles, y esto fue lo malo... Por otra parte, si uno quiere juzgar a los hombres con imparcialidad, debe desechar ciertas ideas preconcebidas y de tipo unico y olvidar los habitos que adquirimos de las personas que nos rodean. En fin, confio en poder contar al menos con su juicio.</p><p>&quot;Tal vez haya oido usted contar cosas comicas y ridiculas sobre Marfa Petrovna. En efecto, tenia ciertas costumbres extranas, pero le confieso sinceramente que siento verdadero remordimiento por las penas que le he causado. En fin, creo que esto es una oracion funebre suficiente del mas tierno de los maridos a la mas afectuosa de las mujeres. Durante nuestros disgustos, yo guardaba silencio casi siempre, y este acto de galanteria no dejaba de producir efecto. Ella se calmaba y sabia apreciarlo. En algunos casos incluso se sentia orgullosa de mi. Pero no pudo soportar a su hermana de usted. ?Como se arriesgo a tomar como institutriz a una mujer tan hermosa? La unica explicacion es que, como mujer apasionada y sensible, se enamoro de ella. Si, tal como suena; se enamoro... ?Avdotia Romanovna! Desde el primer momento comprendi que su presencia seria una complicacion, y, aunque usted no lo crea, decidi abstenerme incluso de mirarla. Pero fue ella la que dio el primer paso. Aunque le parezca mentira, al principio Marfa Petrovna llego incluso a enfadarse porque yo no hablaba nunca de su hermana: me reprochaba que permaneciera indiferente a los elogios que me hacia de ella. No puedo comprender lo que pretendia. Como es natural, mi mujer conto a Avdotia Romanovna toda mi biografia. Tenia el defecto de poner a todo el mundo al corriente de nuestras intimidades y de quejarse de mi ante el primero que llegaba. ?Como no habia de aprovechar esta ocasion de hacer una nueva y magnifica amistad? Sin duda estaban siempre hablando de mi, y Avdotia Romanovna debia de conocer perfectamente los siniestros chismes que se me atribuian. Estoy seguro de que algunos de esos rumores llegaron hasta usted.</p><p>-Si. Lujine incluso le ha acusado de causar la muerte de un nino. ?Es eso verdad?</p><p>-Hagame el favor de no dar credito a esas villanias -exclamo Svidrigailof con una mezcla de colera y repugnancia-. Si usted desea conocer la verdad de todas esas historias absurdas, se las contare en otra ocasion, pero ahora...</p><p>-Tambien me han dicho que fue usted culpable de la muerte de uno de sus sirvientes...</p><p>-Le agradecere que no siga por ese camino -dijo Svidrigailof, agitado.</p><p>-?No es aquel que, despues de muerto, le cargo la pipa? Conozco este detalle por usted mismo.</p><p>Svidrigailof le miro atentamente, y Rodia creyo ver brillar por un momento en sus ojos un relampago de cruel ironia. Pero Svidrigailof repuso cortesmente:</p><p>-Si, ese criado fue. Ya veo que todas esas historias le han interesado vivamente, y me comprometo a satisfacer su curiosidad en la primera ocasion. Creo que se me puede considerar como un personaje romantico. Ya comprendera la gratitud que debo guardar a Marfa Petrovna por haber contado a su hermana tantas cosas enigmaticas e interesantes sobre mi. No se que impresion le producirian estas confidencias, pero apostaria cualquier cosa a que me favorecieron. A pesar de la aversion que su hermana sentia hacia mi persona, a pesar de mi actitud sombria y repulsiva, acabo por compadecerse del hombre perdido que veia en mi. Y cuando la piedad se apodera del corazon de una joven, esto es sumamente peligroso para ella. La asalta el deseo de salvar, de hacer entrar en razon, de regenerar, de conducir por el buen camino a un hombre, de ofrecerle, en fin, una vida nueva. Ya debe de conocer usted los suenos de esta indole.</p><p>&quot;En seguida me di cuenta de que el pajaro iba por impulso propio hacia la jaula, y adopte mis precauciones. No haga esas muecas, Rodion Romanovitch: ya sabe usted que este asunto no tuvo consecuencias importantes... ?El diablo me lleve! ?Como estoy bebiendo esta tarde...! Le aseguro que mas de una vez he lamentado que su hermana no naciera en el siglo segundo o tercero de nuestra era. Entonces habria podido ser hija de algun modesto principe reinante, o de un gobernador, o de un proconsul en Asia Menor. No cabe duda de que habria engrosado la lista de los martires y sonreido ante los hierros al rojo y toda clase de torturas. Ella misma habria buscado este martirio... Si hubiese venido al mundo en el siglo quinto, se habria retirado al desierto de Egipto, y alli habria pasado treinta anos alimentandose de raices, extasis y visiones. Es una mujer que anhela sufrir por alguien, y si se la privase de este sufrimiento, seria capaz, tal vez, de arrojarse por una ventana.</p><p>&quot;He oido hablar de un joven llamado Rasumilchine, un muchacho inteligente, segun dicen. A juzgar por su nombre, debe de ser un seminarista... Bien, que este joven cuide de su hermana.</p><p>&quot;En resumen, que he conseguido comprenderla, de lo cual me enorgullezco. Pero entonces, es decir, en el momento de trabar conocimiento con ella, fui demasiado ligero y poco clarividente, lo que explica que me equivocara... ?El diablo me lleve! ?Por que sera tan hermosa? Yo no tuve la culpa.</p><p>&quot;La cosa empezo por un violento capricho sensual. Avdotia Romanovna es extraordinariamente, exageradamente pudica (no vacilo en afirmar que su recato es casi enfermizo, a pesar de su viva inteligencia, y que tal vez le perjudique). Asi las cosas, una campesina de ojos negros, Paracha, vino a servir a nuestra casa. Era de otra aldea y nunca habia trabajado para otros. Aunque muy bonita, era increiblemente tonta: las lagrimas, los gritos con que esta chica lleno la casa produjeron un verdadero escandalo.</p><p>&quot;Un dia, despues de comer, Avdotia Romanovna me llevo a un rincon del jardin y me exigio la promesa de que dejaria tranquila a la pobre Paracha. Era la primera vez que hablabamos a solas. Yo, como es natural, me apresure a doblegarme a su peticion a hice todo lo posible por aparecer conmovido y turbado; en una palabra, que desempene perfectamente mi papel. A partir de entonces tuvimos frecuentes conversaciones secretas, escenas en que ella me suplicaba con lagrimas en los ojos, si, con lagrimas en los ojos, que cambiara de vida. He aqui a que extremos llegan algunas muchachas en su deseo de catequizar. Yo achacaba todos mis errores al destino, me presentaba como un hombre avido de luz, y, finalmente, puse en practica cierto medio de llegar al corazon de las mujeres, un procedimiento que, aunque no engana a nadie, es siempre de efecto seguro. Me refiero a la adulacion. Nada hay en el mundo mas dificil de mantener que la franqueza ni nada mas comodo que la adulacion. Si en la franqueza se desliza la menor nota falsa, se produce inmediatamente una disonancia y, con ella, el escandalo. En cambio, la adulacion, a pesar de su falsedad, resulta siempre agradable y es recibida con placer, un placer vulgar si usted quiere, pero que no deja de ser real.</p><p>&quot;Ademas, la lisonja, por burda que sea nos hace creer siempre que encierra una parte de verdad. Esto es asi para todas las esferas sociales y todos los grados de la cultura. Incluso la mas pura vestal es sensible a la adulacion. De la gente vulgar no hablemos. No puedo recordar sin reirme como logre seducir a una damita que sentia verdadera devocion por su marido, sus hijos y su familia. ?Que facil y divertido fue! El caso es que era verdaderamente virtuosa, por lo menos a su modo. Mi tactica consistio en humillarme ante ella e inclinarme ante su castidad. La adulaba sin recato y, apenas obtenia un apreton de mano o una mirada, me acusaba a mi mismo amargamente de haberselos arrancado a la fuerza y afirmaba que su resistencia era tal, que jamas habria logrado nada de ella sin mi desverguenza y mi osadia. Le decia que, en su inocencia, no podia prever mis bribonadas, que habia caido en la trampa sin darse cuenta, etcetera. En una palabra, que consegui mis propositos, y mi dama siguio convencida de su inocencia: atribuyo su caida a un simple azar. No puede usted imaginarse como se enfurecio cuando le dije que estaba completamente seguro de que ella habia ido en busca del placer exactamente igual que yo.</p><p>&quot;La pobre Marfa Petrovna tampoco resistia a la adulacion, y, si me lo hubiera propuesto, habria conseguido que pusiera su propiedad a mi nombre (estoy bebiendo demasiado y hablando mas de la cuenta). No se enfade usted si le digo que Avdotia Romanovna no fue insensible a los elogios de que la colmaba. Pero fui un estupido y lo eche a perder todo con mi impaciencia. Mas de una vez la mire de un modo que no le gusto. Cierto fulgor que habia en mis ojos la inquietaba y acabo por serle odioso. No entrare en detalles: solo le dire que renimos. Tambien en esta ocasion me conduje estupidamente: me rei de sus actividades conversionistas.</p><p>&quot;Paracha volvio a contar con mis atenciones, y otras muchas le siguieron. O sea que empece a llevar una vida infernal. ?Si hubiera usted visto, Rodion Romanovitch, aunque solo hubiera sido una vez, los rayos que pueden lanzar los ojos de su hermana...!</p><p>&quot;No crea demasiado al pie de la letra mis palabras. Estoy embriagado. Acabo de beberme un vaso entero. Sin embargo, digo la verdad. El centelleo de aquella mirada me perseguia hasta en suenos. Llegue al extremo de no poder soportar el susurro de sus vestidos. Temi que me diera un ataque de apoplejia. Nunca hubiese creido que pudiera apoderarse de mi una locura semejante. Yo deseaba hacer las paces con ella, pero la reconciliacion era imposible. Y ?sabe usted lo que hice entonces? ?A que grado de estupidez puede conducir a un hombre el despecho! No tome usted ninguna determinacion cuando esta furioso, Rodion Romanovitch. Teniendo en cuenta que Avdotia Romanovna era pobre (?Oh perdon!, no queria decir eso..., pero ?que importan las palabras si expresan nuestro pensamiento?), teniendo en cuenta que vivia de su trabajo y que tenia a su cargo a su madre y a usted (?otra vez arruga usted las cejas?), decidi ofrecerle todo el dinero que poseia (en aquel momento podia reunir unos treinta mil rublos) y proponerle que huyera conmigo, a esta capital, por ejemplo. Una vez aqui, le habria jurado amor eterno y solo habria pensado en su felicidad. Entonces estaba tan prendado de ella, que si me hubiera dicho: &quot;Envenena, asesina a Marfa Petrovna&quot;, yo lo habria hecho, puede usted creerme. Pero todo esto termino con el desastre que usted conoce, y ya puede usted figurarse a que extremo llegaria mi colera cuando me entere de que Marfa Petrovna habia hecho amistad con ese farsante de Lujine y amanado un matrimonio con su hermana, que no aventajaba en nada a lo que yo le ofrecia. ?No lo cree usted asi...? Digame, responda... Veo que usted me ha escuchado con gran atencion, interesante joven...</p><p>Svidrigailof, impaciente, habia dado un punetazo en la mesa. Estaba congestionado. Raskolnikof comprendio que el vaso y medio de champan que se habia bebido a pequenos sorbos le habia transformado profundamente, y decidio aprovechar esta circunstancia para sonsacarle, pues aquel hombre le inspiraba gran desconfianza.</p><p>-Despues de todo eso -dijo resueltamente, con el proposito de exasperarle-, no me cabe la menor duda de que ha venido aqui por mi hermana.</p><p>-Nada de eso -respondio Svidrigailof haciendo esfuerzos por serenarse-. Ya le he dicho que... Ademas, su hermana no me puede ver.</p><p>-No lo dudo, pero no se trata de eso.</p><p>-?De modo que esta usted seguro de que no me puede soportar? -Svidrigailof le hizo un guino y sonrio burlonamente-. Tiene usted razon: le soy antipatico. Pero nunca se pueden poner las manos al fuego sobre lo que pasa entre marido y mujer o entre dos amantes. Siempre hay un rinconcito oculto que solo conocen los interesados. ?Esta usted seguro de que Avdotia Romanovna me mira con repugnancia?</p><p>-Ciertas frases y consideraciones de su relato me demuestran que usted sigue abrigando infames propositos sobre Dunia.</p><p>Svidrigailof no se mostro en modo alguno ofendido por el calificativo que Raskolnikof acababa de aplicar a sus propositos, y exclamo con ingenuo temor:</p><p>-?De veras se me han escapado frases y reflexiones que le han hecho pensar a usted eso?</p><p>-En este mismo momento esta usted dejando entrever sus fines. ?De que se ha asustado? ?Como explica usted esos repentinos temores?</p><p>-?Que yo me he asustado? ?Que tengo miedo? ?Miedo de usted? Es usted el que puede temerme a mi, cher ami. ?Que tonterias! Por lo demas, estoy borracho, ya lo veo. Si bebiera un poco mas podria cometer algun disparate. ?Que se vaya al diablo la bebida! ?Eh, traedme agua!</p><p>Cogio la botella de champan y la arrojo por la ventana sin contemplaciones. Felipe le trajo agua.</p><p>-Todo eso es absurdo -anadio, empapando una servilleta y aplicandosela a la frente-. En dos palabras puedo reducir a la nada sus suposiciones. ?Sabe usted que voy a casarme?</p><p>-Ya me lo dijo.</p><p>-?Ah!, ?si? Pues no me acordaba... Pero entonces nada podia afirmar, porque aun no habia visto a mi prometida y solo se trataba de una intencion. Ahora es cosa hecha. Si no fuera por la cita de que le he hablado, le llevaria a casa de mi novia. Pues me gustaria que usted me aconsejase... ?Demonio! No dispongo mas que de diez minutos. Mire usted mismo el reloj. El proceso de este matrimonio es sumamente interesante. Ya se lo contare. ?Adonde va usted? ?Todavia quiere marcharse?</p><p>-No, ya no me quiero marchar.</p><p>-?De modo que no quiere usted dejarme? Eso lo veremos. Le llevare a casa de mi prometida, pero no ahora, sino en otra ocasion, pues nos tendremos que separar en seguida. Usted ira hacia la derecha y yo hacia la izquierda. ?Conoce usted a esa senora llamada Resslich? Es la mujer en cuya casa me hospedo... ?Me escucha? No, esta usted pensando en otra cosa. Ya sabe usted que se acusa a esa senora de haber provocado este invierno el suicidio de una jovencita... Bueno, ?me escucha usted o no...? En fin, es esa senora la que me ha arreglado este matrimonio. Me dijo: &quot;Tienes aspecto de hombre preocupado. Has de buscarte una distraccion.&quot; Pues yo soy un hombre taciturno. ?No me cree usted? Pues se equivoca. Yo no hago dano a nadie: vivo apartado en mi rincon. A veces pasan tres dias sin que hable con nadie. Esa bribona de Resslich abriga sus intenciones. Confia en que yo me cansare muy pronto de mi mujer y la dejare plantada. Y entonces ella la lanzara a la... circulacion, bien en nuestro mundo, bien en un ambiente mas elevado. Me ha contado que el padre de la chica es un viejo sin caracter, un antiguo funcionario que esta enfermo: hace tres anos que no puede valerse de sus piernas y esta inmovil en su sillon. Tambien tiene madre, una mujer muy inteligente. El hijo esta empleado en una ciudad provinciana y no ayuda a sus padres. La hija mayor se ha casado y no da senales de vida. Los pobres viejos tienen a su cargo dos sobrinitos de corta edad. La hija menor ha tenido que dejar el instituto sin haber terminado sus estudios. Dentro de dos o tres meses cumplira los dieciseis anos y entonces estara en edad de casarse. Esta es mi prometida. Una vez obtenidos estos informes, me presente a la familia como un propietario viudo de buena casa, bien relacionado y rico. En cuanto a la diferencia de edades (ella dieciseis anos y yo mas de cincuenta), es un detalle sin importancia. Un hombre asi es un buen partido, ?no?, un partido tentador.</p><p>&quot;?Si me hubiera usted visto hablar con los padres! Se habria podido pagar por presenciar ese espectaculo. En esto llega la chiquilla con un vestidito corto y semejante a un capullo que empieza a abrirse. Hace una reverencia y se pone tan encarnada como una peonia. Sin duda le habian ensenado la leccion. No conozco sus gustos en materia de caras de mujer, pero, a mi juicio, la mirada infantil, la timidez, las lagrimitas de pudor de las jovencitas de dieciseis anos valen mas que la belleza. Por anadidura, es bonita como una imagen. Tiene el cabello claro y rizado como un corderito, una boquita de labios carnosos y purpureos... ?Un amor! Total, que trabamos conocimiento, yo dije que asuntos de familia me obligaban a apresurar la boda, y al dia siguiente, es decir, anteayer, nos prometimos. Desde entonces, apenas llego, la siento en mis rodillas y ya no la dejo marcharse. Su cara enrojece como una aurora y yo no ceso de besarla. Su madre la ha aleccionado, sin duda, diciendole que soy su futuro esposo y que lo que hago es normal. Conseguida esta comprension, el papel de novio es mas agradable que el de marido. Esto es lo que se llama la nature et la verite. ?Ja, ja! He hablado dos veces con ella. La muchachita esta muy lejos de ser tonta. Tiene un modo de mirarme al soslayo que me inflama la sangre. Tiene una carita que recuerda a la de la Virgen Sixtina de Rafael. ?No le impresiona la expresion fantastica y alucinante que el pintor dio a esa Virgen? Pues el semblante de ella es parecido. Al dia siguiente de nuestros esponsales le lleve regalos por valor de mil quinientos rublos: un aderezo de brillantes, otro de perlas, un neceser de plata para el tocador; en fin, tantas cosas, que la carita de Virgen resplandecia. Ayer, cuando la sente en mis rodillas, debi de mostrarme demasiado impulsivo, pues ella enrojecio vivamente y en sus ojos aparecieron dos lagrimas que trataba de ocultar.</p><p>&quot;Nos dejaron solos. Entonces ella rodeo mi cuello con sus bracitos (fue la primera vez que hizo esto por propio impulso), me beso y me juro ser una esposa obediente y fiel que dedicaria su vida entera a hacerme feliz y que todo lo sacrificaria por merecer mi carino, y anadio que esto era lo unico que deseaba y que para ella no necesitaba regalos. Convenga usted que oir estas palabras en boca de un angel de dieciseis anos, vestido de tul, de cabellos rizados y mejillas tenidas por un rubor virginal, es sumamente seductor... Confieselo, confieselo... Oiga..., oiga..., le llevare a casa de mi novia..., pero no puedo hacerlo ahora mismo.</p><p>-Total, que esa monstruosa diferencia de edades aviva su sensualidad. ?Es posible que usted piense seriamente en casarse en esas condiciones?</p><p>-?Por que no? Es cosa completamente decidida. Cada uno hace lo que puede en este mundo, y hacerse ilusiones es un medio de alegrar la vida... ?Ja, ja! ?Pero que moralista es usted! Tenga compasion de mi, amigo mio. Soy un pecador. ?Je, je, je!</p><p>-Ahora comprendo que se haya encargado usted de los hijos de Catalina Ivanovna. Tenia usted sus razones.</p><p>-Adoro a los ninos, los adoro de veras -exclamo Svidrigailof, echandose a reir-. Sobre este particular puedo contarle un episodio sumamente curioso. El mismo dia de mi llegada empece a visitar antros. Estaba sediento de ellos despues de siete anos de rectitud. Ya habra observado usted que no tengo ninguna prisa en volver a reunirme con mis antiguos amigos, y quisiera no verlos en mucho tiempo. Debo decirle que durante mi estancia en la propiedad de Marfa Petrovna me atormentaba con frecuencia el recuerdo de estos rincones misteriosos. ?El diablo me lleve! El pueblo se entrega a la bebida; la juventud culta se marchita o perece en sus suenos irrealizables: se pierde en teorias monstruosas. Los demas se entregan a la disipacion. He aqui el espectaculo que me ha ofrecido la ciudad a mi llegada. De todas partes se desprende un olor a podrido...</p><p>&quot;Fui a caer en eso que llaman un baile nocturno. No era mas que una cloaca repugnante, como las que a mi me gustan. Se levantaban las piernas en un cancan desenfrenado, como jamas se habia hecho en mis tiempos. ?Es el progreso! De pronto veo una encantadora muchachita de trece anos que esta bailando con un apuesto joven. Otro joven los observa de cerca. Su madre estaba sentada junto a la pared, como espectadora. Ya puede usted suponer que clase de baile era. La muchachita esta avergonzada, enrojece; al fin se siente ofendida y se echa a llorar. El arrogante bailarin la obliga a dar una serie de vueltas, haciendo toda clase de muecas, y el publico se echa a reir a carcajadas y empieza a gritar: &quot;?Bien hecho! ?Asi aprenderan a no traer ninas a un sitio como este!&quot; Esto a mi no me importa lo mas minimo. Me siento al lado de la madre y le digo que yo tambien soy forastero y que toda aquella gente me parece estupida y grosera, incapaz de respetar a quien lo merece. Insinuo que soy un hombre rico y les propongo llevarlas en mi coche. Las acompano a su casa y trabo conocimiento con ellas. Viven en un verdadero tugurio y han llegado de una provincia. Me dicen que consideran mi visita como un gran honor. Me entero de que no tienen un centimo y han venido a hacer ciertas gestiones. Yo les ofrezco dinero y mis servicios. Tambien me dicen que han entrado en el local nocturno por equivocacion, pues creian que se trataba de una escuela de baile. Entonces yo les propongo contribuir a la educacion de la muchacha dandole lecciones de frances y de baile. Ellas aceptan con entusiasmo, se consideran muy honradas, etcetera..., y yo sigo visitandolas. ?Quiere usted que vayamos a verlas? Pero habra de ser mas tarde.</p>]]></content>
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				<name><![CDATA[Giperion]]></name>
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			<updated>2016-08-02T10:17:13Z</updated>
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			<title type="html"><![CDATA[Re: Достоевский Ф. М. - Преступление и наказание на испанском языке]]></title>
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			<content type="html"><![CDATA[<p>&quot;Yo estoy seguro de que Mikolka siente una sed de expiacion semejante. Mi conviccion se funda en hechos positivos, pero el ignora que yo he descubierto las causas. ?Que? ?No cree usted que en un pueblo como el nuestro puedan aparecer tipos extraordinarios? Pues se ven por todas partes. La influencia de la ermita ha vuelto a el con toda pujanza, sobre todo despues del episodio del nudo corredizo en su cuello. Ya vera usted como acabara viniendo a confesarmelo todo. ?Lo cree usted capaz de sostener su papel hasta el fin? No, vendra a abrirme su pecho, a retractarse de sus declaraciones..., y no tardara. Me ha interesado Mikolka y lo he estudiado a fondo. Reconozco, ?je, je!, que en ciertos puntos ha conseguido dar un caracter de verosimilitud a sus declaraciones (sin duda las habia preparado), pero otras estan en contradiccion absoluta con los hechos, sin que el tenga de ello la menor sospecha. No, mi querido Rodion Romanovitch, no es Mikolka el culpable. Estamos en presencia de un acto siniestro y fantastico. Este crimen lleva el sello de nuestro tiempo, de una epoca en que el corazon del hombre esta trastornado; en que se afirma, citando autores, que la sangre purifica; en que solo importa la obtencion del bienestar material. Es el sueno de una mente ebria de quimeras y envenenada por una serie de teorias. El culpable ha desplegado en este golpe de ensayo una audacia extraordinaria, pero una audacia de tipo especial. Obro resueltamente, pero como quien se lanza desde lo alto de una torre o se deja caer rodando desde la cumbre de una montana. Fue como si no se diera cuenta de lo que hacia. Se olvido de cerrar la puerta al entrar, pero mato, mato a dos personas, obedeciendo a una teoria. Mato, pero no se apodero del dinero, y lo que se llevo fue a esconderlo debajo de una piedra. No le basto la angustia que habia experimentado en el recibidor mientras oia los golpes que daban en la puerta, sino que, en su delirio, se dejo llevar de un deseo irresistible de volver a sentir el mismo terror, y fue a la casa para tirar del cordon de la campanilla... En fin, carguemos esto en la cuenta de la enfermedad. Pero hay otro detalle importante, y es que el asesino, a pesar de su crimen, se considera como una persona decente y desprecia a todo el mundo. Se cree algo asi como un angel infortunado. No, mi querido Rodion Romanovitch, Mikolka no es el culpable.</p><p>Estas palabras, despues de las excusas que el juez habia presentado, sorprendieron e impresionaron profundamente a Raskolnikof, que empezo a temblar de pies a cabeza.</p><p>-Pero..., entonces... -pregunto con voz entrecortada-, ?quien es el asesino?</p><p>Porfirio Petrovitch se recosto en el respaldo de su silla. Su semblante expresaba el asombro del hombre al que acaban de hacer una pregunta insolita.</p><p>-?Que quien es el asesino? -exclamo como no pudiendo dar credito a sus oidos-. ?Usted, Rodion Romanovitch! -Y anadio en voz baja y en un tono de profunda conviccion-: Usted es el asesino.</p><p>Raskolnikof se puso en pie de un salto, permanecio asi un momento y se volvio a sentar sin pronunciar palabra. Ligeras convulsiones sacudian los musculos de su cara.</p><p>-Sus labios vuelven a temblar como el otro dia -dijo Porfirio Petrovitch en un tono de cierto interes-. Creo que no me ha comprendido usted, Rodion Romanovitch -anadio tras una pausa-. Esta es la razon de su sorpresa. He venido para explicarselo todo, pues desde ahora quiero llevar este asunto con franqueza absoluta.</p><p>-Yo no soy el culpable -balbuceo Raskolnikof, defendiendose como el nino al que sorprenden haciendo algo malo.</p><p>-Si, es usted y solo usted -replico severamente el juez de instruccion.</p><p>Los dos callaron. Este silencio, en el que habia algo extrano, se prolongo no menos de diez minutos.</p><p>Raskolnikof, con los codos en la mesa, se revolvia el cabello con las manos. Porfirio Petrovitch esperaba sin dar la menor muestra de impaciencia. De pronto, el joven dirigio al magistrado una mirada despectiva.</p><p>-Vuelve usted a su antigua tactica, Porfirio Petrovitch. ?Nose cansa usted de emplear siempre los mismos procedimientos?</p><p>-?Procedimientos? ?Que necesidad tengo de emplearlos ahora? La cosa cambiaria si hablaramos ante testigos. Pero estamos solos. Yo no he venido aqui a cazarle como una liebre. Que confiese usted o no en este momento, me importa muy poco. En ambos casos, mi conviccion seguiria siendo la misma.</p><p>-Entonces, ?por que ha venido usted? -pregunto Raskolnikof sin ocultar su enojo-. Le repito lo que le dije el otro dia: si usted me cree culpable, ?por que no me detiene?</p><p>-Bien; esa, por lo menos, es una pregunta sensata y la contestare punto por punto. En primer lugar, le dire que no me conviene detenerle en seguida.</p><p>-?Que importa que le convenga o no? Si esta usted convencido, tiene el deber de hacerlo.</p><p>-Mi conviccion no tiene importancia. Hasta este momento solo se basa en hipotesis. ?Por que he de darle una tregua haciendolo detener? Usted sabe muy bien que esto seria para usted un descanso, ya que lo pide. Tambien podria traerle al hombre que le envie para confundirle. Pero usted le diria: &quot; Eres un borracho. ?Quien me ha visto contigo? Te mire simplemente como a un hombre embriagado, pues lo estabas.&quot; ?Y que podria replicar yo a esto? Sus palabras tienen mas verosimilitud que las del otro, que descansan unicamente en la psicologia y, por lo tanto, sorprenderian, al proceder de un hombre inculto. En cambio, usted habria tocado un punto debil, pues ese bribon es un bebedor empedernido. Ya le he dicho otras veces que estos procedimientos psicologicos son armas de dos filos, y en este caso pueden obrar en su favor, sobre todo teniendo en cuenta que pongo en juego la unica prueba que tengo contra usted hasta el momento presente. Pero no le quepa duda de que acabare haciendole detener. He venido para avisarlo; pero le confieso que no me servira de nada. Ademas, he venido a su casa para...</p><p>-Hablemos de ese segundo objeto de su visita -dijo Raskolnikof, que todavia respiraba con dificultad.</p><p>-Pues este segundo objeto es darle una explicacion a la que considero que tiene usted derecho. No quiero que me tenga por un monstruo, siendo asi que, aunque usted no lo crea, mi deseo es ayudarle. Por eso le aconsejo que vaya a presentarse usted mismo a la justicia. Esto es lo mejor que puede hacer. Es lo mas ventajoso para usted y para mi, pues yo me veria libre de este asunto. Ya ve que le soy franco. ?Que dice usted?</p><p>Raskolnikof reflexiono un momento.</p><p>-Oiga, Porfirio Petrovitch -dijo al fin-; usted ha confesado que no tiene contra mi mas que indicios psicologicos y, sin embargo, aspira a la evidencia matematica. ?Y si estuviera equivocado?</p><p>-No, Rodion Romanovitch, no estoy equivocado. Tengo una prueba. La obtuve el otro dia como si el cielo me la hubiera enviado.</p><p>-?Que prueba?</p><p>-No se lo dire, Rodion Romanovitch. De todas formas, no tengo derecho a contemporizar. Mandare detenerle. Reflexione. No me importa la resolucion que usted pueda tomar ahora. Le he hablado en interes de usted. Le juro que le conviene seguir mis consejos.</p><p>Raskolnikof sonrio, sarcastico.</p><p>-Sus palabras son ridiculas e incluso imprudentes. Aun suponiendo que yo fuera culpable, cosa que no admito de ningun modo, ?para que quiere usted que vaya a presentarme a la justicia? ?No dice usted que la estancia en la carcel seria un descanso para mi?</p><p>-Oiga, Rodion Romanovitch, no tome mis palabras demasiado al pie de la letra. Acaso no encuentre usted en la carcel ningun reposo. En fin de cuentas, esto no es mas que una teoria, y personal por anadidura. Por lo visto, soy una autoridad para usted. Por otra parte, quien sabe si le oculto algo. Usted no me puede exigir que le revele todos mis secretos.?Je, je!</p><p>&quot;Pasemos a la segunda cuestion, al provecho que obtendria usted de una confesion espontanea. Este provecho es indudable. ?Sabe usted que aminoraria considerablemente su pena? Piense en el momento en que haria usted su propia denuncia. Por favor, reflexione. Usted se presentaria cuando otro se ha acusado del crimen, trastornando profundamente el proceso. Y yo le juro ante Dios que me las compondria de modo que a la vista del tribunal gozara usted de todos los beneficios de su acto, el cual pareceria completamente espontaneo. Le prometo que destruiriamos toda esa psicologia y que reduciria usted a la nada todas las sospechas que pesan sobre usted, de modo que su crimen apareciese como la consecuencia de una especie de arrebato, cosa que en el fondo es cierta. Yo soy un hombre honrado, Rodion Romanovitch, y mantendre mi palabra.</p><p>Raskolnikof bajo la cabeza tristemente y quedo pensativo. Al fin sonrio de nuevo; pero esta vez su sonrisa fue dulce y melancolica.</p><p>-No me interesa -dijo como si no quisiera seguir hablando con Porfirio Petrovitch-. No necesito para nada su disminucion de pena.</p><p>-?Vaya! Esto es lo que me temia -exclamo Porfirio como a pesar suyo- Sospechaba que iba usted a desdenar nuestra indulgencia.</p><p>Raskolnikof le miro con expresion grave y triste.</p><p>-No, no de por terminada su existencia -continuo Porfirio-. Tiene usted ante si muchos anos de ida. No comprendo que no quiera usted una disminucion de pena. Es usted un hombre dificil de contentar.</p><p>-?Que puedo ya esperar?</p><p>-La vida. ?Por que quiere usted hacer el profeta? ?Que puede usted prever? Busque y encontrara. Tal vez le esperaba Dios tras este recodo..: Por otra parte, no le condenaran a usted a cadena perpetua.</p><p>-Tendre a mi favor circunstancias atenuantes -dijo Raskolnikof con una sonrisa.</p><p>-Sin que usted se de cuenta, es tal vez cierto orgullo de persona culta lo que le impide declararse culpable. Usted deberia estar por encima de todo eso.</p><p>-Lo estoy: esas cosas solo me inspiran desprecio -repuso Raskolnikof con gesto despectivo.</p><p>Despues fue a levantarse, pero se volvio a sentar bajo el peso de una desesperacion inocultable.</p><p>-Si, no me cabe duda. Es usted desconfiado y cree que le estoy adulando burdamente, con una segunda intencion. Pero digame: ?ha tenido usted tiempo de vivir lo bastante para conocer la vida? Inventa usted una teoria y despues se averguenza al ver que no conduce a nada y que sus resultados estan desprovistos de toda originalidad. Su accion es baja, lo reconozco, pero usted no es un criminal irremisiblemente perdido. No, no; ni mucho menos. Me preguntara que pienso de usted. Se lo dire: le considero como uno de esos hombres que se dejarian arrancar las entranas sonriendo a sus verdugos si lograsen encontrar una fe, un Dios. Pues bien, encuentrelo y vivira. En primer lugar, hace ya mucho tiempo que necesita usted cambiar de aires. Y en segundo, el sufrimiento no es mala cosa. Sufra usted. Mikolka tiene tal vez razon al querer sufrir. Se que es usted esceptico, pero abandonese sin razonar a la corriente de la vida y no se inquiete por nada: esa corriente le llevara a alguna orilla y usted podra volver a ponerse en pie. ?Que orilla sera esta? Eso no lo puedo saber. Pero estoy convencido de que le quedan a usted muchos anos de vida. Bien se que usted se estara diciendo que no hago sino desempenar mi papel de juez de instruccion, y que mis palabras le pareceran un largo y enojoso sermon, pero tal vez las recuerde usted algun dia: solo con esta esperanza le digo todo esto. En medio de todo, ha sido una suerte que no haya usted matado mas que a esa vieja, pues con otra teoria habria podido usted hacer cosas cientos de millones de veces peores. De gracias a Dios por no haberlo permitido, pues El tal vez, ?quien sabe?, tiene algun designio sobre usted. Tenga usted coraje, no retroceda por pusilanimidad ante la gran mision que aun tiene que cumplir. Si es cobarde, luego se avergonzara usted. Ha cometido una mala accion: sea fuerte y haga lo que exige la justicia. Se que usted no me cree, pero le aseguro que volvera a conocer el placer de vivir. En este momento solo necesita aire, aire, aire...</p><p>Al oir estas palabras, Raskolnikof se estremecio.</p><p>-Pero ?quien es usted -exclamo- para hacer el profeta? ?Donde esta esa cumbre apacible desde la que se permite usted dejar caer sobre mi esas maximas llenas de una supuesta sabiduria?</p><p>-?Quien soy? Un hombre acabado y nada mas. Un hombre sensible y acaso capaz de sentir piedad, y que tal vez conoce un poco la vida..., pero completamente acabado. El caso de usted es distinto. Tiene usted ante si una verdadera vida (?quien sabe si todo lo ocurrido es en usted como un fuego de paja que se extingue rapidamente?). ?Por que, entonces, temer al cambio que se va a operar en su existencia? No es el bienestar lo que un corazon como el suyo puede echar de menos. ?Y que importa la soledad donde usted se vera largamente confinado? No es el tiempo lo que debe preocuparle, sino usted. Conviertase en un sol y todo el mundo lo vera. Al sol le basta existir, ser lo que es. ?Por que sonrie? ?Por mi lenguaje poetico? Juraria que usted cree que estoy utilizando la astucia para atraerme su confianza. A lo mejor tiene usted razon. ?Je, je! No le pido que crea todas mis palabras, Rodion Romanovitch. Hara usted bien en no creerme nunca por completo. Tengo la costumbre de no ser jamas completamente sincero. Sin embargo, no olvide esto: el tiempo le dira si soy un hombre vil o un hombre leal.</p><p>-?Cuando piensa usted mandar que me detengan?</p><p>-Puedo concederle todavia un dia o dos de libertad. Reflexione, amigo mio, y ruegue a Dios. Esto es lo que le interesa, creame.</p><p>-?Y si huyera? -pregunto Raskolnikof con una sonrisa extrana.</p><p>-No, usted no huira. Un mujik huiria; un revolucionario de los de hoy, tambien, pues se le pueden inculcar ideas para toda la vida. Pero usted ha dejado de creer en su teoria. ?Para que ha de huir? ?Que ganaria usted huyendo? Y ?que vida tan horrible la del fugitivo! Para vivir hace falta una situacion determinada, fija, y aire respirable. ?Encontraria usted ese aire en la huida? Si huyese usted, volveria. Usted no puede pasar sin nosotros. Si lo hiciera encarcelar, para un mes o dos, por ejemplo, o tal vez para tres, un buen dia, tengalo presente, vendria usted de pronto y confesaria. Vendria usted aun sin darse cuenta. Estoy seguro de que decidira usted someterse a la expiacion. Ahora no me cree usted, pero lo hara, porque la expiacion es una gran cosa, Rodion Romanovitch. No se extrane de oir hablar asi a un hombre que ha engordado en el bienestar. El caso es que diga la verdad..., y no se burle usted. Estoy profundamente convencido de lo que acabo de decirle. Mikolka tiene razon. No, usted no huira, Rodion Romanovitch.</p><p>Raskolnikof se levanto y cogio su gorra. Porfirio Petrovitch se levanto tambien.</p><p>-?Va usted a dar una vuelta? La noche promete ser hermosa. Aunque a lo mejor hay tormenta... Lo cual seria tal vez preferible, porque asi se refrescaria la atmosfera.</p><p>-Porfirio Petrovitch -dijo Raskolnikof en tono seco y vehemente-, que no le pase por la imaginacion que le he hecho la confesion mas minima. Usted es un hombre extrano, y yo solo le he escuchado por curiosidad. Pero no he confesado nada, absolutamente nada. No lo olvide.</p><p>-Entendido; no lo olvidare... Esta usted temblando... No se preocupe, amigo mio: se cumpliran sus deseos. Pasee usted, pero sin rebasar los limites... Ahora voy a hacerle un ultimo ruego -anadio bajando la voz-. Es un punto un poco delicado pero importante. En el caso, a mi juicio sumamente improbable de que en estas cuarenta y ocho o cincuenta horas le asalte la idea de poner fin a todo esto de un modo poco comun, en una palabra, quitandose la vida (y perdone esta absurda suposicion), tenga la bondad de dejar escrita una nota; dos lineas, nada mas que dos lineas, indicando el lugar donde esta la piedra. Esto sera lo mas noble... En fin, hasta mas ver. Que Dios le inspire.</p><p>Porfirio salio, bajando la cabeza para no mirar al joven. Este se acerco a la ventana y espero con impaciencia el momento en que, segun sus calculos, el juez de instruccion se hubiera alejado un buen trecho de la casa.</p><p>Entonces salio el a toda prisa.</p><p>III</p><p>Queria ver cuanto antes a Svidrigailof. Ignoraba sus propositos, pero aquel hombre tenia sobre el un poder misterioso. Desde que Raskolnikof se habia dado cuenta de ello, la inquietud lo consumia. Ademas, habia llegado el momento de tener una explicacion con el.</p><p>Otra cuestion le atormentaba. Se preguntaba si Svidrigailof habria ido a visitar a Porfirio.</p><p>Raskolnikof suponia que no habia ido: lo habria jurado. Siguio pensando en ello, recordo todos los detalles de la visita de Porfirio y llego a la misma conclusion negativa. Svidrigailof no habia visitado al juez, pero ?tendria intencion de hacerlo?</p><p>Tambien respecto a este punto se inclinaba por la negativa. ?Por que? No lograba explicarselo. Pero, aunque se hubiera sentido capaz de hallar esta explicacion, no habria intentado romperse la cabeza buscandola. Todo esto le atormentaba y le enojaba a la vez. Lo mas sorprendente era que aquella situacion tan critica en que se hallaba le inquietaba muy poco. Le preocupaba otra cuestion mucho mas importante, extraordinaria, tambien personal, pero distinta. Por otra parte, sentia un profundo desfallecimiento moral, aunque su capacidad de razonamiento era superior a la de los dias anteriores. Ademas, despues de lo sucedido, ?valia la pena tratar de vencer nuevas dificultades, intentar, por ejemplo, impedir a Svidrigailof ir a casa de Porfirio, procurar informarse, perder el tiempo con semejante hombre?</p><p>?Que fastidioso era todo aquello!</p><p>Sin embargo, se dirigio apresuradamente a casa de Svidrigailof. ?Esperaba de el algo nuevo, un consejo, un medio de salir de aquella insoportable situacion? El que se esta ahogando se aferra a la menor astilla. ?Era el destino o un secreto instinto el que los aproximaba? Tal vez era simplemente que la fatiga y la desesperacion le inspiraban tales ideas; acaso fuera preferible dirigirse a otro, no a Svidrigailof, al que solo el azar habia puesto en su camino.</p><p>?A Sonia? ?Con que objeto se presentaria en su casa? ?Para hacerla llorar otra vez? Ademas, Sonia le daba miedo. Representaba para el lo irrevocable, la decision definitiva. Tenia que elegir entre dos caminos: el suyo o el de Sonia. Sobre todo en aquel momento, no se sentia capaz de afrontar su presencia. No, era preferible probar suerte con Svidrigailof. Aunque muy a su pesar, se confesaba que Svidrigailof le parecia en cierto modo indispensable desde hacia tiempo.</p><p>Sin embargo, ?que podia haber de comun entre ellos? Incluso la perfidia de uno y otro eran diferentes. Por anadidura, Svidrigailof le era profundamente antipatico. Tenia todo el aspecto de un hombre despejado, trapacero, astuto, y tal vez era un ser extremadamente perverso. Se contaban de el cosas verdaderamente horribles. Cierto que habia protegido a los ninos de Catalina Ivanovna, pero vaya usted a saber el fin que perseguia. Era un hombre Reno de segundas intenciones.</p><p>Desde hacia algunos dias, otra idea turbaba a Raskolnikof, a pesar de sus esfuerzos por rechazarla para evitar el profundo sufrimiento que le producia. Pensaba que Svidrigailof siempre habia girado, y seguia girando, alrededor de el. Ademas, aquel hombre habia descubierto su secreto. Y, finalmente, habia abrigado ciertas intenciones acerca de Dunia. Tal vez seguia alimentandolas. Y sin &quot;tal vez&quot;: era seguro. Ahora que conocia su secreto, bien podria utilizarlo como un arma contra Dunia.</p><p>Esta suposicion le habia quitado el sueno, pero nunca habia aparecido en su mente con tanta nitidez como en aquellos momentos en que se dirigia a casa de Svidrigailof. Y le bastaba pensar en ello para ponerse furioso. Sin duda, todo iba a cambiar, incluso su propia situacion. Debia confiar su secreto a Dunetchka y luego entregarse a la justicia para evitar que su hermana cometiese alguna imprudencia. ?Y que pensar de la carta que aquella manana habia recibido Dunia? ?De quien podia recibir su hermana una carta en Petersburgo? ?De Lujine? Rasumikhine era un buen guardian, pero no sabia nada de esto. Y Raskolnikof se dijo, contrariado, que tal vez fuera necesario confiarse tambien a su amigo.</p><p>&quot;Sea como fuere, tengo que ir a ver a Svidrigailof cuanto antes -se dijo- Afortunadamente, en este asunto los detalles tienen menos importancia que el fondo. Pero este hombre, si tiene la audacia de tramar algo contra Dunia, es capaz de... Y en este caso, yo...&quot;</p><p>Raskolnikof estaba tan agotado por aquel mes de continuos sufrimientos, que no pudo encontrar mas que una solucion. &quot;Y en este caso, yo lo matare&quot;, se dijo, desesperado.</p><p>Un sentimiento angustioso le oprimia el corazon. Se detuvo en medio de la calle y paseo la mirada en torno de el. ?Que camino habia tomado? Estaba en la avenida ..., a treinta o cuarenta pasos de la plaza del Mercado, que acababa de atravesar. El segundo piso de la casa que habia a su izquierda estaba ocupado por una taberna. Tenia abiertas todas las ventanas y, a juzgar por las personas que se veian junto a ellas, el establecimiento debia de estar abarrotado. De el salian cantos, acompanados de una musica de clarinete, violin y tambor. Se oian tambien voces y gritos de mujer.</p><p>Raskolnikof se disponia a desandar lo andado, sorprendido de verse alli, cuando, de pronto, distinguio en una de las ultimas ventanas a Svidrigailof, con la pipa en la boca y ante un vaso de te. El joven sintio una mezcla de asombro y horror. Svidrigailof le miro en silencio y -cosa que sorprendio a Raskolnikof todavia mas profundamente- se levanto de pronto, como si pretendiera eclipsarse sin ser visto. Rodia fingio no verle, pero mientras parecia mirar a lo lejos distraido, le observaba con el rabillo del ojo. El corazon le latia aceleradamente. No se habia equivocado: Svidrigailof deseaba pasar inadvertido. Se quito la pipa de la boca y se dispuso a ocultarse, pero, al levantarse y apartar la silla, advirtio sin duda que Raskolnikof le espiaba. Se estaba repitiendo entre ellos la escena de su primera entrevista. Una sonrisa maligna se esbozo en los labios de Svidrigailof. Despues la sonrisa se hizo mas amplia y franca. Los dos se daban cuenta de que se vigilaban mutuamente. Al fin, Svidrigailof lanzo una carcajada. -?Eh! -le grito-. ?Suba en vez de estar ahi parado!</p><p>Raskolnikof subio a la taberna. Hallo a su hombre en un gabinete contiguo al salon donde una nutrida clientela -pequenos burgueses, comerciantes, funcionarios- bebia te y escuchaba a las cantantes en medio de una infernal algarabia. En una pieza vecina se jugaba al billar. Svidrigailof tenia ante si una botella de champan empezada y un vaso medio lleno. Estaban con el un nino que tocaba un organillo portatil y una robusta muchacha de frescas mejillas que llevaba una falda listada y un sombrero tiroles adornado con cintas. Esta joven era una cantante. Debia de tener unos dieciocho anos, y, a pesar de los cantos que llegaban de la sala, entonaba una cancioncilla trivial con una voz de contralto algo ronca, acompanada por el organillo.</p><p>-?Basta! -dijo Svidrigailof a los artistas al ver entrar a Raskolnikof.</p><p>La muchacha dejo de cantar en el acto y espero en actitud respetuosa. Tambien respetuosa y gravemente acababa de cantar su vulgar cancioncilla.</p><p>-?Felipe, un vaso! -pidio a voces Svidrigailof.</p><p>-Yo no bebo vino -dijo Raskolnikof.</p><p>-Como usted guste. Pero no he pedido un vaso para usted. Bebe, Katia. Hoy ya no lo volvere a necesitar. Toma.</p><p>Le sirvio un gran vaso de vino y le entrego un pequeno billete amarillo.</p><p>La muchacha apuro el vaso de un solo trago, como hacen todas las mujeres, tomo el billete y beso la mano de Svidrigailof, que acepto con toda seriedad esta demostracion de respeto servil. Acto seguido, la joven se retiro acompanada del organillero. Svidrigailof los habia encontrado a los dos en la calle. Aun no hacia una semana que estaba en Petersburgo y ya parecia un antiguo cliente de la casa. Felipe, el camarero, le servia como a un parroquiano distinguido. La puerta que daba al salon estaba cerrada, y Svidrigailof se desenvolvia en aquel establecimiento como en casa propia. Seguramente pasaba alli el dia. Aquel local era un antro sucio, innoble, inferior a la categoria media de esta clase de establecimientos.</p><p>-Iba a su casa -dijo Raskolnikof-, y, no se por que, he tomado la avenida ... al dejar la plaza del Mercado. No paso nunca por aqui. Doblo siempre hacia la derecha al salir de la plaza. Ademas, este no es el camino de su casa. Apenas he doblado hacia este lado, le he visto a usted. Es extrano, ?verdad?</p><p>-?Por que no dice usted, sencillamente, que esto es un milagro?</p><p>-Porque tal vez no es mas que un azar.</p><p>-Aqui todo el mundo peca de lo mismo -replico Svidrigailof echandose a reir-. Ni siquiera cuando se cree en un milagro hay nadie que se atreva a confesarlo. Incluso usted mismo ha dicho que se trata &quot;tal vez&quot; de un azar. ?Que poco valor tiene aqui la gente para mantener sus opiniones! No se lo puede usted imaginar, Rodion Romanovitch. No digo esto por usted, que tiene una opinion personal y la sostiene con toda franqueza. Por eso mismo me ha llamado la atencion lo que ha dicho.</p><p>-?Por eso solo?</p><p>-Es mas que suficiente.</p><p>Svidrigailof estaba visiblemente excitado, aunque no en extremo, pues solo habia bebido medio vaso de champan.</p><p>-Me parece que cuando usted vino a mi casa -observo Raskolnikof- no sabia aun que yo tenia eso que usted llama una opinion personal.</p><p>-Entonces nos preocupaban otras cosas. Cada cual tiene sus asuntos. En lo que concierne al milagro, debo decirle que parece haber pasado usted durmiendo estos dias. Yo le di la direccion de esta casa. El hecho de que usted haya venido no tiene, pues, nada de extraordinario. Yo mismo le indique el camino que debia seguir y las horas en que podria encontrarme aqui. ?No recuerda usted?</p><p>-No; no lo habia olvidado -repuso Raskolnikof, profundamente sorprendido.</p><p>-Lo creo. Se lo dije dos veces. La direccion se grabo en su cerebro sin que usted se diera cuenta, y ahora ha seguido este camino sin saber lo que hacia. Por lo demas, cuando le hable de todo esto, yo no esperaba que usted se acordase. Usted no se cuida, Rodion Romanovitch... ?Ah! Quiero decirle otra cosa. En Petersburgo hay mucha gente que va hablando sola por la calle. Uno se encuentra a cada paso con personas que estan medio locas. Si tuvieramos verdaderos sabios, los medicos, los juristas y los filosofos podrian hacer aqui, cada uno en su especialidad, estudios sumamente interesantes. No hay ningun otro lugar donde el alma humana se vea sometida a influencias tan sombrias y extranas. El mismo clima influye considerablemente. Por desgracia, Petersburgo es el centro administrativo de la nacion y su influencia se extiende por todo el pais. Pero no se trata precisamente de esto. Lo que queria decirle es que le he observado a usted varias veces en la calle. Usted sale de su casa con la cabeza en alto, y cuando ha dado unos veinte pasos la baja y se lleva las manos a la espalda. Basta mirarle para comprender que entonces usted no se da cuenta de nada de lo que ocurre en torno de su persona. Al fin empieza usted a mover los labios, es decir, a hablar solo. A veces dice cosas en voz alta, entre gestos y ademanes, o permanece un rato parado en medio de la calle sin motivo alguno. Piense que, asi como le he visto yo, pueden verle otras personas, y esto seria un peligro para usted. En el fondo, poco me importa, pues no tengo la menor intencion de curarle, pero ya me comprendera...</p><p>-?Sabe usted que me persiguen? -pregunto Raskolnikof dirigiendole una mirada escrutadora.</p><p>-No, no lo sabia -repuso Svidrigailof con un gesto de asombro.</p><p>-Entonces, dejeme en paz.</p><p>-Bien: le dejare en paz.</p><p>-Pero digame: si es verdad que usted me ha citado dos veces aqui y esperaba mi visita, ?por que, hace un momento, al verme levantar los ojos hacia la ventana, ha intentado ocultarse? Lo he visto perfectamente.</p><p>-?Je, je! ?Y por que usted el otro dia, cuando entre en su habitacion, se hizo el dormido, estando despierto y bien despierto?</p><p>-Podia... Tener mis razones..., ya lo sabe usted.</p><p>-Y yo las mias..., que usted no sabra nunca.</p><p>Raskolnikof habia apoyado el codo del brazo derecho en la mesa y, con el menton sobre la mano, observaba atentamente a su interlocutor. El aspecto de aquel rostro le habia causado siempre un asombro profundo. En verdad, era un rostro extrano. Tenia algo de mascara. La piel era blanca y sonrosada; los labios, de un rojo vivo; la barba, muy rubia; el cabello, tambien rubio y ademas espeso. Sus ojos eran de un azul nitido, y su mirada, pesada e inmovil. Aunque bello y joven -cosa sorprendente dada su edad-, aquel rostro tenia un algo profundamente antipatico. Svidrigailof llevaba un elegante traje de verano. Su camisa, finisima, era de una blancura irreprochable. Una gran sortija con una valiosa piedra brillaba en su dedo.</p><p>-Ya que usted lo quiere, seguiremos hablando -dijo Raskolnikof, entrando en liza repentinamente y con impaciencia febril-. Por peligroso que sea usted y por poco que desee perjudicarme, no quiero andarme con rodeos ni con astucias. Le voy a demostrar ahora mismo que mi suerte me inspira menos temor del que cree usted. He venido a advertirle francamente que si usted abriga todavia contra mi hermana las intenciones que abrigo, y piensa utilizar para sus fines lo que ha sabido ultimamente, le matare sin darle tiempo a denunciarme para que me detengan. Puede usted creerme: mantendre mi palabra. Y ahora, si tiene algo que decirme (pues en estos ultimos dias me ha parecido que deseaba hablarme), digalo pronto, pues no puedo perder mas tiempo.</p><p>-?A que vienen esas prisas? -pregunto Svidrigailof, mirandole con una expresion de curiosidad.</p><p>-Todos tenemos nuestras preocupaciones -repuso Raskolnikof, sombrio e impaciente.</p>]]></content>
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				<name><![CDATA[Giperion]]></name>
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			<updated>2016-08-02T10:16:52Z</updated>
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			<title type="html"><![CDATA[Re: Достоевский Ф. М. - Преступление и наказание на испанском языке]]></title>
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			<content type="html"><![CDATA[<p>-?Lo sabe?</p><p>-?Pero, hombre...! Oye: me vaya yo donde me vaya y ocurra lo que ocurra, tu debes seguir siendo su providencia. Las pongo en tus manos, Rasumikhine. Te digo esto porque se que la amas y estoy seguro de la pureza de tu amor. Tambien se que ella puede amarte, si no te ama ya. Ahora a ti te concierne decidir si debes irte a beber.</p><p>-Rodia... Mira... Oye... ?Demonio! ?Que quieres decir con eso de que las pones en mis manos...? Bueno, si es un secreto, no me digas nada: yo lo descubrire. Estoy seguro de que todo eso son tonterias forjadas por tu imaginacion. Por lo demas, eres una buena persona, un hombre excelente.</p><p>-Cuando me has interrumpido, te iba a decir que haces bien en renunciar a conocer mis secretos. No pienses en esto, no te preocupes. Todo se aclarara a su debido tiempo, y entonces ya no habra secretos para ti. Ayer alguien me dijo que los hombres tenemos necesidad de aire, ?lo oyes?, de aire. Ahora mismo voy a ir a preguntarle que queria decir con eso.</p><p>Rasumikhine reflexiono febrilmente. De pronto tuvo una idea.</p><p>&quot; Seguramente -penso-, Raskolnikof es un conspirador politico y esta en visperas de dar un golpe decisivo. No puede ser otra cosa... Y Dunia esta enterada.&quot;</p><p>-Asi -dijo recalcando las palabras-, Avdotia Romanovna viene a verte y tu vas ahora a ver a un hombre que dice que hace falta aire, que eso es lo primero... Por lo tanto, esa carta -termino como si hablara consigo mismo- debe referirse a todo esto.</p><p>-?Que carta?</p><p>-Tu hermana ha recibido hoy una carta que parece haberla afectado. Yo diria incluso que la ha trastornado profundamente. Yo he intentado hablarle de ti, y ella me ha rogado que me callara. Luego me ha dicho que tal vez tuvieramos que separarnos muy pronto. Me ha dado las gracias calurosamente no se por que y luego se ha encerrado en su habitacion.</p><p>-?Dices que ha recibido una carta? -pregunto Raskolnikof, pensativo.</p><p>-Si, una carta. ?No lo sabias?</p><p>Los dos guardaron silencio.</p><p>-Adios, Rodia. Te confieso, amigo mio, que hubo un momento... Bueno, adios... Si, hubo un momento en que... Adios, adios; tengo que marcharme. En cuanto a eso de beber, no lo hare. Te equivocas si crees que eso es necesario.</p><p>Parecia tener mucha prisa, pero apenas hubo salido, volvio a entrar y dijo a Raskolnikof sin mirarle:</p><p>-Oye, ?te acuerdas de aquel asesinato, de aquel asunto que Porfirio estaba encargado de instruir? Me refiero a la muerte de la vieja. Pues bien, ya se ha descubierto al asesino. El mismo ha confesado y presentado toda clase de pruebas. Es uno de aquellos pintores que yo defendia con tanta seguridad, ?te acuerdas? Aunque parezca mentira, todas aquellas escenas de risas y golpes que se desarrollaron mientras el portero subia con dos testigos no eran mas que un truco destinado a desviar las sospechas. ?Que astucia, que presencia de animo la de ese bribon! Verdaderamente, cuesta creerlo, pero el lo ha explicado todo, y su declaracion es de las mas completas. ?Como me equivoque! A mi juicio, ese hombre es un genio, el genio del disimulo y de la astucia, un maestro de la coartada, por decirlo asi, y, teniendo esto en cuenta, no hay que asombrarse de nada. En verdad, personas asi pueden existir. Que no haya podido mantener su papel hasta el fin y haya acabado por confesar es una prueba de la veracidad de sus declaraciones... Pero no comprendo como pude cometer tamana equivocacion. Estaba dispuesto a sostener en todos los terrenos la inocencia de esos hombres.</p><p>-Dime, por favor, ?donde te has enterado de todo eso y por que te interesa tanto este asunto? -pregunto Raskolnikof, visiblemente afectado.</p><p>-?Que por que me interesa? ?Vaya una pregunta! En cuanto Al origen de mis informes, ha sido Porfirio, y otros, pero Porfirio especialmente, el que me lo ha explicado todo.</p><p>-?Porfirio?</p><p>-Si.</p><p>-Bueno, pero ?que te ha dicho? -pregunto Raskolnikof perdiendo la calma.</p><p>-Me lo ha explicado todo con gran claridad, procediendo segun su metodo psicologico.</p><p>-?Te ha explicado eso? ?El mismo te lo ha explicado?</p><p>-Si, el mismo. Adios. Tengo todavia algo que contarte, pero habra de ser en otra ocasion, pues ahora tengo prisa. Hubo un momento en que crei... Bueno, ya te lo contare en otro momento... Lo que quiero decirte es que ya no tengo necesidad de beber: tus palabras han bastado para emborracharme. Si, Rodia, estoy embriagado, embriagado sin haber bebido... Bueno, adios. Hasta pronto.</p><p>Se marcho.</p><p>&quot; Es un conspirador politico: estoy seguro, completamente seguro -se dijo con absoluta conviccion Rasumilchine mientras bajaba la escalera-. Y ha complicado a su hermana en el asunto. Esta hipotesis es mas que plausible, dado el caracter de Avdotia Romanovna. Los dos hermanos tienen entrevistas. Algunas de sus palabras, ciertas alusiones, me lo demuestran. Por otra parte, esta es la unica explicacion que puede tener este embrollo. Y yo que creia... ?Senor, lo que llegue a pensar...! Una verdadera aberracion; me siento culpable ante el. Pero fue el mismo el que el otro dia, en el pasillo, junto a la lampara, me inspiro semejante insensatez... ?Que idea tan villana, tan burda, me asalto! Mikolka ha hecho muy bien en confesar... Ahora todo lo ocurrido queda perfectamente explicado: la enfermedad de Rodia, su extrana conducta... Incluso en sus tiempos de estudiante se mostraba sombrio y hurano... Pero ?que significa esa carta? ?Quien la envia? Hay todavia algo por aclarar... Ya lo averiguare todo.&quot;</p><p>De pronto se acordo de lo que Rodia le habia dicho de Dunetchka, y creyo que el corazon se le iba a paralizar. Entonces hizo un esfuerzo y echo a correr.</p><p>Apenas se hubo marchado Rasumikhine, Raskolnikof se levanto y se acerco a la ventana. Despues dio algunos pasos y tropezo con una pared. Luego tropezo con otra. Parecia haberse olvidado de las reducidas dimensiones de su habitacion. Al fin se dejo caer en el divan. Daba la impresion de que se habia operado en el un cambio profundo y completo. De nuevo podia luchar: tenia una posible salida.</p><p>Si, ahora podia tener una salida, un medio de poner fin a la espantosa situacion que le asfixiaba y le tenia sumido en una especie de embrutecimiento desde la confesion de Mikolka en casa de Porfirio. A esto habia seguido su escena con Sonia, cuyo desarrollo y desenlace no habian correspondido a sus previsiones ni a sus intenciones. Se habia mostrado debil en el ultimo momento. Habia reconocido ante la muchacha, y con toda sinceridad, que no podia seguir llevando el solo una carga tan pesada...</p><p>?Y Svidrigailof? Svidrigailof era para el un inquietante enigma, aunque esta inquietud tenia un matiz diferente. Tendria que luchar, pero seguramente encontraria un modo de deshacerse de el. Porfirio era otra cosa.</p><p>Asi, pues, habia sido el mismo Porfirio el que habia demostrado a Rasumikhine la culpabilidad de Mikolka, procediendo por su metodo psicologico.</p><p>&quot;Siempre esta con su maldita psicologia -se dijo Raskolnikof-. Porfirio no ha creido en ningun momento en la culpabilidad de Mikolka despues de la escena que hubo entre nosotros y que no admite mas que una explicacion.&quot;</p><p>Raskolnikof habia recordado en varias ocasiones retazos de aquella escena, pero no la escena entera, pues no habria podido soportar su recuerdo.</p><p>En aquella escena habian cambiado palabras y miradas que demostraban en Porfirio una seguridad tan absoluta y adquirida tan rapidamente, que no era posible que la confesion de Mikolka hubiera podido quebrantarla. ?Pero que situacion la suya! El mismo Rasumikhine empezaba a sospechar. El incidente del corredor habia dejado huellas en el.</p><p>&quot;Entonces corrio a casa de Porfirio... Pero ?por que habra querido ese hombre enganarle? ?Por que razon habra intentado desviar sus sospechas hacia Mikolka? No, no puede haber hecho esto sin motivo. Abriga alguna intencion, pero ?cual? Verdad es que desde entonces ha transcurrido mucho tiempo, y no he tenido noticias de Porfirio. Esto es tal vez mala senal.&quot;</p><p>Cogio la gorra y se dirigio a la puerta. Iba pensativo. Por primera vez desde hacia mucho tiempo se sentia en un estado de perfecto equilibrio.</p><p>&quot;Hay que terminar con Svidrigailof a toda costa y lo antes posible. Sin duda esta esperando que vaya a verle.&quot;</p><p>En este momento, en su agotado corazon broto tal odio contra sus dos enemigos, Svidrigailof y Porfirio, que no habria vacilado en matar a cualquiera de ellos si los hubiese tenido a su merced. Por lo menos tuvo la impresion de que seria capaz de hacerlo algun dia.</p><p>-Ya lo veran, ya lo veran -murmuro.</p><p>Pero apenas abrio la puerta se dio de manos a boca con Porfirio, que estaba en el vestibulo.</p><p>El juez de instruccion venia a visitarle. Raskolnikof quedo estupefacto en el primer momento, pero se recobro rapidamente. Por extrano que pueda parecer, esta visita le extrano muy poco y no le inquieto apenas.</p><p>Tras un ligero estremecimiento se puso en guardia.</p><p>&quot; Esto puede ser el final -se dijo- Pero ?como habra podido llegar tan en silencio que no lo he oido? ?Habra venido a espiarme?&quot;</p><p>-No esperaba usted mi visita, ?verdad, Rodion Romanovitch? -dijo alegremente Porfirio Petrovitch-. Hace mucho tiempo que queria venir a verle. Ahora, al pasar casualmente ante su casa, me he preguntado: &quot;?Por que no subes un momento?&quot; Ya veo que iba usted a salir; pero no tema, que solo le distraere el tiempo que dura un cigarrillo. Es decir, si usted me lo permite.</p><p>-?Pues claro que si! Sientese, Porfirio Petrovitch, sientese.</p><p>Y Raskolnikof ofrecio una silla a su visitante, tan amable y sereno, que el mismo se habria sorprendido si se hubiera podido ver en aquel momento. No habia quedado en el ni rastro de inquietud. Es el caso del hombre que cae en poder de un bandido y, despues de pasar media hora de angustia mortal, recobra su sangre fria cuando nota la punta del punal en la garganta.</p><p>Raskolnikof se sento ante Porfirio Petrovitch y le miro a la cara. El juez de instruccion guino un ojo y encendio un cigarrillo.</p><p>&quot;?Vamos, habla! -le incito Raskolnikof mentalmente-. ?Por que no empiezas de una vez?&quot;</p> <br /><br /><p>II</p><p>Ah, estos cigarrillos! -dijo al fin Porfirio Petrovitch-. Son un veneno, un verdadero veneno. Tengo tos, se me irrita la garganta, padezco de asma. Como soy algo aprensivo, he ido a ver al doctor B., que es un medico que esta examinando a cada enfermo durante media hora como minimo. Se ha echado a reir al verme, y, despues de palparme y auscultarme cuidadosamente, me ha dicho: &quot;El tabaco no le va nada bien. Tiene usted los pulmones dilatados.&quot; No lo dudo, pero ?como dejar el tabaco? ?Por que otra cosa lo puedo sustituir? Yo no bebo: eso es lo malo... ?Je, je, je! Toda mi desgracia viene de que no bebo. Pues todo es relativo en este mundo, Rodion Romanovitch, todo es relativo.</p><p>&quot;Ya esta de nuevo con sus tonterias&quot;, penso Raskolnikof, contrariado.</p><p>Al punto le vino a la memoria su ultima entrevista con el juez de instruccion, y este recuerdo trajo a su animo todos sus anteriores sentimientos.</p><p>-Anteayer por la tarde estuve aqui, ?no lo sabia usted? -continuo Porfirio Petrovitch, paseando una mirada por la habitacion-. Estuve aqui dentro. Al pasar por esta calle se me ocurrio, como se me ha ocurrido hoy, hacerle una visita. La puerta estaba abierta de par en par. Espere un momento y me volvi a marchar sin ni siquiera ver a la sirvienta para darle mi nombre. ?Nunca cierra usted la puerta?</p><p>El rostro de Raskolnikof aparecia cada vez mas sombrio. Porfirio parecio adivinar los pensamientos que lo agitaban.</p><p>-He venido a darle una explicacion, mi querido Rodion Romanovitch. Se la debo -dijo sonriendo y dandole una palmada en la rodilla.</p><p>Su semblante cobro de pronto una expresion seria y preocupada. Incluso paso por el una sombra de tristeza, para gran asombro de Raskolnikof, que jamas habia visto en el nada semejante ni le creia capaz de tales sentimientos.</p><p>-Hubo una escena extrana entre nosotros, Rodion Romanovitch, la ultima vez que nos vimos. Pero entonces... En fin, he aqui el asunto que me trae. He cometido errores con usted, bien lo se. Ya recordara usted como nos separamos. Verdad es que los dos somos bastante nerviosos; pero no procedimos como personas bien educadas, aunque nuestros Buenos modales son evidentes y me atreveria a decir que estan por encima de todo. Estas cosas no se deben olvidar. ?Recuerda usted hasta que extremo llegamos? Rebasamos todos los limites.</p><p>&quot;?Adonde querra ir a parar?&quot;, se preguntaba Raskolnikof, asombrado y devorando a Porfirio con los ojos.</p><p>-Yo creo que lo mejor que podemos hacer es ser francos --continuo Porfirio Petrovitch, volviendo un poco la cabeza y bajando la vista, como si temiera turbar a su antigua victima y quisiera demostrarle su desden por los procedimientos y las celadas que habia utilizado-. Estas sospechas, estas escenas, no deben repetirse. Si no hubiera sido por Mikolka, que llego y puso fin a aquella escena, no se como habrian terminado las cosas. Ese maldito papanatas estaba escondido detras del tabique. Ya lo sabe usted, ?verdad? Me entere de que habia venido a su casa inmediatamente despues de aquella escena. Pero usted se equivoco en sus suposiciones. Yo no mande a buscar a nadie aquel dia y no habia tomado medida alguna. Usted se preguntara por que razon no lo hice. Pues... no se como explicarselo. Me limite a citar a los porteros, a los que usted vio al pasar. Una idea, rapida como un relampago, habia acudido a mi imaginacion. Yo estaba demasiado seguro de mi mismo, Rodion Romanovitch, y me decia que si lograba apresar un hecho, aunque fuera renunciando a todo lo demas, obtendria el resultado que deseaba.</p><p>&quot;Usted tiene un caracter en extremo irascible, Rodion Romanovitch, incluso demasiado. Es un rasgo predominante de su naturaleza, que yo me jacto de conocer, por lo menos en parte. Yo me dije que no es cosa corriente que un hombre nos arroje sin mas ni mas la verdad a la cara. Sin duda, esto puede hacerlo un hombre que este fuera de si, pero este caso es excepcional. Yo me hice este razonamiento: &quot;Si pudiese arrancarle el hecho mas insignificante, la mas minima confesion, con tal que fuera una prueba palpable, algo distinto, en fin, a estos hechos psicologicos...&quot; Pues yo estaba seguro de que si un hombre es culpable, uno acaba siempre por arrancarle una prueba evidente. Di por descontado los resultados mas sorprendentes. Dirigia mis golpes a su caracter, Rodion Romanovitch, a su caracter sobre todo. Le confieso que confiaba demasiado en usted mismo.</p><p>-Pero ?por que me cuenta usted todo esto? -gruno Raskolnikof, sin darse cuenta del alcance de su pregunta.</p><p>&quot;?Me creera acaso inocente?&quot;, se pregunto con el pensamiento.</p><p>-?Que por que le cuento todo esto? Yo he venido a darle una explicacion. Considero que esto es un deber sagrado para mi. Quiero exponerle con todo detalle el proceso de mi aberracion. Le someti a usted a una verdadera tortura, Rodion Romanovitch, pero no soy un monstruo. Pues me hago cargo de lo que debe experimentar una persona desgraciada, orgullosa, altiva y poco paciente, sobre todo poco paciente, al verse sometida a una prueba semejante. Le aseguro que le considero como un hombre de noble corazon y, hasta cierto punto, como un hombre magnanimo, aunque no me sea posible compartir todas sus opiniones. Juzgo como un deber hacerle cierta declaracion en el acto, pues no quiero que usted forme un juicio falso.</p><p>&quot;Cuando empece a conocerle, se desperto en mi una verdadera simpatia hacia usted. Esta confesion le hara tal vez reir. Pues bien, riase: tiene usted perfecto derecho. Se que usted, en cambio, sintio desde el primer momento una viva antipatia hacia mi. Bien es verdad que yo no tengo nada que pueda hacerme simpatico; pero, cualquiera que sea su opinion sobre mi, puedo asegurarle que deseo con todas mis fuerzas borrar la mala impresion que le produje, reparar mis errores y demostrarle que soy un hombre de buen corazon. Le estoy hablando sinceramente, creame.</p><p>Pronunciadas estas palabras, Porfirio Petrovitch se detuvo con un gesto lleno de dignidad, y Raskolnikof se sintio dominado por un nuevo terror. La idea de que el juez de instruccion le creia inocente le sobrecogia.</p><p>-No es necesario remontarse al origen de los acontecimientos -continuo Porfirio Petrovitch-. Creo que seria una rebusca inutil e imposible. Al principio circularon rumores sobre cuyo origen y naturaleza creo superfluo extenderme. Inutil tambien explicarle como se encontro su nombre enzarzado en todo esto. Lo que a mi me dio la senal de alarma fue un hecho completamente fortuito, del que tampoco le hablare. El conjunto de rumores y circunstancias accidentales me llevaron a concebir ciertas ideas. Le confieso con toda franqueza (pues si uno quiere ser sincero debe serlo hasta el fin) que fui yo el primero que le mezcle a usted en este asunto. Las anotaciones de la vieja en los envoltorios de los objetos y otros mil detalles de la misma indole no significan nada independientemente; pero se podian contar hasta un centenar de hechos importantes. Tuve tambien ocasion de conocer hasta en sus mas minimos detalles el incidente de la comisaria. Me entere de ello por un simple azar. Me lo refirio con gran lujo de pormenores la persona que habia desempenado en la escena el papel principal, con gran propiedad por cierto, aunque sin darse cuenta.</p><p>&quot;Todos estos hechos se acumulan, mi querido Rodion Romanovitch. En estas condiciones, ?como no adoptar una posicion determinada? &quot;Asi como cien conejos no hacen un caballo, cien presunciones no constituyen una prueba&quot;, dice el proverbio ingles. Pero en este caso habla la razon, y las pasiones son algo muy distinto. Pruebe usted a luchar contra las pasiones. Al fin y al cabo, un juez de instruccion es un hombre y, por lo tanto, accesible a las pasiones.</p><p>&quot;Ademas, pense en el articulo que usted publico en cierta revista, ?recuerda usted? Hablamos de el en nuestra primera conversacion. Entonces me mofe de el, pero lo hice con la intencion de hacerle hablar. Porque, se lo repito, usted es un hombre poco paciente, Rodion Romanovitch, y tiene los nervios echados a perder. En cuanto a su osadia, su orgullo, la seriedad de su caracter y sus sufrimientos, hacia ya tiempo que los habia advertido. Conocia todos estos sentimientos y considere que su articulo exponia ideas que no eran un secreto para nadie. Estaba escrito con mano febril y corazon palpitante en una noche de insomnio y era el producto de un alma rebosante de pasion reprimida. Pues bien, esta pasion y este entusiasmo contenidos de la juventud son peligrosos. Entonces me burle de usted, pero ahora quiero decirle que, mirando las cosas como simple lector, me deleito el juvenil ardor de su pluma. Esto no es mas que humo, niebla, una cuerda que vibra entre brumas. Su articulo es absurdo y fantastico, pero ?respira tanta sinceridad! Rezuma un insobornable y juvenil orgullo, y tambien osadia y desesperacion. Es un articulo pesimista, pero este pesimismo le va bien. Entonces lo lei, despues puse en orden sus ideas, y, al ordenarlas, me dije: &quot;No creo que este hombre se limite a esto.&quot; Y ahora digame: teniendo estos antecedentes, ?como no habia de dejarme influir por lo que sucedio despues? Pero entonces no dije nada y ahora no me arriesgare a hacer la menor afirmacion. Entonces me limite a observar y ahora mi pensamiento es este: &quot;Tal vez toda esta historia es pura imaginacion, un simple producto de mi fantasia. Un juez de instruccion no debe apasionarse de este modo. A mi solo debe interesarme una cosa, y es que tengo a Mikolka.&quot; Usted podria decir que los hechos son los hechos y que empleo con usted mi psicologia personal. Pero es preciso que lo mire todo en este caso, pues es una cuestion de vida o muerte.</p><p>&quot;Usted se preguntara por que le cuento todo esto. Pues se lo cuento para que pueda usted juzgar con conocimiento de causa y no considere un crimen mi conducta del otro dia, tan cruel en apariencia. No, no fui cruel.</p><p>&quot;Usted se estara preguntando tambien por que no he venido a registrar su casa. Pues sepa usted que vine. ?Je, je, je! Usted estaba enfermo, acostado en su divan. No vine como magistrado, es decir, oficialmente, pero vine. Esta habitacion fue registrada a fondo cuanto tuve la primera sospecha. Me dije: &quot;Ahora este hombre vendra a verme, vendra a mi casa, y no tardara mucho. Si es culpable, vendra. Otro no lo haria, pero el si.&quot; ?Se acuerda usted de la palabreria de Rasumikhine? La provocamos nosotros para asustarle a usted: le pusimos al corriente de nuestras conjeturas, seguros de que vendria a contarselo a usted, pues Rasumikhine no es hombre que pueda disimular su indignacion.</p><p>&quot;El senor Zamiotof quedo impresionado ante su colera y su osadia. ?Decir a gritos en un establecimiento publico: &quot;?Yo he matado...!&quot; Esto es verdaderamente audaz y arriesgado. Yo me dije: &quot;Si este hombre es culpable, es un luchador enconado.&quot; Esto es lo que pensaba. Y me dedique a esperar..., le esperaba ansiosamente. A Zamiotof le aplasto usted, sencillamente. Y es que esta maldita psicologia es un arma de dos filos:.. Bueno, pues cuando le estaba esperando, he aqui que Dios le envia. ?Como se desboco mi corazon cuando te vi aparecer! ?Que necesidad tenia usted de venir entonces? ?Y aquella risa! No se si se acordara, pero entro usted riendose a carcajadas, y yo, a traves de su risa, vi lo que ocurria en su interior, tan claramente como se ve a traves de un cristal. Sin embargo, yo no habria prestado a esa risa la menor atencion si no hubiese estado prevenido. Y entonces Rasumikhine... Y la piedra, aquella piedra, ya recordara usted, bajo la cual estaban ocultos los objetos... Porque hablo usted de un huerto a Zamiotof, ?verdad? Despues, cuando empezamos a hablar de su articulo, creimos percibir un segundo sentido en cada una de sus palabras.</p><p>&quot;He aqui, Rodion Romanovitch, como se fue formando mi conviccion poco a poco. Pero cuando ya me sentia seguro, volvi en mi y me pregunte que me habia ocurrido. Pues todo aquello podia explicarse de un modo diferente e incluso mas natural... Un verdadero suplicio. ?Cuanto mejor habria sido la prueba mas insignificante! Cuando supe lo del cordon de la campanilla, me estremeci de pies a cabeza. &quot;Ya tengo la prueba&quot;, me dije. Y ya no quise pensar en nada. En aquel momento habria dado mil rublos por verle con mis propios ojos dar cien pasos al lado de un hombre que le habia llamado asesino y al que no se atrevio a responder una sola palabra. &quot;Y aquellos estremecimientos que le acometian... Y aquel cordon de una campanilla de que usted hablaba en su delirio... Despues de esto, Rodion Romanovitch, ?como puede usted extranarse de que procediera con usted como lo hice? ?Por que vino usted a mi casa en aquel preciso momento? Era como si el demonio le hubiera impulsado. En verdad, si Mikolka no se hubiese interpuesto entre nosotros en aquel momento... ?Se acuerda usted de la llegada de Mikolka? Fue como una chispa electrica. Pero ?como lo recibi? No di la menor importancia a esta descarga, es decir, que no crei ni una sola de sus palabras. Es mas, despues de marcharse usted y de oir las razonables respuestas de Mikolka (pues sepa usted que me respondio de modo tan inteligente sobre ciertos puntos, que quede asombrado), despues de esto, yo permaneci tan firme en mis convicciones como una roca. &quot;Este no dice una palabra de verdad&quot;, pense... Me refiero a Mikolka.</p><p>-Rasumikhine acaba de decirme que esta usted seguro de su culpabilidad, que usted le ha asegurado...</p><p>No pudo terminar: le faltaba el aliento. Escuchaba con una turbacion indescriptible a aquel hombre que habia cambiado tan radicalmente de juicio. No podia dar credito a sus oidos y buscaba avidamente el sentido exacto de sus ambiguas palabras.</p><p>-?Rasumikhine? -exclamo Porfirio Petrovitch, que parecia muy satisfecho de haber oido, al fin, decir algo a Raskolnikof-. ?Je, je, je! De algun modo tenia que deshacerme de el, que es completamente ajeno a este asunto. Se presento en mi casa descompuesto... En fin, dejemoslo aparte. Respecto a Mikolka, ?quiere usted saber como es, o, por lo menos, la idea que yo me he forjado de el? Ante todo, es como un nino. No ha llegado aun a la mayoria de edad. Y no dire que sea un cobarde, pero si que es impresionable como un artista. No, no se ria de mi descripcion. Es ingenuo y en extremo sensible. Tiene un gran corazon y un caracter singular. Canta, baila y narra con tanto arte, que vienen a verle y oirle de las aldeas vecinas. Es un enamorado del estudio, aunque se rie como un loco por cualquier cosa. Puede beber hasta perder el conocimiento, pero no porque sea un borracho, sino porque se deja llevar como un nino. No cree que cometiera un robo apropiandose el estuche que se encontro. &quot; Lo cogi del suelo -dijo- Por lo tanto, puedo quedarme con el.&quot; Pertenece a una secta cismatica..., bueno, no tanto como cismatica, y era un fanatico. Paso dos anos con un ermitano. Segun cuentan sus camaradas de Zaraisk, era un devoto exaltado y queria retirarse tambien a una ermita. Pasaba noches enteras rezando y leyendo los libros santos antiguos. Petersburgo ha ejercido una gran influencia en el. Las mujeres, el vino..., ?comprende? Es muy impresionable, y esto le ha hecho olvidar la religion. Me he enterado de que un artista se intereso por el y le daba lecciones. Asi las cosas, llego el desdichado asunto. El pobre chico perdio la cabeza y se puso una cuerda en el cuello. Un intento de evasion muy natural en un pueblo que tiene una idea tan lamentable de la justicia. Hay personas a las que la simple palabra &quot; juicio&quot; produce verdadero terror. ?De quien es la culpa? Ya veremos lo que hacen los nuevos tribunales. Quiera Dios que todo vaya bien...</p><p>&quot;Una vez en la carcel, Mikolka ha vuelto a su anterior misticismo. Se ha acordado del ermitano y ha abierto de nuevo la Biblia. ?Sabe usted, Rodion Romanovitch, lo que es la expiacion para ciertas personas? Es una simple sed de sufrimiento, y si este sufrimiento lo imponen las autoridades, mejor que mejor. Conoci a un preso que era un ejemplo de mansedumbre. Estuvo un ano en la carcel y todas las noches leia la Biblia. Y un dia, sin motivo alguno, arranco un trozo de hierro de la estufa y lo arrojo sobre un guardian, aunque tomando precauciones para no hacerle ningun dano. ?Sabe usted la suerte que se reserva a un preso que ataca con un arma cualquiera a un guardian de la carcel? Aquel hombre obro tan solo llevado de su sed de expiacion.</p>]]></content>
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				<name><![CDATA[Giperion]]></name>
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			<updated>2016-08-02T10:16:29Z</updated>
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			<title type="html"><![CDATA[Re: Достоевский Ф. М. - Преступление и наказание на испанском языке]]></title>
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			<content type="html"><![CDATA[<p>Lebeziatnikof debia de haberse equivocado en lo referente a la sarten. Por lo menos, Raskolnikof no vio ninguna. Catalina Ivanovna se limitaba a llevar el compas batiendo palmas con sus descarnadas manos cuando obligaba a Poletchka a cantar y a Lena y Kolia a bailar. A veces se ponia a cantar ella misma; pero pronto le cortaba el canto una tos violenta que la desesperaba. Entonces empezaba a maldecir de su enfermedad y a llorar. Pero lo que mas la enfurecia eran las lagrimas y el terror de Lena y de Kolia.</p><p>Habia intentado vestir a sus hijos como cantantes callejeros. Le habia puesto al nino una especie de turbante rojo y blanco, con lo que parecia un turco. Como no tenia tela para hacer a Lena un vestido, se habia limitado a ponerle en la cabeza el gorro de lana, en forma de casco, del difunto Simon Zaharevitch, al que anadio como adorno una pluma de avestruz blanca que habia pertenecido a su abuela y que hasta entonces habia tenido guardada en su baul como una reliquia de familia. Poletchka llevaba su vestido de siempre. Miraba a su madre con una expresion de inquietud y timidez y no se apartaba de ella. Procuraba ocultarle sus lagrimas; sospechaba que su madre no estaba en su juicio, y se sentia aterrada al verse en la calle, en medio de aquella multitud. En cuanto a Sonia, se habia acercado a su madrastra y le suplicaba llorando que volviera a casa. Pero Catalina Ivanovna se mostraba inflexible.</p><p>-?Basta, Sonia! -exclamo, jadeando y sin poder continuar a causa de la tos- No sabes lo que me pides. Pareces una nina. Ya lo he dicho que no volvere a casa de esa alemana borracha. Que todo el mundo, que todo Petersburgo vea mendigar a los hijos de un padre noble que ha servido leal y fielmente toda su vida y que ha muerto, por decirlo asi, en su puesto de trabajo.</p><p>Aquel trastornado cerebro habia urdido esta fantasia, y Catalina Ivanovna creia en ella ciegamente.</p><p>-Que ese bribon de general vea esto. Ademas, tu no te das cuenta de una cosa, Sonia. ?De donde vamos a sacar ahora la comida? Ya te hemos explotado bastante y no quiero que esto continue...</p><p>En esto vio a Raskolnikof y corrio hacia el.</p> <br /><br /><p>-?Es usted, Rodion Romanovitch? Haga el favor de explicarle a esta tonta que la resolucion que he tomado es la mas conveniente. Bien se da limosna a los musicos ambulantes. A nosotros nos reconoceran en seguida: veran que somos una familia noble caida en la miseria, y ese detestable general sera expulsado del ejercito: ya lo vera usted. Iremos todos los dias a pedir bajo sus ventanas. Y cuando pase el emperador, me arrojare a sus pies y le mostrare a mis hijos. &quot;Protejame, senor&quot;, le dire. Es un hombre misericordioso, un padre para los huerfanos, y nos protegera, ya lo vera usted. Y ese detestable general... Lena, tenez-vous droite . Tu, Kolia, vas a volver a bailar en seguida. Pero ?por que lloras? ?De que tienes miedo, so tonto? Senor, ?que puedo hacer con ellos? Le hacen perder a una la paciencia, Rodion Romanovitch.</p><p>Y entre lagrimas (lo que no le impedia hablar sin descanso) mostraba a Raskolnikof sus desconsolados hijos.</p><p>El joven intento convencerla de que volviera a su habitacion, diciendole (creia que levantaria su amor propio) que no debia ir por las calles como los organilleros, cuando estaba en visperas de ser directora de un pensionado para muchachas nobles.</p><p>-?Un pensionado? ?Ja, ja, ja! ?Esa es buena! -exclamo Catalina Ivanovna, a la que acometio un acceso de tos en medio de su risa-. No, Rodion Romanovitch: ese sueno se ha desvanecido. Todo el mundo nos ha abandonado. Y ese general... Sepa usted, Rodion Romanovitch, que le arroje a la cabeza un tintero que habia en una mesa de la antecamara, al lado de la hoja donde han de poner su nombre los visitantes. No escribi el mio, le arroje el tintero a la cabeza y me marche. ?Cobardes! ?Miserables...! Pero ahora me rio de ellos. Me encargare yo misma de la alimentacion de mis hijos y no me humillare ante nadie. Ya la hemos explotado bastante -senalaba a Sonia-. Poletchka, ?cuanto dinero hemos recogido? A ver. ?Como? ?Dos kopeks nada mas? ?Que gente tan miserable! No dan nada. Lo unico que hacen es venir detras de nosotros como idiotas. ?De que se reira ese cretino? -senalaba a uno del grupo de curiosos-. De todo esto tiene la culpa Kolia, que no entiende nada. La saca a una de quicio... ?Que quieres, Poletchka? Hablame en frances, parle-moi francais. Te he dado lecciones; sabes muchas frases. Si no hablas en frances, ?como sabra la gente que perteneces a una familia noble y que sois ninos bien educados y no musicos ambulantes? Nosotros no cantaremos cancioncillas ligeras, sino hermosas romanzas. Bueno, vamos a ver que cantamos ahora. Haced el favor de no interrumpirme... Oiga, Rodion Romanovitch nos hemos detenido aqui para escoger nuestro repertorio... Necesitamos un aire que pueda bailar Kolia... Ya comprendera usted que no tenemos nada preparado. Primero hay que ensayar, y cuando ya podamos presentar un trabajo de conjunto, nos iremos a la avenida Nevsky, por donde pasa mucha gente distinguida, que se fijara en nosotros inmediatamente. Lena sabe esa cancion que se llama La casita de campo, pero ya la conoce todo el mundo y resulta una lata. Necesitamos un repertorio de mas calidad. Vamos, Polia, dame alguna idea; ayuda a tu madre... ?Ah, esta memoria mia! ?Como me falla! Si no me fallase, ya sabria yo lo que tenemos que cantar. Pues no es cosa de que cantemos El husar apoyado en su sable... ?Ah, ya se! Cantaremos en frances Cinq sous. Vosotros sabeis esta cancion porque os la he ensenado, y como es una cancion francesa, la gente vera en seguida que perteneceis a una familia noble y se conmovera Tambien podriamos cantar Marlborough s&#039;en va-t-en guerre, que es una cancion infantil que se canta en todas las casas aristocraticas para dormir a los ninos.</p> <br /><br /><p>&quot;Marlborough s&#039;en va-t-en guerre,</p><p>ne sait quand reviendra.</p> <br /><br /><p>Habia empezado a cantar, pero en seguida se interrumpio. -No, es mejor que cantemos Cinq sous... Anda, Kolia: las manos en las caderas, y a moverse vivamente. Y tu, Lena, da vueltas tambien, pero en sentido contrario. Poletchka y yo cantaremos y batiremos palmas.</p> <br /><br /><p>&quot;Cinq sous, cinq sous</p><p>Pour monter notre menage.</p> <br /><br /><p>La acometio un acceso de dos.</p><p>-Poletchka -dijo sin cesar de toser-, arreglate el vestido. Las hombreras te cuelgan. Ahora vuestro porte debe ser especialmente digno y distinguido, a fin de que todo el mundo pueda ver que perteneceis a la nobleza. Ya decia yo que tu corpino debia ser mas largo. Mira el resultado: esta nina es una caricatura... ?Otra vez llorando? Pero ?que os pasa, estupidos? Vamos, Kolia, empieza ya. ?Anda! Animo. ?Oh, que criatura tan insoportable!</p> <br /><br /><p>&quot;Cinq sous, cinq sous.</p> <br /><br /><p>&quot;?Ahora un soldado? ?A que vienes?</p><p>Era un gendarme, que se habia abierto paso entre la muchedumbre. Pero, al mismo tiempo, se habia acercado un senor de unos cincuenta anos y aspecto imponente, que llevaba uniforme de funcionario y una condecoracion pendiente de una cinta que rodeaba su cuello (lo cual produjo gran satisfaccion a Catalina Ivanovna y causo cierta impresion al gendarme). El caballero, sin desplegar los labios, entrego a la viuda un billete de tres rublos, mientras su semblante reflejaba una compasion sincera. Catalina Ivanovna acepto el obsequio y se inclino ceremoniosamente.</p><p>-Muchas gracias, senor -dijo en un tono lleno de dignidad-. Las razones que nos han impulsado a... Toma el dinero, Poletchka. Ya ves que todavia hay en el mundo hombres generosos y magnanimos prestos a socorrer a una dama de la nobleza caida en el infortunio. Los huerfanos que ve ante usted, senor, son de origen noble, e incluso puede decirse que estan emparentados con la mas alta aristocracia... Ese miserable general estaba comiendo perdices... Empezo a golpear el suelo con el pie, contrariado por mi presencia, y yo le dije: &quot;Excelencia, usted conocia a Simon Zaharevitch. Proteja a sus huerfanos. El mismo dia de su entierro, su hija ha tenido que soportar las calumnias del mas miserable de los hombres...&quot; ?Todavia esta aqui este soldado?</p><p>Y grito, dirigiendose al funcionario:</p><p>-Protejame, senor. ?Por que me acosa este soldado? Ya hemos tenido que librarnos de uno en la calle de los Burgueses... ?Que quieres de ml, imbecil?</p><p>-Esta prohibido armar escandalo en la calle. Haga el favor de comportarse con mas correccion.</p><p>-?Tu si que eres incorrecto! Yo no hago sino lo que hacen los musicos ambulantes. ?Por que te has de ensanar conmigo?</p><p>-Los musicos ambulantes necesitan un permiso. Usted no lo tiene y provoca escandalos en la via publica. ?Donde vive usted?</p><p>-?Un permiso? -exclamo Catalina Ivanovna-. ?He enterrado hoy a mi marido! ?Que permiso puedo tener?</p><p>-Calmese, senora -dijo el funcionario-. Venga, la acompanare a su casa. Usted no es persona para estar entre esta gente. Esta usted enferma...</p><p>-?Senor, usted no conoce nuestra situacion! -dijo Catalina Ivanovna-. Tenemos que ir a la avenida Nevsky... ?Sonia, Sonia...! ?Donde estas? ?Tambien tu lloras? Pero ?que os pasa a todos...? Kolia Lena, ?adonde vais? -exclamo, subitamente aterrada-. ?Que ninos tan estupidos! ?Kolia, Lena! ?Adonde vais?</p><p>Lo ocurrido era que los ninos, ya asustados por la multitud que los rodeaba y por las extravagancias de su madre, habian sentido verdadero terror al ver acercarse al gendarme dispuesto a detenerlos y habian huido a todo correr.</p><p>La infortunada Catalina Ivanovna se habia lanzado en pos de ellos, gimiendo y sollozando. Era desgarrador verla correr jadeando y entre sollozos. Sonia y Poletchka salieron en su persecucion.</p><p>-?Cogelos, Sonia! ?Que ninos tan estupidos e ingratos! ?Detenlos, Polia! Todo lo he hecho por vosotros.</p><p>En su carrera tropezo con un obstaculo y cayo.</p><p>-?Se ha herido! ?Esta cubierta de sangre! ?Dios mio!</p><p>Y mientras decia esto, Sonia se habia inclinado sobre ella.</p><p>La gente se apino en torno de las dos mujeres. Raskolnikof y Lebeziatnikof habian sido de los primeros en llegar, asi como el funcionario y el gendarme.</p><p>-?Que desgracia! -gruno este ultimo, presintiendo que se hallaba ante un asunto enojoso.</p><p>Luego trato de dispersar a la multitud que se hacinaba en torno de el.</p><p>-?Circulen, circulen!</p><p>-Se muere -dijo uno.</p><p>-Se ha vuelto loca -afirmo otro.</p><p>-?Piedad para ella, Senor! -dijo una mujer santiguandose-. ?Se ha encontrado a los ninos? Si, ahi vienen; los trae la nina mayor. ?Que desgracia, Dios mio!</p><p>Al examinar atentamente a Catalina Ivanovna se pudo ver que no se habia herido, como creyera Sonia, sino que la sangre que tenia el pavimento salia de su boca.</p><p>-Yo se lo que es eso -dijo el funcionario en voz baja a Raskolnikof y Lebeziatnikof-. Esta tisica. La sangre empieza a salir y ahoga al enfermo. Yo he presenciado un caso igual en una parienta mia. De pronto echo vaso y medio de sangre. ?Que podemos hacer? Se va a morir.</p><p>-?Llevenla a mi casa! -suplico Sonia-. Vivo aqui mismo... Aquella casa, la segunda... ?A mi casa, pronto...! Busquen un medico... ?Senor!</p><p>Todo se arreglo gracias a la intervencion del funcionario. El gendarme incluso ayudo a transportar a Catalina Ivanovna. La depositaron medio muerta en la cama de Sonia. La hemorragia continuaba, pero la enferma se iba recobrando poco a poco.</p><p>En la habitacion, ademas de Sonia, habian entrado Raskolnikof, Lebeziatnikof, el funcionario y el gendarme, que obligo a retirarse a algunos curiosos que habian llegado hasta la puerta. Aparecio Poletchka con los fugitivos, que temblaban y lloraban. De casa de Kapernaumof llegaron tambien, primero el mismo sastre, con su cojera y su unico ojo sano, y que tenia un aspecto extrano con sus patillas y cabellos tiesos; despues su mujer, cuyo semblante tenia una expresion de espanto, y en pos de ellos algunos de sus ninos, cuyas caras reflejaban un estupido estupor. Entre toda esta multitud aparecio de pronto el senor Svidrigailof. Raskolnikof le contemplo con un gesto de asombro. No comprendia de donde habia salido: no recordaba haberlo visto entre la multitud.</p><p>Se hablo de llamar a un medico y a un sacerdote. El funcionario murmuro al oido de Raskolnikof que la medicina no podia hacer nada en este caso, pero no por eso dejo de aprobar la idea de que se fuera a buscar un doctor. Kapernaumof se encargo de ello.</p><p>Entre tanto, Catalina Ivanovna se habia reanimado un poco. La hemorragia habia cesado. La enferma dirigio una mirada llena de dolor, pero penetrante, a la pobre Sonia, que, palida y temblorosa, le limpiaba la frente con un panuelo. Despues pidio que la levantaran. La sentaron en la cama y le pusieron almohadas a ambos lados para que pudiera sostenerse.</p><p>-?Donde estan los ninos? -pregunto con voz tremula-. ?Los has traido, Polia? ?Los muy tontos! ?Por que habeis huido? ?Por que?</p><p>La sangre cubria aun sus delgados labios. La enferma paseo la mirada por la habitacion.</p><p>-Aqui vives, ?verdad, Sonia? No habia venido nunca a tu casa, y al fin he tenido ocasion de verla.</p><p>Se quedo mirando a Sonia con una expresion llena de amargura.</p><p>-Hemos destrozado tu vida por completo... Polia, Lena, Kolia, venid... Aqui estan, Sonia... Tomalos... Los pongo en tus manos... Yo he terminado ya... Se acabo la fiesta... Acostadme... Dejadme morir tranquila.</p><p>La tendieron en la cama.</p><p>-?Como? ?Un sacerdote? ?Para que? ?Es que a alguno de ustedes les sobra un rublo...? Yo no tengo pecados... Dios me perdonara... Sabe lo mucho que he sufrido en la vida... Y si no me perdona, ?que le vamos a hacer?</p><p>El delirio de la fiebre se iba apoderando de ella. Sus ideas eran cada vez mas confusas. A cada momento se estremecia, miraba al circulo formado en torno del lecho, los reconocia a todos. Despues volvia a hundirse en el delirio. Su respiracion era silbante y penosa. Se oia en su garganta una especie de hervor.</p><p>-Yo le dije: &quot;?Excelencia...!&quot; -exclamo, deteniendose despues de cada palabra para tomar aliento-. ?Esa Amalia Ludwigovna...! ?Lena, Kolia, las manos en las caderas...! Vivacidad, mucha vivacidad... Ligereza y elegancia... Un poco de taconeo... ?A ver si lo haceis con gracia...!</p> <br /><br /><p>&quot;Du hast Diamanten and Perlen.</p> <br /><br /><p>&quot;?Que viene despues...? ?Ah, si!</p> <br /><br /><p>&quot;Du hast die schonsten Augen...</p><p>Madchen, was willst du meher?</p> <br /><br /><p>&quot;?Que falso es esto! Was willst du meher...? Bueno, ?que mas dijo el muy imbecil...? Ya, ya recuerdo lo que sigue...</p> <br /><br /><p>&quot;En los mediodias ardientes</p><p>de los llanos del Daghestan...</p> <br /><br /><p>&quot;?Ah, como me gustaba, como me encantaba esta romanza, Poletchka! Me la cantaba tu padre antes de casarnos... ?Que tiempos aquellos...! Esto es lo que debemos cantar... Pero ?que viene despues...? Lo he olvidado... Ayudame a recordar...</p><p>La dominaba una profunda agitacion. Intentaba incorporarse... De pronto, con voz ronca, entrecortada, siniestra, deteniendose para respirar despues de cada palabra, con una creciente expresion de inquietud en el rostro, volvio a cantar:</p> <br /><br /><p>En los mediodias ardientes</p><p>de los llanos del Daghestan...,</p><p>con una bala en el pecho...</p> <br /><br /><p>De pronto rompio a llorar y exclamo con una especie de ronquido:</p><p>-?Excelencia, proteja a los huerfanos en memoria del difunto Simon Zaharevitch, del que incluso puede decirse que era un aristocrata!</p><p>Tras un estremecimiento, volvio a su juicio, miro con un gesto de espanto a cuantos la rodeaban y se vio que hacia esfuerzos por recordar donde estaba. En seguida reconocio a Sonia, pero se mostro sorprendida de verla a su lado.</p><p>-Sonia..., Sonia...-dijo dulcemente-, ?tambien estas tu aqui?</p><p>La levantaron de nuevo.</p><p>-?Ha llegado la hora...! ?Esto se acabo, desgraciada...! La bestia esta rendida..., ?muerta! -grito con amarga desesperacion, y cayo sobre la almohada.</p><p>Quedo adormecida, pero este sopor duro poco. Echo hacia atras el amarillento y enjuto rostro, su boca se abrio, sus piernas se extendieron convulsivamente, lanzo un profundo suspiro y murio.</p><p>Sonia se arrojo sobre el cadaver, se abrazo a el, dejo caer su cabeza sobre el descarnado pecho de la difunta y quedo inmovil, petrificada. Poletchka se echo sobre los pies de su madre y empezo a besarlos sollozando.</p><p>Kolia y Lena, aunque no comprendian lo que habia sucedido, adivinaban que el acontecimiento era catastrofico. Se habian cogido de los hombros y se miraban en silencio. De pronto, los dos abrieron la boca y empezaron a llorar y a gritar.</p><p>Los dos llevaban aun sus vestidos de saltimbanqui: uno su turbante, el otro su gorro adornado con una pluma de avestruz.</p><p>No se sabe como, el diploma obtenido por Catalina Ivanovna en el internado aparecio de pronto en el lecho, al lado del cadaver. Raskolnikof lo vio. Estaba junto a la almohada.</p><p>Rodia se dirigio a la ventana. Lebeziatnikof corrio a reunirse con el.</p><p>Se ha muerto -murmuro.</p><p>-Rodion Romanovitch -dijo Svidrigailof acercandose a ellos-, tengo que decirle algo importante.</p><p>Lebeziatnikof se retiro en el acto discretamente. No obstante, Svidrigailof se llevo a Raskolnikof a un rincon mas apartado. Rodia no podia ocultar su curiosidad.</p><p>-De todo esto, del entierro y de lo demas, me encargo yo. Ya sabe usted que tengo mas dinero del que necesito. Llevare a Poletchka y sus hermanitos a un buen orfelinato y depositare mil quinientos rublos para cada uno. Asi podran llegar a la mayoria de edad sin que Sonia Simonovna tenga que preocuparse por su sostenimiento. En cuanto a ella, la retirare de la prostitucion, pues es una buena chica, ?no le parece? Ya puede usted explicar a Avdotia Romanovna en que gasto yo el dinero.</p><p>-?Que persigue usted con su generosidad? -pregunto Raskolnikof.</p><p>-?Que esceptico es usted! -exclamo Svidrigailof, echandose a reir-. Ya le he dicho que no necesito el dinero que en esto voy a gastar. Usted no admite que yo pueda proceder por un simple impulso de humanidad. Al fin y al cabo, esa mujer no era un gusano -senalaba con el dedo el rincon donde reposaba la difunta- como cierta vieja usurera. ?No seria preferible que, en vez de ella, hubiera muerto Lujine, ya que asi no podria cometer mas infamias? Sin mi ayuda, Poletchka seguiria el camino de su hermana...</p><p>Su tono malicioso parecia lleno de reticencia, y mientras hablaba no apartaba la vista de Raskolnikof, el cual se estremecio y se puso palido al oir repetir los razonamientos que habia hecho a Sonia. Retrocedio vivamente y fijo en Svidrigailof una mirada extrana.</p><p>-?Como sabe usted que yo he dicho eso?-balbuceo.</p><p>-Vivo al otro lado de ese tabique, en casa de la senora Resslich. Este departamento pertenece a Kapernaumof, y aquel, a la senora Resslich, mi antigua y excelente amiga. Soy vecino de Sonia Simonovna.</p><p>-?Usted?</p><p>-Si, yo -dijo Svidrigailof entre grandes carcajadas-. Le doy mi palabra de honor, querido Rodion Romanovitch, de que me ha interesado usted extraordinariamente. Le dije que seriamos buenos amigos. Pues bien, ya lo somos. Ya vera como soy un hombre comprensivo y tratable con el que se puede alternar perfectamente.</p> <br /><br /><p>SEXTA PARTE</p><p>I</p><p>Empezo para Raskolnikof una vida extrana. Era como si una especie de neblina le hubiera envuelto y hundido en un fatidico y doloroso aislamiento. Cuando mas adelante recordaba este periodo de su vida, comprendia que entonces su razon vacilaba a cada momento y que este estado, interrumpido por algunos intervalos de lucidez, se habia prolongado hasta la catastrofe definitiva. Tenia el convencimiento de que habia cometido muchos errores, sobre todo en las fechas y sucesion de los hechos. Por lo menos, cuando, andando el tiempo, recordo, y trato de poner en orden estos recursos, y despues de explicarse lo sucedido, solo gracias al testimonio de otras personas pudo conocer muchas de las cosas que pertenecian a aquel periodo de su propia vida. Confundia los hechos y consideraba algunos como consecuencia de otros que solo existian en su imaginacion. A veces le dominaba una angustia enfermiza y un profundo terror. Y tambien se acordaba de haber pasado minutos, horas y acaso dias sumido en una apatia que solo podia compararse con el estado de indiferencia de ciertos moribundos. En general, ultimamente parecia preferir cerrar los ojos a su situacion que darse cuenta exacta de ella. Asi, ciertos hechos esenciales que se veia obligado a dilucidar le mortificaban, y, en compensacion, descuidaba alegremente otras cuestiones cuyo olvido podia serle fatal, teniendo en cuenta su situacion.</p><p>Svidrigailof le inquietaba de un modo especial. Incluso podia decirse que su pensamiento se habia fijado e inmovilizado en el. Desde que habia oido las palabras, claras y amenazadoras, que este hombre habia pronunciado en la habitacion de Sonia el dia de la muerte de Catalina Ivanovna, las ideas de Raskolnikof habian tomado una direccion completamente nueva. Pero, a pesar de que este hecho imprevisto le inquietaba profundamente, no se apresuraba a poner las cosas en claro. A veces, cuando se encontraba en algun barrio solitario y apartado, solo ante una mesa de alguna taberna miserable, sin que pudiera comprender como habia llegado alli, el recuerdo de Svidrigailof le asaltaba de pronto, y se decia, con febril lucidez, que debia tener con el una explicacion cuanto antes. Un dia en que se fue a pasear por las afueras, se imagino que se habia citado con Svidrigailof. Otra vez se desperto al amanecer en un matorral, sin saber por que estaba alli.</p><p>En los dos o tres dias que siguieron a la muerte de Catalina Ivanovna, Raskolnikof se habia encontrado varias veces con Svidrigailof, casi siempre en la habitacion de Sonia, a la que iba a visitar sin objeto alguno y para volverse a marchar en seguida. Se limitaba a cambiar rapidamente algunas palabras triviales, sin abordar el punto principal, como si se hubieran puesto de acuerdo tacitamente en dejar a un lado de momento esta cuestion. El cuerpo de Catalina Ivanovna estaba aun en el aposento. Svidrigailof se encargaba de todo lo relacionado con el entierro y parecia muy atareado. Tambien Sonia estaba muy ocupada.</p><p>La ultima vez que se vieron, Svidrigailof entero a Raskolnikof de que habia arreglado felizmente la situacion de los ninos de la difunta. Gracias a ciertas personalidades que le conocian, habia conseguido que admitieran a los huerfanos en excelentes orfelinatos, donde recibirian un trato especial, ya que habia entregado una buena suma por cada uno de ellos.</p><p>Despues dijo algunas palabras acerca de Sonia, prometio a Raskolnikof pasar pronto por su casa y le recordo que deseaba pedirle consejo sobre ciertos asuntos.</p><p>Esta conversacion tuvo lugar en la entrada de la casa, al pie de la escalera. Svidrigailof miraba fijamente a Raskolnikof. De pronto bajo la voz y le dijo:</p><p>-Pero ?que le pasa a usted, Rodion Romanovitch? Cualquiera diria que no esta usted en su juicio. Usted escucha y mira con la expresion del hombre que no comprende nada. Hay que animarse. Tenemos que hablar, a pesar de que estoy muy ocupado tanto por asuntos propios como por ajenos... Oiga, Rodion Romanovitch -le dijo de pronto-, todos los hombres necesitamos aire, aire libre... Esto es indispensable.</p><p>Se aparto para dejar paso a un sacerdote y a un sacristan que venian a celebrar el oficio de difuntos. Svidrigailof lo habia arreglado todo para que esta ceremonia se repitiese dos veces cada dia a las mismas horas. Se marcho. Raskolnikof estuvo un momento reflexionando. Despues siguio al sacerdote hasta el aposento de Sonia.</p><p>Se detuvo en el umbral. Comenzo el oficio, triste, grave, solemne. Las ceremonias funebres le inspiraban desde la infancia un sentimiento de terror mistico. Hacia mucho tiempo&#039; que no habia asistido a una misa de difuntos. La ceremonia que estaba presenciando era para el especialmente conmovedora e impresionante. Miro a los ninos. Los tres estaban arrodillados junto al ataud. Poletchka lloraba. Tras ella, Sonia rezaba, procurando ocultar sus lagrimas.</p><p>&quot; En todos estos dias -se dijo Raskolnikof- no me ha dirigido ni una palabra ni una mirada.&quot;</p><p>El sol iluminaba la habitacion, y el humo del incienso se elevaba en densas volutas.</p><p>El sacerdote leyo:</p><p>-&quot;Concedele, Senor, el descanso eterno.&quot;</p><p>Raskolnikof permanecio en el aposento hasta el final del oficio. El pope repartio sus bendiciones y salio, dirigiendo a un lado y a otro miradas de extraneza.</p><p>Despues, el joven se acerco a Sonia. Ella se apodero de sus manos y apoyo en su hombro la cabeza. Esta demostracion de amistad produjo a Raskolnikof un profundo asombro. ?De modo que ella no experimentaba la menor repulsion, el menor horror hacia el? La mano de Sonia no temblaba lo mas minimo en la suya. Era el colmo de la abnegacion: esta era, por lo menos, la explicacion que Raskolnikof daba a semejante detalle. Sonia no desplego los labios. Raskolnikof le estrecho la mano y se fue.</p><p>Se habria sentido feliz si hubiera podido retirarse en aquel momento a un lugar verdaderamente solitario, incluso para siempre. Pero, por desgracia para el, en aquellos ultimos dias de su crisis, aunque estaba casi siempre solo, no tenia nunca la sensacion de estarlo completamente.</p><p>A veces salia de la ciudad y se alejaba por la carretera. En una ocasion incluso se habia internado en un bosque. Pero cuanto mas solitario y apartado era el paraje, mas claramente percibia Raskolnikof la presencia de algo semejante a un ser, cuya proximidad le aterraba menos que le abatia.</p><p>Por eso se apresuraba a volver a la ciudad y se mezclaba con la multitud. Entraba en las tabernas, en los figones; se iba a la plaza del Mercado, al mercado de las Pulgas. Asi se sentia mas tranquilo y mas solo.</p><p>Una vez que entro en uno de estos figones, oyo que estaban cantando. Anochecia. Estuvo una hora escuchando, e incluso con gran satisfaccion. Pero al fin una profunda agitacion volvio a apoderarse de el y le asalto una especie de remordimiento.</p><p>&quot;Aqui estoy escuchando canciones -se dijo- Pero ?es esto lo que debo hacer?&quot; Ademas, comprendio que no era este su unico motivo de inquietud. Habia otra cuestion que debia resolverse inmediatamente, pero que no lograba identificar y que ni siquiera podia expresar con palabras. Lo sentia en su interior como una especie de torbellino.</p><p>&quot;Mas vale luchar -se dijo-: encontrarse cara a cara con Porfirio o Svidrigailof... Si, recibir un reto: tener que rechazar un ataque... No cabe duda de que esto es lo mejor.&quot;</p><p>Despues de hacerse estas reflexiones, salio precipitadamente del figon. En esto acudio a su pensamiento el recuerdo de su madre y de su hermana, y se apodero de el un profundo terror. Fue esta la noche en que se desperto al oscurecer en un matorral de la isla Kretovski. Estaba helado y temblaba de fiebre cuando tomo el camino de su alojamiento. Llego ya muy avanzada la manana. Tras varias horas de descanso, le desaparecio la fiebre; pero cuando se levanto eran mas de las dos de la tarde.</p><p>Se acordo de que era el dia de los funerales de Catalina Ivanovna y se alegro de no haber asistido. Nastasia le trajo la comida y el comio y bebio con gran apetito, casi con glotoneria. Tenia la cabeza despejada y gozaba de una calma que no habia experimentado desde hacia tres dias. Incluso se asombro de los terrores que le habian asaltado. La puerta se abrio y entro Rasumikhine.</p><p>-?Ah, estas comiendo! Luego no estas enfermo.</p><p>Cogio una silla y se sento frente a su amigo. Parecia muy agitado y no lo disimulaba. Hablo con una indignacion evidente, pero sin apresurarse ni levantar la voz. Era como si le impulsara una intencion misteriosa.</p><p>-Escucha -dijo en tono resuelto-: el diablo os lleve a todos, y no quiero saber nada de vosotros, pues no entiendo absolutamente nada de vuestra conducta. No creas que he venido a interrogarte, pues no tengo el menor interes en averiguar nada. Si te tirase de la lengua, empezarias, a lo mejor, a contarme todos tus secretos, y yo no querria escucharlos: escupiria y me marcharia. He venido para aclarar, por mi mismo y definitivamente, si en verdad estas loco. Pues has de saber que algunos creen que lo estas. Y te confieso que me siento inclinado a compartir esta opinion, dado tu modo de obrar estupido, bastante villano y perfectamente inexplicable, asi como tu reciente conducta con tu madre y con tu hermana. ?Que hombre lo haria, Tu madre esta muy enferma desde ayer. Queria verte, y aunque e que no sea un monstruo, un canalla o un loco se habria portado con ellas como te has portado tu? En consecuencia, tu estas loco.</p><p>-?Cuando las has visto?</p><p>-Hace un rato. ?Y tu? ?Desde cuando no las has visto? Dime, te lo ruego: ?donde has pasado el dia? He estado tres veces aqui y no he conseguido verte. tu hermana ha hecho todo lo posible por retenerla, ella no ha querido escucharla. Ha dicho que si estabas enfermo, si perdias la razon, solo tu madre podia venir en tu ayuda. Por lo tanto, nos hemos venido hacia aqui los tres, pues, como comprenderas, no podiamos dejarla venir sola, y por el camino no hemos cesado de tratar de calmarla. Cuando hemos llegado aqui, tu no estabas. Mira, aqui se ha sentado, y sentada ha estado diez minutos, mientras nosotros permaneciamos de pie ante ella. Al fin se ha levantado y ha dicho: &quot; Si sale, no puede estar enfermo. La razon es que me ha olvidado. No me parece bien que una madre vaya a buscar a su hijo para mendigar sus caricias.&quot; Cuando ha vuelto a su casa, ha tenido que acostarse. Ahora tiene fiebre. &quot;Para su amiga si que tiene tiempo&quot;, ha dicho. Se referia a Sonia Simonovna, de la que supone que es tu prometida o tu amante. No sabe si es una cosa a otra, y como yo tampoco lo se, amigo mio, y deseaba salir de dudas, he ido en seguida a casa de esa joven... Al entrar, veo un ataud, ninos que lloran y a Sonia Simonovna probandoles vestidos de luto. Tu no estabas alli. Despues de buscarte con los ojos, me he excusado, he salido y he ido a contar a Avdotia Romanovna los resultados de mis pesquisas. O sea que las suposiciones de tu madre han resultado inexactas, y puesto que no se trata de una aventura amorosa, la hipotesis mas plausible es la de la locura. Pero ahora te encuentro comiendo con tanta avidez como si llevaras tres dias en ayunas. Verdad es que los locos tambien comen, y que, ademas, no me has dicho ni una palabra; pero estoy seguro de que no estas loco. Eso es para mi tan indiscutible, que lo juraria a ojos cerrados. Asi, que el diablo se os lleve a todos. Aqui hay un misterio, un secreto, y no estoy dispuesto a romperme la cabeza para resolver este enigma. Solo he venido aqui -termino, levantandose- para decirte lo que te he dicho y descargar mi conciencia. Ahora ya se lo que tengo que hacer.</p><p>-?Que vas a hacer?</p><p>-?A ti que te importa!</p><p>-Vas a beber. Lleva cuidado.</p><p>-?Como lo has adivinado?</p><p>-No es nada dificil.</p><p>Rasumikhine permanecio un momento en silencio.</p><p>-Tu eres muy inteligente y nunca has estado loco -exclamo con vehemencia-. Has dado en el clavo. Me voy a beber. Adios.</p><p>Y dio un paso hacia la puerta.</p><p>-Hable de ti a mi hermana, Rasumikhine. Me parece que fue anteayer.</p><p>Rasumikhine se detuvo.</p><p>-?De mi? ?Donde la viste?</p><p>Habia palidecido ligeramente, y bastaba mirarle para comprender que su corazon habia empezado a latir con violencia.</p><p>-Vino a verme. Se sento ahi y estuvo hablando conmigo.</p><p>-?Ella?</p><p>-Si.</p><p>-Bueno, pero ?que le dijiste de mi?</p><p>-Le dije que eres una excelente persona, un hombre honrado y trabajador. De tu amor no tuve que decirle nada, pues ella bien sabe que tu la quieres.</p>]]></content>
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				<name><![CDATA[Giperion]]></name>
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			<updated>2016-08-02T10:16:08Z</updated>
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			<title type="html"><![CDATA[Re: Достоевский Ф. М. - Преступление и наказание на испанском языке]]></title>
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			<content type="html"><![CDATA[<p>-Pero ?que me pasa? ?Donde estoy? -exclamo profundamente sorprendida y como si le costara gran trabajo volver a la realidad-. Pero ?como es posible que un hombre como usted cometiera...? Ademas, ?por que?</p><p>-Para robar, Sonia -respondio Raskolnikof con cierto malestar.</p><p>Sonia se quedo estupefacta. De pronto, un grito escapo de sus labios.</p><p>-?Estabas hambriento! ?Querias ayudar a tu madre! ?Verdad?</p><p>-No, Sonia, no -balbuceo el joven, bajando y volviendo la cabeza-. No estaba hambriento hasta ese extremo... Ciertamente, queria ayudar a mi madre, pero no fue eso todo... No me atormentes, Sonia.</p><p>Sonia se oprimia una mano con la otra.</p><p>-Pero ?es posible que todo esto sea real? ?Y que realidad, Dios mio! ?Quien podria creerlo? ?Como se explica que usted se quede sin nada por socorrer a otros habiendo matado por robar...?</p><p>De pronto le asalto una duda.</p><p>-?Acaso ese dinero que dio usted a Catalina Ivanovna..., ese dinero, Senor, era...?</p><p>-No, Sonia -le interrumpio Raskolnikof-, ese dinero no procedia de alli. Tranquilizate. Me lo habia enviado mi madre por medio de un agente de negocios y lo recibi durante mi enfermedad, el dia mismo en que lo di... Rasumikhine es testigo, pues firmo el recibo en mi nombre... Ese dinero era mio y muy mio.</p><p>Sonia escuchaba con un gesto de perplejidad y haciendo grandes esfuerzos por comprender.</p><p>-En cuanto al dinero de la vieja, ni siquiera se si tenia dinero -dijo en voz baja, vacilando-. Desate de su cuello una bolsita de pelo de camello, que estaba llena, pero no mire lo que contenia... Sin duda no tuve tiempo... Los objetos: gemelos, cadenas, etc., los escondi, asi como la bolsa, debajo de una piedra en un gran patio que da a la avenida V. Todo esta alli todavia.</p><p>Sonia le escuchaba avidamente.</p><p>-Pero ?por que, si mato usted para robar, segun dice..., por que no cogio nada? -dijo la joven vivamente, aferrandose a una ultima esperanza.</p><p>-No lo se. Todavia no he decidido si cogere ese dinero o no -dijo Raskolnikof en el mismo tono vacilante. Despues, como si volviera a la realidad, sonrio y siguio diciendo-: ?Que estupido soy! ?Contar estas cosas!</p><p>Entonces un pensamiento atraveso como un rayo la mente de Sonia. &quot;?Estara loco?&quot; Pero desecho esta idea en seguida. &quot;No, no lo esta.&quot; Realmente, no comprendia nada.</p><p>El exclamo, como en un destello de lucidez:</p><p>-Oye, Sonia, oye lo que voy a decirte.</p><p>Y continuo, subrayando las palabras y mirandola fijamente, con una expresion extrana pero sincera:</p><p>-Si el hambre fuese lo unico que me hubiera impulsado a cometer el crimen, me sentiria feliz, si, feliz. Pero ?que adelantarias -exclamo en seguida, en un arranque de desesperacion-, que adelantarias si yo te confesara que he obrado mal? ?Para que te serviria este inutil triunfo sobre mi? ?Ah, Sonia! ?Para esto he venido a tu casa?</p><p>Sonia quiso decir algo, pero no pudo.</p><p>-Si te pedi ayer que me siguieras es porque no tengo a nadie mas que a ti.</p><p>-?Seguirte...? ?Para que? -pregunto la muchacha timidamente.</p><p>-No para robar ni matar, tranquilizate -respondio el con una sonrisa caustica-. Somos distintos, Sonia. Sin embargo... Oye, Sonia, hace un momento que me he dado cuenta de lo que yo pretendia al pedirte que me siguieras. Ayer te hice la peticion instintivamente, sin comprender la causa. Solo una cosa deseo de ti, y por eso he venido a verte... ?No me abandones! ?Verdad que no me abandonaras?</p><p>Ella le cogio la mano, se la oprimio...</p><p>Un segundo despues, Raskolnikof la miro con un dolor infinito y lanzo un grito de desesperacion.</p><p>-?Por que te habre dicho todo esto? ?Por que te habre hecho esta confesion...? Esperas mis explicaciones, Sonia, bien lo veo; esperas que te lo cuente todo... Pero ?que puedo decirte? No comprenderias nada de lo que te dijera y solo conseguiria que sufrieras por mi todavia mas... Lloras, vuelves a abrazarme. Pero dime: ?por que? ?Porque no he tenido valor para llevar yo solo mi cruz y he venido a descargarme en ti, pidiendote que sufras conmigo, ya que esto me servira de consuelo? ?Como puedes amar a un hombre tan cobarde?</p><p>-?Acaso no sufres tu tambien? -exclamo Sonia.</p><p>Otra vez se apodero del joven un sentimiento de ternura.</p><p>-Sonia, yo soy un hombre de mal corazon. Tenlo en cuenta, pues esto explica muchas cosas. Precisamente porque soy malo he venido en tu busca. Otros no lo habrian hecho, pero yo... yo soy un miserable y un cobarde. En fin, no es esto lo que ahora importa. Tengo que hablarte de ciertas cosas y no me siento con fuerzas para empezar.</p><p>Se detuvo y quedo pensativo.</p><p>-Desde luego, no nos parecemos en nada; somos muy diferentes... ?Por que habre venido? Nunca me lo perdonare.</p><p>-No, no; has hecho bien en venir -exclamo Sonia-. Es mejor que yo lo sepa todo, mucho mejor.</p><p>Raskolnikof la miro amargamente.</p><p>-Bueno, al fin y al cabo, ?que importa! --exclamo, decidido a hablar-. He aqui como ocurrieron las cosas. Yo queria ser un Napoleon: por eso mate. ?Comprendes?</p><p>-No -murmuro Sonia, ingenua y timidamente-. Pero no importa: habla, habla. -Y anadio, suplicante-: Hare un esfuerzo y comprendere, lo comprendere todo.</p><p>-?Lo comprenderas? ?Estas segura? Bien, ya veremos.</p><p>Hizo una larga pausa para ordenar sus ideas.</p><p>-He aqui el asunto. Un dia me plantee la cuestion siguiente: &quot; ?Que habria ocurrido si Napoleon se hubiese encontrado en mi lugar y no hubiera tenido, para tomar impulso en el principio de su carrera, ni Tolon, ni Egipto, ni el paso de los Alpes por el Mont Blanc, sino que, en vez de todas estas brillantes hazanas, solo hubiera dispuesto de una detestable y vieja usurera, a la que tendria que matar para robarle el dinero..., en provecho de su carrera, entiendase? ?Se habria decidido a matarla no teniendo otra alternativa? ?No se habria detenido al considerar lo poco que este acto tenia de heroico y lo mucho que ofrecia de criminal...?&quot; Te confieso que estuve mucho tiempo torturandome el cerebro con estas preguntas, y me senti avergonzado cuando comprendi repentinamente que no solo no se habria detenido, sino que ni siquiera le habria pasado por el pensamiento la idea de que esta accion pudiera ser poco heroica. Ni siquiera habria comprendido que se pudiera vacilar. Por poco que hubiera sido su convencimiento de que esta era para el la unica salida, habria matado sin el menor escrupulo. ?Por que habia de tenerlo yo? Y mate, siguiendo su ejemplo... He aqui exactamente lo que sucedio. Te parece esto irrisorio, ?verdad? Si, te lo parece. Y lo mas irrisorio es que las cosas ocurrieron exactamente asi.</p><p>Pero Sonia no sentia el menor deseo de reir.</p><p>-Preferiria que me hablara con toda claridad y sin poner ejemplos -dijo con voz mas timida aun y apenas perceptible.</p><p>Raskolnikof se volvio hacia ella, la miro tristemente y la cogio de la mano.</p><p>-Tienes razon otra vez, Sonia. Todo lo que te he dicho es absurdo, pura charlataneria... La verdad es que, como sabes, mi madre esta falta de recursos y que mi hermana, que por fortuna es una mujer instruida, se ha visto obligada a ir de un sitio a otro como institutriz. Todas sus esperanzas estaban concentradas en mi. Yo estudiaba, pero, por falta de medios, hube de abandonar la universidad. Aun suponiendo que hubiera podido seguir estudiando, en el mejor de los casos habria podido obtener dentro de diez o doce anos un puesto como profesor de instituto o una plaza de funcionario con un sueldo anual de mil rublos -parecia estar recitando una leccion aprendida de memoria-, pero entonces las inquietudes y las privaciones habrian acabado ya con la salud de mi madre. Para mi hermana, las cosas habrian podido ir todavia peor... ?Y para que verse privado de todo, dejar a la propia madre en la necesidad, presenciar el deshonor de una hermana? ?Para que todo esto? ?Para enterrar a los mios y fundar una nueva familia destinada igualmente a perecer de hambre...? En fin, todo esto me decidio a apoderarme del dinero de la vieja para poder seguir adelante, para terminar mis estudios sin estar a expensas de mi madre. En una palabra, decidi emplear un metodo radical para empezar una nueva vida y ser independiente... Esto es todo. Naturalmente, hice mal en matar a la vieja..., ?pero basta ya!</p><p>Al llegar al fin de su discurso bajo la cabeza: estaba agotado.</p><p>-?No, no! -exclamo Sonia, angustiada-. ?No es eso! ?No es posible! Tiene que haber algo mas.</p><p>-Creas lo que creas, te he dicho la verdad.</p><p>-?Pero que verdad, Dios mio!</p><p>-Al fin y al cabo, Sonia, yo no he dado muerte mas que a un vil y malvado gusano.</p><p>-Ese gusano era una criatura humana.</p><p>-Cierto, ya se que no era gusano -dijo Raskolnikof, mirando a Sonia con una expresion extrana-. Ademas, lo que acabo de decir no es de sentido comun. Tienes razon: son motivos muy diferentes los que me impulsaron a hacer lo que hice... Hace mucho tiempo que no habia dirigido la palabra a nadie, Sonia, y por eso sin duda tengo ahora un tremendo dolor de cabeza.</p><p>Sus ojos tenian un brillo febril. Empezaba a desvariar nuevamente, y una sonrisa inquieta asomaba a sus labios. Bajo su animacion ficticia se percibia una extenuacion espantosa. Sonia comprendio hasta que extremo sufria Raskolnikof. Tambien ella sentia que una especie de vertigo la iba dominando... ?Que modo tan extrano de hablar! Sus palabras eran claras y precisas, pero..., pero ?era aquello posible? ?Senor, Senor...! Y se retorcia las manos, desesperada.</p><p>-No, Sonia, no es eso -dijo, levantando de subito la cabeza, como si sus ideas hubiesen tomado un nuevo giro que le impresionaba y le reanimaba-. No, no es eso. Lo que sucede..., si, esto es..., lo que sucede es que soy orgulloso, envidioso, perverso, vil, rencoroso y..., para decirlo todo ya que he comenzado..., propenso a la locura. Acabo de decirte que tuve que dejar la universidad. Pues bien, a decir verdad, podia haber seguido en ella. Mi madre me habria enviado el dinero de las matriculas y yo habria podido ganar lo necesario para comer y vestirme. Si, lo habria podido ganar. Habria dado lecciones. Me las ofrecian a cincuenta kopeks. Asi lo hace Rasumikhine. Pero yo estaba exasperado y no acepte. Si, exasperado: esta es la palabra. Me encerre en mi agujero como la arana en su rincon. Ya conoces mi tabuco, porque estuviste en el. Ya sabes, Sonia, que el alma y el pensamiento se ahogan en las habitaciones bajas y estrechas. ?Como detestaba aquel cuartucho! Sin embargo, no queria salir de el. Pasaba dias enteros sin moverme, sin querer trabajar. Ni siquiera me preocupaba la comida. Estaba siempre acostado. Cuando Nastasia me traia algo, comia. De lo contrario, no me alimentaba. No pedia nada. Por las noches no tenia luz, y preferia permanecer en la oscuridad a ganar lo necesario para comprarme una bujia.</p><p>&quot;En vez de trabajar, vendi mis libros. Todavia hay un dedo de polvo en mi mesa, sobre mis cuadernos y mis papeles. Preferia pensar tendido en mi divan. Pensar siempre... Mis pensamientos eran muchos y muy extranos... Entonces empece a imaginar... No, no fue asi. Tampoco ahora cuento las cosas como fueron... Entonces yo me preguntaba continuamente: &quot;Ya que ves la estupidez de los demas, ?por que no buscas el modo de mostrarte mas inteligente que ellos?&quot; Mas adelante, Sonia, comprendi que esperar a que todo el mundo fuera inteligente suponia una gran perdida de tiempo. Y despues me convenci de que este momento no llegaria nunca, que los hombres no podian cambiar, que no estaba en manos de nadie hacerlos de otro modo. Intentarlo habria sido perder el tiempo. Si, todo esto es verdad. Es la ley humana. La ley, Sonia, y nada mas. Y ahora se que quien es dueno de su voluntad y posee una inteligencia poderosa consigue facilmente imponerse a los demas hombres; que el mas osado es el que mas razon tiene a los ojos ajenos; que quien desafia a los hombres y los desprecia conquista su respeto y llega a ser su legislador. Esto es lo que siempre se ha visto y lo que siempre se vera. Hay que estar ciego para no advertirlo.</p><p>Raskolnikof, aunque miraba a Sonia al pronunciar estas palabras, no se preocupaba por saber si ella le comprendia. La fiebre volvia a dominarle y era presa de una sombria exaltacion (en verdad, hacia mucho tiempo que no habia conversado con ningun ser humano). Sonia comprendio que aquella tragica doctrina constituia su ley y su fe.</p><p>-Entonces me convenci, Sonia -continuo el joven con ardor-, de que solo posee el poder aquel que se inclina para recogerlo. Esta al alcance de todos y basta atreverse a tomarlo. Entonces tuve una idea que nadie, ?nadie!, habia tenido jamas. Vi con claridad meridiana que era extrano que nadie hasta entonces, viendo los mil absurdos de la vida, se hubiera atrevido a sacudir el edificio en sus cimientos para destruirlo todo, para enviarlo todo al diablo... Entonces yo me atrevi y mate... Yo solo queria llevar a cabo un acto de audacia, Sonia. No queria otra cosa: eso fue exclusivamente lo que me impulso.</p><p>-?Calle, calle! -exclamo Sonia fuera de si-. Usted se ha apartado de Dios, y Dios le ha castigado, lo ha entregado al demonio.</p><p>-Asi, Sonia, ?tu crees que cuando todas estas ideas acudian a mi en la oscuridad de mi habitacion era que el diablo me tentaba?</p><p>-?Calle, ateo! No se burle... ?Senor, Senor! No comprende nada...</p><p>-Oyeme, Sonia; no me burlo. Estoy seguro de que el demonio me arrastro. Oyeme, oyeme -repitio con sombria obstinacion-. Se todo, absolutamente todo lo que tu puedas decirme. He pensado en todo eso y me lo he repetido mil veces cuando estaba echado en las tinieblas... ?Que luchas interiores he librado! Si supieras hasta que punto me enojaban estas inutiles discusiones conmigo mismo. Mi deseo era olvidarlo todo y empezar una nueva vida. Pero especialmente anhelaba poner fin a mis soliloquios... No creas que fui a poner en practica mis planes inconscientemente. No, lo hice todo tras maduras reflexiones, y eso fue lo que me perdio. Creeme que yo no sabia que el hecho de interrogarme a mi mismo acerca de mi derecho al poder demostraba que tal derecho no existia, puesto que lo ponia en duda. Y que preguntarme si el hombre era un gusano demostraba que no lo era para mi. Estas cosas solo son aceptadas por el hombre que no se plantea tales preguntas y sigue su camino derechamente y sin vacilar. El solo hecho de que me preguntara: &quot;?Habria matado Napoleon a la vieja?&quot; demostraba que yo no era un Napoleon... Sobrelleve hasta el final el sufrimiento ocasionado por estos desatinos y despues trate de expulsarlos. Yo mate no por cuestiones de conciencia, sino por un impulso que solo a mi me atania. No quiero enganarme a mi mismo sobre este punto. Yo no mate por acudir en socorro de mi madre ni con la intencion de dedicar al bien de la humanidad el poder y el dinero que obtuviera; no, no, yo solo mate por mi interes personal, por mi mismo, y en aquel momento me importaba muy poco saber si seria un bienhechor de la humanidad o un vampiro de la sociedad, una especie de arana que caza seres vivientes con su tela. Todo me era indiferente. Desde luego, no fue la idea del dinero la que me impulso a matar. Mas que el dinero necesitaba otra cosa... Ahora lo se... Comprendeme... Si tuviera que volver a hacerlo, tal vez no lo haria... Era otra la cuestion que me preocupaba y me impulsaba a obrar. Yo necesitaba saber, y cuanto antes, si era un gusano como los demas o un hombre, si era capaz de franquear todos los obstaculos, si osaba inclinarme para asir el poder, si era una criatura temerosa o si procedia como el que ejerce un derecho.</p><p>-?Derecho a matar? -exclamo la joven, atonita.</p><p>-?Calla, Sonia! -exclamo Rodia, irritado. A sus labios acudio una objecion, pero se limito a decir-: No me interrumpas. Yo solo queria decirte que el diablo me impulso a hacer aquello y luego me hizo comprender que no tenia derecho a hacerlo, puesto que era un gusano como los demas. El diablo se burlo de mi. Si estoy en tu casa es porque soy un gusano; de lo contrario, no te habria hecho esta visita... Has de saber que cuando fui a casa de la vieja, yo solamente deseaba hacer un experimento.</p><p>-Usted mato.</p><p>-Pero ?como? No se asesina como yo lo hice. El que comete un crimen procede de modo muy distinto... Algun dia lo contare todo detalladamente... ?Fue a la vieja a quien mate? No, me asesine a mi mismo, no a ella, y me perdi para siempre... Fue el diablo el que mato a la vieja y no yo.</p><p>Y de pronto exclamo con voz desgarradora:</p><p>-?Basta, Sonia, basta! ?Dejame, dejame!</p><p>Raskolnikof apoyo los codos en las rodillas y hundio la cabeza entre sus manos, rigidas como tenazas.</p><p>-?Que modo de sufrir! -gimio Sonia.</p><p>-Bueno, ?que debo hacer? Habla -dijo el joven, levantando la cabeza y mostrando su rostro horriblemente descompuesto.</p><p>-?Que debes hacer? -exclamo la muchacha.</p><p>Se arrojo sobre el. Sus ojos, hasta aquel momento banados en lagrimas, centellaron de pronto.</p><p>-?Levantate!</p><p>Le habia puesto la mano en el hombro. El se levanto y la miro, estupefacto.</p><p>-Ve inmediatamente a la proxima esquina, arrodillate y besa la tierra que has mancillado. Despues inclinate a derecha e izquierda, ante cada persona que pase, y di en voz alta: &quot; ?He matado! &quot; Entonces Dios te devolvera la vida.</p><p>Temblando de pies a cabeza, le asio las manos convulsivamente y le miro con ojos de loca.</p><p>-?Iras, iras? -le pregunto.</p><p>Raskolnikof estaba tan abatido, que tanta exaltacion le sorprendio.</p><p>-?Quieres que vaya a presidio, Sonia? -pregunto con acento sombrio-. ?Pretendes que vaya a presentarme a la justicia?</p><p>-Debes aceptar el sufrimiento, la expiacion, que es el unico medio de borrar tu crimen.</p><p>-No, no ire a presentarme a la justicia, Sonia.</p><p>-?Y tu vida que? -exclamo la joven-. ?Como viviras? ?Podras vivir desde ahora? ?Te atreveras a dirigir la palabra a tu madre...? ?Que sera de ellas...? Pero ?que digo? Ya has abandonado a tu madre y a tu hermana. Bien sabes que las has abandonado... ?Senor...! El ya ha comprendido lo que esto significa... ?Se puede vivir lejos de todos los seres humanos? ?Que va a ser de ti?</p><p>-No seas nina, Sonia -respondio dulcemente Raskolnikof-. ?Quien es esa gente para juzgar mi crimen? ?Que podria decirles? Su autoridad es pura ilusion. Dan muerte a miles de hombres y ven en ello un merito. Son unos bribones y unos cobardes, Sonia... No ire. ?Que quieres que les diga? ?Que he escondido el dinero debajo de una piedra por no atreverme a quedarmelo? -Y anadio, sonriendo amargamente-: Se burlarian de mi. Dirian que soy un imbecil al no haber sabido aprovecharme. Un imbecil y un cobarde. No comprenderian nada, Sonia, absolutamente nada. Son incapaces de comprender. ?Para que ir? No, no ire. No seas nina, Sonia.</p><p>-Tu vida sera un martirio -dijo la joven, tendiendo hada el los brazos en una suplica desesperada.</p><p>-Tal vez me haya calumniado a mi mismo -dijo, absorto y con acento sombrio-. Acaso soy un hombre todavia, no un gusano, y me he precipitado al condenarme. Voy a intentar seguir luchando.</p><p>Y sonrio con arrogancia.</p><p>-?Pero llevar esa carga de sufrimiento toda la vida, toda la vida...!</p><p>-Ya me acostumbrare -dijo Raskolnikof, todavia triste y pensativo.</p><p>Pero un momento despues exclamo:</p><p>-?Bueno, basta de lamentaciones! Hay que hablar de cosas mas importantes. He venido a decirte que me siguen la pista de cerca.</p><p>-?Oh! -exclamo Sonia, aterrada.</p><p>-Pero ?que te pasa? ?Por que gritas? Quieres que vaya a presidio, y ahora te asustas. ?De que? Pero escucha: no me dejare atrapar facilmente. Les dare trabajo. No tienen pruebas. Ayer estuve verdaderamente en peligro y me crei perdido, pero hoy el asunto parece haberse arreglado. Todas las pruebas que tienen son armas de dos filos, de modo que los cargos que me hagan no puedo presentarlos de forma que me favorezcan, ?comprendes? Ahora ya tengo experiencia. Sin embargo, no podre evitar que me detengan. De no ser por una circunstancia imprevista, ya estaria encerrado. Pero aunque me encarcelen, habran de dejarme en libertad, pues ni tienen pruebas ni las tendran, te doy mi palabra, y por simples sospechas no se puede condenar a un hombre... Anda, sientate... Solo te he dicho esto para que estes prevenida... En cuanto a mi madre y a mi hermana, ya arreglare las cosas de modo que no se inquieten ni sospechen la verdad... Por otra parte, creo que mi hermana esta ahora al abrigo de la necesidad y, por lo tanto, tambien mi madre... Esto es todo. Cuento con tu prudencia. ?Vendras a verme cuando este detenido?</p><p>-?Si, si!</p><p>Alli estaban los dos, tristes y abatidos, como naufragos arrojados por el temporal a una costa desolada. Raskolnikof miraba a Sonia y comprendia lo mucho que lo amaba. Pero -cosa extrana- esta gran ternura produjo de pronto al joven una impresion penosa y amarga. Una sensacion extrana y horrible. Habia ido a aquella casa diciendose que Sonia era su unico refugio y su unica esperanza. Habia ido con el proposito de depositar en ella una parte de su terrible carga, y ahora que Sonia le habia entregado su corazon se sentia infinitamente mas desgraciado que antes.</p><p>-Sonia -le dijo--, sera mejor que no vengas a verme cuando este encarcelado.</p><p>Ella no contesto. Lloraba. Transcurrieron varios minutos.</p><p>De pronto, como obedeciendo a una idea repentina, Sonia pregunto:</p><p>-?Llevas alguna cruz?</p><p>El la miro sin comprender la pregunta.</p><p>-No, no tienes ninguna, ?verdad? Toma, quedate esta, que es de madera de cipres. Yo tengo otra de cobre que fue de Lisbeth. Hicimos un cambio: ella me dio esta cruz y yo le regale una imagen. Yo llevare ahora la de Lisbeth y tu la mia. Tomala -suplico-. Es una cruz, mi cruz... Desde ahora sufriremos juntos, y juntos llevaremos nuestra cruz.</p><p>-Bien, dame -dijo Raskolnikof.</p><p>Queria complacerla, pero de pronto, sin poderlo remediar, retiro la mano que habia tendido.</p><p>-Mas adelante, Sonia. Sera mejor.</p><p>-Si, sera mejor --dijo ella, exaltada-. Te la pondras cuando empiece tu expiacion. Entonces vendras a mi y la colgare en tu cuello. Rezaremos juntos y despues nos pondremos en marcha.</p><p>En este momento sonaron tres golpes en la puerta.</p><p>-?Se puede pasar, Sonia Simonovna? -pregunto cortesmente una voz conocida.</p><p>Sonia corrio hacia la puerta, llena de inquietud. La abrio y la rubia cabeza de Lebeziatnikof aparecio junto al marco.</p> <br /><br /><p>V</p><p>Lebeziatnikof daba muestras de una turbacion extrema. -Vengo por usted, Sonia Simonovna. Perdone... No esperaba encontrarlo aqui -dijo de pronto, dirigiendose a Raskolnikof-. No es que vea nada malo en ello, entiendame; es, sencillamente, que no lo esperaba.</p><p>Se volvio de nuevo hacia Sonia y exclamo:</p><p>-Catalina Ivanovna ha perdido el juicio.</p><p>Sonia lanzo un grito.</p><p>-Por lo menos -dijo Lebeziatnikof- lo parece. Claro que... Pero es el caso que no sabemos que hacer... Les contare lo ocurrido. Despues de marcharse ha vuelto. A mi me parece que le han pegado... Ha ido en busca del jefe de su marido y no lo ha encontrado: estaba comiendo en casa de otro general. Entonces ha ido al domicilio de ese general y ha exigido ver al jefe de su esposo, que estaba todavia a la mesa. Ya pueden ustedes figurarse lo que ha ocurrido. Naturalmente, la han echado, pero ella, segun dice, ha insultado al general e incluso le ha arrojado un objeto a la cabeza. Esto es muy posible. Lo que no comprendo es que no la hayan detenido. Ahora esta describiendo la escena a todo el mundo, incluso a Amalia Ivanovna, pero nadie la entiende, tanto grita y se debate... Dice que ya que todos la abandonan, cogera a los ninos y se ira con ellos a la calle a tocar el organo y pedir limosna, mientras sus hijos cantan y bailan. Y que ira todos los dias a pedir ante la casa del general, a fin de que este vea a los ninos de una familia de la nobleza, a los hijos de un funcionario, mendigando por las calles. Les pega y ellos lloran. Ensena a Lena a cantar aires populares y a los otros dos a bailar. Destroza sus ropas y les confecciona gorros de saltimbanqui. Como no tiene ningun instrumento de musica, esta dispuesta a llevarse una cubeta para golpearla a manera de tambor. No quiere escuchar a nadie. Ustedes no se pueden imaginar lo que es aquello.</p><p>Lebeziatnikof habria seguido hablando de cosas parecidas y en el mismo tono si Sonia, que le escuchaba anhelante, no hubiera cogido de pronto su sombrero y su chal y echado a correr. Raskolnikof y Lebeziatnikof salieron tras ella.</p><p>-No cabe duda de que se ha vuelto loca -dijo Andres Simonovitch a Raskolnikof cuando estuvieron en la calle-. Si no lo he asegurado ha sido tan solo para no inquietar demasiado a Sonia Simonovna. Desde luego, su locura es evidente. Dicen que a los tisicos se les forman tuberculos en el cerebro. Lamento no saber medicina. Yo he intentado explicar el asunto a la enfermera, pero ella no ha querido escucharme.</p><p>-?Le ha hablado usted de tuberculos?</p><p>-No, no; si le hubiera hablado de tuberculos, ella no me habria comprendido. Lo que quiero decir es que, si uno consigue convencer a otro, por medio de la logica, de que no tiene motivos para llorar, no llorara. Esto es indudable. ?Acaso usted no opina asi?</p><p>-Yo creo que si tuviera usted razon, la vida seria demasiado facil.</p><p>-Permitame. Desde luego, Catalina Ivanovna no comprenderia facilmente lo que le voy a decir. Pero usted... ?No sabe que en Paris se han realizado serios experimentos sobre el sistema de curar a los locos solo por medio de la logica? Un doctor frances, un gran sabio que ha muerto hace poco, afirmaba que esto es posible. Su idea fundamental era que la locura no implica lesiones organicas importantes, que solo es, por decirlo asi, un error de logica, una falta de juicio, un punto de vista equivocado de las cosas. Contradecia progresivamente a sus enfermos, refutaba sus opiniones, y obtuvo excelentes resultados. Pero como al mismo tiempo utilizaba las duchas, no ha quedado plenamente demostrada la eficacia de su metodo... Por lo menos, esto es lo que opino yo.</p><p>Pero Raskolnikof ya no le escuchaba. Al ver que habian Llegado frente a su casa, saludo a Lebeziatnikof con un movimiento de cabeza y cruzo el portal. Andres Simonovitch se repuso en seguida de su sorpresa y, tras dirigir una mirada a su alrededor, prosiguio su camino.</p><p>Raskolnikof entro en su buhardilla, se detuvo en medio de la habitacion y se pregunto:</p><p>-?Para que habre venido?</p><p>Y su mirada recorria las paredes, cuyo amarillento papel colgaba aqui y alla en jirones..., y el polvo..., y el divan...</p><p>Del patio subia un ruido seco, incesante: golpes de martillo sobre clavos. Se acerco a la ventana, se puso de puntillas y estuvo un rato mirando con gran atencion... El patio estaba desierto; Raskolnikof no vio a nadie. En el ala izquierda habia varias ventanas abiertas, algunas adornadas con macetas, de las que brotaban escualidos geranios. En la parte exterior se veian cuerdas con ropa tendida... Era un cuadro que estaba harto de ver. Dejo la ventana y fue a sentarse en el divan. Nunca se habia sentido tan solo.</p><p>Experimento de nuevo un sentimiento de odio hacia Sonia. Si, la odiaba despues de haberla atraido a su infortunio. ?Por que habria ido a hacerla llorar? ?Que necesidad tenia de envenenar su vida? ?Que cobarde habia sido!</p><p>-Permanecere solo -se dijo de pronto, en tono resuelto-, y ella no vendra a verme a la carcel.</p><p>Cinco minutos despues levanto la cabeza y sonrio extranamente. Acababa de pasar por su cerebro una idea verdaderamente singular. &quot;Acaso sea verdad que estaria mejor en presidio.&quot;</p><p>Nunca sabria cuanto duro aquel desfile de ideas vagas.</p><p>De pronto se abrio la puerta y aparecio Avdotia Romanovna. La joven se detuvo en el umbral y estuvo un momento observandole, exactamente igual que habia hecho el al llegar a la habitacion de Sonia. Despues Dunia entro en el aposento y fue a sentarse en una silla frente a el, en el sitio mismo en que se habia sentado el dia anterior. Raskolnikof la miro en silencio, con aire distraido.</p><p>-No te enfades, Rodia -dijo Dunia-. Estare aqui solo un momento.</p><p>La joven estaba pensativa, pero su semblante no era severo. En su clara mirada habia un resplandor de dulzura. Raskolnikof comprendio que era su amor a el lo que habia impulsado a su hermana a hacerle aquella visita.</p><p>-Oye, Rodia: lo se todo..., ?todo! Me lo ha contado Dmitri Prokofitch. Me ha explicado hasta el mas minimo detalle. Te persiguen y te atormentan con las mas viles y absurdas suposiciones. Dmitri Prokofitch me ha dicho que no corres peligro alguno y que no deberias preocuparte como te preocupas. En esto no estoy de acuerdo con el: comprendo tu indignacion y no me extranaria que dejara en ti huellas imborrables. Esto es lo que me inquieta. No te puedo reprochar que nos hayas abandonado, y ni siquiera juzgare tu conducta. Perdoname si lo hice. Estoy segura de que tambien yo, si hubiera tenido una desgracia como la tuya, me habria alejado de todo el mundo. No contare nada de todo esto a nuestra madre, pero le hablare continuamente de ti y le dire que tu me has prometido ir muy pronto a verla. No te inquietes por ella: yo la tranquilizare. Pero tu ten piedad de ella: no olvides que es tu madre. Solo he venido a decirte -y Dunia se levanto- que si me necesitases para algo, aunque tu necesidad supusiera el sacrificio de mi vida, no dejes de llamarme. Vendria inmediatamente. Adios.</p><p>Se volvio y se dirigio a la puerta resueltamente.</p><p>.-?Dunia! -la llamo su hermano, levantandose tambien y yendo hacia ella-. Ya habras visto que Rasumikhine es un hombre excelente.</p><p>Un leve tabor aparecio en las mejillas de Dunia.</p><p>-?Por que lo dices? -pregunto, tras unos momentos de espera.</p><p>-Es un hombre activo, trabajador, honrado y capaz de sentir un amor verdadero... Adios, Dunia.</p><p>La joven habia enrojecido vivamente. Despues su semblante cobro una expresion de inquietud.</p><p>-?Es que nos dejas para siempre, Rodia? Me has hablado como quien hace testamento.</p><p>-Adios, Dunia.</p><p>Se aparto de ella y se fue a la ventana. Dunia espero un momento, lo miro con un gesto de intranquilidad y se marcho llena de turbacion.</p><p>Sin embargo, Rodia no sentia la indiferencia que parecia demostrar a su hermana. Durante un momento, al final de la conversacion, incluso habia deseado ardientemente estrecharla en sus brazos, decirle asi adios y contarselo todo. No obstante, ni siquiera se habia atrevido a darle la mano.</p><p>&quot;Mas adelante, al recordar mis besos, podria estremecerse y decir que se los habia robado.&quot;</p><p>Y se pregunto un momento despues:</p><p>&quot;Ademas, ?tendria la entereza de animo necesaria para soportar semejante confesion? No, no la soportaria; las mujeres como ella no son capaces de afrontar estas cosas.&quot;</p><p>Sonia acudio a su pensamiento. Un airecillo fresco entraba por la ventana. Declinaba el dia. Cogio su gorra y se marcho.</p><p>No se sentia con fuerzas para preocuparse por su salud, ni experimentaba el menor deseo de pensar en ella. Pero aquella angustia continua, aquellos terrores, forzosamente tenian que producir algun efecto en el, y si la fiebre no le habia abatido ya era precisamente porque aquella tension de animo, aquella inquietud continua, le sostenian y le infundian una falsa animacion.</p><p>Erraba sin rumbo fijo. El sol se ponia. Desde hacia algun tiempo, Raskolnikof experimentaba una angustia completamente nueva, no aguda ni demasiado penosa, pero continua e invariable. Presentia largos y mortales anos colmados de esta fria y espantosa ansiedad. Generalmente era al atardecer cuando tales sensaciones cobraban una intensidad obsesionante.</p><p>:Con estos estupidos trastornos provocados por una puesta de sol -se dijo malhumorado- es imposible no cometer alguna tonteria. Uno se siente capaz de ir a confesarselo todo no solo a Sonia, sino a Dunia.&quot;</p><p>Oyo que le llamaban y se volvio. Era Lebeziatnikof, que corria hacia el.</p><p>-Vengo de su casa. He ido a buscarle. Esa mujer ha hecho lo que se proponia: se ha marchado de casa con los ninos. A Sonia Simonovna y a mi nos ha costado gran trabajo encontrarla. Golpea con la mano una sarten y obliga a los ninos a cantar. Los ninos lloran. Catalina Ivanovna se va parando en las esquinas y ante las tiendas. Los sigue un grupo de imbeciles. Venga usted.</p><p>-?Y Sonia? -pregunto, inquieto, Raskolnikof, mientras echaba a andar al lado de Lebeziatnikof a toda prisa.</p><p>-Esta completamente loca... Bueno, me refiero a Catalina Ivanovna, no a Sonia Simonovna. Esta esta trastornada, desde luego; pero Catalina Ivanovna esta verdaderamente loca, ha perdido el juicio por completo. Terminaran por detenerla, y ya puede usted figurarse el efecto que esto le va a producir. Ahora esta en el malecon del canal, cerca del puente de N., no lejos de casa de Sonia Simonovna, que esta cerca de aqui.</p><p>En el malecon, cerca del puente y a dos pasos de casa de Sonia Simonovna, habia una verdadera multitud, formada principalmente por chiquillos y rapazuelos. La voz ronca y desgarrada de Catalina Ivanovna llegaba hasta el puente. En verdad, el espectaculo era lo bastante extrano para atraer la atencion de los transeuntes. Catalina Ivanovna, con su vieja bata y su chal de pano, cubierta la cabeza con un misero sombrero de paja ladeado sobre una oreja, parecia presa de su verdadero acceso de locura. Estaba rendida y jadeante. Su pobre cara de tisica nunca habia tenido un aspecto tan lamentable (por otra parte, los enfermos del pecho tienen siempre peor cara en la calle, en pleno dia, que en su casa). Pero, a pesar de su debilidad, Catalina Ivanovna parecia dominada por una excitacion que iba en continuo aumento. Se arrojaba sobre los ninos, los renia, les ensenaba delante de todo el mundo a bailar y cantar, y luego, furiosa al ver que las pobres criaturas no sabian hacer lo que ella les decia, empezaba a azotarlos.</p><p>A veces interrumpia sus ejercicios para dirigirse al publico. Y cuando veia entre la multitud de curiosos alguna persona medianamente vestida, le decia que mirase a que extremo habian llegado los hijos de una familia noble y casi aristocratica. Si oia risas o palabras burlonas, se encaraba en el acto con los insolentes y los ponia de vuelta y media. Algunos se reian, otros sacudian la cabeza, compasivos, y todos miraban con curiosidad a aquella loca rodeada de ninos aterrados.</p>]]></content>
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				<name><![CDATA[Giperion]]></name>
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			<updated>2016-08-02T10:15:44Z</updated>
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			<title type="html"><![CDATA[Re: Достоевский Ф. М. - Преступление и наказание на испанском языке]]></title>
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			<content type="html"><![CDATA[<p>-Esto es lo que no comprendo. Pero le aseguro que he dicho la verdad. Tan cierto estoy de no equivocarme, miserable criminal, que en el momento en que le estrechaba la mano felicitandole, recuerdo que me preguntaba con que fin habria regalado usted ese billete a hurtadillas, o, dicho de otro modo, por que se ocultaba para hacerlo. Misterio. Me he dicho que tal vez queria usted ocultarme su buena accion al saber que soy enemigo por principio de la caridad privada, a la que considero como un paliativo inutil. He deducido, pues, que no queria usted que se supiera que entregaba a Sonia Simonovna una cantidad tan importante, y, ademas, que deseaba dar una sorpresa a la beneficiada... Todos sabemos que hay personas que se complacen en ocultar las buenas acciones... Tambien me he dicho que tal vez queria usted poner a prueba a la muchacha, ver si volvia para darle las gracias cuando encontrara el dinero en su bolsillo. O, por el contrario, que deseaba usted eludir su gratitud, segun el principio de que la mano derecha debe ignorar..., y otras mil suposiciones parecidas. Solo Dios sabe las conjeturas que han pasado por mi cabeza... Decidi reflexionar mas tarde a mis anchas sobre el asunto, pues no queria cometer la indelicadeza de dejarle entrever que conocia su secreto. De pronto me ha asaltado un temor: al no conocer su acto de generosidad, Sonia Simonovna podia perder el dinero sin darse cuenta. Por eso he tomado la determinacion de venir a decirle que usted habia depositado un billete de cien rublos en su bolsillo. Pero, al pasar, me he detenido en la habitacion de las senoras Kobiliatnikof a fin de entregarles la &quot;Ojeada general sobre el metodo positivo&quot; y recomendarles especialmente el articulo de Piderit, y tambien el de Wagner. Finalmente, he llegado aqui y he podido presenciar el escandalo. Y digame: ?se me habria ocurrido pensar en todo esto, me habria hecho todas estas reflexiones si no le hubiera visto introducir el billete de cien rublos en el bolsillo de Sonia Simonovna?</p><p>Andres Simonovitch termino este largo discurso, coronado con una conclusion tan logica, en un estado de extrema fatiga. El sudor corria por su frente. Por desgracia para el, le costaba gran trabajo expresarse en ruso, aunque no conocia otro idioma. Su esfuerzo oratorio le habia agotado. Incluso parecia haber perdido peso. Sin embargo, su alegato verbal habia producido un efecto extraordinario. Lo habia pronunciado con tanto calor y conviccion, que todos los oyentes le creyeron. Piotr Petrovitch advirtio que las cosas no le iban bien.</p><p>-?Que me importan a mi las estupidas preguntas que hayan podido atormentarle? -exclamo-. Eso no constituye ninguna prueba. Todo lo que usted ha pensado puede ser obra de su imaginacion. Y yo, senor, puedo decirle que miente usted. Usted miente y me calumnia llevado de un deseo de venganza personal. Usted no me perdona que haya rechazado el impio radicalismo de sus teorias sociales.</p><p>Pero este falso argumento, lejos de favorecerle, provoco una oleada de murmullos en contra de el.</p><p>-?Eso es una mala excusa! -exclamo Lebeziatnikof-. Te digo en la cara que mientes. Llama a la policia y declarare bajo juramento. Un solo punto ha quedado en la oscuridad para mi: el motivo que lo ha impulsado a cometer una accion tan villana. ?Miserable! ?Cobarde!</p><p>-Yo puedo explicar su conducta y, si es preciso, tambien prestare juramento -dijo Raskolnikof con voz firme y destacandose del grupo.</p><p>Estaba sereno y seguro de si mismo. Todos se dieron cuenta desde el primer momento de que conocia la clave del enigma y de que el asunto se acercaba a su fin.</p><p>-Ahora todo lo veo claro -dijo dirigiendose a Lebeziatnikof-. Desde el principio del incidente me he olido que habia en todo esto alguna innoble intriga. Esta sospecha se fundaba en ciertas circunstancias que solo yo conozco y que ahora mismo voy a revelar a ustedes. En ellas esta la clave del asunto. Gracias a su detallada exposicion, Andres Simonovitch, se ha hecho la luz en mi mente. Ruego a todo el mundo que preste atencion. Este senor -senalaba a Lujine pidio en fecha reciente la mano de una joven, hermana mia, cuyo nombre es Avdotia Romanovna Raskolnikof; pero? cuando llego a Petersburgo, hace poco, y tuvimos nuestra primera entrevista, discutimos, y de tal modo, que acabe por echarle de mi casa, escena que tuvo dos testigos, los cuales pueden confirmar mis palabras. Este hombre es todo maldad. Yo no sabia que se hospedaba en su casa, Andres Simonovitch. Asi se comprende que pudiera ver anteayer, es decir, el mismo dia de nuestra disputa, que yo, como amigo del difunto, entregaba dinero a la viuda para que pudiera atender a los gastos del entierro. El senor Lujine escribio en seguida una carta a mi madre, en que le decia que yo habia entregado dinero no a Catalina Ivanovna, sino a Sonia Simonovna. Ademas, hablaba de esta joven en terminos en extremo insultantes, dejando entrever que yo mantenia relaciones intimas con ella. Su finalidad, como ustedes pueden comprender, era indisponerme con mi madre y con mi hermana, haciendoles creer que yo despilfarraba ignominiosamente el dinero que ellas se sacrificaban en enviarme. Ayer por la noche, en presencia de mi madre, de mi hermana y de el mismo, expuse la verdad de los hechos, que este hombre habia falseado. Dije que habia entregado el dinero a Catalina Ivanovna, a la que entonces no conocia aun, y anadi que Piotr Petrovitch Lujine, con todos sus meritos, valia menos que el dedo menique de Sonia Simonovna, de la que hablaba tan mal. El me pregunto entonces si yo seria capaz de sentar a Sonia Simonovna al lado de mi hermana, y yo le respondi que ya lo habia hecho aquel mismo dia. Furioso al ver que mi madre y mi hermana no renian conmigo fundandose en sus calumnias, llego al extremo de insultarlas groseramente. Se produjo la ruptura definitiva y lo pusimos en la puerta. Todo esto ocurrio anoche. Ahora les ruego a ustedes que me presten la mayor atencion. Si el senor Lujine hubiera conseguido presentar como culpable a Sonia Simonovna, habria demostrado a mi familia que sus sospechas eran fundadas y que tenia razon para sentirse ofendido por el hecho de que permitiera a esta joven alternar con mi hermana, y, en fin, que, atacandome a mi, defendia el honor de su prometida. En una palabra, esto suponia para el un nuevo medio de indisponerme con mi familia, mientras el reconquistaba su estimacion. Al mismo tiempo, se vengaba de mi, pues tenia motivos para pensar que la tranquilidad de espiritu y el honor de Sonia Simonovna me afectaban intimamente. Asi pensaba el, y esto es lo que yo he deducido. Tal es la explicacion de su conducta: no es posible hallar otra.</p><p>Asi, poco mas o menos, termino Raskolnikof su discurso, que fue interrumpido frecuentemente por las exclamaciones de la atenta concurrencia. Hasta el final su acento fue firme, sereno y seguro. Su tajante voz, la conviccion con que hablaba y la severidad de su rostro impresionaron profundamente al auditorio.</p><p>-Si, si, eso es; no cabe duda de que es eso -se apresuro a decir Lebeziatnikof, entusiasmado-. Prueba de ello es que, cuando Sonia Simonovna ha entrado en la habitacion, el me ha preguntado si estaba usted aqui, si yo le habia visto entre los invitados de Catalina Ivanovna. Esta pregunta me la ha hecho en voz baja y despues de llevarme junto a la ventana. 0 sea que deseaba que usted fuera testigo de todo esto. Si, si; no cabe duda de que es eso.</p><p>Lujine guardaba silencio y sonreia desdenosamente. Pero estaba palido como un muerto. Evidentemente, buscaba el modo de salir del atolladero. De buena gana se habria marchado, pero esto no era posible por el momento. Marcharse asi habria representado admitir las acusaciones que pesaban sobre el y reconocer que habia calumniado a Sonia Simonovna.</p><p>Por otra parte, los asistentes se mostraban sumamente excitados por las excesivas libaciones. El de intendencia, aunque era incapaz de forjarse una idea clara de lo sucedido, era el que mas gritaba, y proponia las medidas mas desagradables para Lujine.</p><p>La habitacion estaba llena de personas embriagadas, pero tambien habian acudido huespedes de otros aposentos, atraidos por el escandalo. Los tres polacos estaban indignadisimos y no cesaban de proferir en su lengua insultos contra Piotr Petrovitch, al que llamaban, entre otras cosas, pane ladak.</p><p>Sonia escuchaba con gran atencion, pero no parecia acabar de comprender lo que pasaba: su estado era semejante al de una persona que acaba de salir de un desvanecimiento. No apartaba los ojos de Raskolnikof, comprendiendo que solo el podia protegerla. La respiracion de Catalina Ivanovna era silbante y penosa. Estaba completamente agotada. Pero era Amalia Ivanovna la que tenia un aspecto mas grotesco, con su boca abierta y su cara de pasmo. Era evidente que no comprendia lo que estaba ocurriendo. Lo unico que sabia era que Piotr Petrovitch se hallaba en una situacion comprometida.</p><p>Raskolnikof intento volver a hablar, pero en seguida renuncio a ello al ver que los inquilinos se precipitaban sobre Lujine y, formando en torno de el un circulo compacto, le dirigian toda clase de insultos y amenazas. Pero Lujine no se amilano. Comprendiendo que habia perdido definitivamente la partida, recurrio a la insolencia.</p><p>-Permitanme, senores, permitanme. No se pongan asi. Dejenme pasar -dijo mientras se abria paso-. No se molesten ustedes en intentar amedrentarme con sus amenazas. Tengan la seguridad de que no adelantaran nada, pues no soy de los que se asustan facilmente. Por el contrario, les advierto que tendran que responder de la cooperacion que han prestado a un acto delictivo. La culpabilidad de la ladrona esta mas que probada, y presentare la oportuna denuncia. Los jueces no estan ciegos... ni bebidos. Por eso rechazaran el testimonio de dos impios, de dos revolucionarios que me calumnian por una cuestion de venganza personal, como ellos mismos han tenido la candidez de reconocer. Permitanme, senores.</p><p>-No podria soportar ni un minuto mas su presencia en mi habitacion -le dijo Andres Simonovitch-. Haga el favor de marcharse. No quiero ningun trato con usted. ?Cuando pienso que he estado dos semanas gastando saliva para exponerle...!</p><p>-Andres Simonovitch, recuerde que hace un rato le he dicho que me marchaba y usted trataba de retenerme. Ahora me limitare a decirle que es usted un tonto de remate y que le deseo se cure de la cabeza y de los ojos. Permitanme, senores...</p><p>Y consiguio terminar de abrirse paso. Pero el de intendencia no quiso dejarle salir de aquel modo. Considerando que los insultos eran un castigo insuficiente para el, cogio un vaso de la mesa y se lo arrojo con todas sus fuerzas. Desgraciadamente, el proyectil fue a estrellarse contra Amalia Ivanovna, que empezo a proferir grandes alaridos, mientras el de intendencia, que habia perdido el equilibrio al tomar impulso para el lanzamiento, caia pesadamente sobre la mesa.</p><p>Piotr Petrovitch logro llegar a su aposento, y, una hora despues, habia salido de la casa.</p><p>Antes de esta aventura, Sonia, timida por naturaleza, se sentia mas vulnerable que las demas mujeres, ya que cualquiera tenia derecho a ultrajarla. Sin embargo, habia creido hasta entonces que podria contrarrestar la malevolencia a fuerza de discrecion, dulzura y humildad. Pero esta ilusion se habia desvanecido y su decepcion fue muy amarga. Era capaz de soportarlo todo con paciencia y sin lamentarse, y el golpe que acababa de recibir no estaba por encima de sus fuerzas, pero en el primer momento le parecio demasiado duro. A pesar del triunfo de su inocencia en el asunto del billete, transcurridos los primeros instantes de terror, y al poder darse cuenta de las cosas, sintio que su corazon se oprimia dolorosamente ante la idea de su abandono y de su aislamiento en la vida. Sufrio una crisis nerviosa y, sin poder contenerse, salio de la habitacion y corrio a su casa. Esta huida casi coincidio con la salida de Lujine.</p><p>Amalia Ivanovna, cuando recibio el proyectil destinado a Piotr Petrovitch en medio de las carcajadas de los invitados, monto en colera y su indignacion se dirigio contra Catalina Ivanovna, sobre la que se arrojo vociferando como si la hiciera responsable de todo lo ocurrido.</p><p>-?Fuera de aqui en seguida! ?Fuera!</p><p>Y, al mismo tiempo que gritaba, cogia todos los objetos de la inquilina que encontraba al alcance de la mano y los arrojaba al suelo. La pobre viuda, que se habia tenido que echar en la cama, exhausta y rendida por el sufrimiento, salto del lecho y se arrojo sobre la patrona. Pero las fuerzas eran tan desiguales, que Amalia Ivanovna la rechazo tan facilmente como si luchara con una pluma.</p><p>-?Es el colmo! ?No contenta con calumniar a Sonia, ahora la toma conmigo! ?Me echa a la calle el mismo dia de los funerales de mi marido! ?Despues de haber recibido mi hospitalidad, me pone en medio del arroyo con mis pobres huerfanos! ?Adonde ire?</p><p>Y la pobre mujer sollozaba, en el limite de sus fuerzas. De pronto sus ojos llamearon y grito desesperadamente:</p><p>-?Senor! ?Es posible que no exista la justicia aqui abajo? ?A quien defenderas si no nos defiendes a nosotros...? En fin, ya veremos. En la tierra hay jueces y tribunales. Presentare una denuncia. Preparate, desalmada... Poletchka, no dejes a los ninos. Volvere en seguida. Si es preciso, esperadme en la calle. ?Ahora veremos si hay justicia en este mundo!</p><p>Catalina Ivanovna se envolvio la cabeza en aquel trozo de pano verde de que habia hablado Marmeladof, atraveso la multitud de inquilinos embriagados que se hacinaban en la estancia y, gimiendo y banada en lagrimas, salio a la calle. Estaba resuelta a que le hicieran justicia en el acto y costara lo que costase. Poletchka, aterrada, se refugio con los ninos en un rincon, junto al baul. Rodeo con sus brazos a sus hermanitos y asi espero la vuelta de su madre. Amalia Ivanovna iba y venia por la habitacion como una furia, rugiendo de rabia, lamentandose y arrojando al suelo todo lo que caia en sus manos.</p><p>Entre los inquilinos reinaba gran confusion: unos comentaban a grandes voces lo ocurrido, otros discutian y se insultaban y algunos seguian entonando canciones.</p><p>&quot;Ha llegado el momento de marcharse -penso Raskolnikof-. Vamos a ver que dice ahora Sonia Simonovna.&quot;</p><p>Y se dirigio a casa de Sonia.</p> <br /><br /><p>IV</p><p>Aunque llevaba su propia carga de miserias y horrores en el corazon, Raskolnikof habia defendido valientemente y con destreza la causa de Sonia ante Lujine. Dejando aparte el interes que sentia por la muchacha y que le impulsaba a defenderla, habia sufrido tanto aquella manana, que habia acogido con verdadera alegria la ocasion de ahuyentar aquellos pensamientos que habian llegado a serle insoportables.</p><p>Por otra parte, la idea de su inmediata entrevista con Sonia le preocupaba y le colmaba de una ansiedad creciente. Tenia que confesarle que habia matado a Lisbeth. Presintiendo la tortura que esta declaracion supondria para el, trataba de apartarla de su pensamiento. Cuando se habia dicho, al salir de casa de Catalina Ivanovna: &quot; Vamos a ver que dice ahora Sonia Simonovna&quot;, se hallaba todavia bajo los efectos del ardoroso y retador entusiasmo que le habia producido su victoria sobre Lujine. Pero --cosa singular- cuando llego al departamento de Kapernaumof, esta entereza de animo le abandono de subito y se sintio debil y atemorizado. Vacilando, se detuvo ante la puerta y se pregunto:</p><p>&quot;?Es necesario que revele que mate a Lisbeth?&quot;</p><p>Lo extrano era que, al mismo tiempo que se hacia esta pregunta, estaba convencido de que le era imposible no solo eludir semejante confesion, sino retrasarla un solo instante. No podia explicarse la razon de ello, pero sentia que era asi y sufria horriblemente al darse cuenta de que no tenia fuerzas para luchar contra esta necesidad.</p><p>Para evitar que su tormento se prolongara se apresuro a abrir la puerta. Pero no franqueo el umbral sin antes observar a Sonia. Estaba sentada ante su mesita, con los codos apoyados en ella y la cara en las manos. Cuando vio a Raskolnikof, se levanto en el acto y fue hacia el como si lo estuviese esperando.</p><p>-?Que habria sido de mi sin usted? -le dijo con vehemencia, al encontrarse con el en medio de la habitacion.</p><p>Al parecer, solo pensaba en el servicio que le habia prestado, y ansiaba agradecerselo. Luego adopto una actitud de espera. Raskolnikof se acerco a la mesa y se sento en la silla que ella acababa de dejar. Sonia permanecio en pie a dos pasos de el, exactamente como el dia anterior.</p><p>-Bueno, Sonia -dijo Raskolnikof, y noto de pronto que la voz le temblaba-; ya se habra dado usted cuenta de que la acusacion se basaba en su situacion y en los habitos ligados a ella.</p><p>El rostro de Sonia tuvo una expresion de sufrimiento.</p><p>-Le ruego que no me hable como ayer. No, se lo suplico. Ya he sufrido bastante.</p><p>Y se apresuro a sonreir, por temor a que este reproche hubiera herido a Raskolnikof.</p><p>-He salido corriendo como una loca. ?Que ha pasado despues? He estado a punto de volver, pero luego he pensado que usted vendria y...</p><p>Raskolnikof le explico que Amalia Ivanovna habia despedido a su familia y que Catalina Ivanovna se habia marchado en busca de justicia no sabia adonde.</p><p>-?Dios mio! -exclamo Sonia-. ?Vamos, vamos en seguida!</p><p>Y cogio apresuradamente el panuelo de la cabeza.</p><p>-?Siempre lo mismo! -exclamo Raskolnikof, indignado-. No piensa usted mas que en ellos. Quedese un momento conmigo.</p><p>-Pero Catalina Ivanovna...</p><p>-Catalina Ivanovna no la olvidara: puede estar segura -dijo Raskolnikof, molesto-. Como ha salido, vendra aqui, y si no la encuentra, se arrepentira usted de haberse marchado.</p><p>Sonia se sento, presa de una perplejidad llena de inquietud. Raskolnikof guardo silencio, con la mirada fija en el suelo. Parecia reflexionar.</p><p>-Tal vez Lujine no tenia hoy intencion de hacerla detener, porque no le interesaba. Pero si la hubiese tenido y ni Lebeziatnikof ni yo hubieramos estado alli, usted estaria ahora en la carcel, ?no es asi?</p><p>-Si -respondio Sonia con voz debil y sin poder prestar demasiada atencion a lo que Raskolnikof le decia, tal era la ansiedad que la dominaba.</p><p>-Pues bien, habria sido muy facil que yo no estuviera alli, y en cuanto a Lebeziatnikof, ha sido una casualidad que fuese.</p><p>Sonia no contesto.</p><p>-Y si la hubieran metido en la carcel, ?que habria pasado? ?Se acuerda de lo que le dije ayer?</p><p>Ella seguia guardando silencio. El espero unos segundos. Despues siguio diciendo, con una risa un tanto forzada:</p><p>-Creia que me iba usted a repetir que no le hablara de estas cosas... ?Que? -pregunto tras una breve pausa-. ?Insiste usted en no abrir la boca? Sin embargo, necesitamos un tema de conversacion. Por ejemplo, me gustaria saber como resolveria cierta cuestion..., como diria Lebeziatnikof -anadio, notando que empezaba a perder la sangre fria-. No, no hablo en broma. Supongamos, Sonia, que usted conoce por anticipado todos los proyectos de Lujine y sabe que estos proyectos sumirian definitivamente en el infortunio a Catalina Ivanovna, a sus hijos y, por anadidura, a usted..., y digo &quot;por anadidura&quot; porque a usted solo se la puede considerar como cosa aparte. Y supongamos tambien que, a consecuencia de esto, Poletchka haya de verse obligada a llevar una vida como la que usted lleva. Pues bien, si en estas circunstancias estuviera en su mano hacer que Lujine pereciera, con lo que salvaria a Catalina Ivanovna y a su familia, o dejar que Lujine viviera y llevase a cabo sus infames propositos, ?que partido tomaria usted? Esta es la pregunta que quiero que me conteste.</p><p>Sonia le miro con inquietud. Aquellas palabras, pronunciadas en un tono vacilante, parecian ocultar una segunda intencion.</p><p>-Ya sabia yo que iba a hacerme una pregunta extrana -dijo la joven dirigiendole una mirada penetrante.</p><p>-Eso poco importa. Diga: ?que decision tomaria usted?</p><p>-?A que viene hacer esas preguntas absurdas? -repuso Sonia con un gesto de desagrado.</p><p>-Digame: ?dejaria usted que Lujine viviera y pudiese cometer sus desafueros? ?Es que ni siquiera tiene valor para tomar una decision en teoria?</p><p>-Yo no conozco las intenciones de la Divina Providencia. ?Por que me interroga sobre hechos que no existen? ?A que vienen esas preguntas inutiles? ?Acaso es posible que la existencia de un hombre dependa de mi voluntad? ?Como puedo erigirme en arbitro de los destinos humanos, de la vida y de la muerte?</p><p>-Si hace usted intervenir a la Providencia divina, no hablemos mas -dijo Raskolnikof en tono sombrio.</p><p>Sonia respondio con acento angustiado:</p><p>-Digame francamente que es lo que desea de mi... Solo oigo de usted alusiones. ?Es que ha venido usted con el proposito de torturarme?</p><p>Sin poder contenerse, se echo a llorar. El la miro tristemente, con una expresion de angustia. Hubo un largo silencio.</p><p>Al fin, Raskolnikof dijo en voz baja:</p><p>-Tienes razon, Sonia.</p><p>Se habia producido en el un cambio repentino. Su ficticio aplomo y el tono insolente que afectaba momentos antes habian desaparecido. Hasta su voz parecia haberse debilitado.</p><p>-Te dije ayer que no vendria hoy a pedirte perdon, y he aqui que he comenzado esta conversacion poco menos que excusandome. Al hablarte de Lujine y de la Providencia pensaba en mi mismo, Sonia, y me excusaba.</p><p>Trato de sonreir, pero solo pudo esbozar una mueca de impotencia. Luego bajo la cabeza y oculto el rostro entre las manos.</p><p>De subito, una extrana y sorprendente sensacion de odio hacia Sonia le traspaso el corazon. Asombrado, incluso aterrado de este descubrimiento inaudito, levanto la cabeza y observo atentamente a la joven. Vio que fijaba en el una mirada inquieta y llena de una solicitud dolorosa, y al advertir que aquellos ojos expresaban amor, su odio se desvanecio como un fantasma. Se habia equivocado acerca de la naturaleza del sentimiento que experimentaba: lo que sentia era, simplemente, que el momento fatal habia llegado.</p><p>Bajo de nuevo la cabeza y otra vez oculto el rostro entre las manos. De pronto palidecio, se levanto, miro a Sonia y sin pronunciar palabra, fue maquinalmente a sentarse en el lecho. Su impresion en aquel momento era exactamente la misma que habia experimentado el dia en que, de pie a espaldas de la vieja, habia sacado el hacha del nudo corredizo, mientras se decia que no habia que perder ni un segundo.</p><p>-?Que le ocurre? -pregunto Sonia, llena de turbacion.</p><p>Raskolnikof no pudo pronunciar ni una palabra. Habia pensado dar &quot;la explicacion&quot; en circunstancias completamente distintas y no comprendia lo que estaba ocurriendo en su interior.</p><p>Sonia se acerco paso a paso, se sento a su lado, en el lecho, y, sin apartar de el los ojos, espero. Su corazon latia con violencia. La situacion se hacia insoportable. El volvio hacia la joven su rostro, cubierto de una palidez mortal. Sus contraidos labios eran incapaces de pronunciar una sola palabra. Entonces el panico se apodero de Sonia.</p><p>-?Que le pasa? -volvio a preguntarle, apartandose un poco de el.</p><p>-Nada, Sonia. No te asustes... Es una tonteria... Si, basta pensar en ello un instante para ver que es una tonteria -murmuro como delirando-. No se por que he venido a atormentarte -anadio, mirandola-. En verdad, no lo se. ?Por que? ?Por que? No ceso de hacerme esta pregunta, Sonia.</p><p>Tal vez se la habia hecho un cuarto de hora antes, pero en aquel momento su debilidad era tan extrema que apenas se daba cuenta de que existia. Un continuo temblor agitaba todo su cuerpo.</p><p>-?Como se atormenta usted! -se lamento Sonia, mirandole.</p><p>-No es nada, no es nada... He aqui lo que te queria decir...</p><p>Una sombra de sonrisa jugueteo unos segundos en sus labios.</p><p>-?Te acuerdas de lo que queria decirte ayer?</p><p>Sonia espero, visiblemente inquieta.</p><p>-Cuando me fui, te dije que tal vez te decia adios para siempre, pero que si volvia hoy te diria quien mato a Lisbeth.</p><p>De pronto, todo el cuerpo de Sonia empezo a temblar.</p><p>-Pues bien, he venido a decirtelo.</p><p>-Asi, ?hablaba usted en serio? -balbuceo Sonia haciendo un gran esfuerzo-. Pero ?como lo sabe usted? -pregunto vivamente, como si acabara de volver en si.</p><p>Apenas podia respirar. La palidez de su rostro aumentaba por momentos.</p><p>-El caso es que lo se.</p><p>Sonia permanecio callada un momento.</p><p>-?Lo han encontrado? -pregunto al fin, timidamente.</p><p>-No, no lo han encontrado.</p><p>-Entonces, ?como sabe usted quien es? -pregunto la joven tras un nuevo silencio y con voz casi imperceptible.</p><p>El se volvio hacia ella y la miro fijamente, con una expresion singular.</p><p>-?Lo adivinas?</p><p>Una nueva sonrisa de impotencia flotaba en sus labios. Sonia sintio que todo su cuerpo se estremecia.</p><p>-Pero usted me... -balbuceo ella con una sonrisa infantil-. ?Por que quiere asustarme?</p><p>-Para saber lo que se -dijo Raskolnikof, cuya mirada seguia fija en la de ella, como si no tuviera fuerzas para apartarla-, es necesario que este &quot;ligado&quot; a &quot;el&quot;... El no tenia intencion de matar a Lisbeth... La asesino sin premeditacion... Solo queria matar a la vieja... y encontrarla sola... Fue a la casa... De pronto llego Lisbeth..., y la mato a ella tambien.</p><p>Un lugubre silencio siguio a estas palabras. Los dos jovenes se miraban fijamente.</p><p>-Asi, ?no lo adivinas? -pregunto de pronto.</p><p>Tenia la impresion de que se arrojaba desde lo alto de una torre.</p><p>-No -murmuro Sonia con voz apenas audible.</p><p>-Piensa.</p><p>En el momento de pronunciar esta palabra, una sensacion ya conocida por el le helo el corazon. Miraba a Sonia y creia estar viendo a Lisbeth. Conservaba un recuerdo imborrable de la expresion que habia aparecido en el rostro de la pobre mujer cuando el iba hacia ella con el hacha en alto y ella retrocedia hacia la pared, como un nino cuando se asusta y, a punto de echarse a llorar, fija con terror la mirada en el objeto que provoca su espanto. Asi estaba Sonia en aquel momento. Su mirada expresaba el mismo terror impotente. De subito extendio el brazo izquierdo, apoyo la mano en el pecho de Raskolnikof, lo rechazo ligeramente, se puso en pie con un movimiento repentino y empezo a apartarse de el poco a poco, sin dejar de mirarle. Su espanto se comunico al joven, que miraba a Sonia con el mismo gesto despavorido, mientras en sus labios se esbozaba la misma triste sonrisa infantil.</p><p>-?Has comprendido ya? -murmuro.</p><p>-?Dios mio! -gimio, horrorizada.</p><p>Luego, exhausta, se dejo caer en su lecho y hundio el rostro en la almohada.</p><p>Pero un momento despues se levanto vivamente, se acerco a Raskolnikof, le cogio las manos, las atenazo con sus menudos y delgados dedos y fijo en el una larga y penetrante mirada.</p><p>Con esta mirada, Sonia esperaba captar alguna expresion que le demostrase que se habia equivocado. Pero no, no cabia la menor duda: la simple suposicion se convirtio en certeza.</p><p>Mas adelante, cuando recordaba este momento, todo le parecia extrano, irreal. ?De donde le habia venido aquella certeza repentina de no equivocarse? Porque en modo alguno podia decir que habia presentido aquella confesion. Sin embargo, apenas le hizo el la confesion, a ella le parecio haberla adivinado.</p><p>-Basta, Sonia, basta. No me atormentes.</p><p>Habia hecho esta suplica amargamente. No era asi como el habia previsto confesar su crimen: la realidad era muy distinta de lo que se habia imaginado.</p><p>Sonia estaba fuera de si. Salto del lecho. De pie en medio de la habitacion, se retorcia las manos. Luego volvio rapidamente sobre sus pasos y de nuevo se sento al lado de Raskolnikof, tan cerca que sus cuerpos se rozaban. De pronto se estremecio como si la hubiera asaltado un pensamiento espantoso, lanzo un grito y, sin que ni ella misma supiera por que, cayo de rodillas delante de Raskolnikof.</p><p>-?Que ha hecho usted? Pero ?que ha hecho usted? -exclamo, desesperada.</p><p>De pronto se levanto y rodeo fuertemente con los brazos el cuello del joven.</p><p>Raskolnikof se desprendio del abrazo y la contemplo con una triste sonrisa.</p><p>-No lo comprendo, Sonia. Me abrazas y me besas despues de lo que te acabo de confesar. No sabes lo que haces.</p><p>Ella no le escucho. Grito, enloquecida:</p><p>-?No hay en el mundo ningun hombre tan desgraciado como tu!</p><p>Y prorrumpio en sollozos.</p><p>Un sentimiento ya olvidado se apodero del alma de Raskolnikof. No se pudo contener. Dos lagrimas brotaron de sus ojos y quedaron pendientes de sus pestanas.</p><p>-?No me abandonaras, Sonia? -pregunto, desesperado.</p><p>-No, nunca, en ninguna parte. Te seguire adonde vayas. ?Senor, Senor! ?Que desgraciada soy...! ?Por que no te habre conocido antes? ?Por que no has venido antes? ?Dios mio!</p><p>-Pero he venido.</p><p>-?Ahora...! ?Que podemos hacer ahora? ?Juntos, siempre juntos! -exclamo Sonia volviendo a abrazarle-. ?Te seguire al presidio!</p><p>Raskolnikof no pudo disimular un gesto de indignacion. Sus labios volvieron a sonreir como tantas veces habian sonreido, con una expresion de odio y altivez.</p><p>-No tengo ningun deseo de ir a presidio, Sonia.</p><p>Tras los primeros momentos de piedad dolorosa y apasionada hacia el desgraciado, la espantosa idea del asesinato reaparecio en la mente de la joven. El tono en que Raskolnikof habia pronunciado sus ultimas palabras le recordaron de pronto que estaba ante un asesino. Se quedo mirandole sobrecogida. No sabia aun como ni por que aquel joven se habia convertido en un criminal. Estas preguntas surgieron de pronto en su imaginacion, y las dudas le asaltaron de nuevo. ?El un asesino? ?Imposible!</p>]]></content>
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				<name><![CDATA[Giperion]]></name>
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			<updated>2016-08-02T10:15:19Z</updated>
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			<title type="html"><![CDATA[Re: Достоевский Ф. М. - Преступление и наказание на испанском языке]]></title>
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			<content type="html"><![CDATA[<p>-Permitame preguntarle -dijo- si usted le hablo ayer de una pension. Ella me dijo que usted se encargaria de conseguir que se la dieran. ?Es eso verdad?</p><p>-?No, no, ni remotamente! Eso es incluso absurdo en cierto sentido. Yo solo le hable de un socorro temporal que se le entregaria por su condicion de viuda de un funcionario muerto en servicio, y le adverti que tal socorro solo podria recibirlo si contaba con influencias. Por otra parte, me parece que su difunto padre no solamente no habia servido tiempo suficiente para tener derecho al retiro, sino que ni siquiera prestaba servicio en el momento de su muerte. En resumen, que uno siempre puede esperar, pero que en este caso la esperanza tendria poco fundamento pues no existe el derecho de percibir socorro alguno... ?Y ella sonaba ya con una pension! ?Je, je, je! ?Que imaginacion posee esa senora!</p><p>-Si, esperaba una pension..., pues es muy buena y su bondad la lleva a creerlo todo..., y es..., si, tiene usted razon... Con su permiso.</p><p>Sonia se dispuso a marcharse.</p><p>-Un momento. No he terminado todavia.</p><p>-?Ah! Bien -balbuceo la joven.</p><p>-Sientese, haga el favor.</p><p>Sonia, desconcertada, se sento una vez mas.</p><p>-Viendo la triste situacion de esa mujer, que ha de atender a ninos de corta edad, yo desearia, como ya le he dicho, serle util en la medida de mis medios... Comprendame, en la medida de mis medios y nada mas. Por ejemplo, se podria organizar una suscripcion, o una rifa, o algo analogo, como suelen hacer en estos casos los parientes o las personas extranas que desean acudir en ayuda de algun desgraciado. Esto es lo que queria decir. La cosa me parece posible.</p><p>-Si, esta muy bien... Dios se lo... -balbuceo Sonia sin apartar los ojos de Piotr Petrovitch.</p><p>-La cosa es posible, si, pero... dejemoslo para mas tarde, aunque hayamos de empezar hoy mismo. Nos volveremos a ver al atardecer, y entonces podremos establecer las bases del negocio, por decirlo asi. Venga a eso de las siete. Confio en que Andres Simonovitch querra acompanarnos... Pero hay un punto que desearia tratar con usted previamente con toda seriedad. Por eso principalmente me he permitido llamarla, Sonia Simonovna. Yo creo que el dinero no debe ponerse en manos de Catalina Ivanovna. La comida de hoy es buena prueba de ello. No teniendo, como quien dice, un pedazo de pan para manana, ni zapatos que ponerse, ni nada, en fin, hoy ha comprado ron de Jamaica, e incluso creo que cafe y vino de Madera. lo he visto al pasar. Manana toda la familia volvera a estar a sus expensas y usted tendra que procurarles hasta el ultimo bocado de pan. Esto es absurdo. Por eso yo opino que la suscripcion debe organizarse a espaldas de esa desgraciada viuda, para que solo usted maneje el dinero. ?Que le parece?</p><p>-Pues... no se... Ella es asi solo hoy..., una vez en la vida... Tenia en mucho poder honrar la memoria... Pero es muy inteligente. Ademas, usted puede hacer lo que le parezca, y yo le quedare muy... muy..., y todos ellos tambien... Y Dios le... Le..., y los huerfanitos...</p><p>Sonia no pudo terminar: se lo impidio el llanto.</p><p>-Entonces no se hable mas del asunto. Y ahora tenga la bondad de aceptar para las primeras necesidades de su madre esta cantidad, que representa mi aportacion personal. Es mi mayor deseo que mi nombre no se pronuncie para nada en relacion con este asunto. Aqui tiene. Como mis gastos son muchos, aun sintiendolo de veras, no puedo hacer mas.</p><p>Y Piotr Petrovitch entrego a Sonia un billete de diez rublos despues de haberlo desplegado cuidadosamente. Sonia lo tomo, enrojecio, se levanto de un salto, pronuncio algunas palabras ininteligibles y se apresuro a retirarse. Piotr Petrovitch la acompano con toda cortesia hasta la puerta. Ella salio de la habitacion a toda prisa, profundamente turbada, y corrio a casa de Catalina Ivanovna, presa de extraordinaria emocion.</p><p>Durante toda esta escena, Andres Simonovitch, a fin de no poner al dialogo la menor dificultad, habia permanecido junto a la ventana, o habia paseado en silencio por la habitacion; pero cuando Sonia se hubo retirado, se acerco a Piotr Petrovitch y le tendio la mano con gesto solemne.</p><p>-Lo he visto todo y todo lo he oido -dijo, recalcando esta ultima palabra-. Lo que usted acaba de hacer es noble, es decir, humano. Ya he visto que usted no quiere que le den las gracias. Y aunque mis principios particulares me prohiben, lo confieso, practicar la caridad privada, pues no solo es insuficiente para extirpar el mal, sino que, por el contrario, lo fomenta, no puedo menos de confesarle que su gesto me ha producido verdadera satisfaccion. Si, si; su gesto me ha impresionado.</p><p>-?Bah! No tiene importancia -murmuro Piotr Petrovitch un poco emocionado y mirando a Lebeziatnikof atentamente.</p><p>-Si, si que tiene importancia. Un hombre que como usted se siente ofendido, herido, por lo que ocurrio ayer, y que, no obstante, es capaz de interesarse por la desgracia ajena: un hombre asi, aunque sus actos constituyan un error social, es digno de estimacion. No esperaba esto de usted, Piotr Petrovitch, sobre todo teniendo en cuenta sus ideas, que son para usted una verdadera traba, ?y cuan importante! ?Ah, como le ha impresionado el incidente de ayer! -exclamo el bueno de Andres Simonovitch, sintiendo que volvia a despertarse en el su antigua simpatia por Piotr Petrovitch-. Pero digame: ?por que da usted tanta importancia al matrimonio legal, mi muy querido y noble Piotr Petrovitch? ?Por que conceder un puesto tan alto a esa legalidad? Pegueme si quiere, pero le confieso que me siento feliz, si, feliz, de ver que ese compromiso se ha roto; de saber que es usted libre y de pensar que usted no esta completamente perdido para la humanidad... Si, me siento feliz: ya ve usted que le soy franco.</p><p>-Yo doy importancia al matrimonio legal porque no quiero llevar cuernos -repuso Lujine, que parecia preocupado por decir algo- y porque tampoco quiero educar hijos de los que no seria yo el padre, como ocurre con frecuencia en las uniones libres que usted predica.</p><p>-?Los hijos? ?Ha dicho usted los hijos? -exclamo Andres Simonovitch, estremeciendose como un caballo de guerra que oye el son del clarin-. Desde luego, es una cuestion social de la mas alta importancia, estamos de acuerdo, pero que se resolvera mediante normas muy distintas de las que rigen ahora. Algunos llegan incluso a no considerarlos como tales, del mismo modo que no admiten nada de lo que concierne a la familia... Pero ya hablaremos de eso mas adelante. Ahora analicemos tan solo la cuestion de los cuernos. Le confieso que es mi tema favorito. Esta expresion baja y grosera difundida por Pushkin no figurara en los diccionarios del futuro. Pues, en resumidas cuentas, ?que es eso de los cuernos? ?Oh, que aberracion! ?Cuernos...! ?Por que? Eso es absurdo, no lo dude. La union libre los hara desaparecer. Los cuernos no son sino la consecuencia logica del matrimonio legal, su correctivo, por decirlo asi..., un acto de protesta... Mirados desde este punto de vista, no tienen nada de humillantes. Si alguna vez..., aunque esto sea una suposicion absurda..., si alguna vez yo contrajera matrimonio legal y llevara esos malditos cuernos, me sentiria muy feliz y diria a mi mujer: &quot; Hasta este momento, amiga mia, me he limitado a quererte; pero ahora lo respeto por el hecho de haber sabido protestar... &quot; ?Se rie...? Eso prueba que no ha tenido usted valor para romper con los prejuicios... ?El diablo me lleve...! Comprendo perfectamente el enojo que supone verse enganado cuando se esta casado legalmente; pero esto no es sino una misera consecuencia de una situacion humillante y degradante para los dos conyuges. Porque cuando a uno le ponen los cuernos con toda franqueza, como sucede en las uniones libres, se puede decir que no existen, ya que pierden toda su significacion, e incluso el nombre de cuernos. Es mas, en este caso, la mujer da a su companero una prueba de estimacion, ya que le considera incapaz de oponerse a su felicidad y lo bastante culto para no intentar vengarse del nuevo esposo... ?El diablo me lleve...! Yo me digo a veces que si me casase, si me uniese a una mujer, legal o libremente, que eso poco importa, y pasara el tiempo sin que mi mujer tuviera un amante, se lo llevaria yo mismo y le diria: &quot;Amiga mia, te amo de veras, pero lo que mas me importa es merecer tu estimacion.&quot; ?Que le parece? ?Tengo razon o no la tengo?</p><p>Piotr Petrovitch sonrio burlonamente pero con gesto distraido. Su pensamiento estaba en otra parte, cosa que Lebeziatnikof no tardo en notar, ademas de leer la preocupacion en su semblante.</p><p>Lujine parecia afectado y se frotaba las manos con aire pensativo. Andres Simonovitch recordaria estos detalles algun tiempo despues.</p> <br /><br /><p>II</p><p>No es facil explicar como habia nacido en el trastornado cerebro de Catalina Ivanovna la idea insensata de aquella comida. En ella habia invertido la mitad del dinero que le habia entregado Raskolnikof para el entierro de Marmeladof. Tal vez se creia obligada a honrar convenientemente la memoria del difunto, a fin de demostrar a todos los inquilinos, y sobre todo a Amalia Ivanovna, que el valia tanto como ellos, si no mas, y que ninguno tenia derecho a adoptar un aire de superioridad al compararse con el. Acaso aquel proceder obedecia a ese orgullo que en determinadas circunstancias, y especialmente en las ceremonias publicas ineludibles para todas las clases sociales, impulsa a los pobres a realizar un supremo esfuerzo y sacrificar sus ultimos recursos solamente para hacer las cosas tan bien como los demas y no dar pabulo a comadreos.</p><p>Tambien podia ser que Catalina Ivanovna, en aquellos momentos en que su soledad y su infortunio eran mayores, experimentara el deseo de demostrar a aquella &quot;pobre gente&quot; que ella, como hija de un coronel y persona educada en una noble y aristocratica mansion, no solo sabia vivir y recibir, sino que no habia nacido para barrer ni para lavar por las noches la ropa de sus hijos. Estos arrebatos de orgullo y vanidad se apoderan a veces de las mas miseras criaturas y cobran la forma de una necesidad furiosa e irresistible. Por otra parte, Catalina Ivanovna no era de esas personas que se aturden ante la desgracia. Los reveses de fortuna podian abrumarla, pero no abatir su moral ni anular su voluntad.</p><p>Tampoco hay que olvidar que Sonetchka afirmaba, y no sin razon, que no estaba del todo cuerda. Esto no era cosa probada, pero ultimamente, en el curso de todo un ano, su pobre cabeza habia tenido que soportar pruebas especialmente rudas. En fin, tambien hay que tener en cuenta que, segun los medicos, la tisis, en los periodos avanzados de su evolucion, perturba las facultades mentales.</p><p>Las botellas no eran numerosas ni variadas. No se veia en la mesa vino de Madera: Lujine habia exagerado. Habia, verdad es, otros vinos, vodka, ron, oporto, todo de la peor calidad, pero en cantidad suficiente. El menu, preparado en la cocina de Amalia Ivanovna, se componia, ademas del kutia ritual, de tres o cuatro platos, entre los que no faltaban los populares crepes.</p><p>Ademas, se habian preparado dos samovares para los invitados que quisieran tomar te o ponche despues de la comida.</p><p>Catalina Ivanovna se habia encargado personalmente de las compras ayudada por un inquilino de la casa, un polaco famelico que habitaba, solo Dios sabia por que, en el departamento de la senora Lipevechsel y que desde el primer momento se habia puesto a disposicion de la viuda. Desde el dia anterior habia demostrado un celo extraordinario. A cada momento y por la cuestion mas insignificante iba a ponerse a las ordenes de Catalina Ivanovna, y la perseguia hasta los Gostiny Dvor, llamandola pani comandanta. De aqui que, despues de haber declarado que no habria sabido que hacer sin este hombre, Catalina Ivanovna acabara por no poder soportarlo. Esto le ocurria con frecuencia: se entusiasmaba ante el primero que se presentaba a ella, lo adornaba con todas las cualidades imaginables, le atribuia mil meritos inexistentes, pero en los que ella creia de todo corazon, para sentirse de pronto desencantada y rechazar con palabras insultantes al mismo ante el cual se habia inclinado horas antes con la mas viva admiracion. Era de natural alegre y bondadoso, pero sus desventuras y la mala suerte que la perseguia le hacian desear tan furiosamente la paz y el bienestar, que el menor tropiezo la ponia fuera de si, y entonces, a las esperanzas mas brillantes y fantasticas sucedian las maldiciones, y desgarraba y destruia todo cuanto caia en sus manos, y terminaba por dar cabezadas en las paredes.</p><p>Amalia Feodorovna adquirio una subita y extraordinaria importancia a los ojos de Catalina Ivanovna y el puesto que ocupaba en su estimacion se amplio considerablemente, tal vez por el solo motivo de haberse entregado en alma y vida a la organizacion de la comida de funerales. Se habia encargado de poner la mesa, proporcionando la manteleria, la vajilla y todo lo demas, amen de preparar los platos en su propia cocina.</p><p>Catalina Ivanovna le habia delegado sus poderes cuando tuvo que ir al cementerio, y Amalia Feodorovna se habia mostrado digna de esta confianza. La mesa estaba sin duda bastante bien puesta. Cierto que los platos, los vasos, los cuchillos, los tenedores no hacian juego, porque procedian de aqui y de alla; pero a la hora senalada todo estaba a punto, y Amalia Feodorovna, consciente de haber desempenado sus funciones a la perfeccion, se pavoneaba con un vestido negro y un gorro adornado con flamantes cintas de luto. Y asi ataviada recibia a los invitados con una mezcla de satisfaccion y orgullo.</p><p>Este orgullo, aunque legitimo, contrario a Catalina Ivanovna, que penso: &quot; ?Cualquiera diria que nosotros no habriamos podido poner la mesa sin su ayuda! &quot; El gorro adornado con cintas nuevas le choco tambien. &quot;Esta estupida alemana estara diciendose que, por caridad, ha venido en socorro nuestro, pobres inquilinos. ?Por caridad! ?Habrase visto! &quot; En casa del padre de Catalina Ivanovna, que era coronel y casi gobernador, se reunian a veces cuarenta personas en la mesa, y aquella Amalia Feodorovna, mejor dicho, Ludwigovna, no habria podido figurar entre ellas de ningun modo.</p><p>Catalina Ivanovna decidio no manifestar sus sentimientos en seguida, pero se prometio parar los pies aquel mismo dia a aquella impertinente que sabe Dios lo que se habria creido. Por el momento se limito a mostrarse fria con ella.</p><p>Otra circunstancia contribuyo a irritar a Catalina Ivanovna. Excepto el polaco, ningun inquilino habia ido al cementerio. Pero en el momento de sentarse a la mesa acudio la gente mas misera e insignificante de la casa. Algunos incluso se presentaron vestidos de cualquier modo. En cambio, las personas un poco distinguidas parecian haberse puesto de acuerdo para no presentarse, empezando por Lujine, el mas respetable de todos.</p><p>El mismo dia anterior, por la noche, Catalina Ivanovna habia explicado a todo el mundo, es decir, a Amalia Feodorovna, a Poletchka, a Sonia y al polaco, que Piotr Petrovitch era un hombre noble y magnanimo, y ademas rico y superiormente relacionado, que habia sido amigo de su primer esposo y habia frecuentado la casa de su padre. Y afirmo que le habia prometido dar los pasos necesarios para que le asignaran una importante pension. A proposito de esto hay que decir que cuando Catalina Ivanovna se hacia lenguas de la fortuna o las relaciones de alguien y se envanecia de ello, no lo hacia por interes personal, sino simplemente para realzar el prestigio de la persona que era objeto de sus alabanzas.</p><p>Como Lujine, y seguramente por seguir su ejemplo, faltaba aquel tunante de Lebeziatnikof. ?Que idea se habria forjado de si mismo aquel hombre? Ella le habia invitado solamente porque compartia la habitacion de Piotr Petrovitch y habria sido un desaire no hacerlo. Tampoco habian acudido una gran senora y su hija, no ya demasiado joven, que vivian desde hacia solo dos semanas en casa de la senora Lipevechsel, pero que habian tenido tiempo para quejarse mas de una vez de los ruidos y los gritos procedentes de la habitacion de los Marmeladof, sobre todo cuando el difunto llegaba bebido. Como es de suponer, Catalina Ivanovna habia sido informada inmediatamente de ello por Amalia Ivanovna en persona, que, en el calor de sus disputas, habia llegado a amenazarla con echarla a la calle con toda su familia por turbar -asi lo decia a voz en grito- el reposo de unos inquilinos tan honorables que los Marmeladof no eran dignos ni siquiera de atarles los cordones de los zapatos.</p><p>Catalina Ivanovna habia tenido especial interes en invitar a aquellas dos damas &quot;a las que ni siquiera merecia atar los cordones de los zapatos&quot;, sobre todo porque le habian vuelto la cabeza desdenosamente cada vez que se habian encontrado con ella. Catalina Ivanovna se decia que su invitacion era un modo de demostrarles que era superior a ellas en sentimientos y que sabia perdonar las malas acciones. Por otra parte, las invitadas tendrian ocasion de convencerse de que ella no habia nacido para vivir como vivia. Catalina Ivanovna tenia la intencion de explicarles todo esto en la mesa, hablandoles tambien de las funciones de gobernador desempenadas en otros tiempos por su padre. Y entonces, de paso, les diria que no habia motivo para que le volviesen la cabeza cuando se cruzaban con ella y que tal proceder era sencillamente ridiculo.</p><p>Tambien faltaba un grueso teniente coronel (en realidad no era mas que un capitan retirado), pero se supo que estaba enfermo y obligado a guardar cama desde el dia anterior.</p><p>En fin, que solo asistieron, ademas del polaco, un miserable empleadillo, de aspecto horrible, vestido con ropas grasientas, que despedia un olor nauseabundo y, por anadidura, era mudo como un poste; un viejecillo sordo y casi ciego que habia sido empleado de correos y cuya pension en casa de Amalia Ivanovna corria a cargo, desde tiempo inmemorial y sin que nadie supiera por que, de un desconocido; un teniente retirado, o, mejor dicho, empleado de intendencia...</p><p>Este ultimo entro del modo mas incorrecto, lanzando grandes carcajadas. ?Y sin chaleco!</p><p>Aparecio otro invitado, que fue a sentarse a la mesa directamente, sin ni siquiera saludar a Catalina Ivanovna. Y, finalmente, se presento un individuo en bata. Esto era demasiado, y Amalia Ivanovna lo hizo salir con ayuda del polaco. Este habia traido a dos compatriotas que nadie de la casa conocia, porque jamas habian vivido en ella.</p><p>Todo esto irrito profundamente a Catalina Ivanovna, que juzgo que no valia la pena haber hecho tantos preparativos. Por temor a que faltara espacio, habia dispuesto los cubiertos de los ninos no en la mesa comun, que ocupaba casi toda la habitacion, sino en un rincon sobre un baul. Los dos mas pequenos estaban sentados en una banqueta, y Poletchka, como nina mayor, habia de cuidar de ellos, hacerles comer, sonarlos, etc.</p><p>Dadas las circunstancias, Catalina Ivanovna se creyo obligada a recibir a sus invitados con la mayor dignidad e incluso con cierta altaneria. Les dirigio, especialmente a algunos, una mirada severa y los invito desdenosamente a sentarse a la mesa. Achacando, sin que supiera por que, a Amalia Ivanovna la culpa de la ausencia de los demas invitados, empezo de pronto a tratarla con tanta descortesia, que la patrona no tardo en advertirlo y se sintio profundamente ofendida.</p><p>La comida comenzo bajo los peores auspicios. Al fin todo el mundo se sento a la mesa. Raskolnikof habia aparecido en el momento en que regresaban los que habian ido al cementerio. Catalina Ivanovna se mostro encantada de verle, en primer lugar porque, entre todos los presentes, el era la unica persona culta (lo presento a sus invitados diciendo que dos anos despues seria profesor de la universidad de Petersburgo), y en segundo lugar, porque se habia excusado inmediatamente y en los terminos mas respetuosos de no haber podido asistir al entierro, pese a sus grandes deseos de no faltar.</p><p>Catalina Ivanovna se arrojo sobre el y lo sento a su izquierda, ya que Amalia Ivanovna se habia sentado a su derecha, e inmediatamente empezo a hablar con el en voz baja, a pesar del bullicio que habia en la habitacion y de sus preocupaciones de duena de casa que queria ver bien servido a todo el mundo, y, ademas, pese a la tos que le desgarraba el pecho. Catalina Ivanovna confio a Raskolnikof su justa indignacion ante el fracaso de la comida, indignacion cortada a cada momento por las mas incontenibles y mordaces burlas contra los invitados y especialmente contra la patrona.</p><p>-La culpable de todo es esa detestable lechuza, de ella y solo de ella. Ya sabe usted de quien hablo.</p><p>Catalina Ivanovna le indico a la patrona con un movimiento de cabeza y continuo:</p><p>-Mirela. Se da cuenta de que estamos hablando de ella, pero no puede oir lo que decimos: por eso abre tanto los ojos. ?La muy lechuza! ?Ja, ja, ja! -Un golpe de tos y continuo-: ?Que perseguira con la exhibicion de ese gorro? -Tosio de nuevo-. ?Ha observado usted que pretende hacer creer a todo el mundo que me protege y me hace un honor asistiendo a esta comida? Yo le rogue que invitara a personas respetables, tan respetables como lo soy yo misma, y que diera preferencia a los que conocian al difunto. Y ya ve usted a quien ha invitado: a una serie de patanes y puercos. Mire ese de la cara sucia. Es una porqueria viviente... Y a esos polacos nadie los ha visto nunca aqui. Yo no tengo la menor idea de quienes son ni de donde han salido... ?Para que demonio habran venido? Mire que quietecitos estan... ?Eh, pane! -grito de pronto a uno de ellos-. ?Ha comido usted crepes? ?Coma mas! ?Y beba cerveza! ?Quiere vodka...? Fijese: se levanta y saluda. Mire, mire... Deben de estar hambrientos los pobres diablos. ?Que coman! Por lo menos, no arman bulla... Pero temo por los cubiertos de la patrona, que son de plata... Oiga, Amalia Ivanovna -dijo en voz bastante alta, dirigiendose a la senora Lipevechsel-, sepa usted que si se diera el caso de que desaparecieran sus cubiertos, yo me lavaria las manos. Se lo advierto.</p><p>Y se echo a reir a carcajadas, mirando a Raskolnikof e indicando a la patrona con movimientos de cabeza. Parecia muy satisfecha de su ocurrencia.</p><p>-No se ha enterado, todavia no se ha enterado. Ahi esta con la boca abierta. Mirela: parece una lechuza, una verdadera lechuza adornada con cintas nuevas... ?Ja, ja, ja!</p><p>Esta risa termino en un nuevo y terrible acceso de tos que duro varios minutos. Su panuelo se mancho de sangre y el sudor cubrio su frente. Mostro en silencio la sangre a Raskolnikof, y cuando hubo recobrado el aliento, empezo a hablar nuevamente con gran animacion, mientras rojas manchas aparecian en sus pomulos.</p><p>-oigame, yo le confie la mision delicadisima, si, verdaderamente delicada, de invitar a esa senora y a su hija... Ya sabe usted a quien me refiero... Habia que proceder con sumo tacto. Pues bien, ella cumplio el encargo de tal modo, que esa estupida extranjera, esa orgullosa criatura, esa misera provinciana, que, en su calidad de viuda de un mayor, ha venido a solicitar una pension y se pasa el dia dando la lata por los despachos oficiales, con un dedo de pintura en cada mejilla, ?a los cincuenta y cinco anos...!; esa cursi, no solo no se ha dignado aceptar mi invitacion, sino que ni siquiera ha juzgado necesario excusarse, como exige la mas elemental educacion. Tampoco comprendo por que ha faltado Piotr Petrovitch... Pero ?que le habra pasado a Sonia? ?Donde estara...? ?Ah, ya viene...! ?Que te ha ocurrido, Sonia? ?Donde te has metido? Debiste arreglar las cosas de modo que pudieras acudir puntualmente a los funerales de tu padre... Rodion Romanovitch, hagale sitio a su lado... Sientate, Sonia, y coge lo que quieras. Te recomiendo esta carne en gelatina. En seguida traeran los crepes... ?Ya estan servidos los ninos? ?No te hace falta nada, Poletchka...? Portate bien, Lena; y tu, Kolia, no muevas las piernas de ese modo. Comportate como un nino de buena familia... ?Que hay, Sonetchka?</p><p>Sonia se apresuro a transmitirle las excusas de Piotr Petrovitch, levantando la voz cuanto pudo, a fin de que todos la oyeran, y exagerando las expresiones de respeto de Lujine. Anadio que Piotr Petrovitch le habia dado el encargo de decirle que vendria a verla tan pronto como le fuera posible para hablar de negocios, ponerse de acuerdo sobre los pasos que habia de dar, etc.</p><p>Sonia sabia que estas palabras tranquilizarian a Catalina Ivanovna y, sobre todo, que serian un balsamo para su amor propio. Se habia sentado al lado de Raskolnikof y le habia dirigido una mirada rapida y curiosa; pero durante el resto de la comida evito mirarle y hablarle.</p><p>Al mismo tiempo que distraida, parecia estar atenta a descubrir el menor deseo en el semblante de su madrastra. Ninguna de las dos iba de luto, por no tener vestido negro. Sonia llevaba un trajecito pardo, y Catalina Ivanovna un vestido de indiana oscuro, a rayas, que era el unico que tenia.</p><p>Las excusas de Piotr Petrovitch produjeron excelente impresion. Despues de haber escuchado las palabras de Sonia con grave semblante, Catalina Ivanovna se informo con la misma dignidad de la salud de Piotr Petrovitch. En seguida dijo a Raskolnikof, casi en voz alta, que habria sido verdaderamente chocante ver un hombre tan serio y respetable como Lujine en aquella extrana sociedad, y que se comprendia que no hubiera acudido, a pesar de los lazos de amistad que le unian a su familia.</p><p>-He aqui por que le agradezco especialmente, Rodion Romanovitch, que no haya despreciado mi hospitalidad, aunque usted esta en condiciones parecidas -anadio en voz lo bastante alta para que todos la oyeran-. Estoy segura de que solo la gran amistad que le unia a mi pobre esposo ha podido inducirle a mantener su palabra.</p><p>Acto seguido recorrio las caras de todos los invitados con una mirada cenuda, y de pronto, de un extremo a otro de la mesa, pregunto al viejo sordo si no queria mas asado y si habia bebido oporto. El viejecito no contesto y tardo un buen rato en comprender lo que le preguntaban, aunque sus vecinos habian empezado a zarandearlo para reirse a su costa. El no hacia mas que mirar confuso en todas direcciones, lo que llevaba al colmo la alegria general.</p><p>-?Que estupido! -exclamo Catalina Ivanovna, dirigiendose a Raskolnikof-. ?Fijese! ?Por que le habran traido? En cuanto a Piotr Petrovitch, siempre he estado segura de el, y en verdad puede decirse -ahora se dirigia a Amalia Ivanovna y con un gesto tan severo que la patrona se sintio intimidada- que no se parece en nada a sus quisquillosas provincianas. Mi padre no las habria querido ni para cocineras, y si mi difunto esposo les hubiera hecho el honor de recibirlas, habria sido tan solo por su excesiva bondad.</p><p>-?Y como le gustaba beber! -exclamo de pronto el antiguo empleado de intendencia mientras vaciaba su decima copa de vodka-. ?Tenia verdadera debilidad por la bebida!</p><p>Catalina Ivanovna se revolvio al oir estas palabras.</p><p>-Mi difunto marido tenia ciertamente ese defecto, nadie lo ignora, pero era un hombre de gran corazon que amaba y respetaba a su familia. Su desgracia fue que, llevado de su bondad excesiva, alternaba con todo el mundo, y solo Dios sabe los desarrapados con que se reuniria para beber. Los individuos con que trataba valian menos que su dedo menique. Figurese usted, Rodion Romanovitch, que encontraron en su bolsillo un gallito de mazapan. Ni siquiera cuando estaba embriagado olvidaba a sus hijos.</p><p>-?Un gaaallito? -exclamo el ex empleado de intendencia-. ?Ha dicho usted un ga... gallito?</p><p>Catalina Ivanovna no se digno contestar. Estaba pensativa. De pronto lanzo un suspiro.</p><p>Luego dijo, dirigiendose a Raskolnikof:</p><p>-Usted creera, sin duda, como cree todo el mundo, que yo era demasiado severa con el. Pues no. El me respetaba, me respetaba profundamente. Tenia un hermoso corazon y yo le compadecia a veces. Cuando, sentado en su rincon, levantaba los ojos hacia mi, yo me conmovia de tal modo, que sentia la tentacion de mostrarme carinosa con el. Pero me retenia la idea de que inmediatamente empezaria a beber de nuevo. Tenia que ser rigurosa, pues este era el unico modo de frenarlo.</p><p>-Si -dijo el de intendencia, apurando una nueva copa de vodka-, habia que tirarle de los pelos. Y muchas veces.</p><p>-Hay imbeciles -replico vivamente Catalina Ivanovna -a los que no solo habria que tirar del pelo, sino tambien que echarlos a la calle a escobazos..., y no me refiero al difunto precisamente.</p><p>Sus mejillas enrojecian cada vez mas, la ahogaba la rabia y parecia a punto de estallar. Algunos invitados reian disimuladamente: al parecer, les divertia la escena. No faltaban los que incitaban al de intendencia, hablandole en voz baja: eran los eternos cizaneros.</p><p>-Per...mi...tame preguntarle a... quien se re...fiere usted -dijo el ex empleado-. Pero no..., no vale la pena... La cosa no tiene importancia... Una viuda... Una pobre viuda... La per... perdono... No se hable mas del asunto.</p><p>Y se bebio otra copa de vodka.</p><p>Raskolnikof escuchaba todo esto en silencio y con una expresion de disgusto. Solo comia por no desairar a Catalina Ivanovna, limitandose a mordisquear los manjares con que ella le llenaba continuamente el plato. Toda su atencion estaba concentrada en Sonia. Esta temblaba, dominada por una inquietud creciente, pues presentia que la comida terminaria mal, y seguia con la vista, aterrada, los progresos de la exasperacion de Catalina Ivanovna. Sabia muy bien que ella misma, Sonia, habia sido la causa principal del insultante desaire con que las dos damas habian respondido a la invitacion de su madrastra. Se habia enterado por Amalia Ivanovna de que la madre incluso se habia sentido ofendida y habia preguntado a la patrona: &quot;?Cree usted que yo puedo sentar a mi hija junto a esa... senorita?&quot; La joven sospechaba que su madrastra estaba enterada de ello, en cuyo caso este insulto la mortificaria mas que una afrenta dirigida contra ella misma, contra sus hijos y contra la memoria de su padre. En fin, que Catalina Ivanovna, ante el terrible ultraje, no descansaria hasta haber dicho a aquellas provincianas que las dos eran unas..., etc., etc.</p><p>Para colmo de desdichas, uno de los invitados que se sentaba en el otro extremo de la mesa envio a Sonia un plato donde se veian dos corazones traspasados por una flecha, modelados con pan de centeno. Catalina Ivanovna, en un subito arranque de colera, manifesto a voz en grito que el autor de semejante broma era seguramente un asno borracho.</p><p>Amalia Ivanovna, presa tambien de los peores presentimientos acerca del desenlace de la comida y, por otra parte, herida profundamente por la aspereza con que la trataba Catalina Ivanovna, se propuso dar un giro a la atencion general y, al mismo tiempo, hacerse valer a los ojos de todos los presentes. Para ello empezo a contar de pronto que un amigo suyo, que era farmaceutico y se llamaba Karl, habia tomado una noche un simon cuyo cochero habia intentado asesinarle.</p><p>-Y Karl le suplico que no le matara, y se echo a llorar con las manos enlazadas. Tan aterrado estaba, que el tambien sintio su corazon traspasado.</p><p>Aunque esta historia le hizo sonreir, Catalina Ivanovna dijo que Amalia Ivanovna no debia contar anecdotas en ruso. La alemana se sintio profundamente ofendida y respondio que su Vater aus Berlin fue un hombre muy importante que paseaba todo el dia las manos por los bolsillos.</p><p>La burlona Catalina Ivanovna no pudo contenerse y lanzo tal carcajada, que Amalia Ivanovna acabo por perder la paciencia y hubo de hacer un gran esfuerzo para no saltar.</p><p>-?Ha oido usted a esa vieja lechuza?-siguio diciendo en voz baja Catalina Ivanovna a Raskolnikof-. Ha querido decir que su padre se paseaba con las manos en los bolsillos, y todo el mundo habra creido que se estaba registrando los bolsillos a todas horas. ?Ji, ji! ?Ha observado usted, Rodion Romanovitch, que, por regla general, los extranjeros establecidos en Petersburgo, especialmente los alemanes, que llegan de Dios sabe donde, son bastante menos inteligentes que nosotros? Digame usted si no es una necedad contar una historia como esa del farmaceutico cuyo corazon estaba traspasado de espanto. El muy mentecato, en vez de echarse sobre el cochero y atarlo, enlaza las manos y llora y suplica... ?Ah, que mujer tan estupida! Cree que esta historia es conmovedora y no se da cuenta de su necedad. A mi juicio, ese alcoholico que fue empleado de intendencia es mas inteligente que ella. Cuando menos, se ve en seguida que esta dominado por la bebida y que hasta el ultimo destello de su lucidez ha naufragado en alcohol... En cambio, todos esos que estan tan serios y callados... Pero fijese como abre los ojos esa mujer. Esta enojada... ?Ja, ja, ja! Esta que trina...</p><p>Catalina Ivanovna, con alegre entusiasmo, hablo de otras mil cosas insignificantes, y de improviso anuncio que tan pronto como obtuviera la pension se retiraria a T., su ciudad natal, para abrir un centro de ensenanza que se dedicaria a la educacion de muchachas nobles. Aun no habia hablado de este proyecto a Raskolnikof, y se lo expuso con todo detalle. Como por arte de magia, exhibio aquel diploma de que Marmeladof habia hablado a Raskolnikof cuando le conto en una taberna que Catalina Ivanovna, al salir del pensionado, habia bailado en presencia del gobernador y de otras personalidades la danza del chal. Podria creerse que Catalina Ivanovna utilizaba este diploma para demostrar su derecho a abrir un pensionado, pero su verdadero fin habia sido otro: habia pensado utilizarlo para confundir a aquellas provincianas endomingadas en el caso de que hubieran asistido a la comida de funerales, demostrandoles asi que ella pertenecia a una de las familias mas nobles, que era hija de un coronel y, en fin, que valia mil veces mas que todas las advenedizas que en los ultimos tiempos se habian multiplicado de un modo exorbitante.</p><p>El diploma dio la vuelta a la mesa. Los invitados lo pasaban de mano en mano, sin que Catalina Ivanovna se opusiera a ello, ya que aquel papel la presentaba en toutes lettres como hija de un consejero de la corte, de un caballero, lo que la autorizaba a considerarse hija de un coronel. Despues, la viuda, inflamada de entusiasmo, empezo a hablar de la existencia tranquila y feliz que pensaba llevar en T. Incluso se refirio a los profesores que llamaria para instruir a sus alumnas, citando al senor Mangot, viejo y respetable frances que le habia ensenado a ella este idioma. Entonces estaba pasando los ultimos anos de su vida en T. y no vacilaria en ingresar como profesor de su pensionado por un modico sueldo. Finalmente, anuncio que Sonia la acompanaria y la ayudaria a dirigir el centro de ensenanza, lo cual produjo una risa ahogada en un extremo de la mesa.</p><p>Catalina Ivanovna fingio no haberla oido, pero, levantando de pronto la voz, empezo a enumerar las cualidades incontables que permitirian a Sonia Simonovna secundarla en su empresa. Ensalzo su dulzura, su paciencia, su abnegacion, su nobleza de alma, su vasta cultura; dicho lo cual, le dio un golpecito carinoso en la mejilla y se levanto para besarla, cosa que hizo dos veces. Sonia enrojecio y Catalina Ivanovna, hecha un mar de lagrimas, dijo de pronto que era una tonta que se dejaba impresionar demasiado por los acontecimientos y que, ya que la comida habia terminado, iba a servir el te.</p><p>Entonces Amalia Ivanovna, molesta por el hecho de no haber podido pronunciar una sola palabra en la conversacion precedente, y tambien al ver que nadie le prestaba atencion, decidio arriesgarse nuevamente y, aunque dominada por cierta inquietud, hizo a Catalina Ivanovna la sabia observacion de que deberia prestar atencion especialisima a la ropa interior de las alumnas (die Wasche) y de contratar una mujer para que se cuidara exclusivamente de ello (die Dame), y, en fin, que seria una medida prudente vigilar a las muchachas, de modo que no pudieran leer novelas por las noches. Catalina Ivanovna, que se hallaba bajo los efectos estimulantes de la animada ceremonia, le respondio asperamente que sus observaciones eran desatinadas y que no entendia nada, que el cuidado de la Wasche incumbia al ama de llaves y no a la directora de un pensionado de muchachas nobles. En cuanto a la observacion relacionada con la lectura de novelas, le parecia simplemente una inconveniencia. Todo esto equivalia a decirle que se callase.</p><p>De pronto, Amalia Ivanovna enrojecio y replico agriamente que ella siempre habia dado muestras de las mejores intenciones y que hacia ya bastante tiempo que no recibia Geld por el alquiler de la habitacion de Catalina Ivanovna. Esta le replico que mentia al hablar de buenas intenciones, pues el mismo dia anterior, cuando el difunto estaba todavia en el aposento, se habia presentado para reclamarle con malos modos el dinero del alquiler. Entonces la patrona dijo que habia invitado a las dos damas y que estas no habian aceptado porque era nobles y no podian ir a casa de una mujer que no era noble. A lo cual repuso Catalina Ivanovna que, como ella no era nada, no estaba capacitada para juzgar a la verdadera nobleza. Amalia Ivanovna no pudo soportar esta insolencia y declaro que su Vater aus Berlin era un hombre muy importante que siempre iba con las manos en los bolsillos y haciendo &quot; ?puaf, puaf! &quot; Y para dar una idea mas exacta de como era el tal Vater, la senora Lipevechsel se levanto, introdujo las dos manos en sus bolsillos, hincho los carrillos y empezo a imitar el &quot; ?puaf, puaf! &quot; paterno, en medio de las risas de todos los inquilinos, cuya intencion era alentarla, con la esperanza de asistir a una batalla entre las dos mujeres.</p><p>Catalina Ivanovna, incapaz de seguir conteniendose, declaro a voz en grito que seguramente Amalia Ivanovna no habia tenido nunca Vater, que era una vulgar finesa de Petersburgo, una borracha que habia sido cocinera o algo peor.</p><p>La senora Lipevechsel se puso tan roja como un pimiento y replico a grandes voces que era Catalina Ivanovna la que no habia tenido Vater, pero que ella tenia un Vater aus Berlin que llevaba largos redingotes y siempre iba haciendo &quot; ?puaf, puaf! &quot;</p><p>Catalina Ivanovna respondio desdenosamente que todo el mundo conocia su propio origen y que en su diploma se decia con caracteres de imprenta que era hija de un coronel, mientras que el padre de Amalia Ivanovna, en el caso de que existiera, debia de ser un lechero fines; pero que era mas que probable que ella no tuviera padre, ya que nadie sabia aun cual era su patronimico, es decir, si se llamaba Amalia Ivanovna o Amalia Ludwigovna.</p><p>Al oir estas palabras, la patrona, fuera de si, empezo a golpear con el puno la mesa mientras decia a grandes gritos que ella era Ivanovna y no Ludwigovna, que su Vater se llamaba Johann y era bailio, cosa que no habia sido jamas el Vater de Catalina Ivanovna.</p><p>Esta se levanto en el acto y, con una voz cuya calma contrastaba con la palidez de su semblante y la agitacion de su pecho, dijo a Amalia Ivanovna que si osaba volver a comparar, aunque solo fuera una vez, a su miserable Vater con su padre, le arrancaria el gorro y se lo pisotearia.</p><p>Al oir esto, Amalia Ivanovna empezo a ir y venir precipitadamente por la habitacion, gritando con todas sus fuerzas que ella era la duena de la casa y que Catalina Ivanovna debia marcharse inmediatamente.</p><p>Acto seguido se arrojo sobre la mesa y empezo a recoger sus cubiertos de plata.</p><p>A esto siguio una confusion y un alboroto indescriptibles. Los ninos se echaron a llorar. Sonia se abalanzo sobre su madrastra para intentar retenerla, pero cuando Amalia Ivanovna aludio a la tarjeta amarilla, la viuda rechazo a la muchacha y se fue derecha a la patrona con la intencion de poner en practica su amenaza.</p><p>En este momento se abrio la puerta y aparecio en el umbral Piotr Petrovitch Lujine, que paseo una mirada atenta y severa por toda la concurrencia.</p><p>Catalina Ivanovna corrio hacia el.</p> <br /><br /><p>III</p><p>Piotr Petrovitch -exclamo Catalina Ivanovna-, protejame. Haga comprender a esta mujer estupida que no tiene derecho a insultar a una noble dama abatida por el infortunio, y que hay tribunales para estos casos... Me quejare ante el gobernador general en persona y ella tendra que responder de sus injurias... En memoria de la hospitalidad que recibio usted de mi padre, defienda a estos pobres huerfanos.</p><p>-Permitame, senora, permitame -respondio Piotr Petrovitch, tratando de apartarla-. Yo no he tenido jamas el honor, y usted lo sabe muy bien, de tratar a su padre. Perdone, senora -alguien se echo a reir estrepitosamente-, pero no tengo la menor intencion de mezclarme en sus continuas disputas con Amalia Ivanovna... Vengo aqui para un asunto personal. Deseo hablar inmediatamente con su hijastra Sonia Simonovna. Se llama asi, ?no es cierto? Permitame...</p><p>Y Piotr Petrovitch, pasando por el lado de Catalina Ivanovna, se dirigio al extremo opuesto de la habitacion, donde estaba Sonia.</p><p>Catalina Ivanovna quedo clavada en el sitio, como fulminada. No comprendia por que Piotr Petrovitch negaba que habia sido huesped de su padre. Esta hospitalidad creada por su fantasia habia llegado a ser para ella un articulo de fe. Por otra parte, le sorprendia el tono seco, altivo y casi desdenoso con que le habia hablado Lujine.</p><p>Ante la aparicion de Piotr Petrovitch se habia ido restableciendo el silencio poco a poco. Aun dejando aparte que la gravedad y la correccion de aquel hombre de negocios contrastaba con el aspecto desalinado de los inquilinos de la senora Lipevechsel, todos ellos comprendian que solo un motivo de excepcional importancia podia justificar la presencia de Lujine en aquel lugar y, en consecuencia, esperaban un golpe teatral.</p><p>Raskolnikof, que estaba al lado de Sonia, se aparto para dejar el paso libre a Piotr Petrovitch, el cual, al parecer, no advirtio su presencia.</p><p>Transcurrido un instante, aparecio Lebeziatnikof, pero no entro en la habitacion, sino que se quedo en el umbral. En su semblante se mezclaban la curiosidad y la sorpresa, y presto atencion a lo que alli se decia, demostrando un vivo interes, pero con el gesto del que nada comprende.</p><p>-Perdonenme que les interrumpa -dijo Piotr Petrovitch sin dirigirse a nadie particularmente-, pero me he visto obligado a venir por un asunto de gran importancia. Ademas, celebro poder hablar ante testigos. Amalia Ivanovna, le ruego que, en su calidad de propietaria de la casa, preste atencion al dialogo que voy a mantener con Sonia Simonovna.</p><p>Y volviendose hacia la joven, que daba muestras de profunda sorpresa y estaba atemorizada, continuo:</p><p>-Sonia Simonovna, inmediatamente despues de su visita he advertido la desaparicion de un billete de Banco de cien rublos que estaba sobre una mesa en la habitacion de mi amigo Andres Simonovitch Lebeziatnikof. Si usted sabe donde esta ese billete y me lo dice, le doy palabra de honor, en presencia de todos estos testigos, de que el asunto no pasara adelante. En el caso contrario, me vere obligado a tomar medidas mas serias, y entonces no tendra derecho a quejarse sino de usted misma.</p><p>Un gran silencio siguio a estas palabras. Incluso los ninos dejaron de llorar.</p><p>Sonia, palida como una muerta, miraba a Lujine sin poder pronunciar palabra. Daba la impresion de no haber comprendido. Transcurrieron unos segundos.</p><p>-Bueno, decidase -le dijo Piotr Petrovitch, mirandola fijamente.</p><p>-Yo no se..., yo no se nada -repuso Sonia con voz debil.</p><p>-?De modo que no sabe usted nada?</p><p>Dicho esto, Lujine dejo pasar varios segundos mas. Luego continuo, en tono severo:</p><p>-Pienselo bien, senorita. Le doy tiempo para que reflexione. Comprenda que si no estuviera completamente seguro de lo que digo, me guardaria mucho de acusarla tan formalmente como lo estoy haciendo. Tengo demasiada experiencia para exponerme a un proceso por difamacion... Esta manana he negociado varios titulos por un valor nominal de unos tres mil rublos. La suma exacta consta en mi cuaderno de notas. Al regresar a mi casa he contado el dinero: Andres Simonovitch es testigo. Despues de haber contado dos mil trescientos rublos, los he puesto en una cartera que me he guardado en el bolsillo. Sobre la mesa han quedado alrededor de quinientos rublos, entre los que habia tres billetes de cien. Entonces ha llegado usted, llamada por mi, y durante todo el tiempo que ha durado su visita ha dado usted muestras de una agitacion extraordinaria, hasta el extremo de que se ha levantado tres veces, en su prisa por marcharse, aunque nuestra conversacion no habia terminado. Andres Simonovitch es testigo de que todo cuanto acabo de decir es exacto. Creo que no lo negara usted, senorita. La he mandado llamar por medio de Andres Simonovitch con el exclusivo objeto de hablar con usted sobre la triste situacion en que ha quedado su segunda madre, Catalina Ivanovna (cuya invitacion me ha sido imposible atender), y tratar de la posibilidad de ayudarla mediante una rifa, una suscripcion o algun otro procedimiento semejante... Le doy todos estos detalles, en primer lugar, para recordarle como han ocurrido las cosas, y en segundo, para que vea usted que lo recuerdo todo perfectamente... Luego he cogido de la mesa un billete de diez rublos y se lo he entregado, haciendo constar que era mi aportacion personal y el primer socorro para su madrastra... Todo esto ha ocurrido en presencia de Andres Simonovitch. Seguidamente la he acompanado hasta la puerta y he podido ver que estaba tan trastornada como cuando ha llegado. Cuando usted ha salido, yo he estado conversando durante unos diez minutos con Andres Simonovitch. Finalmente, el se ha retirado y yo me he acercado a la mesa para recoger el resto de mi dinero, contarlo y guardarlo. Entonces, con profundo asombro, he visto que faltaba uno de los tres billetes. Comprenda usted, senorita. No puedo sospechar de Andres Simonovitch. La simple idea de esta sospecha me parece un disparate. Tampoco es posible que me haya equivocado en mis cuentas, porque las he verificado momentos antes de llegar usted y he comprobado su exactitud. Comprenda que la agitacion que usted ha demostrado, su prisa en marcharse, el hecho de que haya tenido usted en todo momento las manos sobre la mesa, y tambien, en fin, su situacion social y los habitos propios de ella, son motivos suficientes para que me vea obligado, muy a pesar mio y no sin cierto horror, a concebir contra usted sospechas, crueles sin duda pero legitimas. Quiero anadir y repetir que, por muy convencido que este de su culpa, se que corro cierto riesgo al acusarla. Sin embargo, no vacilo en hacerlo, y le dire por que. Lo hago exclusivamente por su ingratitud. La llamo para hablar de una posible ayuda a su infortunada segunda madre, le entrego mi obolo de diez rublos, y he aqui el pago que usted me da. No, esto no esta nada bien. Necesita usted una leccion. Reflexione. Le hablo como le hablaria su mejor amigo, y, en verdad, no puede usted tener en este momento otro amigo mejor, pues, si no lo fuese, procederia con todo rigor e inflexibilidad. Bueno, ?que dice usted?</p><p>-Yo no le he quitado nada -murmuro Sonia, aterrada-. Usted me ha dado diez rublos. Mirelos. Se los devuelvo.</p><p>Saco el panuelo del bolsillo, deshizo un nudo que habia en el, saco el billete de diez rublos que Lujine le habia dado y se lo ofrecio.</p><p>-?Asi -dijo Piotr Petrovitch en un tono de censura y sin tomar el billete-, persiste usted en negar que me ha robado cien rublos?</p><p>Sonia miro en todas direcciones y solo vio semblantes terribles, burlones, severos o cargados de odio. Dirigio una mirada a Raskolnikof, que estaba en pie junto a la pared. El joven tenia los brazos cruzados y fijaba en ella sus ardientes ojos.</p><p>-?Dios mio! -gimio Sonia.</p><p>-Amalia Ivanovna -dijo Lujine en un tono dulce, casi acariciador-, habra que llamar a la policia, y le ruego que haga subir al portero para que este aqui mientras llegan los agentes.</p><p>-Gott der harmberzige! -dijo la senora Lipevechsel-. Ya sabia yo que era una ladrona.</p><p>-?Conque lo sabia usted? Entonces no cabe duda de que existen motivos para que usted haya pensado en ello. Honorable Amalia Ivanovna, le ruego que no olvide las palabras que acaba de pronunciar, por cierto ante testigos.</p><p>En este momento se alzaron rumores de todas partes. La concurrencia se agitaba.</p><p>-?Pero que dice usted? -exclamo de pronto Catalina Ivanovna, saliendo de su estupor y arrojandose sobre Lujine-. ?Se atreve a acusarla de robo? ?A ella, a Sonia! ?Cobarde, canalla!</p><p>Se arrojo sobre Sonia y la rodeo con sus descarnados brazos.</p><p>-?Sonia! ?Como has podido aceptar diez rublos de este hombre? ?Que infeliz eres! ?Damelos, damelos en seguida...! ?Ahi los tiene!</p><p>Catalina Ivanovna se habia apoderado del billete, lo estrujo y se lo tiro a Lujine a la cara. El papel, hecho una bola, fue a dar contra un ojo de Piotr Petrovitch y despues cayo al suelo. Amalia Ivanovna se apresuro a recogerlo. Lujine se indigno.</p><p>-?Cojan a esta loca!</p><p>En ese momento, varias personas aparecieron en el umbral, al lado de Lebeziatnikof. Entre ellas estaban las dos provincianas.</p><p>-?Loca? ?Loca yo? -grito Catalina Ivanovna-. ?Tu si que eres un imbecil, un vil agente de negocios, un infame...! ?Sonia quitarle dinero! ?Sonia una ladrona! ?Antes te lo daria que quitartelo, idiota!</p><p>Lanzo una carcajada histerica y, yendo de inquilino en inquilino y senalando a Lujine, exclamaba:</p><p>-?Ha visto usted un imbecil semejante?</p><p>De pronto vio a Amalia Ivanovna y se detuvo.</p><p>-?Y tu tambien, salchichera, miserable prusiana! ?Tu tambien crees que es una ladrona...! ?Como es posible? ?Ella -dijo a Lujine- ha venido de tu habitacion aqui, y de aqui no ha salido, granuja, mas que granuja! ?Todo el mundo ha visto que se ha sentado a la mesa y no se ha movido! ?Se ha sentado al lado de Rodion Romanovitch...! ?Registrenla! ?Como no ha ido a ninguna parte, si ha cogido el billete ha de llevarlo encima...! Busca, busca... Pero si no encuentras nada, amigo mio, tendras que responder de tus injurias... ?Ire a quejarme al emperador en persona, al zar misericordioso! Me arrojare a sus pies, ?y hoy mismo! Como soy huerfana, me dejaran entrar. ?Crees que no me recibira? Estas muy equivocado. Llegare hasta el... Confiabas en la bondad y en la timidez de Sonia, ?verdad? Seguro que contabas con eso. Pero yo no soy timida y nos las vas a pagar. ?Busca, registrala! ?Hala! ?Que esperas?</p><p>Catalina Ivanovna, ciega de rabia, sacudia a Lujine y lo arrastraba hacia Sonia.</p><p>-Lo hare, correre con esa responsabilidad... Pero calmese, senora. Ya veo que usted no teme a nada ni a nadie. Esto..., esto se debia hacer en la comisaria... Aunque -prosiguio Lujine, balbuceando -hay aqui bastantes testigos... Estoy dispuesto a registrarla... Sin embargo, es una cuestion delicada, a causa de la diferencia de sexos... Si Amalia Ivanovna quisiera ayudarnos... Desde luego, no es asi como se hacen estas cosas, pero hay casos en que...</p><p>-?Hagala registrar por quien quiera! -vocifero Catalina Ivanovna-. Ensenale los bolsillos... ?Mira, mira, monstruo! En este no hay nada mas que un panuelo, como puedes ver. Ahora el otro. ?Mira, mira! ?Lo ves bien?</p><p>Y Catalina Ivanovna, no contenta con vaciar los bolsillos de Sonia, los volvio del reves uno tras otro. Pero apenas deshizo los pliegues que se habian formado en el forro del segundo, el de la derecha, salto un papelito que, describiendo en el aire una parabola, cayo a los pies de Lujine. Todos lo vieron y algunos lanzaron una exclamacion. Piotr Petrovitch se inclino, cogio el papel con los dedos y lo desplego: era un billete de cien rublos plegado en ocho dobles. Lujine lo hizo girar en su mano a fin de que todo el mundo lo viera.</p><p>-?Ladrona! ?Fuera de aqui! ?La policia! ?La policia! -exclamo la senora Lipevechsel-. ?Deben mandarla a Siberia! ?Fuera de aqui!</p><p>De todas partes salian exclamaciones. Raskolnikof no cesaba de mirar en silencio a Sonia; solo apartaba los ojos de ella de vez en cuando para fijarlos en Lujine. Sonia estaba inmovil, como hipnotizada. Ni siquiera podia sentir asombro. De pronto le subio una oleada de sangre a la cara, se la cubrio con las manos y lanzo un grito.</p><p>-?Yo no he sido! ?Yo no he cogido el dinero! ?Yo no se nada! -exclamo en un alarido desgarrador y, corriendo hacia Catalina Ivanovna.</p><p>Esta le abrio el asilo inviolable de sus brazos y la estrecho convulsivamente contra su corazon.</p><p>-?Sonia, Sonia! ?No te creo; ya ves que no te creo! -exclamo Catalina Ivanovna, rechazando la evidencia.</p><p>Y mecia en sus brazos a Sonia como si fuera una nina, y la estrechaba una y otra vez contra su pecho, o le cogia las manos y se las cubria de besos apasionados.</p><p>-?Robar tu? ?Que imbeciles, Senor! ?Necios, todos sois unos necios! -grito, dirigiendose a los presentes-. ?No sabeis lo hermoso que es su corazon! ?Robar ella..., ella? ?Pero si seria capaz de vender hasta su ultimo trozo de ropa y quedarse descalza para socorrer a quien lo necesitase! ?Asi es ella! ?Se hizo extender la tarjeta amarilla para que mis hijos y yo no muriesemos de hambre! ?Se vendio por nosotros! ?Ah, mi querido difunto, mi pobre difunto! ?Ves esto, pobre esposo mio? ?Que comida de funerales, Senor! ?Por que no la defiendes, Dios mio? ?Y que hace usted ahi, Rodion Romanovitch, sin decir nada? ?Por que no la defiende usted? ?Es que tambien usted la cree culpable? ?Todos vosotros juntos valeis menos que su dedo menique! ?Senor, Senor! ?Por que no la defiendes?</p><p>La desesperacion de la infortunada Catalina Ivanovna produjo profunda y general emocion. Aquel rostro descarnado de tisica, contraido por el sufrimiento; aquellos labios resecos, donde la sangre se habia coagulado; aquella voz ronca; aquellos sollozos, tan violentos como los de un nino, y, en fin, aquella demanda de auxilio, confiada, ingenua y desesperada a la vez, todo esto expresaba un dolor tan punzante, que era imposible permanecer indiferente ante el. Por lo menos Piotr Petrovitch dio muestras de compadecerse.</p><p>-Calmese, senora, calmese -dijo gravemente-. Este asunto no le concierne en lo mas minimo. Nadie piensa acusarla de premeditacion ni de complicidad, y menos habiendo sido usted misma la que ha descubierto el robo al registrarle los bolsillos. Esto basta para demostrar su inocencia... Me siento inclinado a ser indulgente ante un acto en que la miseria puede haber sido el movil que ha impulsado a Sonia Simonovna. Pero ?por que no quiere usted confesar, senorita? ?Teme usted al deshonor? ?Ha sido la primera vez? ?Acaso ha perdido usted la cabeza? Todo esto es comprensible, muy comprensible... Sin embargo, ya ve usted a lo que se ha expuesto... Senores -continuo, dirigiendose a la concurrencia-, dejandome llevar de un sentimiento de compasion y de simpatia, por decirlo asi, estoy dispuesto todavia a perdonarlo todo, a pesar de los insultos que se me han dirigido.</p><p>Se volvio de nuevo hacia Sonia y anadio:</p><p>-Pero que esta humillacion que hoy ha sufrido usted, senorita, le sirva de leccion para el futuro. Dare el asunto por terminado y las cosas no pasaran de aqui.</p><p>Piotr Petrovitch miro de reojo a Raskolnikof, y las miradas de ambos se encontraron. Los ojos del joven llameaban.</p><p>Catalina Ivanovna, como si nada hubiera oido, seguia abrazando y besando a Sonia con frenesi. Tambien los ninos habian rodeado a la joven y la estrechaban con sus debiles bracitos.</p><p>Poletchka, sin comprender lo que sucedia, sollozaba desgarradoramente, apoyando en el hombro de Sonia su linda carita, banada en lagrimas.</p><p>-?Que ruindad! -dijo de pronto una voz desde la puerta.</p><p>Piotr Petrovitch se volvio inmediatamente.</p><p>-?Que ruindad! -repitio Lebeziatnikof sin apartar de el la vista.</p><p>Lujine se estremecio (todos recordarian este detalle mas adelante), y Andres Simonovitch entro en la habitacion.</p><p>-?Como ha tenido usted valor para invocar mi testimonio? -dijo acercandose a Lujine.</p><p>Piotr Petrovitch balbuceo:</p><p>-?Que significa esto, Andres Simonovitch? No se de que me habla.</p><p>-Pues esto significa que usted es un calumniador. ?Me entiende usted ahora?</p><p>Lebeziatnikof habia pronunciado estas palabras con energica resolucion y mirando duramente a Lujine con sus miopes ojillos. Estaba furioso. Raskolnikof no apartaba la vista de la cara de Andres Simonovitch y le escuchaba con avidez, sin perder ni una sola de sus palabras.</p><p>Hubo un silencio. Piotr Petrovitch parecio desconcertado, sobre todo en los primeros momentos.</p><p>-Pero ?que le pasa? -balbuceo-. ?Esta usted en su juicio?</p><p>-Si, estoy en mi juicio, y usted..., usted es un miserable... ?Que villania! lo he oido todo, y si no he hablado hasta ahora ha sido para ver si comprendia por que ha obrado usted asi, pues le confieso que hay cosas que no tienen explicacion para mi... ?Por que lo ha hecho usted? No lo comprendo.</p><p>-Pero ?que he hecho yo? ?Quiere dejar de hablar en jeroglifico? ?Es que ha bebido mas de la cuenta?</p><p>-Usted, hombre vil, si que es posible que se emborrache. Pero yo no bebo jamas ni una gota de vodka, porque mis principios me lo vedan... Sepan ustedes que ha sido el, el mismo, el que ha transmitido con sus propias manos el billete de cien rublos a Sonia Simonovna. Yo lo he visto, yo he sido testigo de este acto. Y estoy dispuesto a declarar bajo juramento. ?El mismo, el mismo! -repitio Lebeziatnikof, dirigiendose a todos.</p><p>-?Esta usted loco? -exclamo Lujine-. La misma interesada, aqui presente, acaba de afirmar ante testigos que solo ha recibido de mi un billete de diez rublos. ?Como puede usted decir que le he dado el otro billete?</p><p>-?Lo he visto, lo he visto! -repitio Lebeziatnikof-. Y, aunque ello sea contrario a mis principios, estoy dispuesto a afirmarlo bajo juramento ante la justicia. Yo he visto como le introducia usted disimuladamente ese dinero en el bolsillo. En mi candidez, he creido que lo hacia usted por caridad. En el momento en que usted le decia adios en la puerta, mientras le tendia la mano derecha, ha deslizado con la izquierda en su bolsillo un papel. ?Lo he visto, lo he visto!</p><p>Lujine palidecio.</p><p>-?Eso es pura invencion! -exclamo, en un arranque de insolencia-. Usted estaba entonces junto a la ventana. ?Como es posible que desde tan lejos viera el papel? Su miopia le ha hecho ver visiones. Ha sido una alucinacion y nada mas.</p><p>-No, no he sufrido ninguna alucinacion. A pesar de la distancia, me he dado perfecta cuenta de todo. En efecto, desde la ventana no he podido ver que clase de papel era: en esto tiene usted razon. Sin embargo, cierto detalle me ha hecho comprender que el papelito era un billete de cien rublos, pues he visto claramente que, al mismo tiempo que entregaba a Sonia Simonovna el billete de diez rublos, cogia usted de la mesa otro de cien... Esto lo he visto perfectamente, porque entonces e hallaba muy cerca de usted, y recuerdo bien este detalle porque me ha sugerido cierta idea. Usted ha doblado el billete de cien rublos y lo ha mantenido en el hueco de la mano. Despues he dejado de pensar en ello, pero cuando usted se ha levantado ha hecho pasar el billete de la mano derecha a la izquierda, con lo que ha estado a punto de caersele. Entonces me he vuelto a fijar en el, pues de nuevo he tenido la idea de que usted queria socorrer a Sonia Simonovna sin que yo me enterase. Ya puede usted suponer la gran atencion con que desde ese instante he seguido hasta sus menores movimientos. Asi he podido ver como le ha deslizado usted el billete en el bolsillo. ?Lo he visto, lo he visto, y estoy dispuesto a afirmarlo bajo juramento!</p><p>Lebeziatnikof estaba rojo de indignacion. Las exclamaciones mas diversas surgieron de todos los rincones de la estancia. La mayoria de ellas eran de asombro, pero algunas fueron proferidas en un tono de amenaza. Los concurrentes se acercaron a Piotr Petrovitch y formaron un estrecho circulo en torno de el. Catalina Ivanovna se arrojo sobre Lebeziatnikof.</p><p>-?Andres Simonovitch, que mal le conocia a usted! ?Defiendala! Es huerfana. Dios nos lo ha enviado, Andres Simonovitch, mi querido amigo.</p><p>Y Catalina Ivanovna, en un arrebato casi inconsciente, se arrojo a los pies del joven.</p><p>-?Esta loco! -exclamo Lujine, ciego de rabia-. Todo son invenciones suyas... ?Que si se habia olvidado y luego se ha vuelto a acordar...! ?Que significa esto? Segun usted, yo he puesto intencionadamente estos cien rublos en el bolsillo de esta senorita. Pero ?por que? ?Con que objeto?</p>]]></content>
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				<name><![CDATA[Giperion]]></name>
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			<updated>2016-08-02T10:11:02Z</updated>
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			<title type="html"><![CDATA[Re: Достоевский Ф. М. - Преступление и наказание на испанском языке]]></title>
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			<content type="html"><![CDATA[<p>Pero ?no se equivocaria en sus juicios? ?Que fin perseguia el juez de instruccion? ?Seria verdad que le habia preparado una sorpresa? ?En que consistiria? ?Como habria terminado su entrevista con Porfirio si no se hubiese producido la espectacular aparicion de Nicolas?</p><p>Porfirio no habia disimulado su juego; tactica arriesgada, pero cuyo riesgo habia decidido correr. Raskolnikof no dejaba de pensar en ello. Si el juez hubiera tenido otros triunfos, se los habria ensenado igualmente. ?Que seria aquella sorpresa que le reservaba? ?Una simple burla o algo que tenia su significado? ?Constituiria una prueba? ?Contendria, por lo menos, alguna acusacion...? ?El desconocido del dia anterior? ?Como se explicaba que hubiera desaparecido de aquel modo? ?Donde estaria? Si Porfirio tenia alguna prueba, debia de estar relacionada con aquel hombre misterioso.</p><p>Raskolnikof estaba sentado en el divan, con los codos apoyados en las rodillas y la cara en las manos. Un temblor nervioso seguia agitando todo su cuerpo. Al fin se levanto, cogio la gorra, se detuvo un momento para reflexionar y se dirigio a la puerta.</p><p>Consideraba que, por lo menos durante todo aquel dia, estaba fuera de peligro. De pronto experimento una sensacion de alegria y le acometio el deseo de trasladarse lo mas rapidamente posible a casa de Catalina Ivanovna. Desde luego, era ya demasiado tarde para ir al entierro, pero llegaria a tiempo para la comida y veria a Sonia.</p><p>Volvio a detenerse para reflexionar y esbozo una sonrisa dolorosa.</p><p>-Hoy, hoy -murmuro-. Hoy mismo. Es necesario...</p><p>Ya se disponia a abrir la puerta, cuando esta se abrio sin que el la tocase. Se estremecio y retrocedio rapidamente. La puerta se fue abriendo poco a poco, sin ruido, y de subito aparecio la figura del personaje del dia anterior, del hombre que parecia haber surgido de la tierra.</p><p>El desconocido se detuvo en el umbral, miro en silencio a Raskolnikof y dio un paso hacia el interior del aposento.</p><p>Vestia exactamente igual que la vispera, pero su semblante y la expresion de su mirada habian cambiado. Parecia profundamente apenado. Tras unos segundos de silencio, lanzo un suspiro. Solo le faltaba llevarse la mano a la mejilla y volver la cabeza para parecer una pobre mujer desolada.</p><p>-?Que desea usted? -pregunto Raskolnikof, paralizado de espanto.</p><p>El recien llegado no contesto. De pronto hizo una reverencia tan profunda, que su mano derecha toco el suelo.</p><p>-?Que hace usted? -exclamo Raskolnikof.</p><p>-Me siento culpable -dijo el desconocido en voz baja.</p><p>-?De que?</p><p>-De pensar mal.</p><p>Cruzaron una mirada.</p><p>-Yo no estaba tranquilo... Cuando llego usted, el otro dia, seguramente embriagado, y dijo a los porteros que lo llevaran a la comisaria, despues de haber interrogado a los pintores sobre las manchas de sangre, me contrario que no le hicieran caso por creer que estaba usted bebido. Esto me atormento de tal modo, que no pude dormir. Y como me acordaba de su direccion, decidimos venir ayer a preguntar...</p><p>-?Quien vino? -le interrumpio Raskolnikof, que empezaba a comprender.</p><p>-Yo. Por lo tanto, soy yo el que le insulto.</p><p>-Entonces, ?vive usted en aquella casa?</p><p>-Si, y estaba en el portal con otras personas. ?No se acuerda? Hace ya mucho tiempo que vivo y trabajo en aquella casa. Tengo el oficio de peletero. Lo que mas me inquieta es...</p><p>Raskolnikof se acordo de subito de toda la escena de la antevispera. Efectivamente, en el portal, ademas de los porteros, habia varias personas, hombres y mujeres. Uno de los hombres habia dicho que debian llevarle a la comisaria. No recordaba como era el que habia manifestado este parecer -ni siquiera ahora podia reconocerle-, pero estaba seguro de haberse vuelto hacia el y haber respondido algo...</p><p>Se habia aclarado el inquietante misterio del dia anterior. Y lo mas notable era que habia estado a punto de perderse por un hecho tan insignificante. Aquel hombre unicamente podia haber revelado que el, Raskolnikof, habia ido alli para alquilar una habitacion y hecho ciertas preguntas sobre las manchas de sangre. Por consiguiente, esto era todo lo que Porfirio Petrovitch podia saber; es decir, que tenia conocimiento de su acceso de delirio, pero de nada mas, a pesar de su &quot;arma psicologica de dos filos&quot;. En resumidas cuentas, que no sabia nada positivo. De modo que, si no surgian nuevos hechos (y no debian surgir), ?que le podian hacer? Aunque llegaran a detenerle, ?como podrian confundirle? Otra cosa que podia deducirse era que Porfirio acababa de enterarse de su visita a la vivienda de las victimas. Antes de ver al peletero no sabia nada.</p><p>-?Ha sido usted el que le ha contado hoy a Porfirio mi visita a aquella casa? -pregunto, obedeciendo a una idea repentina.</p><p>-?Quien es Porfirio?</p><p>-El juez de instruccion.</p><p>-Si, yo he sido. Como los porteros no fueron, he ido yo.</p><p>-?Hoy?</p><p>-He llegado un momento antes que usted y lo he oido todo: se como le han torturado.</p><p>-?Donde estaba usted?</p><p>-En la vivienda del juez, detras de la puerta interior del despacho. Alli he estado durante toda la escena.</p><p>-Entonces, ?era usted la sorpresa? Cuentemelo todo. ?Por que estaba usted escondido alli?</p><p>-Pues vera -dijo el peletero-. En vista de que los porteros no querian ir a dar parte a la policia, con el pretexto de que era tarde y les pondrian de vuelta y media por haber ido a molestarlos a hora tan intempestiva, me indigne de tal modo, que no pude dormir, y ayer empece a informarme acerca de usted. Hoy, ya debidamente informado, he ido a ver al juez de instruccion. La primera vez que he preguntado por el, estaba ausente. He vuelto una hora despues y no me ha recibido. Al fin, a la tercera vez, me han hecho pasar a su despacho. Se lo he contado todo exactamente como ocurrio. Mientras me escuchaba, Porfirio Petrovitch iba y venia apresuradamente por el despacho, golpeandose el pecho con el puno. &quot; ?Que cosas he de hacer por vuestra culpa, cretinos! -exclamo-. Si hubiera sabido esto antes, lo habria hecho detener.&quot; En seguida salio precipitadamente del despacho, llamo a alguien y se puso a hablar con el en un rincon. Despues volvio a mi lado y de nuevo empezo a hacerme preguntas y a insultarme. Mientras el me dirigia reproche tras reproche, yo se lo he contado todo. Le he dicho que usted se habia callado cuando yo le acuse de asesino y que no me reconocio. El ha vuelto a sus idas y venidas precipitadas y a darse golpes en el pecho, y cuando le han anunciado a usted, ha venido hacia mi y me ha dicho: &quot;Pasa detras de esa puerta y, oigas lo que oigas, no te muevas de ahi.&quot; Me ha traido una silla, me ha encerrado y me ha advertido: &quot;Tal vez te llame.&quot; Pero cuando ha llegado Nicolas y le ha despedido a usted, en seguida me ha dicho a mi que me marchase, advirtiendome que tal vez me llamaria para interrogarme de nuevo.</p><p>-?Ha interrogado a Nicolas delante de ti?</p><p>-Me ha hecho salir inmediatamente despues de usted, y solo entonces ha empezado a interrogar a Nicolas.</p><p>El visitante se inclino otra vez hasta tocar el suelo.</p><p>-Perdone mi denuncia y mi malicia.</p><p>-Que Dios lo perdone -dijo Raskolnikof.</p><p>El visitante se volvio a inclinar; aunque ya no tan profundamente, y se fue a paso lento.</p><p>&quot;Ya no hay mas que pruebas de doble sentido&quot;, se dijo Raskolnikof, y salio de su habitacion reconfortado.</p><p>&quot;Ahora, a continuar la lucha&quot; se dijo con una agria sonrisa mientras bajaba la escalera. Se detestaba a si mismo y se sentia humillado por su pusilanimidad.</p> <br /><br /> <br /><br /><p>QUINTA PARTE</p><p>I</p><p>Al dia siguiente de la noche fatal en que habia roto con Dunia y Pulqueria Alejandrovna, Piotr Petrovitch se desperto de buena manana. Sus pensamientos se habian aclarado, y hubo de reconocer, muy a pesar suyo, que lo ocurrido la vispera, hecho que le habia parecido fantastico y casi imposible entonces, era completamente real e irremediable. La negra serpiente del amor propio herido no habia cesado de roerle el corazon en toda la noche. Lo primero que hizo al saltar de la cama fue ir a mirarse al espejo: temia haber sufrido un derrame de bilis.</p><p>Afortunadamente, no se habia producido tal derrame. Al ver su rostro blanco, de persona distinguida, y un tanto carnoso, se consolo momentaneamente y tuvo el convencimiento de que no le seria dificil reemplazar a Dunia incluso con ventaja; pero pronto volvio a ver las cosas tal como eran, y entonces lanzo un fuerte salivazo, lo que arranco una sonrisa de burla a su joven amigo y companero de habitacion Andres Simonovitch Lebeziatnikof. Piotr Petrovitch, que habia advertido esta sonrisa, la anoto en el debe, ya bastante cargado desde hacia algun tiempo, de Andres Simonovitch.</p><p>Su colera aumento, y se dijo que no debio haber confiado a su companero de hospedaje el resultado de su entrevista de la noche anterior. Era la segunda torpeza que su irritacion y la necesidad de expansionarse le habian llevado a cometer. Para colmo de desdichas, el infortunio le persiguio durante toda la manana. En el Senado tuvo un fracaso al debatirse su asunto. Un ultimo incidente colmo su mal humor. El propietario del departamento que habia alquilado con miras a su proximo matrimonio, departamento que habia hecho reparar a costa suya, se nego en redondo a rescindir el contrato. Este hombre era extranjero, un obrero aleman enriquecido, y reclamaba el pago de los alquileres estipulados en el contrato de arrendamiento, a pesar de que Piotr Petrovitch le devolvia la vivienda tan remozada que parecia nueva. Ademas, el mueblista pretendia quedarse hasta el ultimo rublo de la cantidad anticipada por unos muebles que Piotr Petrovitch no habia recibido todavia.</p><p>&quot; ?No voy a casarme solo por tener los muebles! &quot;, exclamo para si mientras rechinaba los dientes. Pero, al mismo tiempo, una ultima esperanza, una loca ilusion, paso por su pensamiento. &quot;?Es verdaderamente irremediable el mal? ?No podria intentarse algo todavia?&quot; El seductor recuerdo de Dunetchka le atraveso el corazon como una aguja, y si en aquel momento hubiera bastado un simple deseo para matar a Raskolnikof, no cabe duda de que Piotr Petrovitch habria expresado.</p><p>&quot;Otro error mio ha sido no darles dinero -siguio pensando mientras regresaba, cabizbajo, al rincon de Lebeziatnikof-. ?Por que demonio habre sido tan judio? Mis calculos han fallado por completo. Yo creia que, dejandolas momentaneamente en la miseria, las preparaba para que luego vieran en mi a la providencia en persona. Y se me han escapado de las manos... Si les hubiera dado..., ?que dire yo?, unos mil quinientos rublos para el ajuar, para comprar esas telas y esos menudos objetos, esas bagatelas, en fin, que se venden en el bazar ingles, me habria conducido con mas habilidad y el negocio me habria ido mejor. Ellas no me habrian soltado tan facilmente. Por su manera de ser, despues de la ruptura se habrian creido obligadas a devolverme el dinero recibido, y esto no les habria sido ni grato ni facil. Ademas, habria entrado en juego su conciencia. Se habrian dicho que como podian romper con un hombre que se habia mostrado tan generoso y delicado con ellas. En fin, que he cometido una verdadera pifia.&quot;</p><p>Y Piotr Petrovitch, con un nuevo rechinar de dientes, se llamo imbecil a si mismo.</p><p>Despues de llegar a esta conclusion, volvio a su alojamiento mas irritado y furioso que cuando habia salido. Sin embargo, al punto desperto su curiosidad el bullicio que llegaba de las habitaciones de Catalina Ivanovna, donde se estaba preparando la comida de funerales. El dia anterior habia oido decir algo de esta ceremonia. Incluso se acordo de que le habian invitado, aunque sus muchas preocupaciones le habian impedido prestar atencion.</p><p>Se apresuro a informarse de todo, preguntando a la senora Lipevechsel, que, por hallarse ausente Catalina Ivanovna (estaba en el cementerio), se cuidaba de todo y correteaba en torno a la mesa, ya preparada para la colacion. Asi se entero Piotr Petrovitch de que la comida de funerales seria un acto solemne. Casi todos los inquilinos, incluso algunos que ni siquiera habian conocido al difunto, estaban invitados. Andres Simonovitch Lebeziatnikof se sentaria a la mesa, no obstante su reciente disgusto con Catalina Ivanovna. A el, Piotr Petrovitch, se le esperaba como al huesped distinguido de la casa. Amalia Ivanovna habia recibido una invitacion en toda regla a pesar de sus diferencias con Catalina Ivanovna. Por eso ahora se preocupaba de la comida con visible satisfaccion. Se habia arreglado como para una gran solemnidad: aunque iba de luto, lucia orgullosamente un flamante vestido de seda.</p><p>Todos estos informes y detalles inspiraron a Piotr Petrovitch una idea que ocupaba su magin mientras regresaba a su habitacion, mejor dicho, a la de Andres Simonovitch Lebeziatnikof.</p><p>Andres Simonovitch habia pasado toda la manana en su aposento, no se por que motivo. Entre este y Piotr Petrovitch se habian establecido unas relaciones sumamente extranas, pero faciles de explicar. Piotr Petrovitch le odiaba, le despreciaba profundamente, casi desde el mismo dia en que se habia instalado en su habitacion; pero, al mismo tiempo, le temia. No era unicamente la tacaneria lo que le habia llevado a hospedarse en aquella casa a su llegada a Petersburgo. Este motivo era el principal, pero no el unico. Estando aun en su localidad provinciana, habia oido hablar de Andres Simonovitch, su antiguo pupilo, al que se consideraba como uno de los jovenes progresistas mas avanzados de la capital, e incluso como un miembro destacado de ciertos circulos, verdaderamente curiosos, que gozaban de extraordinaria reputacion. Esto habia impresionado a Piotr Petrovitch. Aquellos circulos todopoderosos que nada ignoraban, que despreciaban y desenmascaraban a todo el mundo, le infundian un vago terror. Claro que, al estar alejado de estos circulos, no podia formarse una idea exacta acerca de ellos. Habia oido decir, como todo el mundo, que en Petersburgo habia progresistas, nihilistas y toda suerte de enderezadores de entuertos, pero, como la mayoria de la gente, exageraba el sentido de estas palabras del modo mas absurdo. Lo que mas le inquietaba desde hacia ya tiempo, lo que le llenaba de una intranquilidad exagerada y continua, eran las indagaciones que realizaban tales partidos. Solo por esta razon habia estado mucho tiempo sin decidirse a elegir Petersburgo como centro de sus actividades.</p><p>Estas sociedades le inspiraban un terror que podia calificarse de infantil. Varios anos atras, cuando comenzaba su carrera en su provincia, habia visto a los revolucionarios desenmascarar a dos altos funcionarios con cuya proteccion contaba. Uno de estos casos termino del modo mas escandaloso en contra del denunciado; el otro habia tenido tambien un final sumamente enojoso. De aqui que Piotr Petrovitch, apenas llegado a Petersburgo, procurase enterarse de las actividades de tales asociaciones: asi, en caso de necesidad, podria presentarse como simpatizante y asegurarse la aprobacion de las nuevas generaciones. Para esto habia contado con Andres Simonovitch, y que se habia adaptado rapidamente al lenguaje de los reformadores lo demostraba su visita a Raskolnikof.</p><p>Pero en seguida se dio cuenta de que Andres Simonovitch no era sino un pobre hombre, una verdadera mediocridad. No obstante, ello no altero sus convicciones ni basto para tranquilizarle. Aunque todos los progresistas hubieran sido igualmente estupidos, su inquietud no se habria calmado.</p><p>Aquellas doctrinas, aquellas ideas, aquellos sistemas (con los que Andres Simonovitch le llenaba la cabeza) no le impresionaban demasiado. Solo deseaba poder seguir el plan que se habia trazado, y, en consecuencia, unicamente le interesaba saber como se producian los escandalos citados anteriormente y si los hombres que los provocaban eran verdaderamente todopoderosos. En otras palabras, ?tendria motivos para inquietarse si se le denunciaba cuando emprendiera algun negocio? ?Por que actividades se le podia denunciar? ?Quienes eran los que atraian la atencion de semejantes inspectores? Y, sobre todo, ?podria llegar a un acuerdo con tales investigadores, comprometiendolos, al mismo tiempo, en sus asuntos, si eran en verdad tan temibles? ?Seria prudente intentarlo? ?No se les podria incluso utilizar para llevar a cabo los propios proyectos? Piotr Petrovitch se habria podido hacer otras muchas preguntas como estas...</p><p>Andres Simonovitch era un hombrecillo enclenque, escrofuloso, que pertenecia al cuerpo de funcionarios y trabajaba en una oficina publica. Su cabello era de un rubio casi blanco y lucia unas pobladas patillas de las que se sentia sumamente orgulloso. Casi siempre tenia los ojos enfermos. En el fondo, era una buena persona, pero su lenguaje, de una presuncion que rayaba en la pedanteria, contrastaba grotescamente con su esmirriada figura. Se le consideraba como uno de los inquilinos mas distinguidos de Amalia Ivanovna, ya que no se embriagaba y pagaba puntualmente el alquiler.</p><p>Pese a todas estas cualidades, Andres Simonovitch era bastante necio. Su afiliacion al partido progresista obedecio a un impulso irreflexivo. Era uno de esos innumerables pobres hombres, de esos testarudos ignorantes que se apasionan por cualquier tendencia de moda, para envilecerla y desacreditarla en seguida. Estos individuos ponen en ridiculo todas las causas, aunque a veces se entregan a ellas con la mayor sinceridad.</p><p>Digamos ademas que Lebeziatnikof, a pesar de su buen caracter, empezaba tambien a no poder soportar a su huesped y antiguo tutor Piotr Petrovitch: la antipatia habia surgido espontanea y reciprocamente por ambas partes. Por poco perspicaz que fuera, Andres Simonovitch se habia dado cuenta de que Piotr Petrovitch no era sincero con el y le despreciaba secretamente; en una palabra, que tenia ante si a un hombre distinto del que Lujine aparentaba ser. Habia intentado exponerle el sistema de Furier y la teoria de Darwin, pero Piotr Petrovitch le escuchaba con un gesto sarcastico desde hacia algun tiempo, y ultimamente incluso le respondia con expresiones insultantes. En resumen, que Lujine se habia dado cuenta de que Andres Simonovitch era, ademas de un imbecil, un charlatan que no tenia la menor influencia en el partido. Solo sabia las cosas por conductos sumamente indirectos, e incluso en su mision especial, la de la propaganda, no estaba muy seguro, pues solia armarse verdaderos enredos en sus explicaciones. Por consiguiente, no era de temer como investigador al servicio del partido.</p><p>Digamos de paso que Piotr Petrovitch, al instalarse en casa de Lebeziatnikof, sobre todo en los primeros dias, aceptaba de buen grado los cumplimientos, verdaderamente extranos, de su patron, o, por lo menos, no protestaba cuando Andres Simonovitch le consideraba dispuesto a favorecer el establecimiento de una nueva commune en la calle de los Bourgeois, o a consentir que Dunetchka tuviera un amante al mes de casarse con ella, o a comprometerse a no bautizar a sus hijos. Le halagaban de tal modo las alabanzas, fuera cual fuere su condicion, que no rechazaba estos cumplimientos.</p><p>Aquella manana habia negociado varios titulos y, sentado a la mesa, contaba los fajos de billetes que acababa de recibir. Andres Simonovitch, que casi siempre andaba escaso de dinero, se paseaba por la habitacion, fingiendo mirar aquellos papeles con una indiferencia rayana en el desden. Desde luego, Piotr Petrovitch no admitia en modo alguno la sinceridad de esta indiferencia, y Lebeziatnikof, ademas de comprender esta actitud de Lujine se decia, no sin amargura, que aun se complacia en mostrarle su dinero para mortificarle, hacerle sentir su insignificancia y recordarle la distancia que los bienes de fortuna establecian entre ambos.</p><p>Andres Simonovitch advirtio que aquella manana su huesped apenas le prestaba atencion, a pesar de que el habia empezado a hablarle de su tema favorito: el establecimiento de una nueva commune.</p><p>Las objeciones y las laconicas replicas que lanzaba de vez en cuando Lujine sin interrumpir sus cuentas parecian impregnadas de una consciente ironia que se confundia con la falta de educacion. Pero Andres Simonovitch atribuia estas muestras de mal humor al disgusto que le habia causado su ruptura con Dunetchka, tema que ardia en deseos de abordar. Consideraba que podia exponer sobre esta cuestion puntos de vista progresistas que consolarian a su respetable amigo y prepararian el terreno para su posterior filiacion al partido.</p><p>-?Sabe usted algo de la comida de funerales que da esa viuda vecina nuestra?-pregunto Piotr Petrovitch, interrumpiendo a Lebeziatnikof en el punto mas interesante de sus explicaciones.</p><p>-Pero ?no se acuerda de que le hable de esto ayer y le di mi opinion sobre tales ceremonias...? Ademas, la viuda le ha invitado a usted. Incluso hablo usted con ella ayer.</p><p>-Es increible que esa imbecil se haya gastado en una comida de funerales todo el dinero que le dio ese otro idiota: Raskolnikof. Me he quedado estupefacto al ver hace un rato, al pasar, esos preparativos, esas bebidas... Ha invitado a varias personas. El diablo sabra por que lo hace.</p><p>Piotr Petrovitch parecia haber abordado este asunto con una intencion secreta. De pronto levanto la cabeza y exclamo:</p><p>-?Como! ?Dice que me ha invitado tambien a mi? ?Cuando? No recuerdo... No pienso ir... ?Que papel haria yo en esa casa? Yo solo cruce unas palabras con esa mujer para decirle que, como viuda pobre de un funcionario, podria obtener en concepto de socorro una cantidad equivalente a un ano de sueldo del difunto. ?Me habra invitado por eso? ?Je, je!</p><p>-Yo tampoco pienso ir -dijo Lebeziatnikof.</p><p>-Seria el colmo que fuera usted. Despues de haber dado una paliza a esa senora, comprendo que no se atreva a ir a su casa.?Je, je, je!</p><p>-?Que yo le di una paliza? ?Quien se lo ha dicho? -exclamo Lebeziatnikof, turbado y enrojeciendo.</p><p>-Me lo contaron ayer: hace un mes o cosa asi, usted golpeo a Catalina Ivanovna... ?Asi son sus convicciones! Usted dejo a un lado su feminismo por un momento. ?Je, je, je!</p><p>Piotr Petrovitch, que parecia muy satisfecho despues de lo que acababa de decir, volvio a sus cuentas.</p><p>-Eso son estupidas calumnias -replico Andres Simonovitch, que temia que este incidente se divulgara-. Las cosas no ocurrieron asi. ?No, ni mucho menos! lo que le han contado es una verdadera calumnia. Yo no hice mas que defenderme. Ella se arrojo sobre mi con las unas preparadas. Casi me arranca una patilla... Yo considero que los hombres tenemos derecho a defendernos. Por otra parte, yo no tolerare jamas que se ejerza sobre mi la menor violencia... Esto es un principio... Lo contrario seria favorecer el despotismo. ?Que queria usted que hiciera: que me dejase golpear pasivamente? Yo me limite a rechazarla.</p><p>Lujine dejo escapar su risita sarcastica.</p><p>-?Je, je, je!</p><p>-Usted quiere molestarme porque esta de mal humor. Y dice usted cosas que no tienen nada que ver con la cuestion del feminismo. Usted no me ha comprendido. Yo me dije que si se considera a la mujer igual al hombre incluso en lo que concierne a la fuerza fisica (opinion que empieza a extenderse), la igualdad debia existir tambien en el campo de la contienda. Como es natural, despues comprendi que no habia lugar a plantear esta cuestion, ya que la sociedad futura estaria organizada de modo que las diferencias entre los seres humanos no existirian... Por lo tanto, es absurdo buscar la igualdad en lo que concierne a las rinas y a los golpes. Claro que no estoy ciego y veo que las querellas existen todavia..., pero, andando el tiempo no existiran, y si ahora existen... ?Demonio! Uno pierde el hilo de sus ideas cuando habla con usted... Si no asisto a la comida de funerales no es por el incidente que estamos comentando, sino por principio, por no aprobar con mi presencia esa costumbre estupida de celebrar la muerte con una comida... Cierto que habria podido acudir por diversion, para reirme... Y habria ido si hubiesen asistido popes; pero, por desgracia, no asisten.</p><p>-Es decir, que usted aceptaria la hospitalidad que le ofrece una persona y se sentaria a su mesa para burlarse de ella y escupirle, por decirlo asi, si no he entendido mal.</p><p>-Nada de escupir. Se trata de una simple protesta. Yo procedo con vistas a una finalidad util. Asi puedo prestar una ayuda indirecta a la propaganda de las nuevas ideas y a la civilizacion, lo que representa un deber para todos. Y este deber tal vez se cumple mejor prescindiendo de los convencionalismos sociales. Puedo sembrar la idea, la buena semilla. De esta semilla germinaran hechos. ?En que ofendo a las personas con las que procedo asi? Empezaran por sentirse heridas, pero despues veran que les he prestado un servicio. He aqui un ejemplo: se ha reprochado a Terebieva, que ahora forma parte de la commune y que ha dejado a su familia para... entregarse libremente, que haya escrito una carta a sus padres diciendoles claramente que no queria vivir ligada a los prejuicios y que iba a contraer una union libre. Se dice que ha sido demasiado dura, que debia haber tenido piedad y haberse conducido con mas diplomacia. Pues bien, a mi me parece que este modo de pensar es absurdo, que en este caso las formulas estan de mas y se impone una protesta clara y directa. Otro caso: Ventza ha vivido siete anos con su marido y lo ha abandonado con sus dos hijos, enviandole una carta en la que le ha dicho francamente: &quot;Me he dado cuenta de que no puedo ser feliz a tu lado. No te perdonare jamas que me hayas enganado, ocultandome que hay otra organizacion social: la commune. Me ha informado de ello ultimamente un hombre magnanimo, al que me he entregado y al que voy a seguir para fundar con el una commune. Te hablo asi porque me pareceria vergonzoso enganarte. Tu puedes hacer lo que quieras. No esperes que vuelva a tu lado: ya no es posible. Te deseo que seas muy feliz.&quot; Asi se han de escribir estas cartas.</p><p>-Oiga: esa Terebieva, ?no es aquella de la que usted me dijo que andaba por la tercera union libre?</p><p>-Bien mirado, solo era la segunda. Pero aunque fuese la cuarta o la decimoquinta, esto tiene muy poca importancia. Ahora mas que nunca siento haber perdido a mi padre y a mi madre. ?Cuantas veces he sonado en mi protesta contra ellos! Ya me las habria arreglado para provocar la ocasion de decirles estas cosas. Estoy seguro de que les habria convencido. Los habria anonadado. Creame que siento no tener a nadie a quien...</p><p>-Anonadar. ?Je, je, je! En fin, dejemos esto. Oiga: ?conoce usted a la hija del difunto, esa muchachita delgaducha? ?Verdad que es cierto lo que se dice de ella?</p><p>-?He aqui un asunto interesante! A mi entender, es decir, segun mis convicciones personales, la situacion de esa joven es la mas normal de la mujer. ?Por que no? Es decir, distinguons. En la sociedad actual, ese genero de vida no es normal, desde luego, pues se adopta por motivos forzosos, pero lo sera en la sociedad futura, donde se podra elegir libremente. Por otra parte, ella tenia perfecto derecho a entregarse. Estaba en la miseria. ?Por que no habia de disponer de lo que constituia su capital, por decirlo asi? Naturalmente, en la sociedad futura, el capital no tendria razon de ser, pero el papel de la mujer galante tomara otra significacion y sera regulado de un modo racional. En lo que concierne a Sonia Simonovna, yo considero sus actos en el momento actual como una viva protesta, una protesta simbolica contra el estado de la sociedad presente. Por eso siento por ella especial estimacion, tanto, que solo de verla experimento una gran alegria.</p><p>-Pues a mi me han dicho que usted la echo de la casa.</p><p>Lebeziatnikof monto en colera.</p><p>-?Nueva calumnia! -bramo-. Las cosas no ocurrieron asi, ni mucho menos. ?No, no, de ningun modo! Catalina Ivanovna lo ha contado todo como le ha parecido, porque no ha comprendido nada. Yo no he buscado nunca los favores de Sonia Simonovna. Yo procure unicamente ilustrarla del modo mas desinteresado, esforzandome en despertar en ella el espiritu de protesta... Esto era todo lo que yo deseaba. Ella misma se dio cuenta de que no podia permanecer aqui.</p><p>-Supongo que la habra invitado usted a formar parte de la commune.</p><p>-Permitame que le diga que usted todo lo toma a broma y que ello me parece lamentable. Usted no comprende nada. La commune no admite ciertas situaciones personales; precisamente se ha fundado para suprimirlas. El papel de esa joven perdera su antigua significacion dentro de la commune: lo que ahora nos parece una torpeza, entonces nos parecera un acto inteligente, y lo que ahora se considera una corrupcion, entonces sera algo completamente natural. Todo depende del medio, del ambiente. El medio lo es todo, y el hombre nada. En cuanto a Sonia Simonovna, mis relaciones con ella no pueden ser mejores, lo que demuestra que esa joven no me ha considerado jamas como enemigo. Verdad es que yo me esfuerzo por atraerla a nuestra agrupacion, pero con intenciones completamente distintas a las que usted supone... ?De que se rie? Nosotros tenemos el proposito de establecer nuestra propia commune sobre bases mas solidas que las precedentes; nosotros vamos mas lejos que nuestros predecesores. Rechazamos muchas cosas. Si Dobroliubof saliera de la tumba, discutiria con el. En cuanto a Bielinsky, remachare el clavo que el ha clavado. Entre tanto, sigo educando a Sonia Simonovna. Tiene un natural hermoso.</p><p>-Y usted se aprovecha de el, ?no? ?Je, je!</p><p>-De ningun modo; todo lo contrario.</p><p>-Dice que todo lo contrario. ?Je, je! lo que es a usted, palabras no le faltan.</p><p>-Pero ?por que no me cree? ?Por que razon he de enganarle, digame? Le aseguro que..., y yo soy el primer sorprendido..., ella se muestra conmigo extremadamente, casi morbosamente pudica.</p><p>-Y usted, naturalmente, sigue ilustrandola. ?Je, je, je! Usted procura hacerle comprender que todos esos pudores son absurdos.?Je, je, je!</p><p>-?De ningun modo, de ningun modo; se lo aseguro...! ?Oh, que sentido tan grosero y, perdoneme, tan estupido da a la palabra &quot;cultura&quot;! Usted no comprende nada. ?Que poco avanzado esta usted todavia, Dios mio! Nosotros deseamos la libertad de la mujer, y usted, usted solo piensa en esas cosas... Dejando a un lado las cuestiones de la castidad y el pudor femeninos, que a mi entender son absurdos e inutiles, admito la reserva de esa joven para conmigo. Ella expresa de este modo su libertad de accion, que es el unico derecho que puede ejercer. Desde luego, si ella viniera a decirme: &quot;Te quiero, yo me sentiria muy feliz, pues esa muchacha me gusta mucho, pero en las circunstancias actuales nadie se muestra con ella mas respetuoso que yo. Me limito a esperar y confiar.</p><p>-Seria mas practico que le hiciera usted un regalito. Estoy seguro de que no ha pensado en ello.</p><p>-Usted no comprende nada, se lo repito. La situacion de esa muchacha le autoriza a pensar asi, desde luego; pero no se trata de eso, no, de ningun modo. Usted la desprecia sin mas ni mas. Aferrandose a un hecho que le parece, erroneamente, despreciable, se niega a considerar humanamente a un ser humano. Usted no sabe como es esa joven. Lo que me contraria es que en estos ultimos tiempos ha dejado de leer. Ya no me pide libros, como hacia antes. Tambien me disgusta que, a pesar de toda su energia y de todo el espiritu de protesta que ha demostrado, de todavia pruebas de cierta falta de resolucion, de independencia, por decirlo asi; de negacion, si quiere usted, que le impide romper con ciertos prejuicios..., con ciertas estupideces. Sin embargo, esa muchacha comprende perfectamente muchas cosas. Por ejemplo se ha dado exacta cuenta de lo que supone la costumbre de besar la mano, mediante la cual el hombre ofende a la mujer, puesto que le demuestra que no la considera igual a el. He debatido esta cuestion con mis companeros y he expuesto a la chica los resultados del debate. Tambien me escucho atentamente cuando le hable de las asociaciones obreras de Francia. Ahora le estoy explicando el problema de la entrada libre en las casas particulares en nuestra sociedad futura.</p><p>-?Que es eso?</p><p>-En estos ultimos tiempos se ha debatido la cuestion siguiente: un miembro de la commune, ?tiene derecho a entrar libremente en casa de otro miembro de la commune, a cualquier hora y sea este miembro varon o mujer...? La respuesta a esta pregunta ha sido afirmativa.</p><p>-?Aun en el caso de que ese hombre o esa mujer esten ocupados en una necesidad urgente? ?Je, je, je!</p><p>Andres Simonovitch se enfurecio.</p><p>-?No tiene usted otra cosa en la cabeza! ?Solo piensa en esas malditas necesidades! ?Que arrepentido estoy de haberle expuesto mi sistema y haberle hablado de esas necesidades prematuramente! ?El diablo me lleve! ?Esa es la piedra de toque de todos los hombres que piensan como usted! Se burlan de una cosa antes de conocerla. ?Y todavia pretenden tener razon! Adoptan el aire de enorgullecerse de no se que. Yo siempre he sido de la opinion de que estas cuestiones no pueden exponerse a los novicios mas que al final, cuando ya conocen bien el sistema, en una palabra, cuando ya han sido convenientemente dirigidos y educados. Pero, en fin, digame, se lo ruego, que es lo que ve usted de vergonzoso y vil en... Las letrinas, llamemoslas asi. Yo soy el primero que esta dispuesto a limpiar todas las letrinas que usted quiera, y no veo en ello ningun sacrificio. Por el contrario, es un trabajo noble, ya que beneficia a la sociedad, y desde luego superior al de un Rafael o un Pushkin, puesto que es mas util.</p><p>-Y mas noble, mucho mas noble. ?Je, je, je!</p><p>-?Que quiere usted decir con eso de &quot;mas noble&quot;? Yo no comprendo esas expresiones cuando se aplican a la actividad humana. Nobleza..., magnanimidad... Estos conceptos no son sino absurdas estupideces, viejas frases dictadas por los prejuicios y que yo rechazo. Todo lo que es util a la humanidad es noble. Para mi solo tiene valor una palabra: utilidad. Riase usted cuanto quiera, pero es asi.</p><p>Piotr Petrovitch se desternillaba de risa. Habia terminado de contar el dinero y se lo habia guardado, dejando solo algunos billetes en la mesa. El tema de las letrinas, pese a su vulgaridad, habia motivado mas de una discusion entre Piotr Petrovitch y su joven amigo.</p><p>Lo gracioso del caso era que Andres Simonovitch se enfadaba de verdad. Lujine no veia en ello sino un pasatiempo, y entonces sentia el deseo especial de ver a Lebeziatnikof encolerizado.</p><p>-Usted esta tan nervioso y cizanero por su fracaso de ayer -se atrevio a decir Andres Simonovitch, que, pese a toda su independencia y a sus gritos de protesta, no osaba enfrentarse abiertamente con Piotr Petrovitch, pues sentia hacia el, llevado sin duda de una antigua costumbre, cierto respeto.</p><p>-Digame una cosa -replico Lujine en un tono de grosero desden-: ?podria usted...? Mejor dicho, ?tiene usted la suficiente confianza en esa joven para hacerla venir un momento? Me parece que ya han regresado todos del cementerio. Los he oido subir. Necesito ver un momento a esa muchacha.</p><p>-?Para que?-pregunto Andres Simonovitch, asombrado.</p><p>-Tengo que hablarle. Me marchare pronto de aqui y quisiera hacerle saber que... Pero, en fin; usted puede estar presente en la conversacion. Esto sera lo mejor, pues, de otro modo, sabe Dios lo que usted pensaria.</p><p>-Yo no pensaria absolutamente nada. No he dado a mi pregunta la menor importancia. Si usted tiene que tratar algun asunto con esa joven, nada mas facil que hacerla venir. Voy por ella, y puede estar usted seguro de que no les molestare.</p><p>Efectivamente, al cabo de cinco minutos, Lebeziamikof llegaba con Sonetchka. La joven estaba, como era propio de ella, en extremo turbada y sorprendida. En estos casos, se sentia siempre intimidada: las caras nuevas le producian verdadero terror. Era una impresion de la infancia, que habia ido acrecentandose con el tiempo.</p><p>Piotr Petrovitch le dispenso un cortes recibimiento, no exento de cierta jovial familiaridad, que parecia muy propia de un hombre serio y respetable como el que se dirigia a una persona tan joven y, en ciertos aspectos tan interesante. Se apresuro a instalarla comodamente ante la mesa y frente a el. Cuando se sento, Sonia paseo una mirada en torno de ella: sus ojos se posaron en Lebeziatnikof, despues en el dinero que habia sobre la mesa y finalmente en Piotr Petrovitch, del que ya no pudieron apartarse. Se diria que habia quedado fascinada. Lebeziatnikof se dirigio a la puerta.</p><p>Piotr Petrovitch se levanto, dijo a Sonia por senas que no se moviese y detuvo a Andres Simonovitch en el momento en que este iba a salir.</p><p>-?Esta abajo Raskolnikof? -le pregunto en voz baja-. ?Ha llegado ya?</p><p>-?Raskolnikof? Si, esta abajo. ?Por que? Si, lo he visto entrar. ?Por que lo pregunta?</p><p>-Le ruego que permanezca aqui y que no me deje solo con esta... senorita. El asunto que tenemos que tratar es insignificante, pero sabe Dios las conclusiones que podria extraer de nuestra entrevista esa gente... No quiero que Raskolnikof vaya contando por ahi... ?Comprende lo que quiero decir?</p><p>-Comprendo, comprendo- dijo Lebeziatnikof con subita lucidez-. Esta usted en su derecho. Sus temores respecto a mi son francamente exagerados, pero... Tiene usted perfecto derecho a obrar asi. En fin, me quedare. Me ire al lado de la ventana y no los molestare lo mas minimo. A mi juicio, usted tiene derecho a...</p><p>Piotr Petrovitch volvio al sofa y se sento frente a Sonia. La miro atentamente, y su semblante cobro una expresion en extremo grave, incluso severa. &quot;No vaya usted a imaginarse tampoco cosas que no son&quot;, parecia decir con su mirada. Sonia acabo de perder la serenidad.</p><p>-Ante todo, Sonia Simonovna, transmita mis excusas a su honorable madre... No me equivoco, ?verdad? Catalina Ivanovna es su senora madre, ?no es cierto?</p><p>Piotr Petrovitch estaba serio y amabilisimo. Evidentemente abrigaba las mas amistosas relaciones respecto a Sonia.</p><p>-Si -repuso esta, presurosa y asustada-, es mi segunda madre.</p><p>-Pues bien, digale que me excuse. Circunstancias ajenas a mi voluntad me impiden asistir al festin. Me refiero a esa comida de funerales a que ha tenido la gentileza de invitarme.</p><p>-Se lo voy a decir ahora mismo.</p><p>Y Sonetchka se puso en pie en el acto.</p><p>-Tengo que decirle algo mas -le advirtio Piotr Petrovitch, sonriendo ante la ingenuidad de la muchacha y su ignorancia de las costumbres sociales-. Solo quien no me conozca puede suponerme capaz de molestar a otra persona, de hacerle venir a verme, por un motivo tan futil como el que le acabo de exponer y que unicamente tiene interes para mi. No, mis intenciones son otras.</p><p>Sonia se apresuro a volver a sentarse. Sus ojos tropezaron de nuevo con los billetes multicolores, pero ella los aparto en seguida y volvio a fijarlos en Lujine. Mirar el dinero ajeno le parecia una inconveniencia, sobre todo en la situacion en que se hallaba... Se dedico a observar los lentes de montura de oro que Piotr Petrovitch tenia en su mano izquierda, y despues fijo su mirada en la soberbia sortija adornada con una piedra amarilla que el caballero ostentaba en el dedo central de la misma mano. Finalmente, no sabiendo adonde mirar, fijo la vista en la cara de Piotr Petrovitch. El cual, tras un majestuoso silencio, continuo:</p><p>-Ayer tuve ocasion de cambiar dos palabras con la infortunada Catalina Ivanovna, y esto me basto para darme cuenta de que se halla en un estado... anormal, por decirlo asi.</p><p>-Cierto: es un estado anormal -se apresuro a repetir Sonia.</p><p>-O, para decirlo mas claramente, mas exactamente, en un estado morboso.</p><p>-Si, si, mas claramente..., morboso.</p><p>-Pues bien; llevado de un sentimiento humanitario y... y de compasion, por decirlo asi, yo desearia serle util, en vista de la posicion extremadamente dificil en que forzosamente se ha de encontrar. Porque tengo entendido que es usted el unico sosten de esa desventurada familia.</p><p>Sonia se levanto subitamente.</p>]]></content>
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				<name><![CDATA[Giperion]]></name>
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			<title type="html"><![CDATA[Re: Достоевский Ф. М. - Преступление и наказание на испанском языке]]></title>
			<link rel="alternate" href="http://klassikaknigi.info/lib/viewtopic.php?pid=1363#p1363" />
			<content type="html"><![CDATA[<p>Raskolnikof se sento sin apartar de el la vista. Las expresiones &quot;nuestros parajes&quot;, &quot;como una familiaridad&quot;, tout court, amen de otros detalles, le parecian muy propios de aquel hombre.</p><p>&quot;Sin embargo, me ha tendido las dos manos sin permitirme estrecharle ninguna: las ha retirado a tiempo&quot;, penso Raskolnikof, empezando a desconfiar.</p><p>Se vigilaban mutuamente, pero, apenas se cruzaban sus miradas, las desviaban con la rapidez del relampago.</p><p>-Le he traido este papel sobre el asunto del reloj. ?Esta bien asi o habre de escribirlo de otro modo?</p><p>-?Como? ?El papel del reloj? ?Ah, si! ?No se preocupe! Esta muy bien -dijo Porfirio Petrovitch precipitadamente, antes de haber leido el escrito. Inmediatamente, lo leyo-. Si, esta perfectamente. No hace falta mas.</p><p>Seguia expresandose con precipitacion. Un momento despues, mientras hablaban de otras cosas, lo guardo en un cajon de la mesa.</p><p>-Me parece -dijo Raskolnikof- que ayer mostro usted deseos de interrogarme... oficialmente... sobre mis relaciones con la mujer asesinada...</p><p>&quot;?Por que habre dicho &quot;me parece&quot;?&quot;</p><p>Esta idea atraveso su mente como un relampago.</p><p>&quot;Pero ?por que me ha de inquietar tanto ese &quot;me parece&quot;?&quot;, se dijo acto seguido.</p><p>Y de subito advirtio que su desconfianza, originada tan solo por la presencia de Porfirio, a las dos palabras y a las dos miradas cambiadas con el, habia cobrado en dos minutos dimensiones desmesuradas. Esta disposicion de animo era sumamente peligrosa. Raskolnikof se daba perfecta cuenta de ello. La tension de sus nervios aumentaba, su agitacion crecia...</p><p>&quot; ?Malo, malo! A ver si hago alguna tonteria.&quot;</p><p>-?Ah, si! No se preocupe... Hay tiempo -dijo Porfirio Petrovitch, yendo y viniendo por el despacho, al parecer sin objeto, pues ahora se dirigia a la mesa, e inmediatamente despues se acercaba a la ventana, para volver en seguida al lado de la mesa. En sus paseos rehuia la mirada retadora de Raskolnikof, despues de lo cual se detenia de pronto y le miraba a la cara fijamente. Era extrano el espectaculo que ofrecia aquel cuerpo rechoncho, cuyas evoluciones recordaban las de una pelota que rebotase de una a otra pared.</p><p>Porfirio Petrovitch continuo:</p><p>-Nada nos apremia. Tenemos tiempo de sobra... ?Fuma usted? ?Acaso no tiene tabaco? Tenga un cigarrillo... Aunque le recibo aqui, mis habitaciones estan alli, detras de ese tabique. El Estado corre con los gastos. Si no las habito es porque necesitan ciertas reparaciones. Por cierto que ya estan casi terminadas. Es magnifico eso de tener una casa pagada por el Estado. ?No opina usted asi?</p><p>-En efecto, es una cosa magnifica -repuso Raskolnikof, mirandole casi burlonamente.</p><p>-Una cosa magnifica, una cosa magnifica -repetia Porfirio Petrovitch distraidamente-. ?Si, una cosa magnifica! -grito, deteniendose de subito a dos pasos del joven.</p><p>La continua y estupida repeticion de aquella frase referente a las ventajas de tener casa gratuita contrastaba extranamente, por su vulgaridad, con la mirada grave, profunda y enigmatica que el juez de instruccion fijaba en Raskolnikof en aquel momento.</p><p>Esto no hizo sino acrecentar la colera del joven, que, sin poder contenerse, lanzo a Porfirio Petrovitch un reto lleno de ironia e imprudente en extremo.</p><p>-Bien se -empezo a decir con una insolencia que, evidentemente, le llenaba de satisfaccion- que es un principio, una regla para todos los jueces, comenzar hablando de cosas sin importancia, o de cosas serias, -si usted quiere, pero que no tienen nada que ver con el asunto que interesa. El objeto de esta tactica es alentar, por decirlo asi, o distraer a la persona que interrogan, ahuyentando su desconfianza, para despues, de improviso, arrojarles en pleno rostro la pregunta comprometedora. ?Me equivoco? ?No es esta una regla, una costumbre rigurosamente observada en su profesion?</p><p>-Asi... ?usted cree que yo solo le he hablado de la casa pagada por el Estado para...?</p><p>Al decir esto, Porfirio Petrovitch guino los ojos y una expresion de malicioso regocijo transfiguro su fisonomia. Las arrugas de su frente desaparecieron de pronto, sus ojos se empequenecieron, sus facciones se dilataron. Entonces fijo su vista en los ojos de Raskolnikof y rompio a reir con una risa prolongada y nerviosa que sacudia todo su cuerpo. El joven se echo a reir tambien, con una risa un tanto forzada, pero cuando la hilaridad de Porfirio, al verle reir a el, se avivo hasta el punto de que su rostro se puso como la grana, Raskolnikof se sintio dominado por una contrariedad tan profunda, que perdio por completo la prudencia. Dejo de reir, fruncio el entrecejo y dirigio al juez de instruccion una mirada de odio que ya no aparto de el mientras duro aquella larga y, al parecer, un tanto ficticia alegria. Por lo demas, Porfirio no se mostraba mas prudente que el, ya que se habia echado a reir en sus mismas narices y parecia importarle muy poco que a este le hubiera sentado tan mal la cosa. Esta ultima circunstancia parecio extremadamente significativa al joven, el cual dedujo que todo habia sucedido a medida de los deseos de Porfirio Petrovitch y que el, Raskolnikof, se habia dejado coger en un lazo. Alli, evidentemente, habia alguna celada, algun proposito que el no habia logrado descubrir. La mina estaba cargada y estallaria de un momento a otro.</p><p>Echando por la calle de en medio, se levanto y cogio su gorra.</p><p>-Porfirio Petrovitch -dijo en un tono resuelto que dejaba traslucir una viva irritacion-. Usted manifesto ayer el deseo de someterme a interrogatorio -subrayo con energia esta palabra-, y he venido a ponerme a su disposicion. Si tiene usted que hacerme alguna pregunta, hagamela. En caso contrario, permitame que me retire. No puedo perder el tiempo; tengo cierto compromiso; me esperan para asistir al entierro de ese funcionario que murio atropellado por un coche y del cual ya ha oido usted hablar.</p><p>Inmediatamente se arrepintio de haber dicho esto ultimo. Despues continuo, con una irritacion creciente:</p><p>-Ya estoy harto de todo esto, ?sabe usted? Hace mucho tiempo que estoy harto... Ha sido una de las causas de mi enfermedad... En una palabra -anadio, levantando la voz al considerar que esta frase sobre su enfermedad no venia a cuento-, en una palabra: haga usted el favor de interrogarme o permitame que me vaya inmediatamente... Pero si me interroga, habra de hacerlo con arreglo a las normas legales y de ningun otro modo... Y como veo que no decide usted nada, adios. Por el momento, usted y yo no tenemos nada que decirnos.</p><p>-Pero ?que dice usted, hombre de Dios? ?Sobre que le tengo que interrogar?-exclamo al punto Porfirio Petrovitch, cambiando de tono y dejando de reir-. No se preocupe usted -anadio, reanudando sus paseos, para luego, de pronto, arrojarse sobre Raskolnikof y hacerlo sentar-. No hay prisa, no hay prisa. Ademas, esto no tiene ninguna importancia. Por el contrario, estoy encantado de que haya venido usted a verme. Le he recibido como a un amigo. En cuanto a esta maldita risa, perdoneme, mi querido Rodion Romanovitch... Se llama usted asi, ?verdad? Soy un hombre nervioso y me cha hecho mucha gracia la agudeza de su observacion. A veces estoy media hora sacudido por la risa como una pelota de goma. Soy propenso a la risa por naturaleza. Mi temperamento me hace temer incluso la apoplejia... Pero sientese, amigo mio, se lo ruego. De lo contrario, creere que esta usted enfadado.</p><p>Raskolnikof no desplegaba los labios. Se limitaba a escuchar y observar con las cejas fruncidas. Se sento, pero sin dejarla gorra.</p><p>-Quiero decirle una cosa, mi querido Rodion Romanovitch; una cosa que le ayudara a comprender mi caracter -continuo Porfirio Petrovitch, sin cesar de dar vueltas por la habitacion, pero procurando no cruzar su mirada con la de Raskolnikof-. Yo soy, ya lo ve usted, un solteron, un hombre nada mundano, desconocido y, por anadidura, acabado, embotado, y... y... ?ha observado usted, Rodion Romanovitch, que aqui en Rusia, y sobre todo en los circulos petersburgueses, cuando se encuentran dos hombres inteligentes que no se conocen bien todavia, pero que se aprecian mutuamente, estan lo menos media hora sin saber que decirse? Permanecen petrificados y confusos el uno frente al otro. Ciertas personas tienen siempre algo de que hablar. Las damas, la gente de mundo, la de alta sociedad, tienen siempre un tema de conversacion, c&#039;est de rigueur; pero las personas de la clase media, como nosotros, son timidas y taciturnas... Me refiero a los que son capaces de pensar... ?Como se explica usted esto, amigo mio? ?Es que no tenemos el debido interes por las cuestiones sociales? No, no es esto. Entonces, ?es por un exceso de honestidad, porque somos demasiado leales y no queremos enganarnos unos a otros...? No lo se. ?Usted que opina...? Pero deje la gorra. Parece que este usted a punto de marcharse, y esto me contraria, se lo aseguro, pues, en contra de lo que usted cree, estoy encantado...</p><p>Raskolnikof dejo la gorra, pero sin romper su mutismo. Con el entrecejo fruncido, escuchaba atentamente la palabreria deshilvanada de Porfirio Petrovitch.</p><p>&quot; Dice todas estas cosas afectadas y ridiculas para distraer mi atencion.&quot;</p><p>-No le ofrezco cafe -prosiguio el infatigable Porfirio- porque el lugar no me parece adecuado... El servicio le llena a uno de obligaciones... Pero podemos pasar cinco minutos en amistosa compania y distraernos un poco... No se moleste, mi querido amigo, por mi continuo ir y venir. Excuseme. Temo enojarle, pero necesito a toda costa el ejercicio. Me paso el dia sentado, y es un gran bien para mi poder pasear durante cinco minutos... Mis hemorroides, ?sabe usted...? Tengo el proposito de someterme a un tratamiento gimnastico. Se dice que consejeros de Estado e incluso consejeros privados no se averguenzan de saltar a la comba. He aqui hasta donde ha llegado la ciencia en nuestros dias... En cuanto a las obligaciones de mi cargo, a los interrogatorios y todo ese formulismo del que usted me ha hablado hace un momento, le dire, mi querido Rodion Romanovitch, que a veces desconciertan mas al magistrado que al declarante. Usted acaba de observarlo con tanta razon como agudeza. -Raskolnikof no habia hecho ninguna observacion de esta indole-. Uno se confunde. ?Como no se ha de confundir, con los procedimientos que se siguen y que son siempre los mismos? Se nos han prometido reformas, pero ya vera como no cambian mas que los terminos. ?Je, je, je! En lo que concierne a nuestras costumbres juridicas, estoy plenamente de acuerdo con sus sutiles observaciones... Ningun acusado, ni siquiera el mujik mas obtuso, puede ignorar que, al empezar nuestro interrogatorio, trataremos de ahuyentar su desconfianza (segun su feliz expresion), a fin de asestarle seguidamente un hachazo en pleno craneo (para utilizar su ingeniosa metafora). ?Je, je, je...! ?De modo que usted creia que yo hablaba de mi casa pagada por el Estado para...? Verdaderamente, es usted un hombre ironico... No, no; no volvere a este asunto... Pero si, pues las ideas se asocian y unas palabras llevan a otras palabras. Usted ha mencionado el interrogatorio segun las normas legales. Pero ?que importan estas normas, que en mas de un caso resultan sencillamente absurdas? A veces, una simple charla amistosa da mejores resultados. Estas normas no desapareceran nunca, se lo digo para su tranquilidad; pero ?que son las normas, le pregunto yo? El juez de instruccion jamas debe dejarse maniatar por ellas. La mision del magistrado que interroga a un declarante es, dentro de su genero, un arte, o algo parecido. ?Je, je, je!</p><p>Porfirio Petrovitch se detuvo un instante para tomar alientos. Hablaba sin descanso y, generalmente, para no decir nada, para devanar una serie de ideas absurdas, de frases estupidas, entre las que deslizaba de vez en cuando una palabra enigmatica que naufragaba al punto en el mar de aquella palabreria sin sentido. Ahora casi corria por el despacho, moviendo aceleradamente sus gruesas y cortas piernas, con</p><p>la mirada fija en el suelo, la mano derecha en la espalda y haciendo con la izquierda ademanes que no tenian relacion alguna con sus palabras.</p><p>Raskolnikof se dio cuenta de pronto que un par de veces, al llegar junto a la puerta, se habia detenido, al parecer para prestar atencion.</p><p>&quot;?Esperara a alguien?&quot;</p><p>-Tiene usted razon -continuo Porfirio Petrovitch alegremente y con una amabilidad que lleno a Raskolnikof de inquietud y desconfianza-. Tiene usted motivo para burlarse tan ingeniosamente como lo ha hecho de nuestras costumbres juridicas. Se pretende que tales procedimientos (no todos, naturalmente) tienen por base una profunda filosofia. Sin embargo, son perfectamente ridiculos y generalmente esteriles, sobre todo si se siguen al pie de la letra las normas establecidas... Hemos vuelto, pues, a la cuestion de las normas. Bien; supongamos que yo sospecho que cierto senor es el autor de un crimen cuya instruccion se me ha confiado... Usted ha estudiado Derecho, ?verdad, Rodion Romanovitch?</p><p>-Empece.</p><p>-Pues bien, he aqui un ejemplo que podra serle util mas adelante... Pero no crea que pretendo hacer de profesor con usted, que publica en los periodicos articulos tan profundos. No, yo solo me tomo la libertad de exponerle un hecho a modo de ejemplo. Si yo considero a un individuo cualquiera como un criminal, ?por que, digame, he de inquietarle prematuramente, incluso en el caso de que tenga pruebas contra el? A algunos me veo obligado a detenerlos inmediatamente, pero otros son de un caracter completamente distinto. ?Por que no he de dejar a mi culpable pasearse un poco por la ciudad? ?Je, je...! Ya veo que usted no me acaba de comprender. Se lo voy a explicar mas claramente. Si me apresuro a ordenar su detencion, le proporciono un punto de apoyo moral, por decirlo asi. ?Se rie usted?</p><p>Raskolnikof estaba muy lejos de reirse. Tenia los labios apretados, y su ardiente mirada no se apartaba de los ojos de Porfirio Petrovitch.</p><p>-Sin embargo -continuo este-, tengo razon, por lo menos en lo que concierne a ciertos individuos, pues los hombres son muy diferentes unos de otros y nuestra unica consejera digna de credito es la practica. Pero, desde el momento que tiene usted pruebas, me dira usted... ?Dios mio! Usted sabe muy bien lo que son las pruebas: tres de cada cuatro son dudosas. Y yo, a la vez que juez de instruccion, soy un ser humano y en consecuencia, tengo mis debilidades. Una de ellas es mi deseo de que mis diligencias tengan el rigor de una demostracion matematica. Quisiera que mis pruebas fueran tan evidentes como que dos y dos son cuatro, que constituyeran una demostracion clara e indiscutible. Pues bien, si yo ordeno la detencion del culpable antes de tiempo, por muy convencido que este de su culpa, me privo de los medios de poder demostrarlo ulteriormente. ?Por que? Porque le proporciono, por decirlo asi, una situacion normal. Es un detenido, y como detenido se comporta: se retira a su caparazon, se me escapa... Se cuenta que en Sebastopol, inmediatamente despues de la batalla de Alma, los defensores estaban aterrados ante la idea de un ataque del enemigo: no dudaban de que Sebastopol seria tomado por asalto. Pero cuando vieron cavar las primeras trincheras para comenzar un sitio normal, se tranquilizaron y se alegraron. Estoy hablando de personas inteligentes. &quot;Tenemos lo menos para dos meses -se decian-, pues un asedio normal requiere mucho tiempo.&quot; ?Otra vez se rie usted? ?No me cree? En el fondo, tiene usted razon; si, tiene usted razon. Estos no son sino casos particulares. Estoy completamente de acuerdo con usted en que acabo de exponerle un caso particular. Pero hay que hacer una observacion sobre este punto, mi querido Rodion Romanovitch, y es que el caso general que responde a todas las formas y formulas juridicas; el caso tipico para el cual se han concebido y escrito las reglas, no existe, por la sencilla razon de que cada causa, cada crimen, apenas realizado, se convierte en un caso particular, ?y cuan especial a veces!: un caso distinto a todos los otros conocidos y que, al parecer, no tiene ningun precedente.</p><p>&quot;Algunos resultan hasta comicos. Supongamos que yo dejo a uno de esos senores en libertad. No lo mando detener, no lo molesto para nada. El debe saber, o por lo menos suponer, que en todo momento, hora por hora, minuto por minuto, yo estoy al corriente de lo que hace, que conozco perfectamente su vida, que le vigilo dia y noche. Le sigo por todas partes y sin descanso, y puede estar usted seguro de que, por poco que el se de cuenta de ello, acabara por perder la cabeza. Y entonces el mismo vendra a entregarse y, ademas, me proporcionara los medios de dar a mi sumario un caracter matematico. Esto no deja de tener cierto atractivo. Este sistema puede tener exito con un burdo mujik, pero aun mas con un hombre culto e inteligente. Pues hay en todo esto algo muy importante, amigo mio, y es establecer como puede haber procedido el culpable. No nos olvidemos de los nervios. Nuestros contemporaneos los tienen enfermos, excitados, en tension... ?Y la bilis? ?Ah, los que tienen bilis...! Le aseguro que aqui hay una verdadera fuente de informacion. ?Por que, pues, me ha de inquietar ver a mi hombre ir y venir libremente? Puedo dejarlo pasear, gozar del poco tiempo que le queda, pues se que esta en mi poder y que no se puede escapar... ?Adonde iria? ?Je, je, je! ?Al extranjero, dice usted? Un polaco podria huir al extranjero, pero no el, y menos cuando se le vigila y estan tomadas todas las medidas para evitar su evasion. ?Huir al interior del pais? Alli no encontrara mas que incultos mujiks, gente primitiva, verdaderos rusos, y un hombre civilizado prefiere el presidio a vivir entre unos mujiks que para el son como extranjeros. ?Je, je...! Por otra parte, todo esto no es sino la parte externa de la cuestion. ?Huir! Esto es solo una palabra. El no huira, no solamente porque no tiene adonde ir, sino porque me pertenece psicologicamente... ?Je, je! ?Que me dice usted de la expresion? No huira porque se lo impide una ley de la naturaleza. ?Ha visto usted alguna vez una mariposa ante una bujia? Pues el girara incesantemente alrededor de mi persona como el insecto alrededor de la llama. La libertad ya no tendra ningun encanto para el. Su inquietud ira en aumento; una sensacion creciente de hallarse como enredado en una tela de arana le dominara; un terror indecible se apoderara de el. Y hara tales cosas, que su culpabilidad quedara tan clara como que dos y dos son cuatro. Para que asi suceda, bastara proporcionarle un entreacto de suficiente duracion. Siempre, siempre ira girando alrededor de mi persona, describiendo circulos cada vez mas estrechos, y al fin, ?plaf!, se metera en mi propia boca y yo lo engullire tranquilamente. Esto no deja de tener su encanto, ?no le parece?</p><p>Raskolnikof no le contesto. Estaba palido e inmovil. Sin embargo, seguia observando a Porfirio con profunda atencion.</p><p>&quot;Me ha dado una buena leccion -se dijo mentalmente, helado de espanto-. Esto ya no es el juego del gato y el raton con que nos entretuvimos ayer. No me ha hablado asi por el simple placer de hacer ostentacion de su fuerza. Es demasiado inteligente para eso. Sin duda persigue otro fin, pero ?cual? ?Bah! Todo esto es solo un ardid para asustarme. ?Eh, amigo! No tienes pruebas. Ademas, el hombre de ayer no existe. Lo que tu pretendes es desconcertarme, irritarme hasta el maximo, para asestarme al fin el golpe decisivo. Pero te equivocas; saldras trasquilado... ?Por que hablara con segundas palabras? Pretende aprovecharse del mal estado de mis nervios... No, amigo mio, no te saldras con la tuya. No se lo que habras tramado, pero te llevaras un chasco mayusculo. Vamos a ver que es lo que tienes preparado.&quot;</p><p>Y reunio todas sus fuerzas para afrontar valerosamente la misteriosa catastrofe que preveia. Experimentaba un avido deseo de arrojarse sobre Porfirio Petrovitch y estrangularlo.</p><p>En el momento de entrar en el despacho del juez, ya habia temido no poder dominarse. Sentia latir su corazon con violencia; tenia los labios resecos y espesa la saliva. Sin embargo, decidio guardar silencio para no pronunciar ninguna palabra imprudente. Comprendia que esta era la mejor tactica que podia seguir en su situacion, pues asi no solamente no corria peligro de comprometerse, sino que tal vez conseguiria irritar a su adversario y arrancarle alguna palabra imprudente. Esta era su esperanza por lo menos.</p><p>-Ya veo que no me ha creido usted -prosiguio Porfirio-. Usted supone que todo esto son bromas inocentes.</p><p>Se mostraba cada vez mas alegre y no cesaba de dejar oir una risita de satisfaccion, mientras de nuevo iba y venia por el despacho.</p><p>-Comprendo que lo haya tomado usted a broma. Dios me ha dado una figura que solo despierta en los demas pensamientos comicos. Tengo el aspecto de un bufon. Sin embargo, quiero decirle y repetirle una cosa, mi querido Rodion Romanovitch... Pero, ante todo, le ruego que me perdone este lenguaje de viejo. Usted es un hombre que esta en la flor de la vida, e incluso en la primera juventud, y, como todos los jovenes, siente un especial aprecio por la inteligencia humana. La agudeza de ingenio y las deducciones abstractas le seducen. Esto me recuerda los antiguos problemas militares de Austria, en la medida, claro es, de mis conocimientos sobre la materia. En teoria, los austriacos habian derrotado a Napoleon, e incluso le consideraban prisionero. Es decir, que en la sala de reuniones lo veian todo de color de rosa. Pero ?que ocurrio en la realidad? Que el general Mack se rindio con todo su ejercito. ?Je, je, je...! Ya veo, mi querido Rodion Romanovitch, que en su interior se esta riendo de mi, porque el hombre apacible que soy en la vida privada echa mano, para todos sus ejemplos, de la historia militar. Pero ?que le vamos a hacer? Es mi debilidad. Soy un enamorado de las cosas militares, y mis lecturas predilectas son aquellas que se relacionan con la guerra... Verdaderamente, he equivocado mi carrera. Debi ingresar en el ejercito. No habria llegado a ser un Napoleon, pero si a conseguir el grado de comandante. ?Je, je, je...! Bien; ahora voy a decirle sinceramente todo lo que pienso, mi querido amigo, acerca del &quot;caso que nos interesa&quot;. La realidad y la naturaleza, senor mio, son cosas importantisimas y que reducen a veces a la nada el calculo mas ingenioso. Crea usted a este viejo, Rodion Romanovitch...</p><p>Y al pronunciar estas palabras, Porfirio Petrovitch, que solo contaba treinta y cinco anos, parecia haber envejecido: hasta su voz habia cambiado, y se diria que se habia arqueado su espalda.</p><p>-Ademas -continuo-, yo soy un hombre sincero... ?Verdad que soy un hombre sincero? Digame: ?usted que cree? A mi me parece que no se puede ir mas lejos en la sinceridad. Yo le he hecho verdaderas confidencias sin exigir compensacion alguna. ?Je, je, je! En fin, volvamos a nuestro asunto. El ingenio es, a mi entender, algo maravilloso, un ornamento de la naturaleza, por decirlo asi, un consuelo en medio de la dureza de la vida, algo que permite, al parecer, confundir a un pobre juez que, por anadidura, se ha dejado enganar por su propia imaginacion, pues, al fin y al cabo, no es mas que un hombre. Pero la naturaleza acude en ayuda de ese pobre juez, y esto es lo malo para el otro. Esto es lo que la juventud que confia en su ingenio y que &quot;franquea todos los obstaculos&quot;, como usted ha dicho ingeniosamente, no quiere tener en cuenta.</p><p>&quot;Supongamos que ese hombre miente... Me refiero al hombre desconocido de nuestro caso particular... Supongamos que miente, y de un modo magistral. Como es logico, espera su triunfo, cree que va a recoger los frutos de su destreza; pero, de pronto, ?crac!, se desvanece en el lugar mas comprometedor para el. Vamos a suponer que atribuye el sincope a una enfermedad que padece o a la atmosfera asfixiante de la habitacion, cosa frecuente en los locales cerrados. Pues bien, no por eso deja de inspirar sospechas... Su mentira ha sido perfecta, pero no ha pensado en la naturaleza y se encuentra como cogido en una trampa.</p><p>&quot;Otro dia, dejandose llevar de su espiritu burlon, trata de divertirse a costa de alguien que sospecha de el. Finge palidecer de espanto, pero he aqui que representa su papel con demasiada propiedad, que su palidez es demasiado natural, y esto sera otro indicio. Por el momento, su interlocutor podra dejarse enganar, pero, si no es un tonto, al dia siguiente cambiara de opinion. Y el imprudente cometera error tras error. Se metera donde no le llaman para decir las cosas mas comprometedoras, para exponer alegorias cuyo verdadero sentido nadie dejara de comprender. Incluso llegara a preguntar por que no lo han detenido todavia. ?Je, je, je...! Y esto puede ocurrir al hombre mas sagaz, a un psicologo, a un literato. La naturaleza es un espejo, el espejo mas diafano, y basta dirigir la vista a el. Pero ?que le sucede, Rodion Romanovitch? ?Le ahoga esta atmosfera tal vez? ?Quiere que abra la ventana?</p><p>-No se preocupe -exclamo Raskolnikof, echandose de pronto a reir-. Le ruego que no se moleste.</p><p>Porfirio se detuvo ante el, estuvo un momento mirandole y luego se echo a reir tambien. Entonces Raskolnikof, cuya risa convulsiva se habia calmado, se puso en pie.</p><p>-Porfirio Petrovitch -dijo levantando la voz y articulando claramente las palabras, a pesar del esfuerzo que tenia que hacer para sostenerse sobre sus temblorosas piernas-, estoy seguro de que usted sospecha que soy el asesino de la vieja y de su hermana Lisbeth. Y quiero decirle que hace tiempo que estoy harto de todo esto. Si usted se cree con derecho a perseguirme y detenerme, hagalo. Pero no le permitire que siga burlandose de mi en mi propia cara y torturandome como lo esta haciendo.</p><p>Sus labios empezaron a temblar de pronto; sus ojos, a despedir llamaradas de colera, y su voz, dominada por el hasta entonces, empezo a vibrar.</p><p>-?No lo permitire! -exclamo, descargando violentamente su puno sobre la mesa-. ?Oye usted, Porfirio Petrovitch? ?No lo permitire!</p><p>-?Senor! Pero ?que dice usted? ?Que le pasa? -dijo Porfirio Petrovitch con un gesto de vivisima inquietud-. ?Que tiene usted, mi querido Rodion Romanovitch?</p><p>-?No lo permitire! -grito una vez mas Raskolnikof.</p><p>-No levante tanto la voz. Nos pueden oir. Vendran a ver que pasa, y ?que les diremos? ?No comprende?</p><p>Dijo esto en un susurro, como asustado y acercando su rostro al de Raskolnikof.</p><p>-No lo permitire, no lo permitire -repetia Rodia maquinalmente.</p><p>Sin embargo, habia bajado tambien la voz. Porfirio se volvio rapidamente y corrio a abrir la ventana.</p><p>-Hay que airear la habitacion. Y debe usted beber un poco de agua, amigo mio, pues esta verdaderamente trastornado.</p><p>Ya se dirigia a la puerta para pedir el agua, cuando vio que habia una garrafa en un rincon.</p><p>-Tenga, beba un poco -dijo, corriendo hacia el con la garrafa en la mano- Tal vez esto le...</p><p>El temor y la solicitud de Porfirio Petrovitch parecian tan sinceros, que Raskolnikof se quedo mirandole con viva curiosidad. Sin embargo, no quiso beber.</p><p>-Rodion Romanovitch, mi querido amigo, se va usted a volver loco. ?Beba, por favor! ?Beba aunque solo sea un sorbo!</p><p>Le puso a la fuerza el vaso en la mano. Raskolnikof se lo llevo a la boca y despues, cuando se recobro, lo deposito en la mesa con un gesto de hastio.</p><p>-Ha tenido usted un amago de ataque -dijo Porfirio Petrovitch afectuosamente y, al parecer, muy turbado-. Se mortifica usted de tal modo, que volvera a ponerse enfermo. No comprendo que una persona se cuide tan poco. A usted le pasa lo que a Dmitri Prokofitch. Precisamente ayer vino a verme. Yo reconozco que esta en lo cierto cuando me dice que tengo un caracter caustico, es decir, malo. Pero ?que deducciones ha hecho, Senor! Vino cuando usted se marcho, y durante la comida hablo tanto, que yo no pude hacer otra cosa que abrir los brazos para expresar mi asombro. &quot; ?Que ocurrencia! -pensaba-. ?Senor! ?Dios mio! Le envio usted, ?verdad...? Pero sientese, amigo mio; sientese, por el amor de Dios.</p><p>-Yo no lo envie -repuso Raskolnikof-, pero sabia que tenia que venir a su casa y por que motivo.</p><p>-?Conque lo sabia?</p><p>-Si. ?Que piensa usted de ello?</p><p>-Ya se lo dire, pero antes quiero que sepa, mi querido Rodion Romanovitch, que estoy enterado de que usted puede jactarse de otras muchas hazanas. Mejor dicho, estoy al corriente de todo. Se que fue usted a alquilar una habitacion al anochecer, y que tiro del cordon de la campanilla, y que empezo a hacer preguntas sobre las manchas de sangre, lo que dejo estupefactos a los empapeladores y al portero. Comprendo su estado de animo, es decir, el estado de animo en que se hallaba aquel dia pero no por eso deja de ser cierto que va usted a volverse loco, sin duda alguna, si sigue usted asi. Acabara perdiendo la cabeza, ya lo vera. Una noble indignacion hace hervir su sangre. Usted esta irritado, en primer lugar contra el destino, despues contra la policia. Por eso va usted de un lado a otro tratando de despertar sospechas en la gente. Quiere terminar cuanto antes, pues esta usted harto de sospechas y comadreos estupidos. ?Verdad que no me equivoco, que he interpretado exactamente su estado de animo?</p><p>Pero si sigue asi, no sera usted solo el que se volvera loco, sino que trastornara al bueno de Rasumikhine, y no me negara usted que no estaria nada bien hacer perder la cabeza a ese muchacho tan simpatico. Usted esta enfermo; el tiene un exceso de bondad, y precisamente esa bondad es lo que le expone a contagiarse. Cuando se haya tranquilizado usted un poco, mi querido amigo, ya le contare... Pero sientese, por el amor de Dios. Descanse un poco. Esta usted blanco como la cal. Sientese, haga el favor.</p><p>Raskolnikof obedecio. El temblor que le habia asaltado se calmaba poco a poco y la fiebre se iba apoderando de el. Pese a su visible inquietud, escuchaba con profunda sorpresa las muestras de interes de Porfirio Petrovitch. Pero no daba fe a sus palabras, a pesar de que experimentaba una tendencia inexplicable a creerle. La alusion inesperada de Porfirio al alquiler de la habitacion le habia paralizado de asombro.</p><p>&quot;?Como se habra enterado de esto y por que me lo habra dicho? &quot;</p><p>-Durante el ejercicio de mi profesion -continuo inmediatamente Porfirio Petrovitch-, he tenido un caso analogo, un caso morboso. Un hombre se acuso de un asesinato que no habia cometido. Era juguete de una verdadera alucinacion. Exponia hechos, los referia, confundia a todo el mundo. Y todo esto, ?por que? Porque indirectamente y sin conocimiento de causa habia facilitado la perpetracion de un crimen. Cuando se dio cuenta de ello, se sintio tan apenado, se apodero de el tal angustia, que se imagino que era el asesino. Al fin, el Senado aclaro el asunto y el infeliz fue puesto en libertad, pero, de no haber intervenido el Senado, no habria habido salvacion para el. Pues bien, amigo mio, tambien a usted se le puede trastornar el juicio si pone sus nervios en tension yendo a tirar del cordon de una campanilla al anochecer y haciendo preguntas sobre manchas de sangre... En la practica de mi profesion me ha sido posible estudiar estos fenomenos psicologicos. Lo que nuestro hombre siente es un vertigo parecido al que impulsa a ciertas personas a arrojarse por una ventana o desde lo alto de un campanario; una especie de atraccion irresistible; una enfermedad, Rodion Romanovitch, una enfermedad y nada mas que una enfermedad. Usted descuida la suya demasiado. Debe consultar a un buen medico y no a ese tipo rollizo que lo visita... Usted delira a veces, y ese mal no tiene mas origen que el delirio...</p><p>Momentaneamente, Raskolnikof creyo ver que todo daba vueltas.</p><p>&quot;?Es posible que este fingiendo? ?No, no es posible!&quot;, se dijo, rechazando con todas sus fuerzas un pensamiento que -se daba perfecta cuenta de ello- amenazaba hacerle enloquecer de furor.</p><p>-En aquellos momentos, yo no estaba bajo los efectos del delirio, procedia con plena conciencia de mis actos -exclamo, pendiente de las reacciones de Porfirio Petrovitch, en su deseo de descubrir sus intenciones-. Conservaba toda mi razon, toda mi razon, ?oye usted?</p><p>-Si, lo oigo y lo comprendo. Ya lo dijo usted ayer, e insistio sobre este punto. Yo comprendo anticipadamente todo lo que usted puede decir. Oigame, Rodion Romanovitch, mi querido amigo: permitame hacerle una nueva observacion. Si usted fuese el culpable o estuviese mezclado en este maldito asunto, ?habria dicho que conservaba plenamente la razon? Yo creo que, por el contrario, usted habria afirmado, y se habria aferrado a su afirmacion, que usted no se daba cuenta de lo que hacia. ?No tengo razon? Digame, ?no la tengo?</p><p>El tono de la pregunta dejaba entrever una celada. Raskolnikof se recosto en el respaldo del sofa para apartarse de Porfirio, cuyo rostro se habia acercado al suyo, y le observo en silencio, con una mirada fija y llena de asombro.</p><p>-Algo parecido puede decirse de la visita de Rasumikhine. Si usted fuese el culpable, habria dicho que el habia venido a mi casa por impulso propio y habria ocultado que usted le habia incitado a hacerlo. Sin embargo, usted ha dicho que Rasumikhine vino a verme porque usted lo envio.</p><p>Raskolnikof se estremecio. El no habia hecho afirmacion semejante.</p><p>-Sigue usted mintiendo -dijo, esbozando una sonrisa de hastio y con voz lenta y debil-. Usted quiere demostrarme que lee en mi pensamiento, que puede predecir todas mis respuestas -anadio, dandose cuenta de que ya era incapaz de medir sus palabras-. Usted quiere asustarme; usted se esta burlando de mi, sencillamente.</p><p>Mientras decia esto no apartaba la vista del juez de instruccion. De subito, un terrible furor fulguro en sus ojos.</p><p>-Esta diciendo una mentira tras otra -exclamo-. Usted sabe muy bien que la mejor tactica que puede seguir un culpable es sujetarse a la verdad tanto como sea posible..., declarar todo aquello que no pueda ocultarse. ?No le creo a usted!</p><p>-?Que veleta es usted! -dijo Porfirio con una risita mordaz-. No hay medio de entenderse con usted. Esta dominado por una idea fija. ?No me cree? Pues yo creo que empieza usted a creerme. Con diez centimetros de fe me bastara para conseguir que llegue al metro y me crea del todo. Porque le tengo verdadero afecto y solo deseo su bien.</p><p>Los labios de Raskolnikof empezaron a temblar.</p><p>-Si, le tengo verdadero afecto -prosiguio Porfirio, apretando amistosamente el brazo del joven-, y no se lo volvere a repetir. Ademas, tenga en cuenta que su familia ha venido a verle. Piense en ella. Usted deberia hacer todo lo posible para que su madre y su hermana se sintieran dichosas y, por el contrario, solo les causa inquietudes...</p><p>-Eso no le importa. ?Como se ha enterado usted de estas cosas? ?Por que me vigila y que interes tiene en que yo lo sepa?</p><p>-Pero oiga usted, oigame, amigo mio: si se todo esto es solo por usted. Usted no se da cuenta de que, cuando esta nervioso, lo cuenta todo, lo mismo a mi que a los demas. Rasumikhine me ha contado tambien muchas cosas interesantes... Cuando usted me ha interrumpido, iba a decirle que, a pesar de su inteligencia, su desconfianza le impide ver las cosas como son... Le voy a poner un ejemplo, volviendo a nuestro asunto. Lo del cordon de la campanilla es un detalle de valor extraordinario para un juez que esta instruyendo un sumario. Y usted se lo refiere a este juez con toda franqueza, sin reserva alguna. ?No deduce usted nada de esto? Si yo le creyera culpable, ?habria procedido como lo he hecho? Por el contrario, habria procurado ahuyentar su desconfianza, no dejarle entrever que estaba al corriente de este detalle, para arrojarle al rostro, de subito, la pregunta siguiente: &quot;?Que hacia usted, entre diez y once, en las habitaciones de las victimas? ?Y por que tiro del cordon de la campanilla y hablo de las manchas de sangre? ?Y por que dijo a los porteros que le llevaran a la comisaria?&quot; He aqui como habria procedido yo si hubiera abrigado la menor sospecha contra usted: le habria sometido a un interrogatorio en toda regla. Y habria dispuesto que se efectuara un registro en la habitacion que tiene alquilada, y habria ordenado que le detuvieran... El hecho de que haya obrado de otro modo es buena prueba de que no sospecho de usted. Pero usted ha perdido el sentido de la realidad, lo repito, y es incapaz de ver nada.</p><p>Raskolnikof temblaba de pies a cabeza, y tan violentamente, que Porfirio Petrovitch no pudo menos de notarlo.</p><p>-No hace usted mas que mentir -repitio resueltamente-. Ignoro lo que persigue con sus mentiras, pero sigue usted mintiendo. No hablaba asi hace un momento; por eso no puedo equivocarme... ?Miente usted!</p><p>-?Que miento? -replico Porfirio, acalorandose visiblemente, pero conservando su acento ironico y jovial y no dando, al parecer, ninguna importancia a la opinion que Raskolnikof tuviera de el-. ?Como puede decir eso sabiendo como he procedido con usted? ?Yo, el juez de instruccion, le he sugerido todos los argumentos psicologicos que podria usted utilizar: la enfermedad, el delirio, el amor propio excitado por el sufrimiento, la neurastenia, y esos policias...! ?Je, je, je...! Sin embargo, dicho sea de paso, esos medios de defensa no tienen ninguna eficacia. Son armas de dos filos y pueden volverse contra usted. Usted dira: &quot;La enfermedad, el desvario, la alucinacion... No me acuerdo de nada.&quot; Y le contestaran: &quot;Todo eso esta muy bien, amigo mio; pero ?por que su enfermedad tiene siempre las mismas consecuencias, por que le produce precisamente ese tipo de alucinacion? &quot; Esta enfermedad podia tener otras manifestaciones, ?no le parece? ?Je, je, je!</p><p>Raskolnikof le miro con despectiva arrogancia.</p><p>-En resumidas cuentas -dijo firmemente, levantandose y apartando a Porfirio-, yo quiero saber claramente si me puedo considerar o no al margen de toda sospecha. Digamelo, Porfirio Petrovitch; digamelo ahora mismo y sin rodeos.</p><p>-Ahora me sale con una exigencia. ?Hasta tiene exigencias, Senor! -exclamo Porfirio Petrovitch con perfecta calma y cierto tonillo de burla-. Pero ?a que vienen esas preguntas? ?Acaso sospecha alguien de usted? Se comporta como un nino caprichoso que quiere tocar el fuego. ?Y por que se inquieta usted de ese modo y viene a visitarnos cuando nadie le llama?</p><p>-?Le repito -replico Raskolnikof, ciego de ira- que no puedo soportar...!</p><p>-?La incertidumbre? -le interrumpio Porfirio.</p><p>-?No me saque de quicio! ?No se lo puedo permitir! ?De ningun modo lo permitire! ?Lo ha oido? ?De ningun modo!</p><p>Y Raskolnikof dio un fuerte punetazo en la mesa.</p><p>-?Silencio! Hable mas bajo. Se lo digo en serio. Procure reprimirse. No estoy bromeando.</p><p>Al decir esto Porfirio, su semblante habia perdido su expresion de temor y de bondad. Ahora ordenaba francamente, severamente, con las cejas fruncidas y un gesto amenazador. Parecia haber terminado con las simples alusiones y los misterios y estar dispuesto a quitarse la careta. Pero esta actitud fue momentanea.</p><p>Raskolnikof se sintio interesado al principio; despues, de subito, noto que la ira le dominaba. Sin embargo, aunque su exasperacion habia llegado al limite, obedecio -cosa extrana- la orden de bajar la voz.</p><p>-No me dejare torturar -murmuro en el mismo tono de antes. Pero advertia, con una mezcla de amargura y rencor, que no podia obrar de otro modo, y esta conviccion aumentaba su colera-. Detengame -anadio-, registreme si quiere; pero atengase a las reglas y no juegue conmigo. ?Se lo prohibo!</p><p>-Nada de reglas -respondio Porfirio, que seguia sonriendo burlonamente y miraba a Raskolnikof con cierto jubilo-. Le invite a venir a verme como amigo.</p><p>-No quiero para nada su amistad, la desprecio. ?Oye usted? Y ahora cojo mi gorra y me marcho. Veremos que dice usted, si tiene intencion de arrestarme.</p><p>Cogio su gorra y se dirigio a la puerta.</p><p>-?No quiere ver la sorpresa que le he reservado?-le dijo Porfirio Petrovitch, con su ironica sonrisita y cogiendole del brazo, cuando ya estaba ante la puerta. Parecia cada vez mas alegre y burlon, y esto ponia a Raskolnikof fuera de si.</p><p>-?Una sorpresa? ?Que sorpresa? -pregunto Rodia, fijando en el juez de instruccion una mirada llena de inquietud.</p><p>-Una sorpresa que esta detras de esa puerta... ?Je, je, je!</p><p>Senalaba la puerta cerrada que comunicaba con sus habitaciones.</p><p>-Incluso la he encerrado bajo llave para que no se escape.</p><p>-?Que demonios se trae usted entre manos?</p><p>Raskolnikof se acerco a la puerta y trato de abrirla, pero no le fue posible.</p><p>-Esta cerrada con llave y la llave la tengo yo -dijo Porfirio.</p><p>Y, en efecto, le mostro una llave que acababa de sacar del bolsillo.</p><p>-No haces mas que mentir -gruno Raskolnikof sin poder dominarse-. ?Mientes, mientes, maldito polichinela!</p><p>Y se arrojo sobre el juez de instruccion, que retrocedio hasta la puerta, aunque sin demostrar temor alguno.</p><p>-?Comprendo tu tactica! ?Lo comprendo todo! -siguio vociferando Raskolnikof-. Mientes y me insultas para irritarme y que diga lo que no debo.</p><p>-?Pero si usted no tiene nada que ocultar, mi querido Rodion Romanovitch! ?Por que se excita de ese modo? No grite mas o llamo.</p><p>-?Mientes, mientes! ?No pasara nada! ?Ya puedes llamar! Sabes que estoy enfermo y has pretendido exasperarme, aturdirme, para que diga lo que no debo. Este ha sido tu plan. No tienes pruebas; lo unico que tienes son miseras sospechas, conjeturas tan vagas como las de Zamiotof. Tu conocias mi caracter y me has sacado de mis casillas para que aparezcan de pronto los popes y los testigos. ?Verdad que es este tu proposito? ?Que esperas para hacerlos entrar? ?Donde estan? ?Ea! Diles de una vez que pasen.</p><p>-Pero ?que dice usted? ?Que ideas tiene, amigo mio! No se pueden seguir las reglas tan ciegamente como usted cree. Usted no entiende de estas cosas, querido. Las reglas se seguiran en el momento debido. Ya lo vera por sus propios ojos.</p><p>Y Porfirio parecia prestar atencion a lo que sucedia detras de la puerta del despacho.</p><p>En efecto, se oyeron ruidos procedentes de la pieza vecina.</p><p>-Ya vienen -exclamo Raskolnikof-. Has enviado por ellos... Los esperabas... Lo tenias todo calculado... Bien, hazlos entrar a todos; haz entrar a los testigos y a quien quieras... Estoy preparado.</p><p>Pero en ese momento ocurrio algo tan sorprendente, tan ajeno al curso ordinario de las cosas, que, sin duda, ni Porfirio Petrovitch ni Raskolnikof lo habrian podido prever jamas.</p> <br /><br /><p>VI</p><p>He aqui el recuerdo que esta escena dejo en Raskolnikof. En la pieza inmediata aumento el ruido rapidamente y la puerta se entreabrio.</p><p>-?Que pasa? -grito Porfirio Petrovitch, contrariado-. Ya he advertido que...</p><p>Nadie contesto, pero fue facil deducir que tras la puerta habia varias personas que trataban de impedir el paso a alguien.</p><p>-?Quieren decir de una vez que pasa? -repitio Porfirio, perdiendo la paciencia.</p><p>-Es que esta aqui el procesado Nicolas -dijo una voz.</p><p>-No lo necesito. Que se lo lleven.</p><p>Pero, acto seguido, Porfirio corrio hacia la puerta.</p><p>-?Esperen! ?A que ha venido? ?Que significa este desorden?</p><p>-Es que Nicolas... -empezo a decir el mismo que habia hablado antes.</p><p>Pero se interrumpio de subito. Entonces, y durante unos segundos, se oyo el fragor de una verdadera lucha. Despues parecio que alguien rechazaba violentamente a otro, y, seguidamente, un hombre palido como un muerto irrumpio en el despacho.</p><p>El aspecto de aquel hombre era impresionante. Miraba fijamente ante si y parecia no ver a nadie. Sus ojos tenian un brillo de resolucion. Sin embargo, su semblante estaba livido como el del condenado a muerte al que llevan a viva fuerza al patibulo. Sus labios, sin color, temblaban ligeramente.</p> <br /><br /><p>Era muy joven y vestia con la modestia de la gente del pueblo. Delgado, de talla media, cabello cortado al rape, rostro enjuto y finas facciones. El hombre al que acababa de rechazar entro inmediatamente tras el y le cogio por un hombro. Era un gendarme. Pero Nicolas consiguio desprenderse de el nuevamente.</p><p>Algunos curiosos se hacinaron en la puerta. Los mas osados pugnaban por entrar. Todo esto habia ocurrido en menos tiempo del que se tarda en describirlo.</p><p>-?Fuera de aqui! ?Espera a que te llamen! ?Por que lo han traido? -exclamo el juez, sorprendido e irritado.</p><p>De pronto, Nicolas se arrodillo.</p><p>-?Que haces? -exclamo Porfirio, asombrado.</p><p>-?Soy culpable! ?He cometido un crimen! ?Soy un asesino! -dijo Nicolas con voz jadeante pero energica.</p><p>Durante diez segundos reino en la estancia un silencio absoluto, como si todos los presentes hubieran perdido el habla. El gendarme habia retrocedido: sin atreverse a acercarse a Nicolas, se habia retirado hacia la puerta y alli permanecia inmovil.</p><p>-?Que dices?-pregunto Porfirio cuando logro salir de su asombro.</p><p>-Yo... soy... un asesino -repitio Nicolas tras una pausa.</p><p>-?Tu? -exclamo el juez de instruccion, dando muestras de gran desconcierto-. ?A quien has matado?</p><p>Tras un momento de silencio, Nicolas respondio:</p><p>-A Alena Ivanovna y a su hermana Lisbeth Ivanovna. Las mate... con un hacha. No estaba en mi juicio -anadio.</p><p>Y guardo silencio, sin levantarse.</p><p>Porfirio Petrovitch estuvo un momento sumido en profundas reflexiones. Despues, con un violento ademan, ordeno a los curiosos que se marcharan. Estos obedecieron en el acto y la puerta se cerro tras ellos. Entonces, Porfirio dirigio una mirada a Raskolnikof, que permanecia de pie en un rincon y que observaba a Nicolas petrificado de asombro. El juez de instruccion dio un paso hacia el, pero, como cambiando de idea, se detuvo, mirandole. Despues volvio los ojos hacia Nicolas, luego miro de nuevo a Raskolnikof y al fin se acerco al pintor con una especie de arrebato.</p><p>-Ya diras si estabas o no en tu juicio cuando se lo pregunte -exclamo, irritado-. Nadie te ha preguntado nada sobre ese particular. Contesta a esto: ?has cometido un crimen?</p><p>-Si, soy un asesino; lo confieso -repuso Nicolas.</p><p>-?Que arma empleaste?</p><p>-Un hacha que llevaba conmigo.</p><p>-?Con que rapidez respondes! ?Solo?</p><p>Nicolas no comprendio la pregunta.</p><p>-Digo que si tuviste complices.</p><p>-No, Mitri es inocente. No tuvo ninguna participacion en el crimen.</p><p>-No te precipites a hablar de Mitri... Sin embargo, habras de explicarme como bajaste la escalera. Los porteros os vieron a los dos juntos.</p><p>-Corri hasta alcanzar a Mitri. Me dije que de este modo no se sospecharia de mi -respondio Nicolas al punto, como quien recita una leccion bien aprendida.</p><p>-La cosa esta clara: repite una serie de palabras que ha estudiado -murmuro para si el juez de instruccion.</p><p>En esto, su vista tropezo con Raskolnikof, de cuya presencia se habia olvidado, tan profunda era la emocion que su escena con Nicolas le habia producido.</p><p>Al ver a Raskolnikof volvio a la realidad y se turbo. Se fue hacia el, presuroso.</p><p>-Rodion Romanovitch, amigo mio, perdoneme... Ya ve usted que... Usted no tiene nada que hacer aqui... Yo soy el primer sorprendido, como puede usted ver... Vayase, se lo ruego...</p><p>Y le cogio del brazo, indicandole la puerta.</p><p>-Esto ha sido inesperado para usted, ?verdad? -dijo Raskolnikof, que, dandose cuenta de todo, habia cobrado animos.</p><p>-Tampoco usted lo esperaba, amigo mio. Su mano tiembla.?Je, je, je!</p><p>-Tambien usted esta temblando, Porfirio Petrovitch.</p><p>-Desde luego, no ha sido una sorpresa para mi.</p><p>Estaban ya junto a la puerta. Porfirio esperaba con impaciencia que se marchara Raskolnikof. El joven pregunto de pronto:</p><p>-Entonces, ?no me muestra usted la sorpresa?</p><p>-?Le estan castaneteando los dientes y miren ustedes como habla! ?Es usted un hombre caustico! ?Bueno, hasta la vista!</p><p>-Yo creo que seria mejor que nos dijeramos adios.</p><p>-Sera lo que Dios quiera, lo que Dios quiera -gruno Porfirio con una sonrisa sarcastica.</p><p>Al cruzar la oficina, Raskolnikof advirtio que varios empleados le miraban fijamente. Al llegar a la antesala vio que, entre otras personas, estaban los dos porteros de la casa del crimen, aquellos a los que el habia pedido dias atras que lo llevaran a la comisaria. De su actitud se deducia que esperaban algo. Apenas llego a la escalera, oyo que le llamaba Porfirio Petrovitch. Se volvio y vio que el juez de instruccion corria hacia el, jadeante.</p><p>-Solo dos palabras, Rodion Romanovitch. Este asunto terminara como Dios quiera, pero yo tendre que hacerle todavia, por pura formula, algunas preguntas. Nos volveremos a ver, ?no?</p><p>Porfirio se habia detenido ante el, sonriente.</p><p>-?No? -repitio.</p><p>Al parecer, deseaba anadir algo, pero no dijo nada mas.</p><p>-Perdoneme por mi conducta de hace un momento -dijo Raskolnikof, que habia recobrado la presencia de animo y experimentaba un deseo irresistible de fanfarronear ante el magistrado-. He estado demasiado vehemente.</p><p>-No tiene importancia -repuso Porfirio con excelente humor-. Tambien yo tengo un caracter bastante aspero; lo reconozco. Ya nos volveremos a ver, si Dios quiere.</p><p>-Y terminaremos de conocernos -dijo Raskolnikof.</p><p>-Si -convino Porfirio, mirandole seriamente, con los ojos entornados-. Ahora va usted a una fiesta de cumpleanos,?no?</p><p>-No; a un entierro.</p><p>-?Ah, si! A un entierro... Cuidese, creame; cuidese.</p><p>-Yo no se que desearle -dijo Raskolnikof, que ya habia empezado a bajar la escalera y se habia vuelto de pronto-. Quisiera poderle desear grandes exitos, pero ya ve usted que sus funciones resultan a veces bastante comicas.</p><p>-?Comicas? -exclamo el juez de instruccion, que ya se disponia a volver a su despacho, pero que se habia detenido al oir la replica de Raskolnikof.</p><p>-Si. Ahi tiene usted a ese pobre Nicolas, al que habra atormentado usted con sus metodos psicologicos hasta hacerle confesar. Sin duda, usted le repetia a todas horas y en todos los tonos: &quot;Eres un asesino, eres un asesino.&quot; Y ahora que ha confesado, empieza usted a torturarlo con esta otra cancion: &quot;Mientes; no eres un asesino, no has cometido ningun crimen; dices una leccion aprendida de memoria.&quot; Despues de esto, usted no puede negar que sus funciones resultan a veces bastante comicas.</p><p>-?Je, je, je! Ya veo que usted se ha dado cuenta de que he dicho a Nicolas que repetia palabras aprendidas de memoria.</p><p>-?Claro que me he dado cuenta!</p><p>-?Je, je! Es usted muy sutil. No se le escapa nada. Ademas, posee usted una perspicacia especial para captar los detalles comicos. ?Je, je! Me parece que era Gogol el escritor que se distinguia por esta misma aptitud.</p><p>-Si, era Gogol.</p><p>-?Verdad que si? Bueno, hasta que tenga el gusto de volverle a ver.</p><p>Raskolnikof volvio inmediatamente a su casa. Estaba tan sorprendido, tan desconcertado ante todo lo que acababa de suceder, que, apenas llego a su habitacion, se dejo caer en el divan y estuvo un cuarto de hora tratando de serenarse y de recobrar la lucidez. No intento explicarse la conducta de Nicolas: estaba demasiado confundido para ello. Comprendia que aquella confesion encerraba un misterio que el no conseguiria descifrar, por lo menos en aquellos momentos. Sin embargo, esta declaracion era una realidad cuyas consecuencias veia claramente. No cabia duda de que aquella mentira acabaria por descubrirse, y entonces volverian a pensar en el. Mas, entre tanto, estaba en libertad y debia tomar sus precauciones ante el peligro que juzgaba inminente.</p><p>Pero ?hasta que punto estaba en peligro? La situacion empezaba a aclararse. No pudo evitar un estremecimiento de inquietud al recordar la escena que se habia desarrollado entre Porfirio y el. Claro que no podia prever las intenciones del juez de instruccion ni adivinar sus pensamientos, pero lo que habia sacado en claro le permitia comprender el peligro que habia corrido. Poco le habia faltado para perderse irremisiblemente. El temible magistrado, que conocia la irritabilidad de su caracter enfermizo, se habia lanzado a fondo, demasiado audazmente tal vez, pero casi sin riesgo. Sin duda, el, Raskolnikof, se habia comprometido desde el primer momento, pero las imprudencias cometidas no constituian pruebas contra el, y toda su conducta tenia un valor muy relativo.</p>]]></content>
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			<updated>2016-08-02T10:10:07Z</updated>
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